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PERRA MALA 666

Jimena González, Gizeh Jiménez, Sara Uribe, Sandra Sánchez, Lázaro Izael, Citlalli Ixchel, Elvis Guerra, Elizabeth Rivera, Lia García (La Novia Sirena), Alioth, Sabina Orozco, Lucía Rueda, Iveth Luna Flores, Eui Chin Talamantes, Alex Toledo, emaLúa gcanchola, Odette Alonso, yol segura, Romina Jauregui, Priscila Palomares, Nancy Niñofeo.

Selección y prólogo: Gizeh Jiménez & Priscila Palomares

EL BRILLO “2025”



Perra Mala 666 es un título que, en sí mismo, mezcla distintos calificativos asociados a la maldad, a lo diabólico, a lo impúdico de lo femenino. Perra (el meme de “yo también soy perra y muerdo”); Mala (como Lilith, la primera mujer creada con “inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro”, según la interpretación de un midrash judío del siglo X); 666 (el número de la bestia). Es un título construido para causar alarma, tanto en quien escucha como en quien lee. No promete ni quiere ser un lugar cómodo ni delicado: se anuncia como una forma de estar, desde esas etiquetas con las que suele señalarse lo que las personas no son capaces de nombrar. Esta antología es un registro comunitario de poemas (y realidades alternas) que no se enfocan en su “calidad” como piezas canónicas, sino en su capacidad de sonar estridentes, inquietantes, imperativas.


Este libro representa más de siete años de voces disidentes en distintas ciudades de México, en donde se han dado encuentro personas jóvenes con adultes, migrantes con natives, habitantes de la ciudad con los de la ruralidad. Es un poemario que no sólo reúne sino que convoca, como labor de pequeño archivo, algunas voces que han usado el micrófono abierto para enunciarse desde la poesía. Gizeh Jiménez, la persona encargada de iniciar, mantener y sostener este proyecto, “busca poner en el centro las voces de las personas trans y disidencias sexogenéricas”. Ella arma esta relevante selección en formato libro para acercar esas pequeñas obras a todes quienes aún no les han escuchado.


La compilación mezcla voces reconocidas con poetas novates. No hay un proceso de edición, sino de acompañamiento. Se respeta la oralidad como un acto político, pues no se pretende domesticar la temperatura de una palabra: una confesión, una huella dicha al micrófono. Se nota que este libro no nació para agradar a un canon, sino para inventar un lugar: uno donde escribir no sea permiso, sino derecho; donde la poesía no sea un club, sino una puerta. Es un libro para leer en voz alta.


Y ahí está su verdadera fuerza: Perra Mala 666 no funciona como vitrina, funciona como coro. Un coro de experiencias: el cuerpo como territorio, el deseo como idioma, la violencia como marca social, la identidad como algo vivo y cambiante, la amistad como forma de sostén real. Más que poesía, es una atmósfera en la que quienes leen se adentran, se confrontan, se identifican o se remueven. Hay diversidad de tonos, formas, construcciones, diseños: la palabra es arcilla que se moldea y, de manera irremediable, también conmueve.


Al final, la poesía muta de género a gesto. Existe porque alguien, alguna vez, se puso de pie con su voz para decirle algo al mundo y reorganizarlo alrededor de esa voz. El libro se presenta muy bien editado: una portada rosa, poderosa; biografías identitarias; estructuras cuidadas y detalles de viñetas que, como copistas, agregan información extra a algunas palabras sueltas de los poemas. Poder tener ese material impreso en papel es un gesto de presencia y pertenencia en el mercado cultural, que marca un acento y abre otras posibilidades de movilizar la palabra fuera del cuerpo.


"Acá, del otro lado de la esperanza, estamos dulcemente solas".


 
 

HABITACIÓN PERSONA SOLA

Omar Castro Villalobos

Visor, 2025



La voz que se nombra dentro de estos poemas habita un espacio mínimo, donde cabe lo imprescindible: un cuerpo, unas fotos pegadas en la pared desgastada, el sonido de una ciudad inquieta, una rabia. La persona lectora no se topará con un poemario al uso, sino con un sujeto que ha perdido su intimidad, y no por decisión propia, sino por su condición de alquilado. Este poemario parte de una realidad concreta: la dificultad de los jóvenes para conseguir un espacio propio en el que contarse en la ciudad de lima (siempre escrita en minúscula, como arrebato político del lenguaje); y de una realidad habitacional cada vez más extensible a muchas otras ciudades de las que nos gustaría pensar. El libro no romantiza la precariedad: la nombra con fría precisión. En ese sentido, uno de sus gestos más potentes es meter datos, cifras, fuentes, notas al pie. Sí: notas al pie, como una prueba que acompaña al poema para que nadie lo reduzca a lamento.


La estructura de este breve poemario es fundamental, porque se articula desde lo personal, en una lucha por la intimidad, pero sin dejar lo pragmático por fuera. Hay poemas que aparecen como declaraciones de amor y se ven intervenidos por el humo de la calle, el ruido de las manifestaciones o las intervenciones policiales. La realidad de algunos países de Latinoamérica forma parte del ecosistema en el que se desarrolla la vida de esta voz poética.


Formalmente, Habitación persona sola trabaja con una escritura quebrada, hecha de materiales distintos: verso, documento, lista, registro, nota. Esa mezcla no es capricho: se parece a la vida que narra. Una vida hecha de fragmentos, de mudanzas, de conversaciones cortadas, de contratos breves. El libro también recoge frases de arriendo como: “no se puede cocinar dentro de la habitación”, “no mascotas”, “prohibido lavadora”, “mes adelantado…”. Leídas en cadena, dejan de ser “reglas” y se vuelven una forma de control íntimo: no solo te dicen dónde vivir, te dicen cómo vivir. Qué hacer con tu hambre, con tu compañía, con tu ropa sucia, con tu manera de estar en el mundo. Y ahí uno entiende que el título no es un rótulo neutral: “persona sola” no es un estado sentimental, es una categoría de mercado.


Y, sin embargo (y esto es clave), el libro no se vuelve panfleto. Hay belleza, pero una belleza rara: la de aquello que se dice de forma verdadera. Hay deseo, hay cuerpo, hay escenas íntimas, pero siempre con la conciencia de que el cuerpo también paga: paga transporte, paga alquiler, paga comida, paga cansancio. Y el cansancio aquí no es metáfora: es una materia que se deposita en la cama, en ese gesto de volver a un lugar que no te pertenece.


"hay cosas que nacieron tras un golpe de estado / jóvenes como yo, por ejemplo"

 
 

LOS MUCHACHOS DEL APOCALIPSIS Jorge Galán

Alfaguara, 2025



Las temperaturas están bajando de forma estrepitosa en El Salvador. Este evento climático sin precedentes puede traer consecuencias nefastas para la comunidad, porque no están preparados para tanto frío. Se dice en internet que ya ha muerto gente a causa de esta crisis, pero lo que de verdad más les preocupa a los “muchachos": Sonia, Antonio, Nana, Tomás, Maca y Lucy, es sobrevivir cada día. Y es que no existe apocalipsis capaz de rebajar la violencia cotidiana de un sistema fallido. Estos jóvenes habitan barrios marginales, con sus dinámicas y con esa atmósfera tensa como un péndulo constante. Es más fácil (y más probable) morir dentro del barrio que por un meteorito inesperado. Los seis son conscientes de esa realidad.


Con personajes jóvenes profundamente bien construidos, la novela se estructura alrededor de un coro, con episodios en los que la persona que lee va explorando cada una de sus circunstancias. Personajes como Lucy que buscan migrar al Norte a pesar de cualquier riesgo; o Tomás, que se esconde en una cisterna vacía bajo el patio de su abuela para no ser encontrado por un delincuente. Un delincuente que violó a Sonia, quien cumple una condena en prisión por abortar. Porque sí: aquello que parece improbable forma parte de la lógica de un Estado en el que lo último que importan son los derechos de sus ciudadanos. La historia de Sonia, no en vano, está basada en la realidad objetiva de muchas chicas a las que obligan a ir a prisión antes que tener derecho a la libre decisión sobre su cuerpo y la maternidad.


Este coro no es un alegato a la amistad; al contrario, se construye desde relaciones bastante realistas, donde a veces la lealtad puede ser un salvavidas, pero la crueldad también es un lenguaje aprendido y compartido. A medida que se ensamblan todas las historias, quien lee encuentra ternura breve, escondida; la risa como contraseña; el miedo como clima y cierta inocencia en la forma en cómo se relacionan con lo íntimo. El libro trabaja con esa energía de pandilla afectiva: cuando el mundo es hostil, lo colectivo es refugio, aunque el refugio también tenga grietas. No es una historia lineal, sino una hecha de fragmentos violentos, capítulos breves, como si fueran también supervivientes de la memoria.


Por eso el apocalipsis no es lo más terrorífico: la falta de futuro es una sensación constante. El libro no necesita monstruos de fantasía; le basta con la experiencia de crecer dentro de un sistema que se cae a pedazos (o que, peor, ya aprendió a sostenerse cayéndose). La prosa coquetea entre el nervio, lo concreto y lo inesperadamente poético. Aparecen imágenes y escenas que parecen sencillas, pero se quedan resonando: una conversación mínima que muestra el tamaño real del abandono; un gesto entre amigos que, por un segundo, salva; una calle que no es solo calle, sino sentencia.


Otra capa que el libro explora es la masculinidad. Estos muchachos no están aprendiendo a ser hombres en un sentido épico, sino en un sentido brutal: aprender a no llorar, aprender a responder, aprender a endurecerse antes de tiempo. Y, sin embargo, el libro deja ver el costo de esa armadura con el cuerpo tenso, el afecto mal traducido, la rabia como idioma principal. La pregunta de fondo es terrible y simple: ¿qué tipo de sensibilidad queda disponible cuando te educan para resistir y no para sentir?


Este no es un libro cómodo ni esperanzador. No busca dejarte con moraleja ni con consuelo fácil. Es de los que duele. Lo que ofrece es una mirada directa, a ratos amarga, a ratos sorprendentemente tierna, sobre lo que significa crecer cuando el futuro parece un privilegio ajeno. Como persona que lee, terminas y te queda una sensación inquietante. Descubres que el apocalipsis, en realidad, no estuvo nunca en el final, sino que coexiste en su entorno.


"Sabrás lo que es cuando sea el tiempo propicio, porque nadie tendrá manera de no saberlo. Nadie puede mirar hacia otra parte en medio de la apocalipsis".

 
 
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