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Hace unos meses me invitaron a coordinar la Tarda Jove del Festival Món Llibre. Gracias por la confianza. Es verdad que organizar un espacio así conlleva muchas ideas alocadas, (im-) posibilidades y trabajo. Es una carrera de "noes" y transformaciones constantes. Después de semanas de talleres, carreteras, y muchos jóvenes, al final logramos instalarnos este viernes 29 de mayo en el mirador del CCCB y hacer nuestro ese espacio por una tarde. Fantasía.


A los interesados, escribí una entrada en el blog donde hablo un poco de donde surgió la idea de reunir a estos jóvenes autores de la colección que coordina Júlia Martí en Blackie Books. Fui muy afortunado de contar con la disponibilidad y buena energía de Enerolis Bautista, Nosheen Talat, Roguer Ángel y Sara Ramírez; así como con Alba G. Mora y su propuesta del taller de fanzine que logra llevarlos a otro nivel creativo. Surguieron no sólo interesantes fanzines acerca de la percepción de las habitaciones, desde lugares muy íntimos, personales y originales; sino que algunas de esas revelaciones se transformaron en preguntas sobre los espacios que habitamos y cómo incluso a veces romantizamos determinadas formas de estar en el mundo. A Alba la admiro mucho, por esa capacidad tan afable de llevarlos a la provocación de preguntas, pero también de subvertir los formatos de diseño. Además que quería llevarme todos sus fanzines.


Pegatina para pegar donde les apetezca, con citas de los 42 jóvenes autores, musicalizado por animales tristes
Pegatina para pegar donde les apetezca, con citas de los 42 jóvenes autores, musicalizado por animales tristes

Este evento no se pudo llevar a cabo sin la ayuda de profesores, institutos, bibliotecas, librerías, comunidades que me abrieron sus espacios y nos (a mí y a los jóvenes) dieron la posibilidad de reunirnos para contarles e invitarlos directamente. Muchos de los que asistieron, vinieron por estos encuentros que llevamos realizando durante meses antes del evento. El mundo es también lo que pasa fuera de las pantallas y de los carteles en paredes.


Gracias al Espai Llavors, Institut Eduard Fontserè, Biblioteca Francesc Candel, Biblioteca Gabriel García Márquez, Biblioteca Tecla Sala, Biblioteca del Sud de Sabadell, Biblioteca Pilarín Bayès, Mònica Boix, Gerard de Josep, Noelia Domínguez, Jordi Bosch, María Amblàs, Iris González, Marta Riera, Alba G. Mora, Júlia Martí, Ariana Basciani; y por supuesto a Laila Falcón, Piú Martínez y Anna Juan Cantavella por todas las acciones colaborativas.



No fue una convocatoria masiva, tampoco me interesaba. Sin embargo, fue muchas mas gente de la esperada a la mesa redonda. Lo mejor: el taller que sí era solo para jóvenes se llenó por completo. Al fin y al cabo, quería que interpelara a quien realmente se interesa por esos espacios creativos. De hecho, al día siguiente, caminando por Sants, llegué a ver una de las pegatinas de los gatitos que regalamos durante la mesa redonda, así que algo se movilizó en cuanto a intervenir nosotros los espacios.


Aquí les dejo mi registro personal de la Tarda Jove.




 
 


“Los jóvenes no leen”. La frase se repite con facilidad en conversaciones adultas, a veces como diagnóstico y a veces como sospecha. Pero esa idea, además de simplificar, puede terminar influyendo en cómo los propios jóvenes se miran a sí mismos. Desde ese punto de partida llevamos a cabo en PezLinterna este estudio exploratorio de 130 páginas, impulsado por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC). No buscaba solo decidir si leen o no leen, sino ir a una pregunta más productiva: qué entienden por lectura y cómo se forma, se sostiene o se rompe ese vínculo en la adolescencia y la juventud.


La apuesta es sencilla y, a la vez, incómoda. Abrir la conversación más allá del libro como único objeto legítimo e incorporar los formatos, ritmos y sentidos que atraviesan hoy la vida cotidiana. También ampliar el foco para pensar cómo se cruzan lectura, escritura y oralidad en las prácticas culturales juveniles.


Para hacerlo, aplicamos una encuesta extensa creada por Freddy Gonçalves, Maité Dautant y Jaime Yáñez, con la que reunimos 2774 respuestas de personas entre 10 y 22 años, provenientes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, México, Nicaragua, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, además de muestras muy pequeñas de Cuba, Honduras y Paraguay. En este sentido no sólo tuvimos ayuda por parte de mediadores e instituciones, sino por los mismos jóvenes que desinteresadamente compartían y rellenaban la encuesta sin la gestión adulta.


Después realizamos encuentros focalizados con grupos de jóvenes de Argentina, Brasil, Colombia, España, Nicaragua y Venezuela, y con un grupo mixto de América Latina (Bolivia, Chile, México y Perú) con el que conversamos mientras jugábamos el videojuego Among Us. La muestra se diseñó para incluir tanto a quienes se nombran lectores como a quienes se asumen no lectores, porque el punto no es etiquetar sino entender cómo se construye el vínculo con la lectura en una etapa vital decisiva.


El primer hallazgo cuestiona un lugar común. El 48,99% afirma que la lectura aparece de forma recurrente en su vida cotidiana y en su tiempo libre. Aun así, incluso dentro de este grupo, leer rara vez funciona como una actividad exclusiva, porque suele convivir con la vida social y familiar (46%) y con el uso de redes sociales e internet (43%–44%). En cambio, el 51,01% no incluye la lectura entre sus actividades de ocio y se inclina más por prácticas como el deporte (53,9%) o los videojuegos (40,8%).



Si miramos la identidad lectora, el panorama se matiza. “Persona lectora” (32,93%) y “lector/a habitual” (25%) suman 58%, mientras “poco lector/a” (33,54%) y “persona no lectora” (8,53%) muestran que leer también opera como etiqueta social, no solo como práctica.


Los obstáculos, por su parte, no funcionan como una excusa abstracta. El más frecuente es la falta de tiempo (43,55%), seguida de la falta de concentración (29,42%), y después aparecen el aburrimiento, la dificultad de comprensión, la falta de dinero o la falta de libros. Sin embargo, al preguntar qué dificulta que “lean más”, la atención se desplaza hacia internet y redes sociales, que aparecen como competencia directa (49% sumadas en la codificación), por encima de la falta de tiempo (20%). La discusión, entonces, no se reduce a “pantallas contra libros”, sino que remite a hábitos de atención, ecosistemas de recompensa inmediata, prácticas escolares que no enganchan (casi la mitad considera que las lecturas obligatorias o sugeridas no conectan) y desigualdades materiales que siguen pesando cuando hablamos de acceso y acompañamiento.


En el estudio aparece un contraste claro entre la imagen social de “mujer lectora” frente a "hombres no lectores". Por un lado, las mujeres tienden a concentrar una relación más estable con la lectura por placer, con mayor presencia de lectura diaria (40% frente a 35,5% en hombres) y un hábito sostenido más alto si se suman lectura diaria y semanal (65,8% frente a 52,5%). En los varones, el estudio muestra que la identidad de “no lector” o “poco lector” pesa más y se sostiene con cierta estabilidad, sobre todo en edades escolares. Por tramos, “poco lector” se mantiene alto en hombres entre 10–13 (38,2%), 14–17 (35,4%) y 18+ (37,9%), y además la categoría “no lector” es sistemáticamente más alta que en mujeres durante la adolescencia. 


Al mismo tiempo, la autopercepción confirma que la identidad lectora de las mujeres se refuerza entre 10–17, pero en 18+ aparece un doble movimiento, porque crece “lectora habitual” y también “poco lectora”, lo que sugiere continuidad en una parte del grupo y fragilidad en otra, ligada a condiciones externas más que a “falta de interés”. Esa fragilidad tiene un rostro material cuando las jóvenes, especialmente en Centroamérica y Sudamérica, nombran tareas domésticas, cuidados y ruido del hogar como límites concretos para leer más, mientras que en el mismo territorio los varones mencionan con más frecuencia obligaciones laborales tempranas.


Esto sugiere un patrón de género claro en el vínculo con la lectura. En las mujeres aparece, en general, una relación más sostenida, especialmente cuando leer se asocia al placer, aunque esa continuidad se negocia con desigualdades concretas y expectativas de cuidado que condicionan tiempo, calma, acceso y acompañamiento. En los varones, la relación suele ser más ambigua y frágil cuando la lectura se piensa como ocio, y tiende a quedar más ligada al estudio y la obligación escolar, lo que refuerza una identidad de “poco lector” o “no lector” sin que eso implique rechazo al conocimiento, sino una forma más utilitaria y menos íntima de relacionarse con los textos.



En cuanto al acceso a espacios y soportes, solo el 30,71% afirma utilizar la biblioteca de su ciudad o municipio. Aunque una mayoría dice preferir el papel (80,97%), el uso de soportes digitales es prácticamente generalizado. El 90,2% confirma que suele leer a través de algún dispositivo, y el teléfono móvil es el más utilizado (62,91%).


La conclusión de fondo es política y pedagógica a la vez: si queremos que la lectura se sostenga, no basta con celebrar que “sí leen” ni con repetir que “no leen”. Hay que construir condiciones: acceso real a libros y otros formatos, espacios seguros y atractivos, mediación profesional y redes que acompañen sin moralizar, alfabetizaciones múltiples que incluyan lo digital con mirada crítica. Y, sobre todo, hay que asumir a los jóvenes como agentes de su propia formación cultural: no objetos de estudio, sino interlocutores con voz, capaces de decir qué les pasa cuando leen, cuando no leen y cuando el mundo les exige estar “al día” con todo.


Enlace para la descarga: Estudio

 
 


Honestamente, se me hace extraño pensar que llevo haciendo esta lista de series desde el año 2012. Insisto, porque hay personas con las que aún dialogo sobre este tema y que se fían de mis recomendaciones, así que vamos. Para este año, le di un mayor valor a las historia que me han emocionado. Estoy cada vez más saturado de historias intrascendentes, series creadas para generar el reel fácil o donde reina el cinismo como único motor del mundo. Tampoco fue un año particularmente brillante. Y aunque no las incluí, hago mención especial a La vida [breve], La Suerte, Yakarta, Sovietic jeans, After the party, Envidiosa, que las he disfrutado mucho pero cuyas historias no son lo suficientemente sólidas en su totalidad.


Por último, abro un paréntesis importante sobre esta coincidencia temática del año con Pubertat y Adolescence. Ninguna de las dos series es infalible, aunque la segunda resulte bastante más interesante en lo técnico y lo actoral. Pero el día en que los espectadores adultos SE INTERESEN, vean, disfruten y comenten en masa (con la misma intensidad con la que consumieran estas dos) otras series donde la adolescencia se retrate desde un lugar más luminoso, más complejo y menos punitivo, entonces sí: me gustaría iniciar una conversación. Mientras tanto, fue tedioso que esta etapa de vida se usara como símbolo y campo de prueba moral en 2025. No convirtamos lo adolescente en el centro de la fiscalización.



DIEZ Abbott Elementary (t4)


"We want books"

Abbott Elementary

Quinta Brunson  I ABC

temporada 4  I 2024-2025


Con formato de falso documental, cuenta sin condescendencia la problemática de una escuela pública sin recursos en Filadelfia, Estados Unidos. Lo hace en tono de humor, a veces con tintes utópicos, pero dándole el foco al personal docente, que enseña a pesar de estas dificultades constantes. Son ellos quienes educan, aprenden nuevas dinámicas educativas, protegen y luchan por un cambio en el sistema.


Su voz e intención ya esá asentada en la temporada cuatro: Janine y Gregory están juntos, por lo que se abren nuevas tensiones entre lo íntimo y lo laboral. Ava confronta su narcicismo y brutalidad pragmática en la dirección, con la pérdida de poder; y el resto del claustro: Barbara, Mellisa, Jacob y Mr. Johnson funcionan como una comunidad imperfecta.


La serie deja de ser anecdótica para profundizar en capas del tejido estructural: presupuestos, intervenciones del distrito, auditorías y consecuencias de la gentrificación. También introduce debates morales: ¿es corrupción aceptar sobornos disfrazados de donaciones de una gran empresa para renovar el material tecnológico del colegio a cambio de permitir la construcción de un campo de golf? ¿O es astucia ante la precariedad y la ausencia de un sistema que los proteja de esa empresa? ¿Sigue siendo corrupción si no es para beneficio propio, sino para los estudiantes? En ese tenso equilibrio, la historia insiste en dos ideas: cualquier “ayuda” puede ser invasión, cualquier reforma puede ser maquillaje. Y lo que queda es esa infraestructura secreta del cariño: sostener a otros todos los días como una forma de amor que no se aplaude, pero sin la cual el edificio se cae.




 NUEVE  Boots (t1)


"My job is simple: I destroy weaknesses. Then, I turn men into Marines"

Boots

Andy Parker  I  Netflix

temporada 1  I  2025

*Inspirada en la autobiografia "The pink marine" de Greg Cope White.


Cameron Cope es un joven gay que, al salir del instituto, no sabe muy bien qué camino tomar. Reprimido, en conflicto constante con una madre que lo ignora y con una fe ciega en su mejor amigo Ray, decide alistarse junto a él en el cuerpo de marines. El problema es que su historia transcurre en la década de los noventa, y ser gay en el ejército de Estados Unidos podría costarle una expulsión administrativa e incluso una acusación por infringir el código penal militar. Esa decisión apresurada se mezcla con un vínculo tenso con el misterioso sargento Sullivan, que está siendo investigado, y esa presión externa lo empuja a presionar a Cameron desde su posición de poder. No sabemos si para dejarlo en evidencia o para transformarlo en el mejor cadete. Este es el inicio de un mapa de masculinidades que se va construyendo y que no se discute en abstracto: se sufre en el cuerpo, en el entrenamiento, en el chiste del otro, en el miedo constante a ser leído.


A medida que avanza la tensa formación de los jóvenes reclutas, Cameron va enfrentándose a sí mismo en medio de la soledad. Muchos otros personajes van dándole sentido a este recorrido, en el que Cameron no es el único con una batalla personal: racismo, el dilema de lo físico, la familia, el futuro… son debates constantes en los que solo la camaradería puede salvarlos. Resaltan personajes como Eduardo Ochoa, sobre quien la esperanza, la bondad humana y la ansiedad marcan el terreno; o la divertida madre de Cameron, que hace de su desastre habitual un estilo de vida sostenido.


Boots no se limita a denunciar; observa el mecanismo: cómo el sistema fabrica hombres a golpes y luego les pide que no sientan. Lo que queda, al final, es esa pregunta incómoda: ¿qué significa "ser valiente” cuando tu guerra principal es no odiarte?





 OCHO  The white lotus (t3)


"This is what it looks like before a tsunami"

The white lotus

Mike White I HBO

temporada 3 I 2025



Adentrarse en esta serie es como ver un anuncio publicitario: entras a la cadena de hoteles atraído por el lujo, los paisajes, el elenco; pero basta con observar detenidamente a sus huéspedes para que se instale la incomodidad. En esta tercera temporada, el telón de fondo es Tailandia, y el reto era mantener el interés sin la presencia del personaje de Tanya. Para eso, sostienen esta historia deliberada entre Belinda y Greg alrededor del recuerdo de Tanya. El caso es que lo logran: sobreviven, y para ello fue muy atinado cambiar el tono. Este año el foco se desplaza hacia la espiritualidad como mercancía: un resort que vende calma, ritual, bienestar; pero hay un tono tenebroso, de un peligro mucho más evidente y letal que en entregas anteriores.


Entre los nuevos huéspedes están la familia Ratliff que funciona como núcleo perfecto de esa contradicción: Timothy intenta sostener la compostura mientras su vida real se desmorona; Victoria se agarra a los ansiolíticos y al control como si fueran formas de fe; y sus hijos, Saxon, Piper y Lochlan, arman un triángulo raro, tenso, donde la religión y la devoción chocan con el cinismo. En paralelo, está el viaje de Jaclyn, Laurie y Kate, tres amigas de toda la vida que se reencuentran dentro de una amistad con jerarquías; y la pareja del traumatizado y vengativo Rick Hatchett con una amorosa y protectora Chelsea. Y aquí confieso mi debilidad por las actrices Aimee Lou Wood (Chelsea) y Carrie Coon (Laurie), quien además nos regala uno de los mejores monólogos de este año en el capítulo final.


Lo más interesante es que la temporada no se ríe de la idea de buscar sentido, sino del modo en que el lenguaje del sentido se vuelve coartada: “soltar” como excusa para no mirar, “sanar” como forma elegante de seguir igual. Empuja esa incomodidad con paciencia (a ratos, incluso con lentitud deliberada), hasta que la violencia latente se vuelve literal. No como giro, sino como consecuencia. Mientras tanto, Gaitok, seguridad del hotel, sostiene, desde abajo, la parte más incómoda de esta serie: la desigualdad social como una señal implacable de desesperanza. Trabajar en la paz ajena, vivir con reglas que no pusiste, y descubrir que incluso la bondad tiene un límite cuando la violencia del poder te acecha.





 SIETE  The Pitt (t1)


"This place will break your heart. But it is also full of miracles"

The Pitt

R. Scott Gemmill  I  HBO

temporada 1  I  2024-2025



En esta serie, los espectadores acompañan a un grupo de médicos y pacientes durante un turno de quince horas en un hospital de Pittsburgh. Cada episodio cubre una hora de este servicio de urgencias. El eje de la acción es Robby, un médico veterano que carga con un trauma profundo a causa de la crisis sanitaria durante la pandemia de COVID. A su alrededor se despliega una serie de personajes, residentes o estudiantes, de los que se van desarrollando sus historias personales. En ese sentido, la serie no solo cautiva por su forma narrativa, sino por unas historias que se expanden y enganchan. Mención especial para la jefa de enfermería Dana, que no solo sostiene lo humano en un sistema fallido y exigente con sus trabajadores, sino que también crea un espacio posible de trabajo en el que todos importan. Es la gran cuidadora de pacientes y doctores.


Lo impresionante de la serie no es la adrenalina, sino el modo en que convierte el desgaste en lenguaje: falta de recursos, decisiones imposibles, pacientes que son historias completas en miniatura. Es, a su vez, una crítica al sistema sanitario estadounidense, a su potencial colapso y a la poca conciencia de lo humano. Los personajes aprenden, a veces a golpes, que la empatía es un músculo y también un límite. Y ahí The Pitt hace algo poco común: no romantiza el heroísmo sanitario, pero tampoco lo degrada; lo observa en su zona más real, esa donde salvar a alguien puede ser, simplemente, no dejarlo solo.




 SEIS  Hacks (t4)


"You are my voice"

Hacks

Lucia Aniello, Paul W. Downs, Jen Statsky I  HBO

temporada 4  I  2025


Fiel a su constante reflexión sobre el humor a través de distintas generaciones, se consolida como una de las series contemporáneas más sólidas y profundas. La famosa y veterana humorista Deborah Vance y su joven guionista, Ava Daniels, mantienen una tensa relación creativa en esta cuarta temporada. Tras protegerse y traicionarse en un equilibrio complicado, siguen entendiéndose aunque no lo quieran. Solo que esta vez un contrato las mantiene unidas: el late night con el que siempre soñó Deborah es una realidad, ¿pero a qué costo?


La temporada es especialmente rigurosa en su retrato del oficio: salas de guion, pánico de estreno, la reputación como moneda, la maquinaria de la televisión tragándose a quienes la alimentan. Deborah quiere el pedestal (y lo merece), pero el pedestal también te deja sola; Ava quiere ser mirada como igual, pero la igualdad no se decreta: se negocia y se paga.


Lo bonito y lo cruel es que Hacks no decide quién tiene razón; te muestra cómo el cariño puede expresarse como control, cómo la admiración puede pudrirse en competencia y cómo, aun así, hay vínculos que no se rompen porque son una estructura funcional.




 CINCO  Poquita fe (t2)


"Si pudiéramos vivir en una cueva, me iba. Pero no encuentro esa cueva"

Poquita fe

Pepón Montero, Juan Maidagán I Movistar Plus+

temporada 2  I  2025



A mí se me hace tan difícil hacer humor de lo simple, de lo cotidiano, y esta serie lo sigue sosteniendo con una facilidad impresionante. Parece una historia chiquita hasta que te das cuenta de que te está midiendo la vida con una regla doméstica. Empieza con cosas sencillas como la compra, la visita que se alarga, el “ya veremos” como forma de gobierno, y se expande a la convivencia con los suegros, los embarazos no deseados de la cuñada lesbiana, un nazi que no sabe hacer grafitis, no querer que te vean al lado de tu marido con sombrero, o la imposibilidad de deshacerte de una mesita cuando es más fácil deshacerse de un peligroso suéter nórdico.


En la segunda temporada, Berta y José Ramón vuelven con su química de pareja cansada, pero no rendida: se quieren, se irritan, se sostienen con torpeza. El mundo alrededor, familia, vecinos, rutinas, no aparece como “trama”, sino como presión. Y es que ahora están en la calle, sin un piso en el que poder convivir. Víctimas de la especulación inmobiliaria de Madrid, esperan la muerte de la madre de un sujeto que les prometió alquilarles el piso.


La temporada aprieta donde duele: la mudanza se vuelve un limbo y terminan en casa de los padres de ella, hasta que la convivencia empieza a asfixiarlo y deben separarse físicamente, irse a lugares diferentes. Y los personajes secundarios funcionan como espejos de lo que Berta y José Ramón no consiguen nombrar: que una relación también se desgasta por acumulación, por costumbre, por logística. ¿Cómo se guarda un pedacito de intimidad cuando todo el mundo tiene llave?





 CUARTO  Pluribus (t1)


"Happiness is contagious"

Pluribus (PLUR1BUS)

Vince Gilligan I Apple TV+

temporada 1  I  2025


Un día cualquiera, la humanidad se transforma en una colmena pacífica, feliz, sin conflicto. Todos son uno, el/la/le mismo. Esa forma de organización no es perfecta, pero parece generar una paz profunda dentro del sistema. Salvo por Carol Sturka, una reconocida escritora de romantasy que queda fuera de esta comunidad inalterable. Y aunque no es la única en todo el mundo, sí es quien manifiesta de forma explícita su descontento. Ser inmune aquí no es un privilegio: es una forma de aislamiento. Por cierto, maravillosa Rhea Seehorn en este papel.


A su lado aparece Zosia, una especie de chaperona del nuevo orden, y el juego entre ambas se sostiene entre la cercanía, la vigilancia y la extrañeza. Las formas en que Carol intenta adaptarse a la nueva realidad están en tensión constante con un duelo personal, íntimo, que no logra atravesar porque la colmena no deja de ofrecerle su apoyo. En ese sentido, no se trata de una serie de acción, sino de huir de una contaminación emocional.


En esta historia, la felicidad se convierte en sospecha. No te pregunta “¿quieres salvar el mundo?”, sino “¿qué parte de ti estás dispuesto a entregar para no sufrir?”. La colmena promete paz, pero también promete disolución: dejar de ser singular, dejar de decidir, dejar de doler. Pluribus tiene humor oscuro, sí, pero su combustible es melancólico: la idea de que la tristeza también es una forma de pertenecer a uno mismo. Ojo, que también hay una intención crítica evidente entre lo individual y lo social en torno a la adaptación a un nuevo sistema. Y puede tender a ideologizarse (aún más) y perder una reflexión final interesante. Es una serie bastante original y entretenida de ver.





 TERCERO  Common side effects (t1)


"The mushroom’s talking to me. It wants to grow"

Common Side Effects

Joseph Bennett, Steve Hely I Adult Swim

temporada 1  I  2025



Animación adulta con espíritu de thriller conspirativo: dos viejos amigos, Marshall y Frances, se reencuentran alrededor de un hongo, el Blue Angel, capaz de curarlo (casi) todo. Marshall lo mira con ética y paranoia de científico; Frances lo mira con esa mezcla muy contemporánea de necesidad y pragmatismo: “si esto existe, ¿quién se beneficia de que no exista?”. Y en medio entran farmacéuticas, gobierno, DEA y toda una maquinaria que complicará una trama que aspira a ser pequeña.


La serie se articula sobre situaciones y personajes que mantienen ese tinte absurdo propio de la animación. No en vano, los agentes Copano y Harrington ofrecen los mejores momentos, a través de su peculiar relación de amistad, aunque sean un hilo tenso al que conviene guardar distancia. No ocurre lo mismo con el CEO Rick Kruger o la madre de Frances, quienes, en lugares diferentes del ring, representan la lucha por el poder y las ganas de ganarle a la muerte: la esperanza en forma de mercancía.


Cada decisión o traición dentro de la historia dialoga con la vivencia explícita del consumo de ese hongo, sus efectos y lo que ocurre dentro del cuerpo y la mente. En conclusión, se hace tan difícil entender el entramado político/científico como la experiencia onírica de la salvación. Por eso es apasionante. Al final, la pregunta no es “¿y si hubiera una cura?”, sino “¿qué haría el sistema con ella?”.




 SEGUNDO  Task (miniserie)


"Answers are given on a need-to-know basis"

Task

Brad Ingelsby I HBO

miniserie  I  2025


Más que un simple thriller criminal en el que aparecen el FBI, robos violentos y unidades especiales, lo que realmente persigue esta miniserie es la pregunta: ¿qué hace que alguien cruce una línea? Cualquier línea: moral, ética, legal, afectiva. El tema va de ese cruce y sus consecuencias. Tom Brandis, interpretado por un conmovedor Mark Ruffalo, es un exsacerdote alcohólico, roto, con una pérdida familiar muy difícil de superar, que lidera una investigación junto al FBI. Por el otro lado está la persona a la que Tom busca: Robbie Prendergrast, un orgulloso padre desbordado que trabaja como recolector de basura, con un pasado familiar signado por bandas de moteros, que se convierte en un ladrón torpe por desesperación. Por esa razón, una noche, en un movimiento mal calculado, él y su mejor amigo se ven envueltos en un acontecimiento que alertará no solo a la policía, sino también a bandas vinculadas con el tráfico de drogas. Tom podría decidir acabar con el problema, pero una profunda responsabilidad humana, paterna y protectora lo conduce hacia un camino que sabe que será irrevocable.


Es por esa razón que la serie es tan poderosa. Se trata de personajes profundamente humanos, cotidianos, trabajadores, con una realidad que los supera. Cada uno de los secundarios tiene su propia historia, y son nudos importantísimos para el desarrollo de la trama. Nada de lo que se cuenta es en vano. No solo para resolver el crimen (que, si estás viéndola por eso, te pierdes el ochenta por ciento de la serie), sino para complicar la moralidad de sus personajes. Y para cuestionártela a ti como espectador. Entiendes el fango en el que están y no quieres que le ocurra nada a ninguno de ellos, por más terribles que sean. No por eso deja de ser emocionante, vertiginosa y sorprendente. Ambas líneas de acción dialogan en perfecto equilibrio.


Sufres con personajes como Maeve, tan bien interpretada por Emilia Jones, presa de su circunstancia: sobrina de Robbie, cuidadora de sus hijos y condenada a una única forma de vida. O Sam, ese increíble niño huérfano, que conmueve con su inocencia. Tom y Robbie transitan un camino muy complicado hacia la redención, porque esta serie habla de masculinidades adultas lastimadas que buscan el sosiego, la paz o el perdón. Es un ejercicio de fe en lo humano, de creer que el otro, por más desesperado que se encuentre, es capaz de no hacer más daño. Aunque eso cobre víctimas en el camino.


Profundamente triste, hermosa, catártica, con muchas capas de exploración y de esperanza.





 PRIMERO  Dying for sex (miniserie)


“You early millennials are so tragic”

Dying for Sex

Kim Rosenstock, Elizabeth Meriwether I FX on Hulu

miniserie  I  2025

*Inspirada en el podcast “Dying for Sex” de Molly Kochan y Nikki Boyer.


Aunque sabes desde el primer momento que esta miniserie será dolorosa, tiene un tono tan hermoso y divertido que no puedes dejar de disfrutarla. Una mujer con cáncer terminal decide explorar su sexualidad para alcanzar su primer orgasmo. Es un gesto de vida y un homenaje a su lugar en el mundo. Molly, interpretada por una poderosa Michelle Williams, intenta recuperar algo que el miedo, la culpa y una biografía complicada le habían expropiado: el cuerpo como lugar propio. Y junto a ella está Nikki, una amistad que funciona como sostén real: no la empuja, no la salva, la acompaña; pero que, a su vez, vive en carne propia los efectos y las consecuencias de ser cuidadora.


La miniserie es inteligente en cómo propone esta búsqueda: el sexo no se usa para escandalizar, sino para preguntar por la intimidad, por el consentimiento, por el deseo cuando ya no hay un futuro largo. Lo más emotivo no es lo explícito, sino lo delicado: la vergüenza que se suelta, el humor que aparece como defensa legítima, la ternura que se cuela donde uno esperaba solemnidad. Y, sobre todo, la idea de que la dignidad no siempre es “portarse bien”, sino poder decir “esto quiero” aunque sea tarde.


El Dr. Pankowitz, Steve, Noah, Gail, el vecino: todos los personajes enriquecen una trama que cuesta sacudirse. No solo por la relación entre ambas amigas, cuya dinámica sostiene cada acción, sino por la intervención de Sonya, la especialista en cuidados paliativos, que ayuda a Molly a ensamblar las piezas de su propia búsqueda personal.


Y aunque al final estarás rompiéndote, Molly y Nikki se habrán encargado, durante toda la serie, de que prefieras celebrar esa vida que acabas de ver.





 
 
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