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Heme aquí

un hombre

anticuado dinosaurio

portador de agravios

merecedor de condenas

frágil soñador

más no pierdan su fe

en este poeta triste

que está intentando escribir

un poema feliz


Con ese poema busca su redención Óscar Restrepo, un sujeto que evidentemente fracasa como sujeto funcional y con un ejercicio de autoconciencia pendiente, al que no es capaz de enfrentarse por su ego como poeta. Por eso, el encuentro con Yurlady es tan significativo, porque descubre en el talento que esta adolescente tiene para escribir, la posibilidad de recuperar aquello que él mismo perdió en su frustrada carrera literaria. Convencido de que la poesía puede ofrecerle un futuro mejor, intenta convertirla en una gran escritora, sin preguntarse demasiado si ese es también su deseo. Mientras Óscar, los profesores, los jurados y las instituciones culturales discuten sobre su talento y las oportunidades que merece, la voz de Yurlady queda relegada a un segundo plano. Hasta que ella misma pone en cuestión las expectativas que los demás han depositado sobre su vida. Le gusta escribir, pero eso no significa que quiera dedicar su existencia a la literatura. La película plantea así una contradicción fundamental de la mediación cultural, ¿en qué momento nuestro deseo de ampliar las posibilidades de otra persona termina convirtiéndose en la imposición de nuestros propios sueños? Para Óscar, la poesía representa una posibilidad de salvación; para Yurlady, es una práctica que disfruta y que no necesita transformarse en una vocación. Quizás reconocer esa diferencia sea una de las formas más importantes de acompañar a alguien y aceptar que aquello que consideramos extraordinario no tiene por qué ocupar el mismo lugar en la vida de los demás. Silvia la vio, yo la vi. Y luego conversamos.



FREDDY: Ver Un poeta, cansado, al final de la noche, a mí me implicó un compromiso. No tanto por el ritmo de la película, que me resulta bastante amable, sino por tratar de no perder detalle de la fina línea irónica del discurso. Y es que me da la sensación de que si no estás atento, puedes caer fácilmente en algunos tópicos. Es decir, a ratos la película (que no el personaje, de quien ya hablaremos) tiene un dejo de "señoro" y en otros la simbología de un patetismo de superioridad cultural. ¿Crees que exista una intención discursiva de poner en contraste a distintas generaciones? No sólo con lo que se cuenta y como se cuenta, sino desde la delimitación de los personajes: jóvenes así, adultos así.


SILVIA: Tal vez sea el “debate” generacional, pero hubo momentos de “El poeta” que me enfadaron. Yo no sé hasta qué punto la película era consciente de lo casposo de la versión adulta de la poesía. Era obvio que se burlaba bastante de los personajes de la escuela de poesía, villanizando al hombre exitoso que va de correcto pero es un tremendo narcisista y sólo preocupado por las apariencias… Pero mi problema es ¿donde está la poesía en el discurso constante del personaje principal adulto? Entiendo que es parte del punto, pero a mí me cansa en exceso, un poco como a la joven protagonista, la idealización y el monólogo sobre la dignidad del arte por el arte de este hombre.


El momento concreto donde las jóvenes de la escuela denuncian la violación haciendo una caricatura de TikTok y tirándose al suelo sólo lo puedo ver como un momento muy desacertado de burla (no sé si solamente a los jóvenes o concretamente a las mujeres jóvenes).


Dicho esto, sorprendentemente todas las mujeres de la película (menos estas figurantas de la escuela) me parecen los personajes mejor construidos y con diferencia más interesantes y eso es muy de agradecer.


Además pasados unos días lo que se queda conmigo es de hecho la joven poeta en la que, al contrario que en el protagonista masculino, sí que encuentro un punto de interés en el arte por el arte, despojada de una ambición de ser percibida como “x” y simplemente siendo y escribiendo sin por ello necesitar validación o estatus. Creo que ese punto si lo retratan con bastante buen gusto y aunque al salir del cine estaba, digamos, enfadada con la película, ahora puedo decir que también veo sus virtudes y sus momentos de lucidez.


FREDDY: Me gusta tu enfado, porque a mí esos momentos me daban mucha risa. Quizás porque reconocía esa figura en muchas personas del ámbito cultural que no tuvieron mas oportunidades y a quienes se les catalogó, en su momento, de joven promesa. Quise entenderla como una crítica, una forma en cómo se construyen artificios en determinadas épocas. Que no conociéramos nada de su obra es deliberado, ya no interesa, en cambio la de la nueva joven promesa es bella pero también debe responder a su época para que la celebren. Es terrible el momento en que ella lee su poema en el concurso, y todos los adultos celebran, la mayoría blancos y extranjeros, la "valentía" de ser negra y defenderlo.


Que aquí la palabra valentía tiene mucho juego. La presentación de la película, en la que muestran al hombre como un Quijote, es tan exagerado como simplista (y buenista). Este protagonista es cobarde, desagradable, aunque con atisbos del hacer correcto. No opera desde la maldad. Él, realmente, se quedó instalado en la idea de joven promesa. ¿A ti te gustaría ser una joven promesa de algo?


Creo que la caricatura del personaje principal no es fácil de construir ni de mantener, y lo logran. Si no fuera un personaje sólido, se caería absolutamente toda la trama. Lo que ocurre con los personajes femeninos, me da la sensación, de que son las que tienen los pies puestos sobre la tierra. Incluso la madre del poeta, que es tan manipuladora.


SILVIA: Mmm creo que no empatizo mucho con los hombres “buenistas” con complejo de Don Quijote, porque lejos de ser un personaje novedoso siento que estamos rodeadas jajajjaja


Un poco autocomplaciente, ya lo siento que es como lo viví jaj


FREDDY: No te parece curioso que en la presentación que hicieron previamente de la película, el hombre insistió en la bondad del protagonista. Como si fuera el único motor de la película, una condescendencia absoluta sobre el pobre poeta caído en desgracia que solo busca el "bien" literario. Creo que también ese alegato previo, sugestionó la mirada de los que nos enfrentamos a la película, que al final es una historia sobre el patetismo. Y cómo combatirlo (en el caso de la joven poeta que no quiere serlo y el de la hija que quiere a un padre y no a un hombre al que cuidar)


Y no me respondiste a esta pregunta final.


SILVIA: Sí, estoy de acuerdo con que la presentación enfatizaba demasiado la idea del buen hombre al que le pasan cosas malas y también lo que te decía, que siento que es un arquetipo que me he encontrado bastante, así que tal vez llevaba puesta la máscara del odio jajajaj


Mmmm no sé qué decir, supongo que sí hay una parte de ambición de querer validación o reconocimiento en las cosas que haces (en mi caso con la escritura, la música, las obras) y supongo que en primera instancia es satisfactorio ser “una joven promesa”… Pero no es que suene muy bien. Es también el peso de las expectativas y muchas veces una dificultad para experimentar sin tomarse el tiempo de madurar lo que haces.


Yo creo que prefiero aprender a hacer las cosas que ser una promesa :)




 
 

Quien se mete en el barro hasta enfangarse, ironizando sobre la suficiencia del carácter salvífico del arte en los espacios menos privilegiados, es el colombiano Simón Mesa Soto, cuya sucia, feísta y punki Un poeta (merecida vencedora de Horizontes Latinos) es la perfecta contracara de Sentimental value. Mucho más aterrizada, concretamente situada y ácida que la película de Trier, esta provocadora comedia negra popular cuenta la historia del pobre diablo Óscar Restrepo (estupendo Ubeimar Ríos), un infantil, inadaptado y cobarde (en sus propias palabras) “soñador eterno”, un noble borrachín tan odiable como adorable o un pesado apologeta principista de José Asunción Silva (Ubeimar Ríos declama sus peroratas con enorme y muy divertida intensidad recitativa, como si le fuera la vida en ello). Pero, antes que nada, es un imperfecto y frágil poeta cincuentón que lleva años aferrándose al efímero éxito de sus primeras publicaciones. Divorciado y padre ausente, este loser de manual, cercano a Bojack Horseman, intenta reconectar con su hija ayudándola económicamente para su acceso a la universidad. Con ese fin, comienza a dar clase en un instituto donde conoce a Yurlady, una talentosa poeta en ciernes a quien decide convertir en estrella local, en icono. Pero, a pesar de sus buenas intenciones, convertido en títere y víctima de la hipocresía sistemática, no deja de cometer desesperantes errores, y su viaje de redención se convierte en accidentada auge y caída, arco modélico de personaje enmarcado en un guión muy muy clásico. 



Con un diestro control tonal entre la risa satírico-socarrona y el persistente poso de pesadumbre y sentimiento de injusticia, entre la incomodidad ridiculizante o vergüenza ajena y el entrañable crowdpleaser, el efectivo guión sí mantiene a la audiencia atenta de principio a fin. Tal libreto es llevado a la gran pantalla con unos ásperos, viscerales y mugrientos 16 mm, con el objetivo de filmarlo. Con ese provocador fin, Mesa Soto cultiva la virtud o el vicio de la equidistancia. Todos sus personajes están rodados de modos prácticamente idénticos, democratizándoles (o borrando sus diferencias). Se impone la hegemonía del plano-contraplano (toda mirada de Óscar recibe su respuesta, todo personaje en un lugar es presentado, en un perfecto raccord), con cámara en mano, que especialmente enfatiza los rostros, y que va acompañada de explicativos movimientos de cámara.


De esta manera, tan objeto de chiste es la prepotente pedantería intelectual, como la abrupta performance feminista, el mundo de los filántropos privilegiados, como la gentil picaresca de los desheredados. Podría ofender, pero, por suerte, Mesa Soto cuenta con una gran sensibilidad, primero, para cerrar su discurso social en torno al aprovechamiento mercantil, integrador, manipulador, estereotipador y falsamente visibilizador de las voces desfavorecidas, en ausencia de su consentimiento (temas que la relacionan con American Fiction). Y, segundo, para vincular tal disertación con la necesidad íntima de escuchar al otro en sus propios términos y con el dificultoso cambio que es esencial para la reconciliación, que más que simbólica (a través de Yurlady, en este caso), ha de ser práctica y efectiva. El final es, sí, justo y esperanzador, pero nada fácil, aún queda bastante por hacer. Porque el arte puede ser solo un primer paso.









 
 

Actualizado: 22 oct


En la selva peruana, Meshia, una adolescente matsigenka, encuentra a Iván, un muchacho que llevaba varios años desaparecido. El joven tiene una grave lesión en un ojo y necesita atención médica, por lo que Meshia decide acompañarlo hasta Quillabamba, donde podrá recibir tratamiento. A partir de ese encuentro, ambos empiezan a construir una relación que modifica sus respectivas vidas. Sin embargo, aquello que inicialmente parece una historia de rescate y amistad pronto comienza a transformarse en una experiencia donde los límites entre la realidad, los sueños y las amenazas sobrenaturales resultan cada vez más difíciles de reconocer.


Dirigida por el peruano J. D. Fernández Molero, Punku se desarrolla en un territorio donde conviven distintas tradiciones culturales, experiencias juveniles y formas de comprender el mundo. La película combina imágenes digitales con grabaciones en formatos analógicos, construyendo una propuesta visual deliberadamente irregular. Los cambios de textura, las imágenes sobreexpuestas y las secuencias de apariencia onírica contribuyen a generar una sensación de extrañeza que se mantiene durante buena parte del relato.


El director utiliza esta combinación para cuestionar las posibilidades de representar un territorio como la Amazonía peruana desde categorías cinematográficas convencionales. La selva no aparece únicamente como un paisaje exótico ni como un espacio donde permanecen intactas determinadas tradiciones. Sus habitantes también participan de las transformaciones sociales y tecnológicas que condicionan la vida contemporánea, aunque esas transformaciones no siempre se desarrollen en igualdad de condiciones.



La historia de Meshia resulta especialmente interesante porque su llegada a Quillabamba supone la posibilidad de descubrir nuevas experiencias. La adolescente empieza a relacionarse con otros jóvenes, trabaja en un bar y se interesa por participar en un concurso de belleza. Al mismo tiempo, descubre que muchas de las oportunidades que parecen abrirse ante ella también están condicionadas por las expectativas que los adultos depositan sobre su cuerpo.


Punku examina algunas contradicciones alrededor de las representaciones femeninas y de la identidad indígena. Los concursos de belleza, las redes sociales y los espacios de entretenimiento ofrecen posibilidades de reconocimiento, pero también reproducen modelos que pueden resultar especialmente restrictivos para una adolescente. Meshia se encuentra en medio de esas tensiones, intentando comprender las posibilidades que se le presentan sin contar necesariamente con las herramientas para reconocer sus riesgos.


La película introduce una amenaza permanente alrededor de su protagonista. Las miradas masculinas, los encuentros con desconocidos y determinadas situaciones cotidianas adquieren un carácter inquietante. El peligro procede de los elementos sobrenaturales y de las relaciones sociales que condicionan la libertad de movimiento de una joven.


Mientras tanto, Iván permanece vinculado a experiencias que parecen escapar de una explicación racional. Su lesión ocular se relaciona con una serie de visiones que convierten su percepción del mundo en un territorio incierto. El director encuentra en estos episodios una oportunidad para experimentar con las imágenes y alterar las expectativas del espectador, aunque esa misma libertad narrativa puede dificultar la identificación de los conflictos que organizan la película.


Quizás allí se encuentre una de las principales tensiones de Punku. Su apuesta por una narración fragmentada permite escapar de determinadas convenciones cinematográficas, pero también puede generar una distancia frente a las experiencias de sus protagonistas. La experimentación visual no garantiza por sí misma una representación más compleja de las identidades culturales, aunque sí puede contribuir a cuestionar las maneras en que estamos acostumbrados a observarlas. Es un relato de iniciación de corte fantástico bastante irregular, que inquieta, sí, pero cuya lentitud y desigualdad hacen que el espectador pierda el interés con bastante facilidad.



 
 
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