Entrevista a Ricardo Siri Liniers

 

 

No todos los días se conversa por teléfono con un heredero de la más alta nobleza de Buenos Aires. Así que PezLinterna dispuso de algunas de sus galas y se comunicó con Ricardo Siri, descendiente del virrey de La Plata, Don Santiago de Liniers. El humorista gráfico atendió con voz mañanera e inició una cordial conversación en la que, más que de la realeza, parecía un personaje de Cosas que te pasan si estás vivo, tiras publicadas semanalmente en la revista “ADN Cultura” del periódico La Nación. Nos contó con humildad que sus tiras Bonjour fueron el inicio de todo, al publicarse en el suplemento NO!; que tres años después llegó Maitena, lo presentó a La Nación, y tras varios años de trabajo apareció Macanudo, transformándose en un éxito dentro y fuera de Argentina. Luego vinieron las respuestas, y Liniers nos habló de sus colaboraciones con Andrés Calamaro y Kevin Johansen, del cómic en Latinoamérica, de su trabajo con las historietas, el humor, la Editorial Común y de las cosas que pasan solo por estar vivo.

 

¿El cómic es arte? ¿Es literatura? ¿Qué es? 

 

Me cago en dos. No tengo la menor idea, ¿sabes? Hago dibujos. Pienso cosas raras y las dibujo. No sé si eso es arte o es literatura o solo son historietas.

 

¿Cuando joven pensabas en dedicarte a este oficio? ¿Cómo fue tu acercamiento al cómic? 

 

La verdad es que me encantaba la historieta de muy chico. Empecé leyendo Mafalda, después Asterix, Tin Tin y El Eternauta. Jamás me imaginé que esos libros los hacía alguien ni que iba a poder vivir de eso. Para mi Quino no era una persona, más bien era una abstracción. Mafalda existía por sí misma. Entonces la verdad nunca fue un plan mío dedicarme a las historietas. Me fui acercando de a poco. Así que lo primero que hice fue estudiar alguna carrera: Derecho. Después estudié Publicidad. Como te dije, nunca pensé que iba a poder vivir de dibujar historietas. En algún momento se ve que me envalentoné y me aburrí de las carreras que tenía conmigo, buscando siempre formas de disfrutar de lo que hacía. Así lo asumí: me gustaba dibujar historietas. A partir de allí, todo empezó a funcionar. Fue una cosa casi espontánea.

 

Eres prácticamente una estrella pop en la actualidad, ¿sospechas cuáles podrían ser las razones? 

 

Tengo la suerte de que me fue mejor de lo que jamás me habría imaginado. Cuando me dediqué a hacer historietas, el techo que yo tenía era publicar algún libro, poder vivir más o menos de la historieta. Yo con eso estaba contento. Nunca me imaginé que me iban a publicar en España, mucho menos en República Checa. Es una de mis sorpresas más extrañas. Eso me pone muy contento, es un aliciente extra.

 

Argentina es un país reconocido mundialmente en el cómic gracias a personajes como Mafalda, El Eternauta, Mort Cinder, Corto Maltés, El Loco Chávez, Boogie el aceitoso, Inodoro Pereyra. ¿Qué marcó la diferencia entre Argentina con el resto de Latinoamérica para tener un discurso gráfico tan sólido? 

 

Es culpa de los gigantes. O sea, Quino viene después del Eternauta, y tras Quino se vino Fontanarrosa, y luego aparece Maitena. Entonces la gente está esperando qué es lo nuevo que aparecerá en la historieta de acá. Por eso llama la atención cuando aparece algo nuevo. Supongo que es así. Es una historia muy larga del cómic en Argentina, y todos estaban bajo la sombra del anterior. Quizás por eso, los que vinimos después, fuimos subiendo un escaloncito más gracias a los colosos.

 

¿Por qué el discurso del humor es tan vital en la idiosincrasia latinoamericana? ¿Es una forma inteligente de manejar las crisis o es simple evasión? 

 

A mí me parece más bien un tema de defensa. Es nuestra manera de defendernos ante los embates y los aplastamientos que sufrimos por política o ideologías. Por lo que sea. El caso es que cuando más te hunden, entonces aparecen los grandes artistas. Esto no quiere decir que los absurdos de las crisis deben reducirse en el humor, pero grandes artistas logran causar una reacción a partir de la risa. Es el mecanismo de defensa que tenemos ante lo negativo. Fíjate: el humor en los funerales siempre aparece. En algún momento alguien se ríe por alguna cosa rara que hacía el muerto. Siempre aparece porque es la manera de defendernos de eso, de la muerte, de estas cosas negativas.

 

¿Por qué el concepto de novela gráfica no tiene aún un asidero real dentro de los espacios culturales de Latinoamérica? ¿Crees que se está logrando en la actualidad? 

 

Mi idea con la Editorial Común es publicar algunos trabajos que se están haciendo afuera para estimular y animar a los artistas de acá, porque en Argentina se encuentra mucho humor gráfico y poca novela gráfica. En lo personal, también es que me interesa conseguir artistas latinoamericanos. Conozco a varios autores argentinos, o una chica colombiana que es ilustradora. Eso también porque me gusta viajar mucho. Viajo no sólo por las historietas, sino por los recitales que hago junto a Kevin Johansen, y he tenido la suerte de descubrir en Latinoamérica a grandes dibujantes. Lo que aún no hay armado es el instinto comercial y el impulso editorial. Así que por eso me parecía lindo tratar de retribuir un poco la suerte que tuve de poder trabajar con la historieta; preparando un proyecto donde estos chicos que tratan de empezar pudieran publicar, o al menos encontrar un lugar donde te ilusione poder editar.

 

¿Qué tal la experiencia editorial? 

 

Bien. Por un lado va apareciendo el material. Hay libros que publicar, que están a un nivel superior de lo que esperaba de los autores de acá. De haber sido lo contrario, habría sido muy decepcionante y no seguiría con la editorial. Pero, la verdad, me falta más bien la posibilidad de publicar toda la cantidad de libros que veo y que están increíbles. La historieta latinoamericana es igual que su literatura, los autores de acá tienen una manera de ver ciertas cosas y de explicarlas, que nos distingue. Entonces uno quisiera más de estos formatos del cómic o novela gráfica dentro. Por suerte hay mucho material, ojalá hubiera más editoriales que se enteraran de esto.

 

¿Sientes que en la actualidad el mercado editorial le da mucha importancia a la imagen? ¿Es una necesidad real del lector? 

 

Sabes que la historieta tuvo un salto muy interesante en los últimos treinta años. El cine y la historieta son como hermanos chiquitos, y el cine inmediatamente como que pudo trabajar sobre cualquier tipo de historias: estaba la posibilidad de grabación de cine histórico, comedia, drama, policial, cualquier tema. En cambio las historietas, por el espacio que ocupaban dentro de los diarios, que era el lugar donde casi siempre se publicaban, quedó relegada a crear chistes o aventuras breves o superhéroes. Por ejemplo, jamás te habrías imaginado una historieta sobre Adolf Hitler en la prensa. Y existe. Culturalmente no se pensó que era un medio lo suficientemente importante para tratar este tema, y de Maus para acá se abrió un espacio, finalmente cayó ese prejuicio, y ahora tenemos autores que se dedican a la historieta lo mismo que los escritores a la novela. Bolaños se sentaba a escribir y no pensaba: “uh, no puedo hacer tal o cual cosa”, tenía libertad absoluta de escribir lo que quisiera porque la novela estaba abierta a eso. Pues parece que ya la historieta está igual de libre y abierta.

 

¿Piensas que con estos avances, factores como los libros digitales pueden alterar la calidad de las creaciones? ¿Cómo encajan estas nuevas tecnologías con el cómic? 

 

A los avances tecnológicos siempre hay que verles lo positivo. Apareció la fotografía y alguno se habrá quejado, pero no desapareció la pintura. O también se pensó que el cine iba a matar al teatro. Esas cosas lo que hacen es sumar. A la gente le gusta que le cuenten historias. A mí no me gusta que me las cuenten solo en papel; también me gusta que me cuenten historias en el cine, en teatro, en libros o revistas. Si me cuentan bien una historia en digital, pues me va a gustar, pero no va a nublar lo otro. Ahora, para los artistas que lo que queremos es contar; es maravilloso que aparezcan nuevas tecnologías.

 

¿A quién va dirigido el cómic en la actualidad? ¿Sientes que ahora es un discurso mayor de edad? 

 

En mi trabajo no dirijo mis historietas a ninguna edad en específico. Pero lo que sí realmente siento es que falta que todo el mundo se entere. Mostrar que el cómic tiene varias posibilidades. Por darte un ejemplo, en Francia o en Europa en general, mis padres comprarían cómics, pero en Argentina no. ¿Por qué? Porque pensarían que allá los cómics o novelas gráficas están destinados a ellos, y las de acá no las podrían disfrutar de igual manera. Es por estos detalles que siento que falta eso: abrir espacios para cualquier lector, y crear historias que podrían conmover a cualquier edad.

 

Tu imaginario está repleto de personajes absurdos, irónicos, entrañables, cándidos, pero sobre todo cotidianos. ¿Cómo es tu propia cotidianidad? 

 

Absurda e irónica. Imagínate, tengo dos hijas pequeñas, y es prácticamente como vivir con dos comediantes. Es como estar con Charles Chaplin a diario. Además, que yo tampoco soy de una sola manera siempre. Entonces, cuando me siento a crear Macanudo, viene según como me siento. Al final, mi respuesta a las cosas que estoy creando depende de mi estado de ánimo en el momento en que me siento a trabajar.

 

Teniendo un universo tan complejo, ¿cómo se siente ilustrar relatos ajenos? Lo digo por ilustrar las letras de Kevin Johansen, o los discos de Andrés Calamaro, o el libro Pequeño mundo verde de María Martha Estrada, de Editorial Común. 

 

Creo que el secreto está en admirar a esas personas. Eso te facilita mucho las cosas. En el caso de Calamaro o de Johansen es música que me gusta, además de que los admiro; y luego imagínate a Albert Pla pidiéndome hacer algo con él. Es muy bonito. En el caso de Pequeño mundo verde, es uno de los que más me ha gustado ilustrar, además todos lo habíamos mantenido como un secreto, pero la autora es realmente mi mamá. Era un gran compromiso ilustrarle. Ahora, si lees todas las ideas extrañas que tienen los cuentos de ese libro, entiendes perfectamente de dónde vengo yo.

 

¿Qué dibujantes o ilustradores consideras vitales para aprender de este oficio? 

 

Art Spiegelman con su libro Maus es una puerta de entrada. El arte de Juanjo Sáez está muy bien. Jorge González me gusta también. No sé, creo que deben ser libros que te abran la cabeza. Hay una estrella para cada uno, lo importante es salir y buscarla.

 

¿Liniers se siente un maestro? 

 

No, lo lindo de ser artista es ser alumno siempre.

 

¿Planes a futuro? 

 

Ahora sale Macanudo 9. Además viajo otra vez a recitales con Kevin Johansen a México, Venezuela, Colombia, y vienen por allí dos libros más con la editorial.

Conversaciones minúsculas

 

¿Un personaje tuyo? 

 

Enriqueta.

 

¿Un libro que marcó tu adolescencia? 

 

Catcher in the rye, Salinger.

 

¿Un animal en el que metamorfosearse? 

 

Conejo. Me la pusiste fácil.

 

¿Una palabra? 

 

Mamarracho.

 

¿Una obra de arte? 

 

Tiempos modernos, de Charles Chaplin.

 

¿Un chiste? 

 

Soy malísimo contando chistes.

 

¿Una canción? 

 

Hindue Blues de Kevin Johansen. Me gusta dibujarla.

 

De no ser dibujante… 

 

Músico, aunque sería un desastre.

 

¿Una película? 

 

Ya la tenía, pero bueno, hagamos algo, acá te dejo El grito de Munch.

 

¿Una personalidad de la actualidad? 

 

Stephen King.

 

¿Un miedo?

 

Cualquier cosa mala que le pase a mis hijas. Así sea cortarse un dedo.

 

Un cómic que no se debe dejar de leer… 

 

Mafalda.

 

¿Dónde es mejor guardar las ideas? 

 

En cuadernos, que si las guardas en la cabeza se te van. 

***Imágenes usadas en esta entrevista: 1. Portada del libro Conejo de viaje de Liniers (2008), editado en español por Reservoir Books-Random House Mondadori. 2. Detalle de tira de los diez años de Macanudo. 3. Viñeta en cabecera del blog Macanudo: Cosas que te pasan si estás vivo. 4. Episodio 6 del programa “Momentos con Liniers”, con Kevin Johansen de invitado. 

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