
Nunca había ido a Soto de Ribera. En 2025 inicié un proyecto junto a los jóvenes de la biblioteca. Para llegar desde Gijón, toca casi una hora en tren y luego implica un camino de quince a veinte minutos a través de la carretera. Realmente, bordeándola. Es verdad que, a medida que pasan los días, también aprendes nuevos recorridos. Lo importante de esas caminatas de ida y vuelta está en el proceso de observación. Ese ejercicio de comprender con cuáles recursos podemos detonar determinadas conversaciones cuando me encuentre con los jóvenes en la biblioteca. Con qué materiales poder contrastar también estos contextos que los acompañan. Mi intención era llevarles fanzines, porque sus formatos convocan una idea distinta de la convivencia. Además, esto no era un club de lectura, sino un territorio de encuentro para la creación de un elemento en común. Uno de los puntos de partida eran las palabras de Alan Moore en su libro Diseña: "Si volviésemos a nuestras raíces de hacer, crear y diseñar, nuestro mundo sería un mejor lugar donde vivir". Sí, quisimos diseñar, pero también pensar, cuestionar y entendernos desde nuestros lugares.
Con edades entre diez y doce años, Abel, Agathe, Hugo, Lea, Nicolás y Paco fueron las cabezas creativas que estructuraron un proyecto que, en paralelo, atrajo a otros grupos de personas itinerantes. Alrededor de treinta jóvenes participaron de formas puntuales, en ideas concretas, pero el gran peso del libro objeto recayó sobre sus hombros. Comenzamos con prácticas de observación, en donde nos veíamos a través de un mapa. Eso nos ayudaba a reconocer quiénes éramos frente al otro y cómo habitábamos nuestros territorios. De allí nació la primera idea, no querían un libro convencional, sino una historia que poder modelar.
El libro está dentro de una caja, en donde habitan todas las ideas extravagantes que fueron surgiendo en cada una de las actividades creativas. En ellas exploramos fanzines, álbumes ilustrados, fotolibros, cortometrajes, ficciones digitales y ejercicios de escritura e ilustración. Lo primero que encontramos al abrir la caja es una cinta amarilla enrollada porque, según un conocimiento popular compartido por algunas de sus familias, una cinta amarilla alrededor de una planta significa prosperidad, vitalidad de los espacios y, dicen, atracción al dinero.
Lo del dinero se relaciona con un ejercicio de humor con el que decidieron titular el libro Si abres este libro te harás millonario, pero al abrirlo verás que "¡es una broma!". Junto a la cinta amarilla también hay un cartón de lotería típico mexicano, que elegimos luego de revisar muchas formas en las que se representa el azar y porque, estéticamente, nos parecía el más interesante. Cada imagen del cartón es como un cromo, una imagen a veces desconcertante, que al unirlas puedes quizás hasta armar una narrativa propia.
Tras este cartón, de forma personalizada, hay un rasca y gana que, al rascar, descubres con tu nombre que debes volver a intentarlo. Porque, al fin y al cabo, sigue siendo una broma. Estás en un loop infinito en el que estás apunto de ser millonario, pero no lo logras.
Cuando los lectores entienden que están en esta especie de broma constante, el libro abre la puerta a una nueva inquietud: "algo absurdo quiere gobernar al mundo". Cada página explora diversas posibilidades de objetos que pueden estar camuflados con la intención de controlar al mundo, hasta que nos damos cuenta de que quizás en una de las esculturas de Soto de Ribera esté el mensaje para descifrar la realidad de estos infiltrados del universo.
En dicha escultura de bronce de Antonio Granado, que está frente al edificio de la biblioteca, se encuentra el siguiente texto de Gonzalo Jiménez, en el que se lee:
"De la entraña de la tierra se eleva
el sentimiento pintado de azul que,
como el viento, necesita al árbol
para ser silbido entre sus ramas".
Tras este mensaje, nuevas alternativas se disponen ante el lector: ¿será el viento? ¿un ave? ¿o serán los secretos que se escurren entre nosotros y alrededor de las plantas?. Y de esa forma misteriosa cierra el libro: "¿Serán las plantas? Sigamos el camino". Pero ¿cuál camino?
Un punto en común, aparte del ejercicio de imaginar, estuvo en la figura de Don Fermín. Un muñeco obrero que cada uno resguardaba hasta la siguiente sesión. Un muñeco al que Paco, un día de frustración, quería tirar al río. No lo dejamos. Y menos mal, porque esa idea de Don Fermín perdido en el monte, o viajando por el cauce del río Caudal, activó uno de los mecanismos de este objeto. El libro cierra con una invitación a un camino. Justo detrás hay un sobre con el título El camino. Al abrirlo, nos encontramos con un acordeón de casi dos metros de largo, con nueve propuestas diferentes del bosque que rodea al río Caudal. Este sobre viene acompañado de un pequeño Don Fermín hecho de papel con el que, en forma de marioneta, podemos recorrer todo el bosque. El clip que lo une tiene forma de pez y lleva también una advertencia:
¿Y si Paco hubiera dejado caer a Don Fermín al río?
¿Qué le habría pasado? Con este pequeño Fermín,
sigue su recorrido por el camino hasta que se lo trague un pez.
Un pez que se convertirá en tu nuevo amuleto de la suerte.
Por ese motivo, dentro de la caja también hay un pez que sirve de amuleto para cada uno, como lo hacía Don Fermín durante todo el proceso. Basta con cerrar el libro para poder abrir el camino, como esa nueva alternativa narrativa que lleva a la verdadera fortuna de este recorrido: el pez amuleto. ¿Ves? Al final sí que has ganado algo.
Por último, está un sobre con cromos, que son la firma de aquellos que sostuvieron la idea de este libro y lo pensaron durante meses junto a mí. Sus autorretratos, y mi retrato (que lo hicieron ellos), sellan de alguna forma este recorrido en donde nos habitamos.
Gracias a Isabel, encargada de la Biblioteca Pública de Soto de Ribera, que también habitó con nosotros.
Este proyecto se llevó a cabo gracias a la colaboración de:




