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En mi novela Arañas de casa, la abuela Celeste guarda una caja llena de postales en las que Sergio descubre la historia de su abuelo. Para escribir estas postales, yo comencé a coleccionar viejas postales de los mercados de pulgas. Tengo muchas historias ajenas.


En la actualidad, tengo amigos que me envían postales. Ahora también tengo historias nuevas.



 
 

En María Diluvio, Torres y su papá, un pescador que le teme al mar, tienen dieciséis gallinas. Catorce de ellas se perdieron.

Sin saber cómo, a mi casa empezaron a llegar gallinas después de publicarse el libro. Falta Torres.



 
 
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