Diario del resguardo, edición Colombia

Actualizado: 15 de dic de 2020


Según sus diarios, el artista estadounidense Keith Haring estaba convencido de que el arte era un enlace fundamental a la vida. Reconocido por sus críticas a la guerra, a la televisión como artefacto alienante de la sociedad y su incansable lucha por la igualdad, este artista y activista intervino los paneles de publicidad en el metro de New York con un lenguaje propio a partir signos y dibujos. Su intención era llevar el arte a la calle para ofrecérselo a las personas en su rutina, sin desigualdad, y convencido de que el arte es un derecho de la humanidad. Que, de hecho, lo es. Haring tenía alrededor de veinte años, cuando escribió:

“creo que el arte debe formar parte necesariamente de nuestro entorno, de nuestra sociedad. El arte es una idea, una forma de vivir, de ver y de ser, una actitud hacia la vida, es el respeto y la comprensión del orden"

Esta reflexión también se traslada a una de sus preocupaciones más recurrentes: la trascendencia de su propio arte. En 1976 registró lo siguiente en sus cuadernos de apuntes:

"Me he preguntado si alguna vez seré aceptado en los museos o si desapareceré con mi generación”

Esa duda vital de trascender, que se repite en cada joven artista de cualquier generación, resuena constantemente en las experiencias que replico con los jóvenes. Y no porque todos con los que suelo conversar quieran ser artistas, o porque crea que sus ideas del mundo no son capaces de transformarse a medida que transcurre la vida, sino por la importancia de dar a conocer la reflexión acerca de cada generación a partir de la voz de sus protagonistas.


Es por eso que, tras mis experiencias con En tiempo presente (Gijón) y el Diari del resguard (Barcelona), realizadas con grupos de jóvenes en ciudades distintas de España durante el 2020, año de la pandemia, quise ampliar el marco de acción a otro país. La oportunidad surgió con la invitación que me hizo la Biblioteca Luis Ángel Arango para realizar un laboratorio de creación, a través de Diedre Becerra, líder del Servicio de mediación de lectura y escritura, quien coordinó y apoyó incondicionalmente en este trabajo. De esta manera logramos trasladar las dudas a un grupo de jóvenes diversos de Colombia.


En este laboratorio fue posible evidenciar cómo desde una conversación libre y espontánea y desde una escucha atenta a los jóvenes, se logra conocer sus intereses y preocupaciones. ¿Cómo ven la lectura en la escuela? ¿Qué tipo de libros los interpelan? Abrimos la mirada para saber cómo el arte en sus diversas manifestaciones habla de su identidad.


Proyectos como estos se constituyen en una invitación para los mediadores a habitar el mundo de los jóvenes, a disfrutar y conversar sobre las películas y series que comparten, sobre su relación con la escritura, sobre la música que forma parte de su cotidianidad. A partir de allí surge la clave contundente: Escucharlos, conversar abiertamente con ellos y abrir los espacios para conocerlos en su singularidad. Romper paradigmas y verticalidades. Sentarnos a su lado y conversar desde preguntas abiertas y enriquecedoras que abran puertas y derriben muros.


EL ORIGEN


Como sabemos, en marzo de 2020, Colombia también decretó el estado de emergencia a causa del COVID. Para registrar la incidencia de este hecho en la vida adolescente, llevamos a cabo un laboratorio de creación con jóvenes que participaban desde distintas partes del país. Se reunieron 14 jóvenes de diversas edades que vivían en las localidades de Bogotá, Yopal, Mosquera, Pereira, Pasto, Bucaramanga, Neiva, Silvania y Soatá. Bajo el nombre colectivo de poetas viajeros, crearon un punto de encuentro, a pesar de las distancias.


Para llevarlo a cabo, tuvimos diversas sesiones de videollamadas en donde exploramos la idea que estos jóvenes tienen del mundo y la actualidad, pero también conversamos sobre la edición de libros de artista, la realización de fanzines, del movimiento surrealista y dadaísta en el arte y su impacto social, leímos poesía y diarios de artistas y de foráneos. Sumado a esto, teníamos una cuenta de correos creada para el proyecto. Nos comunicamos a diario, como un colectivo de edición, para consolidar el resultado final.


Recogimos textos e ilustraciones personales, fotografías, obras de arte, ejercicios literarios, conversaciones, recomendaciones e hicimos nuestra banda sonora 2020. Fue un trabajo arduo, constante y exigente, pues toda decisión pasaba a discusión del colectivo. Aunque los catorce jóvenes participaban de manera activa, un grupo de ocho se mantuvo firme y constante en el trabajo del diálogo constante.


Inspirados en los libros “La caja verde” de Marcel Duchamp, que fue considerado el primer libro de artista publicado en 1934, y en “Mi querida Babel” de Juan Pablo Silvestre y Ana Juan (editado por La mano cornutta en 2014), decidimos hacer del diario un espacio de posibilidades. Es por esta razón que los jóvenes quisieron resaltar aquellos objetos que fueron útiles durante el confinamiento, más allá de la mascarilla, los guantes y el alcohol.

Esta experiencia les sirvió para explorar su propia idea del encierro pero también su forma de conectar con el mundo. Hicimos un registro personal de aquello que nos sirvió de resguardo durante los días de incertidumbre. Esta obra no tiene ninguna intención comercial. El uso de estas imágenes sirven como un registro arbitrario de sus rutinas o la posibilidad para la recomendación cultural a otros lectores. Esta caja, en físico, tendrá dos ejemplares únicos: el de PezLinterna y uno que podrá encontrarse en la Biblioteca Luis Ángel Arango cuando la situación de la pandemia lo permita. Probablemente a mediados del 2021. La idea de hacer un solo objeto es respetar la esencia del libro de artista y mantener la idea de trascendencia dentro del archivo y la memoria cultural de este año. En palabras de estos poetas viajeros:

“hicimos una voz colectiva que registra este momento, es un ejercicio de la memoria”

Estamos satisfechos y contentos de compartir el resultado final. Ahora bien, esta caja es compleja, como lo fue el trabajo colectivo. Es más que una anécdota efímera. La caja contiene diversos materiales y cada uno de estos corresponde al objeto que ellos eligieron como importante en su resguardo. Por ejemplo, el diario impreso corresponde a los "libros", objetos que le sirvieron a Carol (15 años) como refugio durante la pandemia. Es por eso que, para comenzar a observar dentro de la caja, hablaremos primero de ese diario:


1. EL DIARIO DEL RESGUARDO


Una de las discusiones más largas y sostenidas durante el mes octubre fue elegir una palabra entre resguardo y resistencia. Para una parte del grupo, vivir la pandemia en Colombia era una situación de resistencia. La contraparte argumentaba esa capacidad de resguardo que les permitía a ellos poder elaborar una conversación sobre la pandemia. Después de muchas idas y venidas, terminó imponiéndose el resguardo. Aunque, si me preguntaran a mí, su forma de confrontar esta edición colectiva habla mucho más de su resistencia.


A continuación, comparto el índice del diario. Este fue otro de los debates complejos, pues consistía en crear la estructura de nuestro libro. Pensamos en qué queríamos contar y cómo. En este índice se reúnen los elementos que podemos encontrar arbitrariamente en el libro, así como los signos que nos revelan qué tipo de recomendaciones hay en sus páginas:


*al final de este post, podrás acceder al diario completo.


2. PETIT MUSEO


Inspirados en el movimiento dadaísta y en la obra de la artista plástica y fotógrafa alemana Hannah Höch, intervenimos a manera de collage casi todos los ojos de las imágenes que se encuentran dentro del diario. En esas intervenciones, usamos ojos de obras de arte famosas. Si van hacia atrás y observan la imagen que se encuentra después del índice, verán un ejemplo sobre el rostro del personaje de la serie Gambito de reina.


Por un lado, lo hicimos como un recurso estético, aprovechando las virtudes del collage para incitar al lector a ver desde otra mirada. También lo hicimos a manera de juego. El "Petit Museo" está conformado por láminas negras con las obras de arte expuestas. Cada una tiene su ficha técnica. El lector puede ir adivinando cuáles ojos del diario corresponden a cuál obra de este museo. Es una nueva propuesta para volver a leer el diario desde las imágenes.


Hay un dato aún más importante, al darnos cuenta que muchos de los libros que se citan son mayoritariamente de voces masculinas, decidimos proponer muchas obras de artistas femeninas para esta intervención. Por aquello de poner en orden la balanza.


Por último, cuatro de los jóvenes, decidieron ofrecer obras personales. Estas ilustraciones se Se exponen en láminas separadas. Este "Petit Museo" corresponde al objeto "acuarelas" que resultó ser esencial para la cuarentena de Daniela, que tiene 13 años.


3. EL IMPOSTOR


Tomás era un gran conversador, pero además tenía dos grandes habilidades: pintar a lápiz y escribir. Con 14 años, durante la cuarentena, descubrió las virtudes de un "lápiz 3B" como objeto esencial para poder explorar estas posibilidades.


Una de las consecuencias fue la escritura del relato El último Agutí, una historia poderosa sobre la contienda rutinaria de los animales en su hábitat contra una familia en el campo. Este relato no correspondía a la identidad de los otros textos que, a manera de diario, había entregado el resto del grupo. Sin embargo, estábamos de acuerdo no sólo de su calidad sino de que representa su propia exploración. Fue por eso que decidimos llamarlo "el impostor" como en el juego de Among Us, que tuvo tanta repercusión en la cuarentena.


Este ejercicio de ficción era un infiltrado que quiso alterar nuestro orden pero, a su vez, quería formar parte de nuestro hábitat. Por eso se mantiene, independiente, en la caja.



4. UN CALENDARIO ÚTIL


Como el objeto esencial de Karen (14 años) era una "cartuchera", por ser la contenedora de muchos objetos posibles, hicimos del 2020 un calendario más útil. Transformamos cada mes en doce tarjetas con fotos de arte urbano de la ciudad de Bogotá. Estas fotos, expuestas como si fueran imágenes de un perfil de Instagram, son la parte delantera de un calendario que mes a mes contiene una frase de algunos de los libros que ellos hayan leído en cuarentena. Son frases para dar ánimo, como las que se desprenden de las agendas.


5. BANDA SONORA


Laura de 20 años dijo que lo más esencial para ellas fueron sus audífonos.

Este fue un objeto que se repitió en muchos otros jóvenes. Por eso, entre todos armamos una banda sonora de 46 canciones que pueden encontrarse en Spotify o YouTube. Algunas imágenes de estos vídeos también sirvieron de apoyo para la creación del diario. Ahora bien, quisimos también recoger algunas palabras que sean propias de Colombia, y que forman parte de su banda sonora cotidiana. Estas palabras están impresas sobre papeles de colores, así como una hoja con códigos qr para descargar la banda sonora.


Por cierto, en respeto al animé japonés Candy Candy y de cómo su canción formó parte del inconsciente colectivo de muchos jóvenes veinteañeros de América latina, hemos escondido al personaje de Candy en una de las páginas del diario. Como si siguiera habitando entre nosotros.


6. RUBÉN BLADES CONFINADO


El objeto con el que hice mi aporte en el diario fue un "juguete antiestrés". A partir de la idea del juguete y una reflexión que Tomás había hecho durante nuestras conversaciones (puede leerse más atrás, en el apartado diario, en la imagen donde ellos conversan sobre el acto de leer). Al Rubén Blades confinado lo podemos vestir de distintas maneras. Sus posibilidades varían en imágenes relacionadas al arte, a los videojuegos o al acto de leer.


Si quieres poder interactuar con este Rubén Blades confinado, solo basta que lo imprimas, recortes y juegues. En palabras del propio cantante y muy a tono con esta actualidad:


"Decisiones, cada día, alguien pierde, alguien gana, ¡Ave María!"



7. EL ESPEJO


Al sacar todo de la caja, podrás encontrar un "espejo". Este objeto esencial corresponde a Sofía de 16 años. Sobre ese espejo hay, primero, un papel cebolla con una mascarilla impresa. La idea es que saques ese papel, y puedas ver tu reflejo en el espejo. Que cada lector vea sus propios ojos, su rostro, que entienda que son más que un simple objeto que los identifique.


Esto nos hace libres.


Y también nos entrega el último objeto de la caja: una galería en forma de acordeón en la que los pájaros vuelan libres por los cielos a pesar de las infinitas posibilidades que ofrece el caos. Este acordeón dialoga con la última página del diario, una obra de la artista Remedios Varo. A continuación, compartimos esta pequeña galería, imaginen que se trata de un acordeón desplegable que los rodea. Todas las fotos de los cielos fueron tomadas por ellos mismos, con ganas de poder salir del resguardo y confrontar al mundo al que pertenecen:



Si llegaron hasta aquí es porque sienten curiosidad.


Aquí podrán ver el diario completo y si entran al issuu, también verán las separatas en donde se encuentran el resto de los materiales de la caja. El diario completo aquí:





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