Habitación persona sola
- Freddy Gonçalves Da Silva

- 25 dic 2025
- 2 Min. de lectura

HABITACIÓN PERSONA SOLA
Omar Castro Villalobos
Visor, 2025
La voz que se nombra dentro de estos poemas habita un espacio mínimo, donde cabe lo imprescindible: un cuerpo, unas fotos pegadas en la pared desgastada, el sonido de una ciudad inquieta, una rabia. La persona lectora no se topará con un poemario al uso, sino con un sujeto que ha perdido su intimidad, y no por decisión propia, sino por su condición de alquilado. Este poemario parte de una realidad concreta: la dificultad de los jóvenes para conseguir un espacio propio en el que contarse en la ciudad de lima (siempre escrita en minúscula, como arrebato político del lenguaje); y de una realidad habitacional cada vez más extensible a muchas otras ciudades de las que nos gustaría pensar. El libro no romantiza la precariedad: la nombra con fría precisión. En ese sentido, uno de sus gestos más potentes es meter datos, cifras, fuentes, notas al pie. Sí: notas al pie, como una prueba que acompaña al poema para que nadie lo reduzca a lamento.
La estructura de este breve poemario es fundamental, porque se articula desde lo personal, en una lucha por la intimidad, pero sin dejar lo pragmático por fuera. Hay poemas que aparecen como declaraciones de amor y se ven intervenidos por el humo de la calle, el ruido de las manifestaciones o las intervenciones policiales. La realidad de algunos países de Latinoamérica forma parte del ecosistema en el que se desarrolla la vida de esta voz poética.
Formalmente, Habitación persona sola trabaja con una escritura quebrada, hecha de materiales distintos: verso, documento, lista, registro, nota. Esa mezcla no es capricho: se parece a la vida que narra. Una vida hecha de fragmentos, de mudanzas, de conversaciones cortadas, de contratos breves. El libro también recoge frases de arriendo como: “no se puede cocinar dentro de la habitación”, “no mascotas”, “prohibido lavadora”, “mes adelantado…”. Leídas en cadena, dejan de ser “reglas” y se vuelven una forma de control íntimo: no solo te dicen dónde vivir, te dicen cómo vivir. Qué hacer con tu hambre, con tu compañía, con tu ropa sucia, con tu manera de estar en el mundo. Y ahí uno entiende que el título no es un rótulo neutral: “persona sola” no es un estado sentimental, es una categoría de mercado.
Y, sin embargo (y esto es clave), el libro no se vuelve panfleto. Hay belleza, pero una belleza rara: la de aquello que se dice de forma verdadera. Hay deseo, hay cuerpo, hay escenas íntimas, pero siempre con la conciencia de que el cuerpo también paga: paga transporte, paga alquiler, paga comida, paga cansancio. Y el cansancio aquí no es metáfora: es una materia que se deposita en la cama, en ese gesto de volver a un lugar que no te pertenece.
"hay cosas que nacieron tras un golpe de estado / jóvenes como yo, por ejemplo"






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