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Cuando descubro nuevas pequeñas (grandes) acciones alrededor de las narrativas digitales, me hago más consciente de aquella otra parte del mundo a la que muchos adultos de la mediación no quieren detenerse a observar. En este caso se trata del trabajo que lleva a cabo Resistència Videolúdica, un colectivo que busca crear espacios de reflexión alrededor de los videojuegos con perspectiva interdisciplinaria y anticapitalista.


Está integrado por Laia Velasco Flo, Violeta Moldes Rivas, Víctor Rubio i Maturana, quienes no sólo construyen estos espacios para una reflexión crítica, sino que han decidido crear el fanzine Club de Joc Wholesome, como resultado de un laboratorio con formato de club de juego en siete sesiones en las que se reflexionó sobre temas como jugar a trabajar, colonialismo cuqui, representación animal o salud mental. Un ejercicio de acompañamiento práctico, crítico y de investigación que arroja como resultado un útil manual para el estudio de la mediación de otros formatos.


El fanzine reflexiona críticamente sobre los videojuegos cozy o wholesome, esos que suelen asociarse con calma, ternura, seguridad y ausencia de peligro. No lo hace desde un prejuicio, sino reconociendo cómo estos juegos funcionan como espacios de refugio e identificación, sobre todo para quienes encontraron en ellos formas de jugar alejadas de la violencia y de los modelos más masculinizados del videojuego.


A partir de ejemplos como Animal Crossing, Spiritfarer y Little Man Has a Day, entre otros, el texto se pregunta si estos detrás de la estética adorable y su promesa de bienestar, muchos de estos juegos reproducen lógicas de productividad, mercantilización del cuidado y blanqueamiento del conflicto, es decir, formas que coquetean con los valores conservadores. En el fondo, propone una tensión muy interesante: cómo disfrutar y valorar estos juegos sin dejar de mirarlos de forma crítica.


El fanzine va acompañado de las muestras del debate de sus participantes a partir de un conjunto de citas o un itinerario mental construido en la recoleccion de post-it que no sólo aparecen en sus páginas, sino con los que construyen una funda desplegable que permite observar el mapa mental que recorrieron.


Vale la pena seguir a estas personas y aprender de sus acciones.



 
 

ABC SEOANE

Piu Martínez, Cibrán Rico, Suso Vázquez

Ilustra: Luis Seoane

Fabulatorio / Fundación Luis Seoane, 2025

EL BRILLO “2025”


Los abecedarios son formatos absolutamente maleables, siempre dispuestos al juego. En un principio sirven de ayuda para configurar el mundo a través del lenguaje: enseñar letras con las que nombramos determinadas palabras. Sin embargo, un abecedario también depende del lugar de enunciación desde el que se construye su identidad. No se trata solo de nombrar, decir o repetir, sino de observar y leer desde otro sitio. Es su estética la que, deliberadamente, reconfigura una forma determinada de narrar el mundo. En este caso, el abecedario busca asociar palabras en gallego con el arte figurativo de Luis Seoane.


Nacido en Argentina y fallecido en España, este curioso artista pasó su vida (creación, implicación política e investigaciones) alternando entre Buenos Aires y Galicia. Su labor, siempre vinculante, lo llevó a ser reconocido en Galicia como un artista más de esa tierra.


Más que un libro tributo a su labor, es una forma atractiva de recorrer su propuesta artística.

Las letras y las palabras van generando un ritmo, página a página. Y, si bien es un libro pensado para las primeras infancias gallegas, también invita a retar a esa "primera mirada" de la imagen. Funciona para personas, lectoras o no, de cualquier otro lugar, cuya relación con el arte se limita a la convencionalidad: este abecedario sirve como detonante simbólico de las formas en que se puede reconfigurar una idea. Lo hace a través de una técnica en la que la composición, los colores y el diseño son relevantes. Pero además, para aquellos que son más puristas, cada lámina con una obra de Seoane incluye, en la parte de atrás, su referencia. Es un libro autoconsciente de su intención formativa.


De este libro no nos interesa tanto el factor pedagógico —que lo tiene—, pero no queremos detenernos ahí; lo que buscamos es entender su propuesta transgresora. Toma la intención educativa del abecedario para crear un libro de artista accesible para todas las personas, tanto en su valor simbólico como en su materialidad. Hay un compromiso, por parte de la edición, por acercar el arte fuera de las galerías. Se vale del objeto libro para construir una experiencia cercana a lo cotidiano: el uso del espiral, las cartulinas gruesas, los colores estridentes, la tipografía en mayúsculas. Está pensado para el uso diario y constante de los pequeños, pero también para un encuentro insubordinado con la cultura. No importa por dónde lo abras: te confrontarás con una pieza de arte fuera de la formalidad museística. Le quita solemnidad a la idea del arte, volviéndolo un lenguaje próximo, habitable y cercano para quienes se interesen.



 
 

G22 D22

Autopublicación, 2025

EL BRILLO "2025"


G22 D22 es un fotolibro que parte de la ciudad. Nace en los buses de Bogotá y se construye desde la idea del tránsito. Las fotos se enlazan unas a otras y se despliegan en un recorrido sobre el papel Es un libro de imágenes para detenerse a observar estos registros de manos de personas foráneas que van en el bus: un recorrido de ida y vuelta, con planos detalle de lo que sostienen, aprietan o liberan. Es un ejercicio estético y artesanal, cuya poética propone mirar desde el movimiento, aceptando que el paisaje urbano no es postal, sino roce.


El título, con esa lógica de coordenada o ruta, sugiere una manera de orientarse que no es turística, sino más bien afectiva, cotidiana, casi de supervivencia. Y ahí el libro se vuelve interesante no solo por las imágenes que contiene, sino por la idea de edición como coreografía: cómo se “ordena” el movimiento sin domesticarlo; cómo se imprime la calle sin quitarle el ruido; cómo una secuencia puede convertirse en memoria. Más que un acordeón, el papel juega con sutiles cambios de dirección, como lo hace el transporte público. En ese sentido, G22 D22 no parece querer ofrecer una historia, sino abrir un método: mirar mejor lo que atraviesas todos los días y descubrir que el trayecto, cuando se atiende al detalle, también puede ser un lugar.



 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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