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Autor y director: Lucas Ramada Prieto

Edición: Gerencia de Servicios de Bibliotecas, Diputación de Barcelona

Diseño: Postdata.cat

Barcelona, 2025


Es extraño que, a estas alturas del siglo veintiuno, siga siendo tan complejo proponer reflexiones acerca de la expansión lectora en la infancia y la juventud. Para este caso en específico, el debate se circunscribe a la ficción digital y sus posibilidades lectoras. Salir del margen, de la idea de nicho, y componer un ejercicio colectivo de reflexión con el apoyo de una institución pública es un logro para la cultura digital dentro del campo de la mediación lectora. Esta guía no solo expone, sino que muestra posibilidades de trabajo con el videojuego dentro del espacio bibliotecario; pero no como un mero acompañamiento ni con la intención de cumplir una cuota de innovación, sino con la voluntad de construir mirada, conversación y bagaje.


Este documento no se comporta como un manual de dinamización, sino como un mapa en el que la persona que media estos discursos debe aprender también a ser un lector más. Es decir: no se puede hablar de jugar sin jugar. Y ese es el mayor aporte de la guía, Lucas Ramada Prieto, autor del texto y director del proyecto, logró construir una comunidad de práctica que aprende junta, discute, se equivoca, ajusta y vuelve a probar, siendo él un participante más de esta experiencia colectiva. Va de jugar juntos. Con el apoyo de la Gerencia de Servicios de Bibliotecas de la Diputación de Barcelona, implementaron un primer año de capacitación para luego conformar una especie de laboratorio en el que se reunía el personal bibliotecario a compartir experiencias de sus propias prácticas (primero individuales, como jugadores; y después comunitarias, como mediadores).


En ese sentido, se contrapone el miedo que genera la pantalla en la vida de las infancias y se pone en valor el discurso del juego frente a la fascinación vacía de la modernidad. Juntas construyen una curaduría de juegos a partir de la mediación conversacional. Porque no solo se trata de jugar, sino de aprender a seleccionar obras de calidad, jugarlas en serio y sentarse con las infancias, adolescencias y juventudes para hablar de estética, de historias, de temas, de cómo nos afecta la experiencia del juego. Como quien abre un álbum ilustrado y, en vez de soltar un resumen tras una lectura lineal, explora, hurga y se pregunta: ¿qué hizo esto con tu cabeza?


Dentro de esta conversación prolongada, los participantes de diversas bibliotecas de Barcelona construyeron itinerarios en los que una obra puede expandir sus sentidos y propuestas. Cuatro ejemplos bastan para entender el método: Paseando la mirada (mirar lento), Vectorpark (surrealismo-juguete), Jugar la ciudad (construir huellas) y Los caminos que se bifurcan (decidir para narrar). Más que una lista al uso, da la sensación de generar una constelación de posibilidades por explorar. Dentro de estas propuestas no solo hay reseñas de juegos, sino crónicas de actividades implementadas por las bibliotecas con sus bibliotecarias. Narran la experiencia desde la propuesta, el desarrollo y el análisis de este acompañamiento en directo. Es una guía que se atreve e invita a ejecutar lo aprendido.




En ese sentido, la guía genera un diálogo entre lo literario como una actividad de goce íntimo y autónomo en la biblioteca; y la posibilidad de crear “oasis de juego autónomo”, en los que sus usuarios sean capaces de encontrarse con una pluralidad del videojuego más allá de lo que dicta la industria. Ubica, así, la selección más allá del impacto de la industria, acción en la que también se debería insistir dentro de la selección de literatura juvenil contemporánea.


Decenas de obras trabajadas, clubes de lectura de ficción digital con usuarios y una comunidad amplia de bibliotecas y participantes demuestran que las bibliotecas pueden abrazar otras formas de hacer en la contemporaneidad, desde el cuidado e incentivando el pensamiento. Es una guía profundamente útil para quien quiera explorar otro tipo de mediación.


Puede descargarse en tres idiomas: catalán, castellano e inglés. Se accede a través de este enlace a la Diputación de Barcelona. Disfrútenla, es un excelente trabajo, una propuesta interesante de mediación y lectura, que deja de ser programa escrito y se vuelve horizonte.




 
 

PERRA MALA 666

Jimena González, Gizeh Jiménez, Sara Uribe, Sandra Sánchez, Lázaro Izael, Citlalli Ixchel, Elvis Guerra, Elizabeth Rivera, Lia García (La Novia Sirena), Alioth, Sabina Orozco, Lucía Rueda, Iveth Luna Flores, Eui Chin Talamantes, Alex Toledo, emaLúa gcanchola, Odette Alonso, yol segura, Romina Jauregui, Priscila Palomares, Nancy Niñofeo.

Selección y prólogo: Gizeh Jiménez & Priscila Palomares

EL BRILLO “2025”



Perra Mala 666 es un título que, en sí mismo, mezcla distintos calificativos asociados a la maldad, a lo diabólico, a lo impúdico de lo femenino. Perra (el meme de “yo también soy perra y muerdo”); Mala (como Lilith, la primera mujer creada con “inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro”, según la interpretación de un midrash judío del siglo X); 666 (el número de la bestia). Es un título construido para causar alarma, tanto en quien escucha como en quien lee. No promete ni quiere ser un lugar cómodo ni delicado: se anuncia como una forma de estar, desde esas etiquetas con las que suele señalarse lo que las personas no son capaces de nombrar. Esta antología es un registro comunitario de poemas (y realidades alternas) que no se enfocan en su “calidad” como piezas canónicas, sino en su capacidad de sonar estridentes, inquietantes, imperativas.


Este libro representa más de siete años de voces disidentes en distintas ciudades de México, en donde se han dado encuentro personas jóvenes con adultes, migrantes con natives, habitantes de la ciudad con los de la ruralidad. Es un poemario que no sólo reúne sino que convoca, como labor de pequeño archivo, algunas voces que han usado el micrófono abierto para enunciarse desde la poesía. Gizeh Jiménez, la persona encargada de iniciar, mantener y sostener este proyecto, “busca poner en el centro las voces de las personas trans y disidencias sexogenéricas”. Ella arma esta relevante selección en formato libro para acercar esas pequeñas obras a todes quienes aún no les han escuchado.


La compilación mezcla voces reconocidas con poetas novates. No hay un proceso de edición, sino de acompañamiento. Se respeta la oralidad como un acto político, pues no se pretende domesticar la temperatura de una palabra: una confesión, una huella dicha al micrófono. Se nota que este libro no nació para agradar a un canon, sino para inventar un lugar: uno donde escribir no sea permiso, sino derecho; donde la poesía no sea un club, sino una puerta. Es un libro para leer en voz alta.


Y ahí está su verdadera fuerza: Perra Mala 666 no funciona como vitrina, funciona como coro. Un coro de experiencias: el cuerpo como territorio, el deseo como idioma, la violencia como marca social, la identidad como algo vivo y cambiante, la amistad como forma de sostén real. Más que poesía, es una atmósfera en la que quienes leen se adentran, se confrontan, se identifican o se remueven. Hay diversidad de tonos, formas, construcciones, diseños: la palabra es arcilla que se moldea y, de manera irremediable, también conmueve.


Al final, la poesía muta de género a gesto. Existe porque alguien, alguna vez, se puso de pie con su voz para decirle algo al mundo y reorganizarlo alrededor de esa voz. El libro se presenta muy bien editado: una portada rosa, poderosa; biografías identitarias; estructuras cuidadas y detalles de viñetas que, como copistas, agregan información extra a algunas palabras sueltas de los poemas. Poder tener ese material impreso en papel es un gesto de presencia y pertenencia en el mercado cultural, que marca un acento y abre otras posibilidades de movilizar la palabra fuera del cuerpo.


"Acá, del otro lado de la esperanza, estamos dulcemente solas".


 
 

HABITACIÓN PERSONA SOLA

Omar Castro Villalobos

Visor, 2025



La voz que se nombra dentro de estos poemas habita un espacio mínimo, donde cabe lo imprescindible: un cuerpo, unas fotos pegadas en la pared desgastada, el sonido de una ciudad inquieta, una rabia. La persona lectora no se topará con un poemario al uso, sino con un sujeto que ha perdido su intimidad, y no por decisión propia, sino por su condición de alquilado. Este poemario parte de una realidad concreta: la dificultad de los jóvenes para conseguir un espacio propio en el que contarse en la ciudad de lima (siempre escrita en minúscula, como arrebato político del lenguaje); y de una realidad habitacional cada vez más extensible a muchas otras ciudades de las que nos gustaría pensar. El libro no romantiza la precariedad: la nombra con fría precisión. En ese sentido, uno de sus gestos más potentes es meter datos, cifras, fuentes, notas al pie. Sí: notas al pie, como una prueba que acompaña al poema para que nadie lo reduzca a lamento.


La estructura de este breve poemario es fundamental, porque se articula desde lo personal, en una lucha por la intimidad, pero sin dejar lo pragmático por fuera. Hay poemas que aparecen como declaraciones de amor y se ven intervenidos por el humo de la calle, el ruido de las manifestaciones o las intervenciones policiales. La realidad de algunos países de Latinoamérica forma parte del ecosistema en el que se desarrolla la vida de esta voz poética.


Formalmente, Habitación persona sola trabaja con una escritura quebrada, hecha de materiales distintos: verso, documento, lista, registro, nota. Esa mezcla no es capricho: se parece a la vida que narra. Una vida hecha de fragmentos, de mudanzas, de conversaciones cortadas, de contratos breves. El libro también recoge frases de arriendo como: “no se puede cocinar dentro de la habitación”, “no mascotas”, “prohibido lavadora”, “mes adelantado…”. Leídas en cadena, dejan de ser “reglas” y se vuelven una forma de control íntimo: no solo te dicen dónde vivir, te dicen cómo vivir. Qué hacer con tu hambre, con tu compañía, con tu ropa sucia, con tu manera de estar en el mundo. Y ahí uno entiende que el título no es un rótulo neutral: “persona sola” no es un estado sentimental, es una categoría de mercado.


Y, sin embargo (y esto es clave), el libro no se vuelve panfleto. Hay belleza, pero una belleza rara: la de aquello que se dice de forma verdadera. Hay deseo, hay cuerpo, hay escenas íntimas, pero siempre con la conciencia de que el cuerpo también paga: paga transporte, paga alquiler, paga comida, paga cansancio. Y el cansancio aquí no es metáfora: es una materia que se deposita en la cama, en ese gesto de volver a un lugar que no te pertenece.


"hay cosas que nacieron tras un golpe de estado / jóvenes como yo, por ejemplo"

 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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