Mediación lectora con personas que tienen problemas de salud mental

Actualizado: nov 16


Ilustración de Marion Fayolle para "La ternura de las piedras" (Nórdica)

Me gustaría empezar con una declaración de intenciones, a través de las palabras de la poeta Alejandra Pizarnak:


"Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En ese sentido, el quehacer poético implicaría exorcisar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos."

Pizarnik nos muestra un camino: el anudamiento posible y necesario entre el mundo de la salud mental y la literatura. Porque si algo tenemos las personas con problemas de salud mental son heridas y la literatura es esa gasa, como nos dice la poeta y mediadora Mar Benegas, que de alguna manera viene a mitigar el sufrimiento que nos procura la existencia.


Hace tres años que llevo a cabo en el Centro de salud mental de Hortaleza un proyecto de mediación lectora, en el que procuro acercar la literatura a los pacientes de la unidad de terapia ocupacional del Centro. Es una experiencia de mediación diferente y pensada para personas con problemas de salud mental, centrada en las necesidades de sus participantes.


Este proyecto surgió de un potente encuentro para mí, el de la experiencia de mi propio sufrimiento psíquico y de mi formación en el campo de la literatura infantil y juvenil. Sin embargo, el detonante fueron unas palabras que me dijo Mar Benegas. Más que unas palabras, fue un mensaje subversivo: "la literatura permite transformar la fealdad del mundo en belleza". Ese mensaje me transformó y me condujo a elaborar este proyecto. Y quizás sea evidente para muchos de los que trabajamos con la lectura, pero no lo es para aquellos que no están en diario contacto con el ejercicio de leer.

Ilustración de Guridi para "Abecedario del cuerpo imaginado", escrito por Mar Benegas (A buen paso)

Conté desde el principio con el apoyo de todo el equipo de Hortaleza, quienes se han convertido a lo largo de este proyecto en unos grandes compañeros de ruta. Les agradezco el constante apoyo, y el respeto al diálogo libre con los pacientes.

Creo que llevar la literatura a las personas que sufren problemas de salud mental, es un acto de justicia. La luz de las palabras debe prenderse donde más hace falta y el mundo de la mente a veces es oscuro. Los que padecemos de estos problemas, además, sumamos un profundo estigma social y la injusticia por parte del otro que nos señala, minimiza o etiqueta. Llevar la palabra y la experiencia de la belleza, en programas necesarios de humanización, es una manera de contrarrestar este desequilibrio. Es una forma de combatir esta profunda desigualdad.

El proyecto se inició con unos talleres de lectura. Se llevan a cabo semanalmente en la unidad de terapia ocupacional del centro. Durante una hora comparto con personas que la psiquiatría denomina pacientes con trastorno mental grave, todos ellos adultos y con edades comprendidas entre los 20 y los 70 años. Son varios los ingredientes fundamentales de nuestros talleres. Uno de ellos es el género que leemos. En mi caso y, desde el comienzo de esta propuesta, tuve en el horizonte que el formato adecuado para nuestra actividad era el libro álbum.


Elegí este formato por ciertas dificultades que pude apreciar en el grupo. No implícitas a sus condición, sino a causa de las medicaciones psiquiátricas que toman. Los efectos secundarios afectan de manera importante a la capacidad de concentración y a la memoria. Por lo tanto, el álbum nos permite salvar estas dificultades. El uso de la narración visual en apoyo al texto, que muchas veces también es breve, permite que nadie se quede atrás en la lectura colectiva. Pues, otro de los aspectos importantes para el proyecto, es la inclusión de todos los participantes en la lectura compartida.


Otra de las razones por las que el libro álbum es efectivo, está relacionado a las diversas propuestas estéticas que nos ofrece este formato. Tras una selección previa, suelo agitar los encuentros mostrando distintos ejercicios de los profesionales de la ilustración. Es la forma más inmediata de trasladar una experiencia ligada a la contemplación y la belleza en distintas dimensiones. Luego está la palabra, el texto escrito, potente motor para la conversación.


Selección de libros utilizados durante las sesiones

NUESTRAS SESIONES


Los encuentros giran en torno a la lectura de un libro. Ellos escogen un libro para leer a partir de esa selección previa que hago, donde procuro elegir distintas propuestas estéticas. Es muy importante contar con su opinión, que ellos sientan que su decisión es importante para el desarrollo del encuentro. Que desliguen nuestras reuniones a las actividades impuestas a realizar durante el día. Mi intención es que nuestros encuentros se relacionen desde el deseo. Ellos son libres para participar o no. El enfoque es relacionar ese espacio con una experiencia placentera con los libros, sin que eso implique o requiera ninguna exigencia externa de su parte. Son ellos y la lectura, que no es poco.


Tras la elección colectiva, les hago una pequeña presentación del libro. Hablamos del autor, el ilustrador, el contexto en que se ha escrito. Posteriormente les leo. Los participantes le dan mucho valor a este acto placentero de que alguien les lea. Mis compañeros me han enseñado que precisamente la lectura en voz alta es una parte imprescindible de nuestro encuentro, hablan de mi voz como un regalo. Destacan que les tranquiliza, que escucharme les relaja y que cuando comienza la lectura entran en un estado placentero y de calma.


Leo dándole mucha presencia a la imagen. Me detengo lentamente en cada una de ellas, me acerco a los participantes, trato de hacer accesible las ilustraciones. De este modo, mientras la narración oral sigue su curso, ellos se van guiando con las imágenes presentes.


Una vez que termina la lectura, pasamos a la parte más importante de la sesión que es la conversación. Me ha tomado mucho tiempo despojarme del lugar del saber, en insistirles que lo importante es la opinión de cada uno de ellos, de lo que piensan y sienten respecto a la lectura. Poco a poco lo han ido incorporando con normalidad


Durante el confinamiento mantuvimos la conversación a través de WhatsApp, pues no todos tienen acceso a otros medios tecnológicos. Tras las nuevas medidas de seguridad nacional debido a la pandemia, estamos organizando encuentros a través de zoom. Durante el confinamiento, uno de los participantes manifestó que la actividad le permitía salir del aislamiento, lo que le daba cordura para resistir. Otra chica, declaró que el álbum había sido su salvación, pues le daba palabras al silencio del que necesitaba salir en esos días de encierro.

Selección de libros utilizados durante las sesiones

LA CONVERSACIÓN


La conversación es el núcleo central de nuestra actividad. La lectura compartida de los álbumes no solo son un ejercicio estético, sino que permite compartir los diferentes puntos de vista que tenemos sobre la vida. Los buenos libros nos abren ventanas enormes por las que asomarnos al mundo. Hacen que nos interroguemos, cuestionemos y emocionemos. Y todas esas posibilidades permiten que el lector conecte con sus experiencias vitales.


La riqueza y profundidad de nuestras conversaciones dejan en evidencia el prejuicio que se tiene sobre las personas con problemas de salud mental. Ese supuesto “déficit cognitivo” que padecen, ponen en cuestión esa infantilización de su pensamiento o esa incapacidad para llegar a cierta abstracción del mismo.

Basta con registrar algunas de las sesiones para entender su necesidad de conversar acerca de la enfermedad y el estigma que sufren por parte de la sociedad. Buscan desahogar y enfrentar esa mirada hostil que sienten hacia ellos. Suelen ser varios temas de los que hablamos, entre los que resalta la incomprensión y la soledad que sufren, el sentido de la vida, las diferentes formas y creencias con respecto a la muerte, la decadencia de los valores y la deshumanización de la sociedad, la justicia, la violencia de género, el acoso escolar y otras formas de maltrato. Incluso, nos ha conducido a temas más complejos como nuestra propia dureza personal y el suicidio como forma máxima de crueldad.


A veces las experiencias que surgen son duras, pero nos sentimos resguardados en esa función tan importante que tiene la literatura de nombrar y nombrarnos. Cuando lo hacemos, hay un efecto catártico en el grupo. Al contrario de lo que parece, nadie ha salido lastimado de ninguna conversación. Nos sentimos reconfortados. Aprenden juntos a escucharse, a respetarse unos a otros, pero también a escucharse a sí mismos. Comprenden que ellos tienen algo que decir. Una de las terapeutas del centro, afirma que tras estas sesiones, algunos de ellos volvían a encontrarse con personas que se habían olvidado que eran, seres humanos con una identidad, con algo que decir. Sujetos en pleno derecho.

Si hago un recuento de conclusiones, puedo enumerar diez aspectos relevantes que hemos evidenciado en los participantes después de las reuniones:


1. Son capaces de entender la lectura como un espacio del placer.


2. Usan componentes de su imaginación para el posterior ejercicio reflexivo.


3. Juegan y teorizan sobre las diferentes narrativas que descubren.


4. Aprenden a no tener miedo de trazar sus propias interpretaciones de una historia.


5. Disfrutan con los diferentes senderos por los que nos llevan las historia.


6. Asumen que no hay una única forma de ver el mundo.


7. No juzgan su forma de pensamiento, más bien le dan alas.


8 Dejan de tener miedo a dar su opinión.


9. Dejan atrás prejuicios y miedo a equivocarse. A partir del acercamiento al álbum, entienden que su forma de ver e interpretar esa lectura no es un error, que responde a las experiencias vitales de cada uno. Eso les da seguridad a la hora de opinar en una conversación.


10. Aprenden a valorarse y valorar a sus compañeros.


Con este proyecto no sólo nos relacionamos con el libro como entidad única sino que sirven de puente para un mundo interior más complejo. Ese donde habitan las palabras que nos nombran a cada uno de nosotros. Por eso el debate posterior a la lectura es el momento más esperado por todos ellos. Es el momento mágico en el que toman la voz. Personas que siempre están en silencio, nos ofrecen una pequeña perla y nos dejan sin palabras. Incluso otras que habitaban en el silencio y ahora alzan su voz para que se las escuche.


La experiencia definitivamente es significativa para las personas que participan en estos encuentros. Es una actividad terapéutica que no pretende serla. La experiencia de la palabra siempre es transformadora. Dar la voz a las personas que sufren problemas de salud mental no es más que un acto muy necesario de justicia poética.