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Colin es un adolescente que acaba de ingresar a una nueva escuela. Su tartamudez condiciona buena parte de sus relaciones, especialmente cuando debe intervenir frente a sus compañeros o enfrentarse a situaciones donde hablar se convierte en una actividad pública. En una etapa de la vida donde pertenecer a un grupo parece una necesidad permanente, Colin descubre que su manera de expresarse puede convertirlo en objeto de burlas y dificultades. Sin embargo, el encuentro con un profesor de teatro empieza a modificar la relación que mantiene con su propia voz.


Le Panache, dirigida por Jennifer Devoldère, se aproxima a las dificultades de un adolescente que intenta encontrar su lugar en un entorno donde las diferencias suelen convertirse en motivos de exclusión. La película utiliza el teatro como recurso narrativo para explorar las posibilidades de la expresión personal, pero también para examinar el papel que pueden desempeñar los adultos cuando reconocen las capacidades de un joven sin reducirlo a sus dificultades.


El profesor, interpretado por José Garcia, se convierte en una figura especialmente importante para Colin. Su relación permite construir un espacio de confianza donde el adolescente puede experimentar con sus posibilidades expresivas. Frente a las exigencias de la escuela y las expectativas de sus compañeros, el teatro ofrece una experiencia distinta, representar a otras personas, ensayar situaciones y descubrir que la comunicación no depende exclusivamente de la fluidez con la que pronunciamos las palabras. Sin embargo, esta propuesta también plantea una cuestión que merece ser discutida. Las historias donde un docente consigue transformar la vida de un estudiante suelen organizarse alrededor de una figura adulta excepcional, capaz de descubrir un talento que nadie había reconocido. Aunque estos relatos pueden resultar emotivos, también corren el riesgo de convertir las dificultades del protagonista en obstáculos que deben superarse para alcanzar una determinada idea de éxito.


Por eso fue tan importante la respuesta del grupo de estudiantado que veía la película, pues sus celebraciones, muchas en sorna propia del contexto social, partían de los logros del protagonista. El adulto, en este caso, estaba al servicio de los logros de los adolescentes de la historia. Quizás me sorprendía la entrega, absoluta y generalizada, a cada uno de los miedos que iba superando no sólo el protagonista sino el grupo de jóvenes que participaban en la obra de teatro. Un entusiasmo que no parecía impostado por el escándalo. Celebrar era invocar los logros. Aplausos, alegrías, emociones, generaban un ánimo empático que se contagiaba y ponía tenso a los adultos que buscaban controlar la efervescencia.


Para los distintos grupos de Pumarín, como en el caso de Colin, les resultaba importante preguntarse si el objetivo debería ser aprender a hablar de una manera que los demás consideren adecuada o conseguir que su entorno reconozca la legitimidad de sus propias formas de expresión. La tartamudez no tendría que convertirse en una condición incompatible con la participación social, aunque frecuentemente sean las expectativas de quienes escuchan las que terminan estableciendo esa limitación.


La película introduce además las dificultades de construir una identidad durante la adolescencia. Colin debe enfrentarse a las opiniones de sus compañeros, las responsabilidades familiares y el deseo de encontrar personas con las que pueda relacionarse sin sentir que está permanentemente siendo evaluado. El teatro adquiere importancia porque le ofrece la posibilidad de ensayar otros lugares desde los cuales intervenir en el mundo.



También hay una reflexión sobre la educación artística. A diferencia de aquellas actividades escolares organizadas exclusivamente alrededor de la evaluación, las prácticas teatrales permiten reconocer conocimientos y capacidades que no siempre encuentran espacio dentro de las aulas. La posibilidad de interpretar, improvisar y trabajar colectivamente puede modificar las relaciones entre quienes participan, especialmente cuando se construyen condiciones para equivocarse sin miedo a la humillación.


El riesgo, nuevamente, consiste en presentar el arte como una herramienta casi milagrosa, capaz de resolver problemas que tienen raíces sociales más amplias. El teatro puede contribuir a que Colin desarrolle mayor confianza, pero eso no significa que desaparezcan las actitudes discriminatorias que condicionan sus experiencias. Porque quizás el problema nunca haya sido que Colin necesite aprender a hablar de otra manera, sino que los demás todavía tengan que aprender a escucharlo.




 
 

Actualizado: 22 oct


En medio de la ciénaga de Zapata, una de las regiones más inhóspitas de Cuba, Landi se interna en los pantanos para cazar cocodrilos. Lo hace con sus propias manos, cargando después con los animales que consigue capturar para garantizar la subsistencia de su familia. En una secuencia inicial hipnótica, en un recorrido de cámara en el que la simetría del entorno, y el inesperado encuentro con el caimán, inyecta naturalismo y precisosismo por partes iguales. Mientras tanto, Mercedes permanece en casa al cuidado de su hijo Deinis, pendiente de los recursos que necesita para alimentarlo y de que su marido consiga regresar. En una secuencia simbólicamente compleja, en el que la criatura en brazos es ese hijo que la necesita. La pandemia, la escasez y el malestar político atraviesan sus vidas, aunque todo ocurre a una distancia que parece separar a esta familia del resto del mundo.


Al oeste, en Zapata, ópera prima de David Bim, es un documental de observación que acompaña los movimientos cotidianos de este matrimonio. Durante ocho años, el director desarrolló un proyecto cinematográfico que termina adoptando una estructura dividida entre el padre que sale a buscar alimento y la madre que permanece en el hogar. Dos espacios que se necesitan mutuamente, aunque sus protagonistas apenas coincidan durante buena parte del metraje.



La película está rodada en blanco y negro y renuncia a las explicaciones convencionales del documental. No hay una voz que nos indique cómo debemos interpretar las imágenes, ni entrevistas destinadas a explicar la situación económica del país. En cambio, encontramos largos recorridos por el pantano, una minuciosa atención al sonido de la naturaleza y conversaciones domésticas o de la radio donde las preocupaciones materiales forman parte de la cotidianidad. La fotografía consigue transformar el paisaje en un territorio inquietante, donde la belleza natural convive con el peligro y la incertidumbre.


Este documental también permite reconocer una distribución desigual de las responsabilidades familiares. Landi arriesga su vida buscando alimentos en una reserva natural protegida, mientras Mercedes administra los recursos disponibles y sostiene buena parte de los cuidados de su hijo. Son dos formas distintas de enfrentarse a la precariedad. La primera, espectacular por el peligro físico que supone; la segunda, aparentemente menos llamativa, pero marcada por una exigencia permanente. Ambas resultan indispensables para comprender la supervivencia de esta familia.


El contexto político se filtra a través de las noticias que llegan por la radio. La pandemia, las muertes y las tensiones sociales parecen acontecimientos lejanos, pero condicionan las posibilidades de quienes viven en estos márgenes. En este sentido, la película plantea una dificultad interesante, ¿hasta qué punto es posible retratar la supervivencia de una familia cubana sin examinar las condiciones políticas que la hacen necesaria? La decisión de privilegiar la observación permite reconocer la dignidad y las contradicciones de sus protagonistas, aunque también deja buena parte de estas preguntas abiertas.


Hay otro riesgo, propio de una propuesta cinematográfica tan preocupada por la composición visual y es convertir la precariedad en una experiencia estética. Las imágenes de los pantanos y las acciones de Landi poseen una fuerza indiscutible, pero también pueden conducir al espectador hacia una admiración que desplace las condiciones materiales de quienes aparecen en pantalla. No se trata de restarle valor a la belleza del documental, sino de reconocer que esa belleza también exige una lectura crítica.


La aproximación íntima a esta familia, permite rondar como espectadores a la idea de necesidad. David Bim construye una película paciente, de enorme atención visual y sonora, donde los ciclos de la naturaleza parecen confundirse con los de la supervivencia humana. Su mayor interrogante es cómo Landi consigue sobrevivir en los pantanos y convertirla en su actividad cotidiana.



 
 


Heme aquí

un hombre

anticuado dinosaurio

portador de agravios

merecedor de condenas

frágil soñador

más no pierdan su fe

en este poeta triste

que está intentando escribir

un poema feliz


Con ese poema busca su redención Óscar Restrepo, un sujeto que evidentemente fracasa como sujeto funcional y con un ejercicio de autoconciencia pendiente, al que no es capaz de enfrentarse por su ego como poeta. Por eso, el encuentro con Yurlady es tan significativo, porque descubre en el talento que esta adolescente tiene para escribir, la posibilidad de recuperar aquello que él mismo perdió en su frustrada carrera literaria. Convencido de que la poesía puede ofrecerle un futuro mejor, intenta convertirla en una gran escritora, sin preguntarse demasiado si ese es también su deseo. Mientras Óscar, los profesores, los jurados y las instituciones culturales discuten sobre su talento y las oportunidades que merece, la voz de Yurlady queda relegada a un segundo plano. Hasta que ella misma pone en cuestión las expectativas que los demás han depositado sobre su vida. Le gusta escribir, pero eso no significa que quiera dedicar su existencia a la literatura. La película plantea así una contradicción fundamental de la mediación cultural, ¿en qué momento nuestro deseo de ampliar las posibilidades de otra persona termina convirtiéndose en la imposición de nuestros propios sueños? Para Óscar, la poesía representa una posibilidad de salvación; para Yurlady, es una práctica que disfruta y que no necesita transformarse en una vocación. Quizás reconocer esa diferencia sea una de las formas más importantes de acompañar a alguien y aceptar que aquello que consideramos extraordinario no tiene por qué ocupar el mismo lugar en la vida de los demás. Silvia la vio, yo la vi. Y luego conversamos.



FREDDY: Ver Un poeta, cansado, al final de la noche, a mí me implicó un compromiso. No tanto por el ritmo de la película, que me resulta bastante amable, sino por tratar de no perder detalle de la fina línea irónica del discurso. Y es que me da la sensación de que si no estás atento, puedes caer fácilmente en algunos tópicos. Es decir, a ratos la película (que no el personaje, de quien ya hablaremos) tiene un dejo de "señoro" y en otros la simbología de un patetismo de superioridad cultural. ¿Crees que exista una intención discursiva de poner en contraste a distintas generaciones? No sólo con lo que se cuenta y como se cuenta, sino desde la delimitación de los personajes: jóvenes así, adultos así.


SILVIA: Tal vez sea el “debate” generacional, pero hubo momentos de “El poeta” que me enfadaron. Yo no sé hasta qué punto la película era consciente de lo casposo de la versión adulta de la poesía. Era obvio que se burlaba bastante de los personajes de la escuela de poesía, villanizando al hombre exitoso que va de correcto pero es un tremendo narcisista y sólo preocupado por las apariencias… Pero mi problema es ¿donde está la poesía en el discurso constante del personaje principal adulto? Entiendo que es parte del punto, pero a mí me cansa en exceso, un poco como a la joven protagonista, la idealización y el monólogo sobre la dignidad del arte por el arte de este hombre.


El momento concreto donde las jóvenes de la escuela denuncian la violación haciendo una caricatura de TikTok y tirándose al suelo sólo lo puedo ver como un momento muy desacertado de burla (no sé si solamente a los jóvenes o concretamente a las mujeres jóvenes).


Dicho esto, sorprendentemente todas las mujeres de la película (menos estas figurantas de la escuela) me parecen los personajes mejor construidos y con diferencia más interesantes y eso es muy de agradecer.


Además pasados unos días lo que se queda conmigo es de hecho la joven poeta en la que, al contrario que en el protagonista masculino, sí que encuentro un punto de interés en el arte por el arte, despojada de una ambición de ser percibida como “x” y simplemente siendo y escribiendo sin por ello necesitar validación o estatus. Creo que ese punto si lo retratan con bastante buen gusto y aunque al salir del cine estaba, digamos, enfadada con la película, ahora puedo decir que también veo sus virtudes y sus momentos de lucidez.


FREDDY: Me gusta tu enfado, porque a mí esos momentos me daban mucha risa. Quizás porque reconocía esa figura en muchas personas del ámbito cultural que no tuvieron mas oportunidades y a quienes se les catalogó, en su momento, de joven promesa. Quise entenderla como una crítica, una forma en cómo se construyen artificios en determinadas épocas. Que no conociéramos nada de su obra es deliberado, ya no interesa, en cambio la de la nueva joven promesa es bella pero también debe responder a su época para que la celebren. Es terrible el momento en que ella lee su poema en el concurso, y todos los adultos celebran, la mayoría blancos y extranjeros, la "valentía" de ser negra y defenderlo.


Que aquí la palabra valentía tiene mucho juego. La presentación de la película, en la que muestran al hombre como un Quijote, es tan exagerado como simplista (y buenista). Este protagonista es cobarde, desagradable, aunque con atisbos del hacer correcto. No opera desde la maldad. Él, realmente, se quedó instalado en la idea de joven promesa. ¿A ti te gustaría ser una joven promesa de algo?


Creo que la caricatura del personaje principal no es fácil de construir ni de mantener, y lo logran. Si no fuera un personaje sólido, se caería absolutamente toda la trama. Lo que ocurre con los personajes femeninos, me da la sensación, de que son las que tienen los pies puestos sobre la tierra. Incluso la madre del poeta, que es tan manipuladora.


SILVIA: Mmm creo que no empatizo mucho con los hombres “buenistas” con complejo de Don Quijote, porque lejos de ser un personaje novedoso siento que estamos rodeadas jajajjaja


Un poco autocomplaciente, ya lo siento que es como lo viví jaj


FREDDY: No te parece curioso que en la presentación que hicieron previamente de la película, el hombre insistió en la bondad del protagonista. Como si fuera el único motor de la película, una condescendencia absoluta sobre el pobre poeta caído en desgracia que solo busca el "bien" literario. Creo que también ese alegato previo, sugestionó la mirada de los que nos enfrentamos a la película, que al final es una historia sobre el patetismo. Y cómo combatirlo (en el caso de la joven poeta que no quiere serlo y el de la hija que quiere a un padre y no a un hombre al que cuidar)


Y no me respondiste a esta pregunta final.


SILVIA: Sí, estoy de acuerdo con que la presentación enfatizaba demasiado la idea del buen hombre al que le pasan cosas malas y también lo que te decía, que siento que es un arquetipo que me he encontrado bastante, así que tal vez llevaba puesta la máscara del odio jajajaj


Mmmm no sé qué decir, supongo que sí hay una parte de ambición de querer validación o reconocimiento en las cosas que haces (en mi caso con la escritura, la música, las obras) y supongo que en primera instancia es satisfactorio ser “una joven promesa”… Pero no es que suene muy bien. Es también el peso de las expectativas y muchas veces una dificultad para experimentar sin tomarse el tiempo de madurar lo que haces.


Yo creo que prefiero aprender a hacer las cosas que ser una promesa :)




 
 
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