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1. Perro Amorfo nace de la rabia. Perro Amorfo nace de la necesidad de decirse, decirnos, que viene con los nudos en la garganta. Perro Amorfo nace de un nerviosismo ante la invisibilidad e inviabilidad del discurso aún en construcción, de lo que se pierde en la búsqueda de lo pulido. Perro Amorfo nace para tratar de darle lugar al reflejo torpe, el cajón olvidado, a la colectividad indecisa, a la falta de creatividad, a la flojera estética. Perro Amorfo nace como un aprendizaje, mayormente un aprendizaje, sí.


2. Perro Amorfo es un proyecto de la Venezuela del 2017, es decir, un proyecto que emerge de un contexto de violencia e incertidumbre que desdibujó las nociones de futuro colectivo. En ese sentido, Perro Amorfo va de la mano de una preocupación por no poder encontrar o no saber producir vehículos para la expresión en un espacio discursivo que se tornaba cada vez más complejo de afrontar. Una preocupación por no saber, no querer, no poder, decir. De cierta forma, Perro Amorfo es un proyecto de la interrupción, de habitar la interrupción, de aprender a interrumpir.


Jaime Yáñez y Valerie Weilheim, creadores y talleristas de Perro Amorfo.

3. Perro Amorfo es un taller de (fan)zines. Eso es, quizá, un buen principio. Un taller de (fan)zines para jóvenes. Un taller de (fan)zines, no obstante, que aspira no a la producción material de dispositivos, sino a ahondar en el proceso mismo de tratar de decir personal o colectivamente. No el (fan)zine como soporte físico solamente, sino como proceso de soportar, de hacer que algo o alguien sea un soporte. No la limpieza del diseño, ni la cuidada factura de los librillos engrapados o cosidos, sino la exploración que conlleva indagar entre medios y herramientas para tratar de darle forma para lo que en la experiencia se nos presenta apenas como chispazos o fragmentos.


3. Un taller de Perro Amorfo busca ser un espacio que revele las capacidades productivas de un adolescente, de una adolescencia. Creatividad desbocada en un contexto que promueve la repetición de lo mismo. Talleres de (fan)zines, entonces, que insisten en la capacidad de los jóvenes de decir, y decirse, sobre y en su cotidianidad inestable, inestabilizada. Perro Amorfo es un proyecto que quiere darle un lugar a la mirada del adolescente, que anhela ser soporte de un cuestionamiento, que confía en que la indagación de la relación que sostienen, que sostenemos, con los lugares de la cultura y la sociedad (las artes plásticas, la vida en comunidad, la educación, la música, el amor) revelará las potencias de un discurso menospreciado, adormilado y desautorizado.



4. Perro Amorfo es un taller itinerante. Un taller de espacios variables y de ciclos inconclusos. Un taller abierto, siempre, que se sostiene no por su presencia constante, sino por el gesto potencial que revela tan simple y necesario. Un taller que es sobre todo un lugar de encuentro y diálogo, una pequeña suspensión ante la voracidad del presente, que sostiene una invitación constante a la apropiación y la reproducción de ese lugar que se crea en el sentarse a hacer juntos.


5.  Perro Amorfo quiere insistir en entendernos como colectivamente incluso en los, en apariencia, más individuales de nuestros procesos (creativos). Es decir, en enseñar y conversar sobre lo que emocionalmente avergüenza, expresivamente callamos y creativamente callamos. Confía, pues, en que proponer un espacio para mostrar y mostrarse es un camino, una salida, una ruta a seguir. Perro Amorfo insiste en la necesidad de no sentirnos solos. De allí que su nombre haya sido dado por sus primeros talleristas, que sus registros y diseños sean grupales, que sus procesos privilegien la transparencia, que sus consignas sean contingente, siempre modificables, según los lugares de itinerancia.



6. [Los primeros talleres] Surge Perro Amorfo en el resguardo de librerías y espacios culturales. Lugar de contrabando entre actividades y propuestas que se orientaban únicamente hacia niños o adultos  dejando de lado a los adolescentes, sus posibilidades y sus búsquedas. Estos primeros encuentros tomaron la forma de prolongados talleres donde la experimentación con diversas técnicas de escritura e ilustración fue de la mano con un recorrido por la historia del (fan)zine. La orientación fundamental era presentar, en el juego entre estos dos polos, la pluralidad de sentidos posibles en nuestro objeto central: forma de publicación de bajo costo, espacio de rebeldía, modelo de consumo crítico en una sociedad globalizada, medio para la construcción de comunidades, reivindicación de lo marginal y lo marginado. Estos talleres, que apuntaban a durar alrededor de una semana, fueron lugar de dinámicas fundamentalmente de reconocimiento: tratar de encontrar en el diálogo sostenido una conciencia sobre las necesidades de nuestros talleristas, ahondar en los discursos que para ellos resultan más relevantes, ubicar el (fan)zine como un impulso siempre-ya presente en sus vidas, hallar las dificultades, los silencios y rabias que guardan ellos como grupo, colectividad. Por ello, los ejercicios abordaron sobre todo la expresión y apropiación de imágenes en torno al desenvolvimiento del cuerpo y del pensamiento en su contexto y sus relaciones personales con el mundo.


7. [Los talleres de poesía] Un par de talleres de Perro Amorfo giraron en torno a dos tradiciones de poesía: la estadounidense y la venezolana. En estas itinerancias, la naturaleza, si es posible hablar de una naturaleza, claro, del poema como acto de literatura nos permitió insistir sobre dos posibilidades del (fan)zine: 1) entenderlo como espacio de experimentación del sentido, donde la imagen y la palabra no necesita corresponder con un significado externo sino con la relaciones que construyan en el dispositivo; 2) ahondar en las necesidades expresivas que llaman a producir un objeto propio fuera del circuito de distribución y con una recepción, en principio, más bien reducido. En uno de estos talleres, la relación de las adolescentes con una tradición extraña, la estadounidense, los llevó a considerar los límites del lenguaje como vehículo para sostener la presentación de sus estados emocionales y de sus relaciones interpersonales. Por lo mismo, los ejercicios tendieron a una transformación radical, en apariencia, de los textos leídos para crear inscripciones propias de sus intereses particulares, de situaciones de su cotidianidad y a dejar constancias de las pequeñas fracturas en su relación con la construcción de sentido en sus vidas. En el otro, la relación con lo conocido, la tradición venezolana, en apariencia les exigió un cuidado mayor hacia los materiales trabajados. La cita directa con su poderosa presencia y las formas reconocibles dentro de un cierto discurso identitario, entonces, fueron los insumos de lo que se valieron aquí para la apropiación: una serie de dispositivos emergieron, entonces, que cuestionaban no lo, en apariencia, profundamente personal, sino acaso el lugar que ocupaban dentro de un entramado colectivo y un discurso de la ciudad asediado por el peligro constante de desintegración.


8. [El Calvario Puertas Abiertas 2022] En una plaza del barrio El Calvario, como parte del evento El Calvario a Puertas Abiertas organizado por Ciudad Laboratorio, Perro Amorfo realizó una intervención que ocupó toda una tarde. Entre bombonas de gas que esperaban ansiosamente ser surtidas, los niños, principalmente, y los adultos que se acercaban cotidianamente al espacio fueron invitados a componer un (fan)zine colectivo que poco a poco iba tomando la forma de una cobija de retazos. Pequeños recortes de tela, entonces, eran entregados a los participantes para que cada quien mirara atentamente y dibujara algunos objetos amados de su comunidad. Buscábamos, al final del día, componer un dispositivo de afectos que pudiese cobijar, aunque fuese brevemente, a los habitantes de El Calvario. Esta premisa fue expandida por los talleristas, quienes recorrieron las actividades que colectivamente habían estado realizando orgánicamente a lo largo de diciembre para construir comunidad, al tiempo que imaginaban también un devenir promisorio para el barrio y el país. El testimonio fragmentado y afectivo correspondía, por estas razones, no solo al espacio cercano, sino que abarcó sin miramientos el ensueño, la fantasía, el deseo, el recuerdo y el sinsentido. Esta cobija de retazos afectados constituyó una indagación, por esto, en la diversidad de lo que nos afianza a eso que nombramos como nuestro hogar y las capacidades de abordar esos lazos desde la creatividad.



9. [El Banco del Libro Puertas Abiertas 2023] Hijo desencadenado hoy,/ furia reconquistada,/ ensoñación ante las puertas sagradas”, estos versos de Vicente Gerbasi, en su poema Mi padre, el inmigrante, sirvieron de epígrafe a la actividad realizada en El Banco del Libro Puertas Abiertas. Una intervención, de nuevo, donde invitamos a los visitantes del evento a imaginar el sentido y la amplitud de lo que entendemos como puertas. Se trataba de una invitación a ahondar brevemente en la memoria y el afecto para trazar esos tránsitos donde experimentamos la sensación de traspasar un umbral para llegar a un lugar. Así las puertas de las casas de infancia, para algunos, se entrelazaron con dibujos de animales, portales en espiral, prolongadas avenidas y complicados laberintos. La conversación surgida en torno a este (fan)zine colectivo, que la voracidad participante extendió hasta ya entrada la noche, intentó explorar la idea del límite y la limitación que rodea esta serie de eventos organizados por Ciudad Laboratorio: ¿qué cosas entran en juego en esta invitación a entrar en espacios, comunidades e instituciones, que imaginamos cerradas pero nunca lo han estado?, ¿qué implica pensar una puerta cerrada, una entreabierta, una rota?, ¿qué cosa en nosotros mismo transgredimos cuando decidimos atravesar la puerta equivocada? En un evento donde los participantes estaban rodeados de libros, de breves obras teatrales, de danza, de fotografía y pintura: ¿cuáles son nuestras entradas y salidas de estos mundos en los que hacemos vida?, ¿cómo podemos expandirnos a tantos territorios y, al mismo tiempo, quedarnos tan cortos en otras situaciones? 



10. [El Calvario Puertas Abiertas 2023] “Codiseñar el espacio compartido” es el nombre de la metodología puesta en práctica en esta intervención por Perro Amorfo y Javier Grajales, artista venezolano, amigo, ganador del 23º Salón Jóvenes con FIA. Una lámina de acrílico dispuesta frente a distintos espacios de la comunidad del barrio El Calvario fue el soporte de una invitación a imaginar la forma en que queremos transformar el espacio en el que vivimos. Transformar, en este sentido, es aquí una toma de conciencia de las maneras en que los espacios están siempre-ya modificados por la relación imaginaria que construimos con ellos. Una invitación doble implicó esta metodología: trabajar con la noción de identidad, lo que nos permitimos considerar como posible dentro de lo que somos, y también destruir esa noción partiendo de la innegable materialidad de la imaginación que necesariamente desborda esa identidad. Pensar el lugar en el que vivimos, reconocer como cambia cuando lo observamos y cuando lo habitamos, fue aquí mirar detenidamente el proceso de cómo componemos y de qué nos valemos para componer nuestros tránsitos por la cotidianidad. En el acrílico, entonces, aparecieron a lo largo de la intervención algunos de los espacios que sienten, sentimos, hacen falta y algunas imágenes que acompañan esa vida hecha por los habitantes, pero también se evidenciaron las reconfiguraciones que ya tenían lugar en la forma en cómo eran utilizados esos espacios y que en la imaginación apenas se mostraba y se perfeccionaba aquella que en la “realidad” ya ocurría. Así, el codiseño que quería constituir el ejercicio se afirmaba en la apropiación de las capacidades que los habitantes en todo momento ponen práctica, más que una imposición un reconocimiento y consolidación de una parte del vivir en comunidad que con demasiada facilidad se ignora y se deja de lado a la espera de los expertos (que nada saben).




Si te da curiosidad, descarga nuestro primer fanzine, el que dio inicio a este proyecto:






 
 

Actualizado: 15 feb 2024



Foto libro: Hilos de fé

Bitácora: Miguel Issa

Fotos: Mauricio Donelli

Interpretación: Sócrates Serrano

Producción: Aníbal Graffe

2020


Imagínense encontrar la mística imagen del doctor José Gregorio Hernández caminando por las calles de Caracas un 31 de diciembre. Para quien no lo conozca, él es un doctor y científico a quien se le adjudican múltiples milagros en Venezuela (y también responsable de la llegada del microscopio al país). En 2020 la iglesia católica decide reconocer uno de esos milagros y beatificarlo, el mismo año de la pandemia por COVID.Nace el Proyecto Gregory, en el que el actor Sócrates Serrano decide interpretar al doctor para tomarse fotos por el país. Esta idea performática de la fe, se eleva a una máxima expresión: crear un recorrido del beato por Caracas el último día del año pandémico. Este libro es un ejercicio simbólico que empieza en el Hospital Vargas, lugar donde él falleció y en donde existían un descontrolado número de muertos por COVID. Además, el recorrido se asemeja -en intención- al que José Gregorio hizo en 1918 durante la pandemia de la gripe.



Entonces, tenemos al actor haciendo al alter ego de José Gregorio, recorriendo Caracas y siendo registrado por el monumental e impecable trabajo visual del fotógrafo Mauricio Donelli. Pasean por el Hospital, el Calvario, el Teatro Nacional, la Academia de la ciencia, el Teresa Carreño, el Parque del Este, etc.


En un año de tantas pérdidas esta obra resignifica el derecho a creer, a sanar y avanzar. El dinero recogido de su venta se donó a los enfermos desatendidos.Está impreso en formato prensa. Son cinco cuerpos. Cuatro de ellos registran la mañana, tarde, noche y madrugada de ese 31 de diciembre. El quinto cuerpo es una crónica sobre el proceso de exhumación y beatificación.


En el foto libro también se registra un diario con las reacciones de las personas, del actor, junto a frases del doctor y denuncias sobre la pandemia.


El proyecto fue financiado por diferentes empresas comerciales no editoriales. Y aunque muy pocas imágenes desconciertan por su rol casi turístico, en su mayoría es un cuidadoso trabajo sobre los procesos de sanación y diálogo con los lugares que ocupamos.












 
 

Según sus diarios, el artista estadounidense Keith Haring estaba convencido de que el arte era un enlace fundamental a la vida. Reconocido por sus críticas a la guerra, a la televisión como artefacto alienante de la sociedad y su incansable lucha por la igualdad, este artista y activista intervino los paneles de publicidad en el metro de New York con un lenguaje propio a partir signos y dibujos. Su intención era llevar el arte a la calle para ofrecérselo a las personas en su rutina, sin desigualdad, y convencido de que el arte es un derecho de la humanidad. Que, de hecho, lo es. Haring tenía alrededor de veinte años, cuando escribió:

“creo que el arte debe formar parte necesariamente de nuestro entorno, de nuestra sociedad. El arte es una idea, una forma de vivir, de ver y de ser, una actitud hacia la vida, es el respeto y la comprensión del orden"

Esta reflexión también se traslada a una de sus preocupaciones más recurrentes: la trascendencia de su propio arte. En 1976 registró lo siguiente en sus cuadernos de apuntes:

"Me he preguntado si alguna vez seré aceptado en los museos o si desapareceré con mi generación”

Esa duda vital de trascender, que se repite en cada joven artista de cualquier generación, resuena constantemente en las experiencias que replico con los jóvenes. Y no porque todos con los que suelo conversar quieran ser artistas, o porque crea que sus ideas del mundo no son capaces de transformarse a medida que transcurre la vida, sino por la importancia de dar a conocer la reflexión acerca de cada generación a partir de la voz de sus protagonistas.


Es por eso que, tras mis experiencias con En tiempo presente (Gijón) y el Diari del resguard (Barcelona), realizadas con grupos de jóvenes en ciudades distintas de España durante el 2020, año de la pandemia, quise ampliar el marco de acción a otro país. La oportunidad surgió con la invitación que me hizo la Biblioteca Luis Ángel Arango para realizar un laboratorio de creación, a través de Diedre Becerra, líder del Servicio de mediación de lectura y escritura, quien coordinó y apoyó incondicionalmente en este trabajo. De esta manera logramos trasladar las dudas a un grupo de jóvenes diversos de Colombia.


En este laboratorio fue posible evidenciar cómo desde una conversación libre y espontánea y desde una escucha atenta a los jóvenes, se logra conocer sus intereses y preocupaciones. ¿Cómo ven la lectura en la escuela? ¿Qué tipo de libros los interpelan? Abrimos la mirada para saber cómo el arte en sus diversas manifestaciones habla de su identidad.


Proyectos como estos se constituyen en una invitación para los mediadores a habitar el mundo de los jóvenes, a disfrutar y conversar sobre las películas y series que comparten, sobre su relación con la escritura, sobre la música que forma parte de su cotidianidad. A partir de allí surge la clave contundente: Escucharlos, conversar abiertamente con ellos y abrir los espacios para conocerlos en su singularidad. Romper paradigmas y verticalidades. Sentarnos a su lado y conversar desde preguntas abiertas y enriquecedoras que abran puertas y derriben muros.


EL ORIGEN


Como sabemos, en marzo de 2020, Colombia también decretó el estado de emergencia a causa del COVID. Para registrar la incidencia de este hecho en la vida adolescente, llevamos a cabo un laboratorio de creación con jóvenes que participaban desde distintas partes del país. Se reunieron 14 jóvenes de diversas edades que vivían en las localidades de Bogotá, Yopal, Mosquera, Pereira, Pasto, Bucaramanga, Neiva, Silvania y Soatá. Bajo el nombre colectivo de poetas viajeros, crearon un punto de encuentro, a pesar de las distancias.


Para llevarlo a cabo, tuvimos diversas sesiones de videollamadas en donde exploramos la idea que estos jóvenes tienen del mundo y la actualidad, pero también conversamos sobre la edición de libros de artista, la realización de fanzines, del movimiento surrealista y dadaísta en el arte y su impacto social, leímos poesía y diarios de artistas y de foráneos. Sumado a esto, teníamos una cuenta de correos creada para el proyecto. Nos comunicamos a diario, como un colectivo de edición, para consolidar el resultado final.


Recogimos textos e ilustraciones personales, fotografías, obras de arte, ejercicios literarios, conversaciones, recomendaciones e hicimos nuestra banda sonora 2020. Fue un trabajo arduo, constante y exigente, pues toda decisión pasaba a discusión del colectivo. Aunque los catorce jóvenes participaban de manera activa, un grupo de ocho se mantuvo firme y constante en el trabajo del diálogo constante.


Inspirados en los libros “La caja verde” de Marcel Duchamp, que fue considerado el primer libro de artista publicado en 1934, y en “Mi querida Babel” de Juan Pablo Silvestre y Ana Juan (editado por La mano cornutta en 2014), decidimos hacer del diario un espacio de posibilidades. Es por esta razón que los jóvenes quisieron resaltar aquellos objetos que fueron útiles durante el confinamiento, más allá de la mascarilla, los guantes y el alcohol.

Esta experiencia les sirvió para explorar su propia idea del encierro pero también su forma de conectar con el mundo. Hicimos un registro personal de aquello que nos sirvió de resguardo durante los días de incertidumbre. Esta obra no tiene ninguna intención comercial. El uso de estas imágenes sirven como un registro arbitrario de sus rutinas o la posibilidad para la recomendación cultural a otros lectores. Esta caja, en físico, tendrá dos ejemplares únicos: el de PezLinterna y uno que podrá encontrarse en la Biblioteca Luis Ángel Arango cuando la situación de la pandemia lo permita. Probablemente a mediados del 2021. La idea de hacer un solo objeto es respetar la esencia del libro de artista y mantener la idea de trascendencia dentro del archivo y la memoria cultural de este año. En palabras de estos poetas viajeros:

“hicimos una voz colectiva que registra este momento, es un ejercicio de la memoria”

Estamos satisfechos y contentos de compartir el resultado final. Ahora bien, esta caja es compleja, como lo fue el trabajo colectivo. Es más que una anécdota efímera. La caja contiene diversos materiales y cada uno de estos corresponde al objeto que ellos eligieron como importante en su resguardo. Por ejemplo, el diario impreso corresponde a los "libros", objetos que le sirvieron a Carol (15 años) como refugio durante la pandemia. Es por eso que, para comenzar a observar dentro de la caja, hablaremos primero de ese diario:


1. EL DIARIO DEL RESGUARDO


Una de las discusiones más largas y sostenidas durante el mes octubre fue elegir una palabra entre resguardo y resistencia. Para una parte del grupo, vivir la pandemia en Colombia era una situación de resistencia. La contraparte argumentaba esa capacidad de resguardo que les permitía a ellos poder elaborar una conversación sobre la pandemia. Después de muchas idas y venidas, terminó imponiéndose el resguardo. Aunque, si me preguntaran a mí, su forma de confrontar esta edición colectiva habla mucho más de su resistencia.


A continuación, comparto el índice del diario. Este fue otro de los debates complejos, pues consistía en crear la estructura de nuestro libro. Pensamos en qué queríamos contar y cómo. En este índice se reúnen los elementos que podemos encontrar arbitrariamente en el libro, así como los signos que nos revelan qué tipo de recomendaciones hay en sus páginas:


*al final de este post, podrás acceder al diario completo.


2. PETIT MUSEO


Inspirados en el movimiento dadaísta y en la obra de la artista plástica y fotógrafa alemana Hannah Höch, intervenimos a manera de collage casi todos los ojos de las imágenes que se encuentran dentro del diario. En esas intervenciones, usamos ojos de obras de arte famosas. Si van hacia atrás y observan la imagen que se encuentra después del índice, verán un ejemplo sobre el rostro del personaje de la serie Gambito de reina.


Por un lado, lo hicimos como un recurso estético, aprovechando las virtudes del collage para incitar al lector a ver desde otra mirada. También lo hicimos a manera de juego. El "Petit Museo" está conformado por láminas negras con las obras de arte expuestas. Cada una tiene su ficha técnica. El lector puede ir adivinando cuáles ojos del diario corresponden a cuál obra de este museo. Es una nueva propuesta para volver a leer el diario desde las imágenes.


Hay un dato aún más importante, al darnos cuenta que muchos de los libros que se citan son mayoritariamente de voces masculinas, decidimos proponer muchas obras de artistas femeninas para esta intervención. Por aquello de poner en orden la balanza.


Por último, cuatro de los jóvenes, decidieron ofrecer obras personales. Estas ilustraciones se Se exponen en láminas separadas. Este "Petit Museo" corresponde al objeto "acuarelas" que resultó ser esencial para la cuarentena de Daniela, que tiene 13 años.


3. EL IMPOSTOR


Tomás era un gran conversador, pero además tenía dos grandes habilidades: pintar a lápiz y escribir. Con 14 años, durante la cuarentena, descubrió las virtudes de un "lápiz 3B" como objeto esencial para poder explorar estas posibilidades.


Una de las consecuencias fue la escritura del relato El último Agutí, una historia poderosa sobre la contienda rutinaria de los animales en su hábitat contra una familia en el campo. Este relato no correspondía a la identidad de los otros textos que, a manera de diario, había entregado el resto del grupo. Sin embargo, estábamos de acuerdo no sólo de su calidad sino de que representa su propia exploración. Fue por eso que decidimos llamarlo "el impostor" como en el juego de Among Us, que tuvo tanta repercusión en la cuarentena.


Este ejercicio de ficción era un infiltrado que quiso alterar nuestro orden pero, a su vez, quería formar parte de nuestro hábitat. Por eso se mantiene, independiente, en la caja.



4. UN CALENDARIO ÚTIL


Como el objeto esencial de Karen (14 años) era una "cartuchera", por ser la contenedora de muchos objetos posibles, hicimos del 2020 un calendario más útil. Transformamos cada mes en doce tarjetas con fotos de arte urbano de la ciudad de Bogotá. Estas fotos, expuestas como si fueran imágenes de un perfil de Instagram, son la parte delantera de un calendario que mes a mes contiene una frase de algunos de los libros que ellos hayan leído en cuarentena. Son frases para dar ánimo, como las que se desprenden de las agendas.


5. BANDA SONORA


Laura de 20 años dijo que lo más esencial para ellas fueron sus audífonos.

Este fue un objeto que se repitió en muchos otros jóvenes. Por eso, entre todos armamos una banda sonora de 46 canciones que pueden encontrarse en Spotify o YouTube. Algunas imágenes de estos vídeos también sirvieron de apoyo para la creación del diario. Ahora bien, quisimos también recoger algunas palabras que sean propias de Colombia, y que forman parte de su banda sonora cotidiana. Estas palabras están impresas sobre papeles de colores, así como una hoja con códigos qr para descargar la banda sonora.


Por cierto, en respeto al animé japonés Candy Candy y de cómo su canción formó parte del inconsciente colectivo de muchos jóvenes veinteañeros de América latina, hemos escondido al personaje de Candy en una de las páginas del diario. Como si siguiera habitando entre nosotros.


6. RUBÉN BLADES CONFINADO


El objeto con el que hice mi aporte en el diario fue un "juguete antiestrés". A partir de la idea del juguete y una reflexión que Tomás había hecho durante nuestras conversaciones (puede leerse más atrás, en el apartado diario, en la imagen donde ellos conversan sobre el acto de leer). Al Rubén Blades confinado lo podemos vestir de distintas maneras. Sus posibilidades varían en imágenes relacionadas al arte, a los videojuegos o al acto de leer.


Si quieres poder interactuar con este Rubén Blades confinado, solo basta que lo imprimas, recortes y juegues. En palabras del propio cantante y muy a tono con esta actualidad:


"Decisiones, cada día, alguien pierde, alguien gana, ¡Ave María!"



7. EL ESPEJO


Al sacar todo de la caja, podrás encontrar un "espejo". Este objeto esencial corresponde a Sofía de 16 años. Sobre ese espejo hay, primero, un papel cebolla con una mascarilla impresa. La idea es que saques ese papel, y puedas ver tu reflejo en el espejo. Que cada lector vea sus propios ojos, su rostro, que entienda que son más que un simple objeto que los identifique.


Esto nos hace libres.


Y también nos entrega el último objeto de la caja: una galería en forma de acordeón en la que los pájaros vuelan libres por los cielos a pesar de las infinitas posibilidades que ofrece el caos. Este acordeón dialoga con la última página del diario, una obra de la artista Remedios Varo. A continuación, compartimos esta pequeña galería, imaginen que se trata de un acordeón desplegable que los rodea. Todas las fotos de los cielos fueron tomadas por ellos mismos, con ganas de poder salir del resguardo y confrontar al mundo al que pertenecen:



Si llegaron hasta aquí es porque sienten curiosidad.


Aquí podrán ver el diario completo y si entran al issuu, también verán las separatas en donde se encuentran el resto de los materiales de la caja. El diario completo aquí:









 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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