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   Hacks (t4)


"You are my voice"

Hacks

Lucia Aniello, Paul W. Downs, Jen Statsky I  HBO

temporada 4  I  2025


Fiel a su constante reflexión sobre el humor a través de distintas generaciones, se consolida como una de las series contemporáneas más sólidas y profundas. La famosa y veterana humorista Deborah Vance y su joven guionista, Ava Daniels, mantienen una tensa relación creativa en esta cuarta temporada. Tras protegerse y traicionarse en un equilibrio complicado, siguen entendiéndose aunque no lo quieran. Solo que esta vez un contrato las mantiene unidas: el late night con el que siempre soñó Deborah es una realidad, ¿pero a qué costo?


La temporada es especialmente rigurosa en su retrato del oficio: salas de guion, pánico de estreno, la reputación como moneda, la maquinaria de la televisión tragándose a quienes la alimentan. Deborah quiere el pedestal (y lo merece), pero el pedestal también te deja sola; Ava quiere ser mirada como igual, pero la igualdad no se decreta: se negocia y se paga.


Lo bonito y lo cruel es que Hacks no decide quién tiene razón; te muestra cómo el cariño puede expresarse como control, cómo la admiración puede pudrirse en competencia y cómo, aun así, hay vínculos que no se rompen porque son una estructura funcional.




 
 


   The Pitt (t1)


"This place will break your heart. But it is also full of miracles"

The Pitt

R. Scott Gemmill  I  HBO

temporada 1  I  2024-2025



En esta serie, los espectadores acompañan a un grupo de médicos y pacientes durante un turno de quince horas en un hospital de Pittsburgh. Cada episodio cubre una hora de este servicio de urgencias. El eje de la acción es Robby, un médico veterano que carga con un trauma profundo a causa de la crisis sanitaria durante la pandemia de COVID. A su alrededor se despliega una serie de personajes, residentes o estudiantes, de los que se van desarrollando sus historias personales. En ese sentido, la serie no solo cautiva por su forma narrativa, sino por unas historias que se expanden y enganchan. Mención especial para la jefa de enfermería Dana, que no solo sostiene lo humano en un sistema fallido y exigente con sus trabajadores, sino que también crea un espacio posible de trabajo en el que todos importan. Es la gran cuidadora de pacientes y doctores.


Lo impresionante de la serie no es la adrenalina, sino el modo en que convierte el desgaste en lenguaje: falta de recursos, decisiones imposibles, pacientes que son historias completas en miniatura. Es, a su vez, una crítica al sistema sanitario estadounidense, a su potencial colapso y a la poca conciencia de lo humano. Los personajes aprenden, a veces a golpes, que la empatía es un músculo y también un límite. Y ahí The Pitt hace algo poco común: no romantiza el heroísmo sanitario, pero tampoco lo degrada; lo observa en su zona más real, esa donde salvar a alguien puede ser, simplemente, no dejarlo solo.





 
 


   The white lotus (t3)


"This is what it looks like before a tsunami"

The white lotus

Mike White I HBO

temporada 3 I 2025



Adentrarse en esta serie es como ver un anuncio publicitario: entras a la cadena de hoteles atraído por el lujo, los paisajes, el elenco; pero basta con observar detenidamente a sus huéspedes para que se instale la incomodidad. En esta tercera temporada, el telón de fondo es Tailandia, y el reto era mantener el interés sin la presencia del personaje de Tanya. Para eso, sostienen esta historia deliberada entre Belinda y Greg alrededor del recuerdo de Tanya. El caso es que lo logran: sobreviven, y para ello fue muy atinado cambiar el tono. Este año el foco se desplaza hacia la espiritualidad como mercancía: un resort que vende calma, ritual, bienestar; pero hay un tono tenebroso, de un peligro mucho más evidente y letal que en entregas anteriores.


Entre los nuevos huéspedes están la familia Ratliff que funciona como núcleo perfecto de esa contradicción: Timothy intenta sostener la compostura mientras su vida real se desmorona; Victoria se agarra a los ansiolíticos y al control como si fueran formas de fe; y sus hijos, Saxon, Piper y Lochlan, arman un triángulo raro, tenso, donde la religión y la devoción chocan con el cinismo. En paralelo, está el viaje de Jaclyn, Laurie y Kate, tres amigas de toda la vida que se reencuentran dentro de una amistad con jerarquías; y la pareja del traumatizado y vengativo Rick Hatchett con una amorosa y protectora Chelsea. Y aquí confieso mi debilidad por las actrices Aimee Lou Wood (Chelsea) y Carrie Coon (Laurie), quien además nos regala uno de los mejores monólogos de este año en el capítulo final.


Lo más interesante es que la temporada no se ríe de la idea de buscar sentido, sino del modo en que el lenguaje del sentido se vuelve coartada: “soltar” como excusa para no mirar, “sanar” como forma elegante de seguir igual. Empuja esa incomodidad con paciencia (a ratos, incluso con lentitud deliberada), hasta que la violencia latente se vuelve literal. No como giro, sino como consecuencia. Mientras tanto, Gaitok, seguridad del hotel, sostiene, desde abajo, la parte más incómoda de esta serie: la desigualdad social como una señal implacable de desesperanza. Trabajar en la paz ajena, vivir con reglas que no pusiste, y descubrir que incluso la bondad tiene un límite cuando la violencia del poder te acecha.




 
 
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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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