TITIRITERO

Nicóv Botella de arroz

Por Freddy Gonçalves Da Silva

 

Nicolás es un personaje literario. Basta conversar con él para que creas que estás dialogando con alguien inventado. Su voz es pausada, pero cuando habla del arte de las marionetas su ritmo vital cambia, como si fuera algo necesario. Esta pasión la mezcla, además, con un constante compromiso con la sociedad. Él quiere que su arte sea útil para que otros se desahoguen o descubran un talento propio. Pero sus marionetas y sus obras son mas que utilitarias, son sublimes, encaran a las personas con el arte en cualquier lugar, no importa si es un espacio privado o público; su obra puede trascender a la calle, el teatro, los conciertos, las ferias, los colegios o las galerías, lo mismo que en casa de un amigo. Lo he visto, no me lo contaron. 

 

La primera charla que tuvimos fue cruzando la séptima en Bogotá; transitamos en medio de una manifestación y también rodeamos el tráfico. Mientras lo hacíamos, de forma natural, hablamos de autores como Paloma Valdivia, Shaun Tan y, finalmente, terminamos en un restaurante: La juguetería. Les juro que también fue casual llegar a ese espacio donde se exponen juguetes de diversas épocas. Ese día comprendí que este oficio era como la sombra de Nicolás, que no había forma de desprenderse de la idea del juego, de las piezas de madera, de la construcción de los títeres. Entonces me habló del proyecto de que presentó como tesis en la universidad: crear juguetes que sirvieran de puente para una mejor adaptación de niños en familias adoptadas. Así es él, un hombre que respeta a sus marionetas, cree en su arte y se compromete con los demás. Desde aquel momento, aprendí mucho del oficio como observador. Incluso, el siguiente año llegamos a hacer una representación de José Tomillo de Ivar Da Coll para la Feria del Libro de Bogotá. 

 

Soy afortunado de conocer a Nicolás o de habérmelo inventado. Aunque seguirle el paso es muy complicado, porque él, además, corre maratones -de los de verdad, y no sólo físicos, sino mentales y emocionales-. Así que él corre a la par de lo que su oficio le solicita. Su forma de aprender se funde en la experiencia, en recorrer el mundo y explorar el arte de las marionetas a partir del otro, de las historias, del conocimiento profundo. Nicolás, puedo decir, vive el arte con la entrega de quien lo respira.

 

Quizás por todo esto considero importante que lo conozcan, y empezar con él esta sesión llamada Oficios del arte, en la que se abre una galería de personajes cuya profesión parte de oficios poco convencionales relacionados con el arte.

0

1

¿Existe oficialmente el término “marionetista”?, ¿de dónde proviene?

 

El término en español es titiritero. Algunos autores señalan que se debe a una lengüeta que usaban los titiriteros de la época, para deformar su voz y producir un sonido parecido a “ti-ti”. Las marionetas son un tipo de títeres, por lo cual el término correcto sería titiritero. 

 

¿Cómo es la historia de este oficio?, ¿cómo es tu historia dentro de este oficio?

La historia de este oficio varía dependiendo la región.  Se dice que en Sudámerica se usó por parte de los conquistadores, para convertir a los indígenas al cristianismo. Sin embargo, dentro de los grandes tesoros encontrados de estas épocas, se encuentran figurillas y máscaras, usadas por los indígenas para realizar rituales. 

Yo siento que mi historia como titiritero viene desde cuando era un niño. Siempre tratando mis juguetes de una forma muy especial, como si estuvieran vivos. Casi que puedo decir que me desprendí de ellos a una edad muy tarde. Por lo cual cuando entré a estudiar diseño industrial, en la Universidad Javeriana, mi motivación fue enfocada a diseñar juguetes. Estudiando, me encontré con otros oficios que también me llamaban mucho la atención, como la animación digital, motion graphics y la ilustración infantil. Mi época universitaria fue maravillosa, porque me dio la oportunidad de explorarlo todo, sin límites, experimentando con materiales, con herramientas, descubriendo mi propia estética y aprendiendo del contexto en general.

 

Después de graduarse, sales al mundo y te das cuenta que todo es distinto, que hay que producir dinero. Traté de encontrar empleo en lugares acorde a mis intereses. Motion graphics en agencias de publicidad: Entras a una hora pero no sabes a qué hora vuelvas a salir. Lucha constante con el cliente. Ilustración infantil: un medio muy competido y por ende difícil de entrar. Mi estética no llega a tener el suficiente nivel necesario. Diseño de juguetes: Elaboré mi propia micro empresa con una compañera, importando dispositivos de China y elaborando juguetes con un enfoque hacia el ámbito social. Una idea increíble, pero éramos muy jóvenes para entender que los sueños solo se hacen realidad si uno de verdad le pone todo el tiempo y toda la disposición. Terminé trabajando en una editorial de educación que, en principio, me acogió por saber inglés.

Una compañera de mi hermana es dueña de una tienda de objetos de diseño artesanal en Villa de Leyva y le pude mostrar algunos de mis muñecos. A ella le pareció buena idea poderlos exhibir. Como cada muñeco tenía su propia historia, quería que quien los comprara, la supiera. Por tanto se me ocurrió ponerles un collar con una botella pequeña y el cuento del muñeco enrollado dentro de la botella. También algunos arroces como símbolo de buena suerte y agradecimiento por la compra del muñeco. El arroz simbolizando prosperidad y abundancia. Ahí nació mi nombre artístico: Nico Botella de arroz.

No obstante, con las ganas de querer aprender más y hacer muñecos cada vez más perfectos, comencé a ahorrar para poderme ir a estudiar a alguna parte donde hubieran personas como yo... apasionadas por los muñecos vivos. 

Había intentado hacer marionetas pero no se movían de la mejor manera, y entonces, ahí fue cuando en internet, vi un curso básico de aprender a tallar marionetas en República Checa. Me enamoré. Investigué mas sobre las marionetas checas y las vi bellas, fue mi objetivo y mi plan de vida. Llevaba almuerzo hecho en casa a la oficina, no salía los fines de semana a ninguna parte. Ahorrar para ir a República Checa se convirtió en mi obsesión a lo largo de un año. 

Finalmente lo logré. Pagué todo lo necesario con mi propio esfuerzo, con mi trabajo en la editorial y vendiendo muñecos en Villa de Leyva. Cuando viajé a República Checa, descubrí el mundo de los títeres. Estudié por un mes y luego fui a Francia a un festival de títeres. Vi obras de todas partes del mundo, casi que no dormía de todo lo que significaba para mí estar allí, sentía que esto era lo que quería hacer el resto de mi vida. Llamaba a mi casa, a contarle a mis papás que encontré mi destino. Cuando volví a Colombia, ya era otro.

 

Ahora era Nicov Botella de arroz.  

Entre tanto, durante ese año experimenté la vida del oficinista promedio bogotano. Hora larga para llegar al trabajo a tiempo, en una ciudad que colapsa en las horas pico y luego llegar a casa cansado sin querer trabajar en nada más. Mi felicidad se estaba viendo afectada, mi proyecto con los juguetes no avanzaba por causa a tanto trabajo en la editorial. Un día con ganas de tener al menos un proyecto creativo personal los fines de semana, comencé a hacer muñecos en papel maché. El primero fue un auto retrato, que me llevó a hacer un video animado en stop motion. Esto me acordó de cuándo era niño, y jugaba largas horas con mis muñecos, creándoles historias y sintiéndome siempre acompañado. Por lo cual comencé a hacer más muñecos. Mi mamá me sugirió venderlos. 

2

3

¿Qué has hecho para distinguirte como artista en medio de este oficio tan lleno de posibilidades: títeres, puppets, teatros de sombras, acrobacias, etc?

 

Por un lado estudiarlo. En el 2015 viajé a Inglaterra por seis meses para tomar un curso de titiritero en la London School of Puppetry. Luego entre 2016 y 2017, mi tesis de maestría también tuvo que ver con títeres, en la cual hice una extensa investigación sobre los títeres como una posibilidad dentro de la educación para una cultura de paz. 

Por otro lado experimentar y encontrar mi propio estilo dentro del medio. Cada vez que me presento a un público, pienso en lo que funcionó y en lo que no. Trato siempre de ser muy auto crítico y corregir, cambiar y estar en constante aprendizaje. El show siempre puede ser mejor. Trato de tener presente mis fuertes como artista pero también mis debilidades y, aunque no pienso mencionarlas, busco que se reduzcan cada vez un poquito más.

 

 

¿Cómo es la relación del arte con las marionetas?, ¿su vínculo con la oralidad, lo infantil y lo popular lo aparta de otras consideraciones teóricas más académicas?

 

En mis épocas universitarias, tuve un gran interés por la literatura infantil. Tomé algunos talleres de escritura y otros de ilustración. Alguna vez en un Congreso de ilustración en Bogotá, tomé un taller con Paloma Valdiva, ilustradora infantil chilena. El taller se llamaba: Viaje al centro de la idea. Allí, ella exponía que toda la inspiración está por dentro de nosotros, contaba la importancia de las historias con contenido, con algo personal que contar. Todo muy dirigido hacia el cuento infantil. Ese taller marcó mi vida. Siempre que hago un show de títeres primero lo pienso en función de historia. Para mí, es una relación directa, van de la mano. Claro está que hay muchas otras formas de hacer títeres, donde no necesariamente se cuenta una historia y también es muy respetable. 

A mí no me gusta trabajar con palabras, prefiero enfocarme en la música y los movimientos. Pero me encanta ir a ver los shows de la libélula dorada o el baúl de la fantasía en Bogotá, donde las voces y los textos son bellos, llenos de humor y de identidad local.  

4

5

En la actualidad, con un mundo tan mediado por lo tecnológico y el espectáculo, ¿siguen teniendo vigencias este tipo de manifestaciones?, ¿cómo subsisten?

 

En muchas partes este tipo de manifestaciones ha tenido que crecer y ponerse al mismo nivel que las nuevas formas de entretenimiento. Esto, más que volverse una limitante, se ha vuelto una oportunidad para que los titiriteros incorporen en sus actos, tecnología, efectos, luces, animación digital y nuevas formas de poder seguir haciendo el acto de una forma contemporánea. Lo cual funciona muy bien y tiene una amplia acogida entre el público. 

 

 

Considerando tu amplia experiencia en diversos países, ¿existe alguna tradición de mantenimiento del oficio?, ¿o hay, en alguno de esos países, políticas públicas que favorezcan el desarrollo de este tipo de manifestaciones artísticas?, ¿este oficio aún es reconocido como un trabajo?

 

Actualmente vivo en Tailandia. He tenido la oportunidad de conocer titiriteros de Taiwán, China, Myanmar e India, en donde los títeres además de ser una forma de entretenimiento para los niños, también son usados en ceremonias religiosas, mostrando historias relacionadas a sus creencias. En Taiwán, por ejemplo, los titiriteros son contratados durante un mes, por algún templo, para realizar obras de títeres para los espíritus que visitan el templo y para los dioses que lo habitan. Estas presentaciones tienen una duración de mínimo cuatro horas al día. En la India, hay un día especial donde los fantasmas vuelven a la tierra a visitar a sus familiares, por tanto, también hay titiriteros todo el día y sus presentaciones tienen por lo general las primeras sillas “vacías” destinadas a los espíritus que los visitan y el resto de sillas para las personas que quieran disfrutar del show por algún momento.

6

7

8

¿Cómo relacionas lo literario a las marionetas?, ¿cómo es tu diálogo con el arte?

 

Tanto lo literario como el oficio de los títeres tienen como fin comunicar una idea a través de símbolos, llevar al expectador/lector experimentar otra realidad. 

 

Pensando en su relación con la oralidad y la infancia, ¿consideras que este oficio es vital para mantener la identidad y la memoria de una comunidad o un país?

 

Creo que cualquier tipo de manifestación artística es vital para mantener la identidad y la memoria de una comunidad. En los títeres hay varios tipos de manifestaciones artísticas inmersas dentro del mismo: música, estética, danza, tradición oral, etc.  

 

 

¿Alguna anécdota que reafirme tu compromiso con esta labor?

 

Un grupo de niñas titiriteras que formé en Ciudad Bolivar: las chicas superpoderosas. Durante un año, en el marco de un proyecto del distrito en Bogotá, tuve la oportunidad de conformar este grupo. Cada niña realizó una obra de títeres de tres minutos contando su mayor miedo y cómo superarlo. Luego, nos tomamos el espacio público, y en un barrio donde el miedo es algo de todos los días, estas niñas mostraban sus micro obras a la comunidad. Sentí que a través del arte, les estaba enseñando a empoderarse, a crear un proyecto, a no tener miedo al miedo, a superar la pena, crecer como lideresas comunitarias. Resulto uno de los proyectos mas bonitos en los que he trabajado. 

9

¿Temes que este oficio pierda fuerza o “utilidad” en un mundo cada vez más efímero?, ¿cómo se mantiene la vigencia de un titiritero?

 

Creo que el arte de los títeres cuando es bueno, nunca va a dejar de sorprender. El mes pasado tuve la posibilidad de ver a un titiritero de marionetas de Singapur, y fue muy emocionante y emotivo. Tanto que cuando finalizó el show, no tuve más que decirme a mi mismo, que por personas como él, es que me siento inspirado para seguir trabajando en este oficio. Así que todo depende de mí, de poder seguir experimentando y ver lo que funciona y lo que no en el mundo de hoy, creciendo con las herramientas actuales y no negándolas. Desde que haya pasión no hay necesidad de sentir ningún temor.

*Fotografías cortesía de Nicov Botella de arroz.

Entrega 6 · María Angélica Barreto

09.25.2019

1/10
Please reload

¿BUSCAS MÁS?