COMPOSITORA

Corales · Cybele Peña

Por Freddy Gonçalves Da Silva

 

Cybele tiene intención de microscopio. Su mirada, siempre prudente, atiende cada una de las formas que la rodean en su cotidianidad. Un sonido, una mancha en el espejo, un personaje de ficción pueden ser para ellos un instrumento de minuciosa observación. Este ir al detalle me hace pensar en la lógica de su música. Solo que, cuando la conocí, ella no demostraba este interés musical de forma sostenida. 

Hago una observación: Cybele y yo nos hemos conocido en muchas vidas distintas. Estudiamos en la misma universidad; coincidimos como colegas en el Banco del libro y la Universidad Autónoma de Barcelona; e hicimos grupos experimentales de escritura ensayística en las tascas y bares de Caracas. Incluso, hemos ido a bodas juntos de la misma manera que preparábamos y ejecutábamos talleres del libro álbum. Éramos un dueto sostenido que, con el tiempo, se ha convertido en un sobrenombre del afecto: Pimpinela. Para ese entonces, llamarnos Pimpi, es lo más cercano que sabía de su relación con la música. Ah, y sus recomendaciones, porque teníamos un especial gusto por música poco conocida, rarezas, particularidades. Es una coleccionista.

Esto lo hereda desde la infancia. Recuerdo siempre una anécdota, alrededor del álbum ilustrado Arturo y Clementina de Adela Turín y Nella Bosnia. Cybele nos contaba llena de orgullo que en la infancia, mientras lo leía, le encantaba seguir el recorrido de Clementina porque esa tortuga era una coleccionista de objetos extraños. Sufría un poco el síndrome de Diógenes como ella. Exageraba, evidentemente. Pero sí lamentaba un poco la adultez. Esa que vino de la mano del conocimiento adquirido en el Máster en Estudios culturales y Crítica en la Universidad de Londres o de la experiencia como Coordinadora del Comité de Evaluación y editora en el Banco del libro; e incluso de ser profesora de literatura para niños y jóvenes en la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad Católica Andrés Bello. Esa sospecha propia de la cultura, la enfrentaban a tener una mirada distinta del rol de Clementina en el cuento. Estaba sometido a los designios de Arturo. Su lectura había cambiado. Lo agradecía a la par que la agobiaba. Y quizás, muy "clementinamente", Cybele también quiso aparcar un poco la crítica literaria para observar al detalle no los objetos, sino su relación con ellos y con su propia voz. 

Desde hace algunos años, Cybele Peña, tras el heterónimo de Corales, no sólo logró dedicarse a la música; sino que también consiguió desentrañar su relación con el arte y la cultura. A partir del concepto de la infancia y la memoria ha experimentado, con éxito, su propio performance y espacio como compositora. Esta breve introducción es solo el inicio de una nueva entrevista de Oficios del arte, en la que conocerá a esta mujer que se relaciona al arte de forma distinta a la convencional. Y pueden dar clic a su música.

Foto @Vanessa Urdaneta De Garvett

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Foto @Vanessa Urdaneta De Garvett

¿Cómo definirías el proyecto Corales?, ¿de dónde nace el nombre?, ¿la música actualmente es para ti un oficio o una profesión?

 

Corales es -en esencia- un proyecto musical electro-acústico con el que exploro la voz, la ensoñación y la reminiscencia a través de sonidos e imágenes. Es muy intuitivo todo en cuanto a sus procesos y rumbos. Creo que gusta más encontrar cosas que predecirlas y armarlas de antemano. El nombre vino de una imagen. Siempre me han gustado los corales marinos y también las imágenes naturalistas. Me gustaba cómo se ampliaba también a un concepto vocal. Son los corales informes, ocultos en su mundos submarinos y también las voces. La música para mí es un oficio, e incluso algo más que eso, porque también es un lugar cotidiano en el que me siento transparente y plena.

Foto @Jaime Garvett

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¿En qué radica la decisión de cruzar la frontera académica para abocarte a la experimentación musical?, ¿por qué decidiste desplazar lo literario?

 

La decisión de cruzar esa frontera vino desde el cuerpo. Yo sentía -y constantemente veía una imagen- como si estuviera tratando de aferrarme a un puerto mientras una corriente fuerte me halaba hacia un océano desconocido. Esto me producía terror y emoción. No fue del todo voluntario el proceso. Lo que ocurrió fue un gran deseo que me llevó a eso, aunque la música siempre había estado en mi vida de muchas otras formas. Hoy en día lo literario tampoco está desplazado, porque también es parte de muchas cosas mías. Sólo que aparece más desde la fascinación y no desde el rigor académico. 

La música, o al menos  la que hago con Corales, me ha permitido inventarme cosas y vivirlas.

 

En algunas de sus presentaciones en vivo, los niños quedan hipnotizados ante la propuesta. ¿Por qué crees que el proyecto dialogue tan bien con la infancia?, ¿qué ofrece Corales en sus composiciones para que ellos conecten con la originalidad de la propuesta, en un mundo tan lleno de fórmulas y estímulos?

 

¡Esto no lo había pensado antes! Quizás porque también tengo un proyecto para niños que se llama Casa de Árbol. Lo fundamos Vanesa Gouveia y yo en 2016 y nació como un servicio de musicoterapia para los niños de Hospital JM De Los Ríos en Caracas. Luego se ha ido ampliando a otros espacios y colaboradores muy especiales. Es un proyecto que queremos mucho. 

Si pienso en las maneras cómo los niños pueden recibir la música de Corales, pues no lo sé del todo. Cada niño es tan impredecible e infinito. Pero supongo que podría convidarlos a conectar con cierta sensación de ensueño o con los paisajes sonoros. En vivo creo que les resulta curioso de ver.

Foto @Vanessa Urdaneta De Garvett

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¿Cómo es la composición musical de las canciones?, ¿eres una mujer orquesta?

 

La composición es intuitiva y me regodeo mucho en lo que va apareciendo. Creo que lo que hago se acerca más al proceso de dibujar algo por capas e irlo viendo que a componer en un sentido más ortodoxo. Suelo grabarme y este es un punto clave en el proceso de develar el resultado. Luego, en vivo, me gusta cambiar las canciones un poco, a veces varío cómo las quiero tocar, según la emoción o el juego de instrumentos que haya armado para una presentación. Supongo que es algo que viene de buscarle sorpresas al hecho de tocar solo, que es algo similar a jugar solo y divertirse haciéndolo. Si todo fuera idéntico siempre, me aburriría mucho y no podría transmitirlo desde un lugar sincero. 

Supongo que sí juego un poco a la mujer orquesta con los loops y otros elementos, aunque no busco que el asunto se torne en un gran malabar técnico ni nada por el estilo. Sin embargo, me gustan esos personajes. Siempre recuerdo y nombro al señor Marcelino Ortiz, quien era un mago de la música para niños en Caracas y hacía bailar a dos muñequitos mientras tocaba varios instrumentos en un teatrino musical que él había confeccionado. Era un músico de plazas cuya presencia me conmovió mucho.

 

¿Las canciones de Corales pueden ser también leídas como poemas?, ¿cómo es la relación con la palabra?, ¿escribes antes?, ¿improvisas?, ¿de dónde recoges estas experiencias exploratorias antes de musicalizarlas?, ¿o no es un proceso indivisible?

 

No todas son poemas estrictamente hablando. En general la relación con la palabra es lúdica. Algunas cosas las escribo antes, otras son improvisadas, otras dialogan con otros textos. Ahora ando trabajando un disco que voy sacando por partes y que se llama Álbum de Recortes. Allí han pasado muchas cosas. Por ejemplo, una canción que se llama “Niñas” que es de 33 fragmentos, vino de un mazo de cartas que me armé, como un juego de memoria, escritura automática e improvisación musical. Una vez hechas las cartas, lo fui grabando sacándolas al azar… fue un proceso de confección en el que todo para mí venía de sorpresa y que me obligaba a jugar con lo que iba saliendo del mazo mientras lo grababa (aunque quien lo reciba cuando la publique escuchará algo más o menos terminado). “Muñecas”, otro tema de ese disco, es una improvisación sobre el recuerdo de un poemario de Arturo Carrera que una vez me mostró un amigo y me impactó mucho. Así son mis juegos. A veces paso más tiempo fantaseando e intuyendo cómo se irá a detonar algo que cómo va a sonar o terminar siendo. El impulso es importante en lo que hago y la escritura se cuela por allí, pero no como algo sesudo.

Foto @Jaime Garvett

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En la mayoría de las canciones que compones, usas lo íntimo y la memoria como forma de construcción. Se unen fragmentos, postales, ritmos, imágenes, frases… ¿por qué la memoria como concepto forma parte de la identidad de tu música?, ¿en qué radica esta memoria tan personal con una manifestación colectiva?, ¿es la música memoria?

 

La memoria para mí es un terreno infinito de exploración e inspiración. Me interesa pensar cómo ocurre el recuerdo, lo caprichoso que es, la manera cómo olvidamos o no las cosas y sobre todo, las imágenes que se crean en el gesto de recordar o de recordar a medias. Supongo que es algo que me obsesiona un poco y que me moviliza. La memoria tiene algo de sueño y puede producir cierta añoranza. En cuanto a la relación entre memoria y música, no sé cómo ocurrió, fue algo que no me planteé, pero sin duda es un vínculo muy fuerte en todo lo que ha ido apareciendo en este proyecto. Por otra parte, no sé si la música sea memoria, pero sin duda la memoria viene acompañada de ella. Todos tenemos nuestro soundtrack personal.

 

 

En una de las investigaciones más importantes alrededor del Alzheimer se habla de que la memoria musical es lo último que se pierde ante una enfermedad mental: ¿las canciones compuestas a partir de esta fragmentación es apelar a lo más primitivo del hombre?, ¿juegas con la idea de la tradición oral?

 

He visto algunos videos de ese tema y me parece increíble. Uno de mis seres favoritos en el mundo es mi abuela Petra, una mujer preciosa de alma y una cantora de casa maravillosa. Como ahora tiene demencia senil, siempre que la veo cantamos (set fijo: “Vereda Tropical”, “La Cucaracha”, “Arroz con Leche”, “Amarillo es lo que luce”) y es impresionante cómo ese gesto la trae a tierra y la alegra. Manifiesta nuestro vínculo amoroso también. Con Casa de Árbol hemos ido a cantarle a viejitos y han sido experiencias muy conmovedoras. Los niños y los ancianos comparten un mundo y tienen una manera franca y generalmente abierta de recibir las cosas.

Con Corales hasta ahora no he jugado con la tradición oral, porque todo ha sido como muy personal, pero no lo descartaría si me llama.

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Foto @Mariángeles Pacheco

¿Qué influencias musicales invitaron a hacer esta propuesta tan innovadora?, ¿es Corales una excusa para seguir hablando de cultura pero con más alcance que la Academia?

 

Las influencias musicales son muchas, no sé si todas se evidencien. Me gusta mucho cierto pop oscuro y el folk de los sesenta y setenta (Os Mutantes, The United States of America,  The Free Design, Vashti Bunyan, White Noise, Nico, Bridgitte Fontain, Lee Hazelwood…), el post punk me marcó mucho en una época, bandas con sintetizadores y ciertos grupos raros como Suicide me inspiran. Hoy en día hay bandas y proyectos maravillosos, demasiados para nombrarlos todos. Suelen gustarme los proyectos donde hay mujeres y lo femenino en general.

Corales es una excusa para fascinarme con cosas y para darle forma a algunas ideas y caprichos. Los archivos me inspiran, la fotografía también, hay objetos allí, pero no es una excusa para sobrepasar la Academia. Es un mundo aparte, creo. En lo personal Corales es una excusa para ser un libro abierto, ya que yo suelo ser una persona muy privada y algo tímida en mi andar.

 

¿Este tipo de propuestas a qué público apela?, ¿la experimentación musical es un oficio al que accede todo público?, las redes sociales son una forma vital para comunicar y compartir estas novedades: ¿Corales es un proyecto de largo aliento? 

 

Esta propuesta apela a quien la quiera oír. Me he llevado muchas sorpresas en este punto y todo apunta a que uno no debe tipificar a quien escucha. Personas que pensaba que no les iba a gustar se han conectado desde algo personal, gente de distintas edades y gustos muy variados me han compartido impresiones inesperadas. Es muy lindo saber que la música y el arte en general pueden sobrepasar nuestras prescripciones.

Las redes sociales se han ido convirtiendo en un espacio muy importante y también en un medio divertido para generar imágenes. Me interesa mucho la relación entre la música y la imagen porque para mí la música es casi un proceso visual. Por otra parte, yo nunca tuve un Facebook personal ni nada por el estilo, pero Corales es algo que me nace compartir, socializar y dar. Yo espero que sea de largo aliento, sí. Pero también hay algo de algo de alter ego en ella. Así que todo dependerá de hasta cuando me quiera visitar.

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Foto @Vanessa Urdaneta De Garvett

¿Cómo crees que es la relación de las personas con la música en la actualidad?, ¿existen formas o ideas para darle más visibilidad a Corales?, ¿te interesa más visibilidad?

 

Actualmente creo que la gente consume mucha música. Hay demasiados dispositivos y vías para acceder a ella. Por otro lado, veo que ese consumo también se ha vuelto más fragmentado e inmediato, ya que casi nunca se escuchan discos completos, etc. Para mí eso no es ni bueno ni malo en sí mismo, sólo es un escenario de nuestros tiempos (aunque me siguen gustando los discos enteros y valoro todo eso). También creo que la música y lo visual están más unidos que nunca y este es un punto que me interesa muchísimo. Cada vez más estoy en proyectos con artistas visuales que adoro y admiro. Y muchas veces es la música quien sigue a la imagen.

A Corales sí me interesa darle más visibilidad, pero al mismo tiempo quiero cuidar la esencia real de este proyecto. No sé muy bien cuál es la fórmula, pero yo seguiré haciendo lo que tengo que hacer. Hay muchas cosas grabadas y también muchos proyectos abiertos por terminar. Creo que cada una encontrará su propia luz. 

Vídeo @Rómulo Peña

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