Entrevista a Pablo Cruz

 

Actualmente, en estos espacios de crisis económica, el mercado editorial en España reflexiona constantemente sobre varios aspectos que conducen su trabajo: la calidad, el negocio,  el libro digital, los blogueros, la promoción de la lectura. Pablo Cruz, editor de Anaya infantil y juvenil, comparte no solo su punto de vista sobre estos temas sino también su acercamiento personal al mundo del libro.

 

 ¿Editar actualmente, junto a la crisis, es un campo árido en España? 

 

Editar hoy en día es complicado debido a las dificultades económicas y a los problemas propios del sector del libro, que no son de ahora, sino que vienen gestándose desde hace mucho tiempo. Las editoriales son empresas y por tanto buscan la rentabilidad, pero al mismo tiempo producen cultura, y es necesario combinar ambas facetas de la mejor manera posible. El descenso en las ventas, el descenso de tiradas y márgenes, y la demagogia que se viene haciendo últimamente contra las industrias culturales, no hacen sino perjudicar la viabilidad de muchos proyectos editoriales, ya sean grandes o pequeños. Hay gente interesada en transmitir la idea de que las editoriales no aportamos valor, sino que nos aprovechamos de los creadores. Lo que no se cuenta es la cantidad de medios y conocimientos que invertimos en transmitir y difundir cultura, trabajando junto a los creadores. Obviamente, como decía antes, las editoriales buscan su rentabilidad, su supervivencia, pero si alguien tuviera como objetivo hacerse rico, no fundaría una editorial. Cualquiera que tenga una o trabaje en ella sabe que es un oficio sacrificado. Requiere de vocación y de otras aspiraciones, que no son las económicas.

 

¿Cuáles son las ventajas y desventajas de ser una editorial con una gran maquinaria de producción frente a editoriales más pequeñas como A buen paso, Bárbara Fiore o El jinete azul, por dar algunos ejemplos? 

 

La ventaja es que una editorial grande cuenta con mejor capacidad de producción, distribución y promoción. La desventaja, por este mismo motivo, es que las decisiones editoriales son más complejas ya que involucran muchos más factores y personas que en una pequeña editorial. A otro nivel, las ventajas y desventajas son similares a las que pueden existir entre trabajar en una empresa familiar y una multinacional.

 

¿Cómo coinciden el buen comerciante y el buen editor?  

 

Creo que ambas cosas son compatibles y, aun más, deseables. Un buen editor es el que consigue encontrar un autor de talento y conseguir llevar sus libros al mayor número de lectores. Si bien es cierto que algunos libros que hoy consideramos clásicos pasaron en su momento sin pena ni gloria por las mesas de novedades, lo normal es que los buenos títulos y autores acaben triunfando frente a otros fenómenos más pegados a las modas o a la actualidad. La calidad, tarde o temprano, se acaba imponiendo.

 

¿Actualmente el libro digital dirige las exigencias del mercado en Europa? 

 

El problema del libro digital es que en estos momentos vive gracias al libro impreso, al menos en España. Poco a poco las ventas digitales van aumentando, pero no lo suficiente como para permitir su supervivencia de manera independiente. Es cierto que las editoriales nos hemos puesto las pilas, lanzando nuestras novedades y fondo en formato digital, pero los resultados de esta inversión (que a pesar de lo que se pueda pensar, es considerable, en tecnología y personas) se verán a medio plazo. Nuestra labor, además de digitalizar nuestros fondos, es explorar todas las posibilidades técnicas, y aplicar los mismos criterios de excelencia que utilizamos con los libros impresos (diseño, maquetación, edición…). Hay que estar preparados para el momento en el que el mercado del libro madure, y los lectores se acostumbren a pagar por contenido digital igual que pagan por contenidos en papel.

 

¿Existen razones por las que el mercado infantil y juvenil en España publique tan pocas novedades latinoamericanas? 

 

Yo no creo que sean tan pocas. En el mercado Español encontramos a grandes escritores latinoamericanos y a ilustradores de primera fila. Si mencionara algunos, los otros se iban a sentir ofendidos, pero creo que todo el mundo sabe en qué nombres estoy pensando. En el sector de la literatura juvenil, por ejemplo, reconozco que las editoriales se inclinan más por autores anglosajones, pero en infantil hay una mayor variedad, y más aún si nos acercamos al álbum ilustrado donde el cruce de culturas es muy enriquecedor. Sin ir más lejos, los últimos ganadores del premio de Compostela fueron dos mexicanos con un estupendo álbum: Bandada. Y una poeta chilena, María José Ferrada, fue la ganadora del premio Ciudad de Orihuela también el pasado año. Por mencionar dos ejemplos.

 

Desde hace años, los blogueros lectores en España han tenido una importante presencia a la hora de la crítica de los libros para jóvenes, ¿un editor atiende a estas críticas?, ¿de qué manera? 

 

Sí, la actividad de los jóvenes lectores en internet se ha multiplicado durante estos años. Para el editor es muy interesante conocer de primera mano los análisis y opiniones de lectores de esas edades, algo que hasta la explosión de la web social era de acceso más limitado. Pero no hay que olvidar que también hay blogueros adultos, en muchos casos bibliotecarios, docentes y especialistas, que hacen un gran trabajo de difusión, sobre todo de libros infantiles ilustrados. Internet sin duda ha facilitado la visibilidad de libros y editoriales sin depender exclusivamente de la promoción en prensa y puntos de venta. Pero es importante también establecer criterios de calidad, que haya buenos “curadores” de contenidos y así podamos distinguir a aquellas personas que aportan valor mediante sus reflexiones y análisis. La opinión de todo el mundo no es igual de valiosa, por muy respetable que sea.

 

¿Cómo fue tu acercamiento a la lectura? 

 

Tuve la suerte de crecer en un hogar donde se leía, y donde tenía a mi disposición muchos libros infantiles, y también de adultos. Desde pequeño aprendí que la lectura era una actividad placentera, equivalente a los juegos o a la televisión, y me pasaba tardes enteras devorando libros. Las primeras lecturas que recuerdo son los Los Cinco de Enid Blyton, El pequeño Nicolás, todo lo de Roald Dahl, los relatos de Fernando Alonso, David McKee, Christine Nöstlinger, Michael Ende… Y por supuesto, los cómics de Astérix, Tintín… Eran los primeros años ochenta y, afortunadamente, pude disfrutar de grandes colecciones de literatura infantil como las de Alfaguara, Altea Benjamín, Austral Infantil o Noguer. Para mí, el trabajo que realizaron los editores de estos sellos, en esa época, es un modelo a seguir.

 

¿Qué formas de promoción de lectura consideras acertadas en la actualidad de cara a las nuevas generaciones? 

 

Considero que la mejor forma de acercar la lectura a los jóvenes es a través de mediadores que sepan darles el libro adecuado, y poco a poco ir abriendo su horizonte de lecturas. No hay niños a los que no les gusten los libros, simplemente no han tenido la suerte de que alguien se preocupe de formarles en su hábito lector. Sin imposiciones, claro está. Con eso no se consigue nada. Un niño puede pasar de leer los libros de Teo a disfrutar con Juan Farias, pero entre medias hay un trabajo permanente de padres y educadores.

 

¿Los libros para niños y jóvenes deben educar? 

 

Cualquier libro, ya sea para niños o para adultos, educa de una manera u otra. Todo texto tiene un mensaje detrás, una intención o simplemente nos muestra algo que desconocíamos. No hace falta que el autor se plantee transmitir de manera expresa ciertos valores, de hecho muchas veces es perjudicial para el propio libro, porque se tiende a simplificar, a transmitir mensajes evidentes o manipulados, y a no dejar que el lector aporte su propia reflexión.

 

¿Existe la literatura infantil y juvenil o es una excusa editorial? 

 

Decía Tournier que hay autores “que escriben tan bien que los niños pueden leerlos”. En realidad, los buenos libros infantiles los disfruta de igual modo un adulto, un joven o un niño. Obviamente, y por cuestiones de vocabulario o temáticas, hay ciertos libros que a un niño le aburrirían, igual que ocurre con una película. Considero que sí existe la literatura infantil y juvenil, y que en ella se pueden enmarcar libros que por sus características resultan apropiados para los lean no solo los adultos.

 

¿Cómo te imaginas la muerte del libro en la historia?, ¿es posible? 

 

No creo que el libro llegue a morir nunca, lo que puede que cambien sean los formatos o las maneras de acceder al libro. Contar historias es algo esencial al ser humano y se ha venido haciendo desde hace miles de años.

 

¿Cómo sería el libro ideal para ti? 

 

He leído algunos libros ideales a lo largo de mi vida. Una de las cualidades que tiene que tener un libro, según mi criterio personal, es la capacidad de sorprender, de ofrecer una visión original o interesante sobre el mundo. Y creo que uno de los elementos con los que mejor se consigue este propósito es el humor.

 

 

Biografía

 

Pablo Cruz nació en Jaén en 1976. A principios de los años 90 se incorporó como redactor a la revista de literatura infantil Babar, que coordina desde su paso a soporte digital, en el año 2000. Después de colaborar como lector y redactor para varias editoriales, en 2001 se incorporó como editor de literatura infantil a la editorial Anaya. 

 

***Imágenes usadas en esta entrevista: 1. Fotografía cortesía de Pablo Cruz. 2. Logo de la editorial Anaya, colección infantil y juvenil. 3. Portada del libro Los caminos de la luna, escrito por Juan Farias e ilustrado por Alicia Cañas Cortazar, editado por la colección Sopa de libros de Anaya infantil y juvenil.

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