Entrevista a Christian Albarracín, interventor artístico


Christian Albarracín es un curioso nato. Recuerdo una tarde en Bogotá que transitamos casi toda la ciudad, explorando librerías y espacios dirigidos a la cultura. Lo extraño no es que él se detuviera en la estructura de estos lugares, sino que también recogiera mentalmente otros espacios escondidos entre sus calles: en esta esquina de Chapinero le vendría bien un grafiti, decía o aquí en Paloquemao podrían poner una escultura en forma de chigüiro. Decía frases sueltas sin más. Era como si a base de ideas estuviera haciendo una remodelación a la fachada de la ciudad. Solo que él no acumula puntos posibles para lo bello, él quiere hurgar en la belleza misma, hacerla entender antes de que florezca y ejecutarla. Más que un simple artista (aunque él diga lo contrario), es un constructor de sociedades.


Publicista de profesión, con una admirable cabeza para la organización de proyectos. Hace lo mismo un presupuesto impecable pensando en el beneficio de la comunidad, como bailar música para planchar con las abuelas con las que trabaja. Su energía es inagotable, herencia del teatro, donde formó esta vena asociada al arte inclusivo. El nombre de su oficio es un invento nuestro. Al momento de hacerle la entrevista, estábamos claros de que conversábamos con un artista plástico. Su discreta formalidad y humildad no dejan que lo digamos: no estudié para eso, afirma; por eso decidimos llamarlo interventor artístico.


Christian diseña y construye figuras delicadas con formas poligonales, que luego las expande al mundo en formas de esculturas para que las personas las intervengan. Prueba materiales, recicla, inventa, crea, improvisa. Progresa e invita a progresar. Él interviene con su arte no solo las calles de su ciudad, Bogotá, sino a las personas que la habitan, para que se reencuentren con el arte más allá de la vida cotidiana. Exploremos junto a él su dinámica transformadora:



0 · Exactamente cómo definirías tu oficio: ¿eres un artista plástico o eres una especie de “interventor artístico”?


Yo no soy artista plástico, no estudié la carrera. Estudié Publicidad y siempre me llamó la atención hacer esculturas o piezas que interactuaran con el público. Creo que también es culpa del teatro, todo aquello que aprendí sobre las tablas y quería hacerle llegar a la gente. Diría más bien que soy una persona que sigue explorando un estilo propio dentro del arte. Y lo hago interviniendo espacios públicos o privados, cada vez que se me abre una posibilidad.



1 · ¿Cómo se inició ese diálogo con el arte?

Precisamente haciendo teatro. Empecé a desarrollar escenografías y a participar en obras interactivas. Siempre me han fascinado esas obras en las que el público pueda intervenir, donde se pueda tocar al artista o subirse al escenario, que pueda sentirlo y palparlo. Por eso fue que desarrollé esculturas con las que se pueden dialogar. O sea, cuando elaboro piezas en espacios públicos quiero que el transeúnte participe, que los miembros de la comunidad puedan pintarla o intervenirla. Quiero que las vean de una forma diferente, más social; que se eleve y realce la escultura como un bien común.


En una exposición que hice en Teathron me dijeron: "es como si tus personajes estuvieran en un monólogo", y yo agregaría: quizás porque tienen una historia que quieren contar.



2 · ¿En qué momento supiste, o decidiste, que tu forma de diseñar o de hacer arte podría tener algún impacto dentro de la ciudad y la sociedad?


Hace seis años, durante la época del teatro, se me dio la posibilidad de realizar unas esculturas con material reciclado. La idea era llevar a cabo una exposición en el Park Way, acá en Bogotá. Tuve que hablar con la comunidad para que me abrieran las puertas, incluso insistí y participé en convocatorias para trabajar con el apoyo de las alcaldías. De hecho, he podido trabajar con la alcaldía de Chapinero dos veces, Engativá, Usaquén, Kennedy. A partir de ese trabajo, decidí incluir a mujeres, niños, miembros de la comunidad LGTBIQ, a los adultos mayores, para poder hacerlo más plural. Entonces se me dio una nueva oportunidad con el Instituto distrital de participación, precisamente apoyando este proyecto de recuperar espacios públicos a través de las esculturas, de piezas hechas con material reciclado. Quería hacer piezas que perduraran en el tiempo, que formen parte de la memoria de la comunidad. La respuesta dentro de la comunidad ha sido asombrosa, por eso insisto.



3 · ¿Cómo haces para que estas piezas hechas de materiales tan delicados subsistan en espacios públicos donde se interactúa con lo meteorológico y lo humano?


Es parte del experimento. Por ejemplo, hay unas esculturas decorativas de menor tamaño que he expuesto en discotecas, cafés, espacios culturales, y esas las realizo con papel kraft. Esas mismas piezas poligonales las llevo a tamaño gigante con otros materiales. El problema es que no quise que fuera fibra de vidrio o metal, por eso opté por opciones menos convencionales. Me atrevo a decir que soy el único en Colombia y uno de los pocos en el mundo en trabajar con Tetra Pak, que es una fusión de pitillos (pajillas) y plástico. Por ser un material tan complicado de procesar, se han hecho láminas resistentes al exterior. Por ejemplo, con esas láminas se hacen tejas de casas. Por eso las esculturas perduran en los espacios públicos. Sin embargo, lo ideal no es que haya una pieza terminada que se entregue, sino que la comunidad también la intervenga. Que se apropien de ella como con las escaleras y los muros, que los pinten y decoren a su gusto; de esa forma se trabaja con la conciencia social, son los habitantes de la comunidad quienes cuidan la escultura. Lo más difícil es conseguir los permisos de las alcaldías para colocar las piezas, incluso para mí que trabajo en una entidad pública, pero son situaciones que se van resolviendo poco a poco. Esto se trata de ensayo y el error, solo que requiere tiempo y apoyo.


de esa forma se trabaja con la conciencia social, son los habitantes de la comunidad quienes cuidan la escultura.


4 · ¿La intervención artística genera cambios en la forma que tienen de verse las comunidades dentro de la ciudad?


¡Claro! El arte acerca a toda la sociedad: niño, adulto, jóvenes, incluso este trabajo en equipo deja en evidencia los conflictos entre vecinos. Cuando menos te das cuenta, están haciendo un ajiaco comunal para que comamos todos juntos mientras los niños pintan. Es como si el autoestima de las comunidades se elevara. Lo notas cuando vueles a los lugares y las piezas se mantienen intactas. Son un espacio único en la ciudad, por eso la cuidan. Cosa que no ocurre cuando una entidad va y pinta su espacio, sin incluirlos. Eso no es arte, es política.



5 · ¿Por qué tu obsesión de construir formas animales?


Con los animales es que tengo un tema de fascinación hacia lo extraño, lo raro, lo surrealista, como con la ilustración. Además, la vida animal se me hace tan desconocida, pero a los vecinos les encantan. Es un asunto de reconocimiento, si eligen al oso de anteojos no es solo porque está en peligro de extinción, sino porque es un animal que identifica a Colombia. Lo acogen porque lo reconocen.


6 · ¿Consideras que este oficio es vital para mantener la identidad y la memoria de una comunidad o un país?


Cambia su identidad. Cuando me acerqué a territorios como Bolívar o Mártires, localidades que daban miedo por sus referencias a la inseguridad y la delincuencia, fue una experiencia de humildad. Nunca deja de ser interesante el diálogo con sus habitantes. Obvio sigue existiendo un código implícito, hay que tener cuidado, pero los artistas hemos podido tener acceso. Establecemos lazos con las comunidades, logrando que espacios oscuros, sucios, vinculados a la drogadicción; cambien su aspecto. Cambiar la oscuridad, que ellos logren contar su historia a partir del color y el arte. Ellos permiten que se vea diferente.


También es que se ha ido desarrollando un tipo de recorrido cultural y artístico en la ciudad. En este caso, la inauguración del transmicable (sistema de transporte estilo teleférico que permite una rápida movilización por la ciudad de Bogotá), ha favorecido el interés de las personas en lo que ocurre en Bolívar. Incluso personas de otros países van y la visitan. Se va menguando la sensación de peligro. Lo mismo ocurre en La Candelaria con la ruta de los grafitis, más allá de su importancia patrimonial. No es nada fácil entrar a una comunidad y tender esos puentes, pero es cuestión de darles voz, que sepan que puedan elegir. Ellos dan las ideas y, al ver como los ayudamos para que se ejecuten, permite que recibamos su apoyo.


Es verlos llegar a una toma de conciencia para cambiar el imaginario que tienen de su espacio, alejarlo de la delincuencia o la pobreza. Quizás hasta de generar su propia memoria.



7 · ¿Existen actualmente políticas públicas que favorezcan al desarrollo de este tipo de manifestaciones artísticas?


Si. Está el Instituto distrital de las artes (Idartes); la Secretaría de cultura, recreación y deporte; la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (FUGA). Han desarrollado convocatorias en la que los artistas que participen puedan ganar una beca para llevar a cabo el proyecto. Las mismas alcaldías se han dado cuenta que la intervención del espacio público, a partir del diálogo entre el artista y la comunidad, es más viable. Se logran mejores cosas.


Con el Instututo distrital de participación y acción comunal (IDPAC) también se han iniciado líneas de trabajo con mesas de grafitis, movimientos feministas, afrodescendientes, la comunidad LGTBIQ y más recientemente con los venezolanos, cuya migración ha sido un movimiento bastante fuerte en los últimos años. Queremos darle voz a esos artistas para incluirlos dentro de la sociedad, sabemos que esta participación permite estrechar lazos. Sin embargo, el dinero no alcanza, somos muchas personas vinculadas al arte queriendo colaborar; falta mucho dinero para el tema cultural y artístico. El arte gana fuerza pero igual es necesario que los gobernantes se den cuenta de la solución que esto genera. No solo como lo cambia, sino que fortalece la relación. Por eso queremos intervenir comunidades a la que la gente no quiera ir, a esas zonas que temen; más que apartarlas, queremos incluirlas.


Abrir esos espacios hace que la gente quiera conocer sobre su identidad, no sé, hasta de su gastronomía y las razones de por qué resisten en esas espacios de la ciudad o cómo llegaron hasta allí. Y el gran problema es que con los cambios de gobierno, se tiende a perder este compromiso y las cosas que se logran suelen quedar a medio camino.


Por eso queremos intervenir comunidades a la que la gente no quiera ir, a esas zonas que temen; más que apartarlas, queremos incluirlas.


8 · ¿Alguna anécdota que reafirme tu compromiso con esta labor?


Imagina esta escena: un domingo, señoras sacando sus ollas grandes, haciendo sancocho, todos los vecinos colaborando. Niños y jóvenes pintando, ayudándonos. La alegría de saber que a pesar de no ser artistas participan en la construcción de un mural; la satisfacción del niño diciendo yo hice esto, pinté aquello... no solo es bonito, es interesante, porque no importa lo cansado que estés, esa energía te transforma.



9 · ¿Temes que, ante el constante bombardeo de las imágenes sin filtros a causa de la publicidad y la tecnología, se pierda el impacto o el interés hacia este tipo de manifestaciones artísticas?, ¿existen formas de reivindicarlo?


Es que mi mirada de la tecnología es utilitaria.


Pongo de ejemplo Instagram, una red social de imágenes tras imágenes, pero no solo a nivel Bogotá, sino del mundo. Con ella logramos mostrar lo que ocurre en estas localidades a veces inalcanzables, pero además podemos acceder a información y arte de otros países.


Es más, muchas veces cuando la gente pasa por las calles intervenidas o ve las esculturas, quiere tomarse una foto allí. Esto genera una especie de memoria colectiva, una conexión que motiva a otras personas para asistir a verla. Con esa publicación puedes acercarte a esos espacios, reconocerlos, invitar a visitarlos. Es una publicidad de la ciudad, de cómo ha cambiado la imagen en el exterior, que seamos más que inseguridad o conflicto.


De hecho, creo que soy afortunado, nunca pensé en trabajar con el distrito con el apoyo de IDPAC, y fueron ellos los que me contactaron a través de Facebook, que habían visto una foto de mi trabajo en redes sociales y querían conocerme más.


No todo puede ser malo, como artista me visibiliza. A las comunidades también. Ya nos gustaría llegar a más ciudades, otros países, hacer de esto una red más amplia.