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Siempre que llega a mis manos un nuevo poemario, recuerdo uno de los mejores consejos que daba Hanni Ossott para aquellas personas que quería leer poesía: debes querer leerla. “Querer como querencia. Sin mala fe ni desesperación. Averiguando qué diablos quiso decir el poeta”. Apuntaba que una persona puede pasar muchos años rumiando un verso que no comprende, pero de la cual se alegra, porque en el fondo hay un algo que cree entender. “Y así uno manda la razón y la conciencia a paseo. Cada quien sostiene a un poeta”.

 

¿Qué pasa cuando eres la persona que escribe?, ¿qué sostiene a una poeta?, ¿escribe desde esa querencia o desde una necesidad?, ¿una urgencia?, ¿una farsa? Son preguntas que me hago cuando leo los versos de “Mentirijillas”, el primer poemario de Sara Madrid Jordán publicado por la editorial La Pipa de Kif. O, mejor dicho, de este pacto privado que se establecen entre tres amigas: Silvi, Lilia y Mar, y cuya voz poética nos conduce a un idioma propio, a un código secreto con el que toca pactar, para que el lector pueda formar parte de esta relación.

 

“compartimos una única cosa

la pasión por los micromundos”

 

Se encuentran, se observan, se (contra-) dicen, se maquillan, conversan, editan, negocian y crean juntas su propio microcosmos y un documento SECUNDAMOS LA CONMOCIÓN, que arrojan sus conclusiones de diversos estudios en donde juegan con las normas para nombrar (-se). Lo hacen de forma juguetona, seductora, insidiosa porque aspiran entenderse dentro y fuera del texto. Miento, que tampoco se toman tan en serio, y esa es la gran virtud del poemario, este divertido recorrido experimental autoconsciente a través de las pasiones, la complicidad y de tantas otras “cosas que no se pueden sostener”, como “el agua, las ondas o la menguada presencia de un cuerpo de hombre”.

 

Y por jugar complementaría, en versos del poeta Vicente Aleixandre, que este poemario es: “ese piso feliz por el que viborillas perspicaces hacen su nido en la axila del musgo”.

 

Disfruté mucho perdiéndome, intencionadamente, en algunos de los versos de esta “casita sicalíptica”, en pensar qué diablos quiso hacer la poeta con este movimiento en la estructura del poemario, o con esa intención provocadora tan contenida (o camuflada) por las palabras. Ese poder escandaloso y provocador que tiene el saber decir las cosas para que los lectores pasemos años, en el desconcierto, rumiando esos versos con alegría.

 
 

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Clarice Lispector escribió: “No quiero tener la terrible limitación de que vive solo de lo que puede tener un sentido. Yo no: lo que quiero es una verdad inventada”. Pienso en esa cita al leer el fanzine La Florida/Chamberí publicado por Paloma ediciones. Dos relatos sobre la memoria, dos habitantes de cada barrio que destejen sus propias historias, pactando con un tiempo en el que ya no habitan.


En las primeras páginas hay una estampa de una Virgen y un breve relato sobre la abuela de una niña que no era la típica mujer que cocina y zurce, sino de las que lamenta con la virgen tener que cuidar a su hija y a su nieta. Seguí explorando, y descubrí a esta chica, de joven, perdida una navidad en el juego online Habbo Hotel o explorando las primeras sensaciones platónicas hacia al cantante Soto Asa. Al revisar más hojas, encontré las primeras impresiones de un chico al leer a Stephen King, de jugar a la consola Donkey Kong con los amigos o inventarse el mejor plato de cocina: el gazpacho de la madre con croquetas de jamón de la abuela dentro, la mezcla del calor y el frío, en un abrazo caótico e indigesto del afecto. Son anécdotas recogidas de dos autores que nacen y crecen en España, Alba G. Mora en el barrio de la Florida en L’Hospitalet de Llobregat y Jorge de Cascante en Chamberí.


Dividido en dos partes, cada una compuesta por 25 textos en 58 páginas. Dos portadas, dos fanzines, que coinciden en una única publicación. A esto se le suman fotos en clave de archivo histórico de sus historias.


Ambos crean una semblanza personal, un entender su vida a través de los cambios del cuerpo, la sociedad, la economía, las estructuras familiares y el tiempo; anécdotas que marcaron su juventud, y condicionaron algunas de sus formas de ver el mundo en la vida adulta. Aunque también, en las fotos personales, se interceptan las formas del hogar, la distribución de los espacios, su relación e interacción con los barrios. Enfrentamos esta “verdad inventada” con intención de reír, conmovernos o conciliar con experiencias propias. Cierras el fanzine, queriendo explorar tu relación con el alrededor.


Como dice Alba en una de sus crónicas: “Contengo la respiración, me ato bien fuerte el cinturón de la bata de estar por casa mientras una gaviota me mira desde la antena del edificio de enfrente. Podría escribir un haiku”.


Gracias a Librería Llavors por descubrírmelo.



 
 


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Me gustan los libros que provocan extrañeza y sensación de incertidumbre. Desafiar las formas leer, observar e interactuar con el objeto. Por ejemplo, este que comparto hoy: "Las flores inciertas", que puede ser un libro arte o un ejercicio de no ficción. Me gusta cómo lo llaman sus creadores: es un libro-flor.


Palabras como biota, angiosperma o simbiosis son algunos de los conceptos científicos que se recogen en este libro arte. Una particular edición cuya intención es explorar, de forma simbólica, la persistencia de las plantas con flores en la Tierra. Hace 135 millones de años, las flores evolucionan, se diversifican, ofrecen un mundo cromático inmenso, indescifrable.


Para sumerguirse en esa idea, este libro reúne fotografías y grabados, junto a teorías biológicas y físicas, que invitan al lector a pensar constantemente en la capacidad adaptativa de la belleza. Apelando al principio de la incertidumbre, cuestiona a la persona que lee como captador de determinado conocimiento y, por lo tanto, en la forma en cómo observa y cuenta la realidad. ¿Y cuál es la intención? Ofrecer permisos a las personas que leen de forma convencional, para deconstruir el libro y armarlo nuevamente como lo desee. A adaptarlo a otras posibilidades.


Su particular encuadernación permite esa doble lectura. Un libro arte que abraza determinado conocimiento y cuya estructura es la preestablecida: textos, citas científicas, rigurosas referencias acerca de las imágenes. O puedes desordenar las hojas, como abeja que genera una polinización cruzada, yendo de flor en flor. Juega con las certezas que tenemos acerca de la lectura y del mundo de la observación.


No en vano dicha encuadernación tienen un nudo preciso, hecho a mano, que representa al polen.


"Las flores inciertas" es una propuesta limitada, editada, diseñada y producida por Mantícora Navegante en Bogotá, 2024. Imprimieron 150 ejemplares, cada uno tiene un grabado en linóleo en tinta azul ultramarino.


La fotografía, secuencia, texto, grabado y color son de Denegurica (Laura Denegurica y Santiago Murillo Camargo) y las ilustraciones de Juan Carlos Calderón Villanueva y Laura Degurica.



 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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