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EL BOSQUE DE LOS MIL OJOS

Frances Hardinge

Ilustra: Emily Gravett

Traduce: Noemí Risco

Bambú, 2025



El bosque es el enemigo. Se expande, crece, es capaz de devorarlo todo hasta transformarlo, y los humanos son muy conscientes de su poder. Por eso viven detrás del muro, una frontera que los protege de ese espíritu, de ese hambriento ejército con el que se mueve la naturaleza. La joven Pluma y su hurón, Lustroso, deciden adentrarse en una peligrosa expedición, con tal de encontrar respuestas que los ayuden a evitar que ese avance se vuelva inmanejable. Y eso es un problema, porque Pluma no peca de ingenua, sino de curiosa. Impulsada por el hambre de entender, se vuelve imprudente. Esa confrontación con el espacio del otro, con los personajes inesperados que se cruzan en su camino, pero también con las normas que rigen ese mundo inhabitable, la enfrentan a una pregunta irremediable: ¿qué hace una persona cuando lo único que la separaba del miedo ya no existe?


En esta breve historia de aventura y misterio, Pluma no “descubre el mundo” como quien colecciona postales: aprende cosas prácticas, incómodas, muy de supervivencia (cómo se consigue agua, cómo se pesca, cómo se inventa una herramienta), pero cada hallazgo tiene una capa emocional y política. Porque en el camino aparecen otras comunidades, aisladas entre sí, que han desarrollado soluciones distintas para un mismo problema. Y entonces el libro se vuelve, sin avisar, un relato sobre la circulación del conocimiento: lo que se salva cuando se comparte, lo que se pierde cuando se guarda como secreto, lo que se vuelve poder cuando se monopoliza.


En ese sentido, El bosque de los mil ojos es un libro sobre fronteras. La frontera física, sí (el Muro, el límite), pero también la frontera mental: lo que una comunidad se permite imaginar. Hay algo muy fino en la manera en que Hardinge escribe el miedo colectivo: no como cobardía, sino como sistema. El temor se institucionaliza, se hereda, se vuelve argumento moral. “No salgas”, “no preguntes”, “no mires”. Y claro: si el Bosque tiene mil ojos, la gente también aprende a vigilarse entre sí. El afuera amenaza, pero el adentro controla.


Y luego están las ilustraciones de Emily Gravett, que no funcionan como adorno ni como pausa simpática, sino como atmósfera. Hay un trabajo de textura que parece insistir en que el Bosque no se queda “allá”: se mete en la página. Entra por los márgenes, roza el texto, hace sentir esa invasión lenta que, en una historia así, es el verdadero terror: la certeza de que algo avanza mientras se intenta llevar una vida normal. Es precioso y opresivo a la vez.



 
 

Actualizado: 26 dic 2025


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GENEALOGÍA

María Teresa Andruetto

Ilustra: Santiago Guevara


Dos breves historias gráficas, hechas a carboncillo a través de viñetas, registran las experiencias de personas migrantes en dos épocas distintas. Al inicio, los procesos migratorios de familias europeas hacia América, signados por un color tierra; y, posteriormente, otras migraciones, en color azul mar, muy similares a los desplazamientos contemporáneos de África hacia Europa. Ese contraste está interceptado, en el centro material del libro, por un poema de María Teresa Andruetto, en el que se va deshilvanando la genealogía de una familia en movimiento. En ese espacio de respiro, entre un tiempo y otro, se configura una línea femenina en la que se desplaza la carga de contar la propia memoria familiar: trabajo, crianza, viajes de ida, decisión de quedarse.


El poema comienza con la premisa de una foto del casamiento de sus padres. No se trata de una historia de aventuras, sino de un ejercicio simbólico en el que distintas formas de narrar coinciden en un mismo diálogo: las consecuencias afectivas de la migración. Cada escena es breve, concreta, casi como una fotografía verbal de la que emergen una bisabuela, una hija, una travesía, una forma de sobrevivir. El poema avanza por acumulación y por ritmo. Lo que no se dice pesa tanto como lo que se nombra. Y, en ese sentido, el libro funciona como una especie de inventario afectivo: no del “yo”, sino de lo heredado. ¿Qué se transmite, realmente? ¿Un apellido? ¿Un modo de mirar? ¿Un cansancio antiguo? ¿Un miedo que aprendimos sin saberlo?


Pero este poema es apenas la cadencia del mar, un susurro de fondo, entre los vórtices del libro que enuncian el recorrido físico y visual de las personas migrantes. No solo en los detalles del rostro o en la incertidumbre del paisaje, sino en el giro simbólico entre tiempos y en los muros que existen en la actualidad. En ese sentido, la genealogía no solo habla del linaje de una familia, sino de una repetición histórica, en la que el contraste de la imagen opera como reclamo político y social. La frontera contemporánea representa un inhumano acto de violencia contra los derechos humanos. Citando a Valeria Luiselli en su libro Desierto sonoro: “Hay una compatibilidad de nuestras soledades, y una absoluta incompatibilidad de nuestras situaciones”.


Originalmente publicado en 2024 por la editorial colombiana Babel, llega a España este año en una coedición con Libros del zorro rojo. Genealogía es un libro fragmentario, peculiar, breve y, por eso mismo, incisivo y difícil de clasificar. Establece una poética propia al trazar líneas invisibles entre sus diversas representaciones. Más que construir un sentido cerrado, genera inquietud alrededor de la idea migratoria, tanto por quienes fueron parte de esa ola en el siglo XX como por quienes lo son en el siglo XXI. El agitamiento de conciencia forma parte de la propuesta: no es ausencia de sentido, sino un ejercicio humano de replantearnos las condiciones y razones por las que tantas personas salen en busca de nuevas oportunidades. La ausencia, al fin y al cabo, también puede ser una trampa de la memoria.



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LOBO

Saša Stanišić

Ilustra: Regina Kehn

Traduce: Alfonso Castelló

Siruela, 2025


Kemi, el narrador de esta historia, es obligado a pasar el verano en un campamento en medio del bosque. Le abruma tener que compartir literas, lidiar con los insectos, hacer rutas de senderismo, socializar con desconocidos. Y, evidentemente, lo primero que le toca es compartir con Jörg: un personaje que ama la naturaleza, que pinta como los dioses y que tiene un amplio conocimiento sobre el mundo. Es alguien digno de admirar.


La relación de ambos se sostiene sobre el eje fundamental de esta historia: la amistad. Porque, si bien hay un tema evidente y constante en el libro, no es el motor real de las acciones. Jörg, por su ímpetu hacia el conocimiento, es también profundamente tímido, y eso lo vuelve un blanco fácil para otros jóvenes que se burlan de él y lo acosan. Ese es el razonamiento de Kemi, quien entiende esa vulnerabilidad como un “permiso” para los abusones, y por eso prefiere hacerse a un lado para no ser el próximo.


A este conflicto se le suman unos extraños sueños que Kemi tiene con un lobo. Trata de buscarles sentido, de entender algún mensaje simbólico, pero poco a poco se da cuenta de que su búsqueda de respuestas y la evolución de Jörg dentro del campamento pueden ir de la mano. Las ilustraciones son apenas un acompañamiento al texto, con el uso de un color amarillo que genera la sensación de una linterna iluminando el bosque. Lo importante es la soltura del relato y la precisión del texto en su traducción.


Una novela contada con humor, sarcasmo, y con párrafos y diálogos concisos, aborda el tema del bullying sin convertirlo en un eje escolar de manual. No hay víctimas, ni santos, ni figuras monstruosas capaces de cualquier cosa en nombre de la caricatura de lo malo. Lo mira como es: un sistema pequeño, cotidiano, insistente, que se instala en un grupo y se alimenta del silencio del resto. En ese sentido, la valentía no se vuelve un acto épico, sino un paso pequeño en el momento exacto.


"¿Por qué los folletos sobre bosques no enseñan las astillas en los dedos ni las garrapatas?"


 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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