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Actualizado: 18 ago 2021


Liniers llevaba tres años con Bonjour cuando Maitena lo presentó en el diario La Nación. Diez años después, Macanudo, las tiras allí publicadas (y luego compiladas y recompiladas en nueve libros), forman parte del ritual diario de personas dentro y fuera de Argentina.

Lo que aparece en Macanudo da esa sensación de imponente fragilidad que brinda la mezcla de acuarela con tinta. En sus tiras hay personajes entrañables y se percibe siempre un humor de altura, recogido por una mente inteligente: las referencias son tan abundantes como variadas. He encontrado, sin embargo, algo más valioso que todo eso; algo que se hace consciente después de una, dos, tres lecturas de esas viñetas a las que siempre volví sin saber por qué, como si de un norte coloreado se tratara. Lo verdaderamente macanudo de Macanudo es que funde personajes, referencias y temas en un reflejo descarnado pero tranquilizador de nosotros mismos. Tomando en cuenta estos elementos (personajes y líneas temáticas), me encargaré de hacer una lectura atenta, aunque breve y sin intenciones de análisis riguroso de lo que ha sido la producción más famosa (que no la única) de Ricardo Siri, Liniers.

Personajes: Lo tridimensional en plano

Al mundo macanudo entran y salen personajes con total libertad. Liniers le da el papel a todo el que se presente a la audición (así el papel sea de personaje rechazado para la tira). Están los conocidos, a los que nos alegra ver de nuevo, como a un amigo después de un tiempo. Otros permanecen allí solo por la duración de una historieta (a veces menos). Lo cierto es que son muchos y variados. Aunque, quizás (solo quizás), puedan clasificarse.


Animales


En Macanudo hay pingüinos, focas, ballenas, vicuñas, ovejas, perros (con sus pulgas), elefantes, moscas, abejas, vacas, cerdos, orugas, mariposas, pájaros, ranas, gallinas, jirafas… Una fauna tan variada que ni el Arca de Noé habría podido albergarla. Algunos de estos animales hablan, piensan, se cuestionan, cambian de apariencia, dictan cátedra de cine. Otros simplemente están allí. Se mueven, o no. Es especialmente interesante la fascinación de Liniers por los “bichos”. Por las abejas, los mosquitos, los escarabajos. Pareciera querer acercarnos a esos seres pequeños, a lo que normalmente no vemos hasta que está debajo del matamoscas.

Anónimos

Existen muchos personajes sin nombre. Se pasean por las historietas, solos, con amigos o con pareja. Está el señor muy alto que tenía muchos amigos, pero no salía nunca en las fotos, o el que afirma que nadie nunca ha soñado con un tractor. Está el que piensa que a él nunca le va a tocar encontrar a alguien (pero le toca) y el que finge tener una guitarra en los hombros porque le encanta esa canción. Algunos repiten, otros no, pero algo dejan en nuestra memoria. Si los viéramos por allí, trataríamos de recordar de dónde los conocemos.

Apellidados

Reyes, Álvarez, Mancini, Gutiérrez, Lezama… La guía telefónica se vuelca sobre Macanudo. Es la gente que anda por ahí, sintiéndose mal o bien; leyendo un libro, viendo a alguien que complica la noche, viviendo así o asá. Son nuestros apellidos, aunque no lo sean. Somos nosotros los que andamos por ahí.

Poderosamente raros o raramente poderosos

Los héroes de Macanudo son un hombre con músculos llenos de lágrimas, uno que levita y que también habla francés, un mimo que no es muy bueno y que al final tiene que hablar para explicarse y tantos otros con ‘poderes’ especiales por lo extraños.

Celebridades

Liniers no duda en usar la cara de Brad Pitt sobre un hombre, o en que el Misterioso Hombre de Negro se convierta en el actor Ricardo Darín. Y cuando no son ellos, utiliza a famosos imaginados… y a sus egos.

Personajes célebres

Que no es lo mismo que celebridades. En Macanudo se homenajea, con chistes, a diversos personajes conocidos, vengan de las artes, la mitología o la cultura popular. Está un Picasso casi omnipresente. Está Frida, está Pandora, está Clark Kent de pequeño.

Personajes recurrentes

Los de la casa, los sospechosos habituales, son tan variopintos como los demás. En esta clasificación entra desde Enriqueta, (que le hace guiños a Mafalda) hasta Z-25, el robot sensible, pasando por el Capitán Déjà Vu (Capitán Déjà Vu, Capitán Déjà Vu). Sea que nos gusten más o menos, que pensemos que encierran sabiduría o que son realmente trogloditas como Alfio, van instalándose en nuestro imaginario y en nuestros afectos.

Personificaciones

Liniers nos enseña cómo se ve una duda, una pesadilla, una inspiración o una melancolía (que no hay una sino varias). Una vez que tienen forma, aspecto definido, una vez que puede conversarse con ellas, no parecen tan aterradoras.

Conejo Liniers

A partir de un momento en la evolución de Macanudo, comenzamos a ver a un conejo que vive Las verdaderas aventuras de Liniers. Se trata de aventuras mínimamente épicas (como la lucha para no gritar un gol cuando se tiene a un bebé durmiente en los brazos). Nos muestra una ventana a su vida y un abreboca a lo que serían otras publicaciones, como Conejo de viaje o Cosas que te pasan si estás vivo.

Estos personajes actúan, interactúan, reflexionan. Están tejidos con temas y situaciones variadas que les dan, dentro de las limitaciones del papel, una cierta tridimensionalidad, como si las capas de pintura los engordaran un poco.

Temas: Cosas que te pasan (o que desearías que pasaran) si estás vivo

El universo macanudo, incluso en su riqueza, se organiza alrededor de unos centros discursivos. Sin ánimos de entrar en análisis sobre los temas profundos que subyacen, apuntaré, sin embargo, algunas de estas líneas temáticas que recorren las historietas.

Vida cotidiana y urbana

Los personajes de Macanudo viven casi todos en un entorno urbano (exceptuando, quizás a los pingüinos y a los amigos imaginarios). Muchas de las historietas giran en torno a las ‘pequeñas delicias (y tragedias)’ de la vida de todos los días. La canción que no puedes sacar de la cabeza, la desconexión que se siente con el ritmo frenético de la ciudad cuando se está comenzando la semana, el sueño con bocinas que solamente suenen en el carro de adelante. Aunque no es una en específico, el latido de la urbe se respira en Macanudo.

Cuestiones filosóficas

Animales, personas, duendes y monstruos, todos se plantean cuestiones filosóficas en un momento u otro. Se preguntan acerca del origen, la trascendencia, la realidad. Enriqueta nos recuerda, en una de las historietas, a Calderón de la Barca a través de su brevísima (y motivada por una mala calificación en matemática) disertación sobre la imposibilidad de distinguir entre sueño y vida.

Amores, desamores y afines

Los personajes de las tiras están constantemente empezando relaciones, rompiendo relaciones, viviendo relaciones. Están los recurrentes Lorenzo y Teresita, que parecen estar bien la mayoría del tiempo, aunque no siempre. Las historietas nos hacen desear situaciones así, o recordar que, efectivamente, hay momentos en los que estamos volando con una pareja y nos dejan caer sin anestesia.

Amistades, encuentros, desencuentros

Vivimos con ternura la relación entre Enriqueta, Fellini y Madariaga; nos conmovemos con el hombre que no le da un peso, pero sí un abrazo, a otro que estaba mendigando; nos entristecemos cuando el bicho que vivía en la ventana de un hombre (y que comía galletitas y que no hablaba) desaparece misteriosamente. En Macanudo las conexiones a veces se hacen… y a veces no.

Comentario y crítica acerca de la cultura contemporánea y pop

Unos hombres vestidos de traje, abrigo y con lentes de sol (un poco a lo Matrix) tratan de llevar para ‘su lado’ a uno que no cree en utilizar ropa de marca ni en comprar cosas que no necesita; cada tres años en Hollywood a alguien se le ocurre la misma película (para el beneplácito de sus colegas y superiores); el tipo de la publicidad de detergente se vuelve loco y quiere lavar a unas ovejas. Liniers está atento al mundo que lo rodea, y no vacila en utilizar la sátira para exponer lo que para él está decididamente mal.

Infancia

Martincito con su amigo imaginario Olga, pero sobre todo Enriqueta, nos dibujan otra vez lo que es (o lo que creemos que es) ser niño. Martincito porque lo vive y Enriqueta porque está viviendo su infancia de manera (casi) totalmente consciente: en una tira huele lápices de colores y en otra se angustia sobre qué libro leer, todo a partir del propósito de formar recuerdos valiosos de su niñez.

Magia, misterio e imaginación:Están los duendes, está un Fellini hablador, está el Misterioso Hombre de Negro, está Olga. Todos ellos, y tantos otros personajes, pueblan a Macanudo de algo que se entiende pero que no se puede explicar a partir de la lógica.Estas líneas discursivas, disímiles, confluyen en las historietas para dar unas respuestas, una imagen, un reflejo.

El espejo bondadoso

Con Macanudo, Liniers realiza un delicado y poderoso trabajo de construcción. Toma a sus personajes, los pone a moverse en torno a estas líneas discursivas, los mezcla con las más diversas y sutiles referencias (desde Fred Astair hasta Buda, desde el expresionismo abstracto hasta los Tamagotchi) y consolida un cuerpo de historietas que nos muestra lo que somos, sin tapujos, pero con bondad. Nos revela nuestras dudas, nuestros miedos, nuestros momentos perversos. Nos dice: está bien ser así; es normal que después de tantos años aparezcan algunas dudas; todos tenemos algo de malvados; algo de egoístas; algo de trogloditas. Acudimos a Liniers para exorcizar a nuestros propios fantasmas, para reírnos de lo idiotas que podemos llegar a ser, para calmar un poco a lo que a veces nos tortura. En Macanudo nos vemos y nos reconciliamos con nosotros mismos.


***Imágenes usadas en este artículo: 1. Detalle de pingüino ilustrado por Liniers. 2. Detalle de portada de Macanudo 9, próximo a salir a la venta. 3, 4, 5, 6. Historietas de Macanudo. Los derechos de las imágenes pertenecen a Liniers y de La editorial Común.


 
 

Actualizado: 3 sept 2021


Cuando Pa negre (Pan negro) sumó su novena estatuilla en la gala de los premios Goya en el 2011 como mejor película, se reseñó en distintos medios el triunfo de un film catalán en su idioma original. No se puede negar el acierto del director, Agustí Villaronga, en arriesgarse con la adaptación, a ratos oscura, de la novela escrita por Emili Teixidor, con un guión que también fue premiado con el Goya (la adaptación del libreto cuenta con elementos del libro Retrato de un asesino de pájaros, del mismo autor). La decisión no solo fue reconocida, sino compartida con el autor del betseller, escritor catalán y muchas veces traductor al castellano de sus obras. La novela originalmente fue publicada por Seix Barral en el 2003 y en su momento también fue reconocida como pieza literaria con los premios M. Àngels Anglada, el Lletra d’Or, el Joan Crexells y el Premi Nacional de Cultura de Literatura. El libro venía precedido de un gran historial de novelas donde resaltan Retrato de un asesino de pájaros (1988), Sic transit Gloria Swanson (1979), premio Serra d’Or, El libro de las moscas (1998), ganador del premio Sant Jordi, y su último libro publicado, Los invitados (2010). En sus obras para adultos solía conciliar la ficción con su memoria de la oscura época de la posguerra civil española. Solía infiltrarse en el silencio de las heridas, para contar las historias de un pueblo que apenas lograba reorganizarse como sociedad. Buscó en las palabras un espejo para reflexionar sobre el hombre en épocas de crisis. Oriol Izquierdo, en su elogio a Emili Teixidor en la página web de literatura catalana Lletra, se expresa acerca de esta línea temática de la siguiente manera:

Puede parecer que digo que Emili Teixidor escribe siempre la misma novela, la misma historia. Quizás sí. Pero a mí eso no me importa, porque su voz narrativa me seduce y porque su universo me atrae, a veces como suele atraer el vacío a los que tenemos vértigo: es esa atracción por lo que tendríamos que rechazar, el efecto de succión del espejo que nos devuelve la imagen menos amable de nosotros mismos, el monstruo que todos escondemos dentro (Izquierdo 2004: para. 5).

Emili Teixidor fue más que una voz narrativa del siglo XX español: había estudiado Comunicación, Derecho, Letras y Filosofía, para luego iniciarse en la Pedagogía. Más allá del campo literario, a él le preocupaba la formación del lector. Catalogado por muchos expertos como conocedor de la psicología infantil, él se encargó de revisar la niñez como un concepto deshabitado dentro de este espacio de la historia española. Junto a la tradición de autores como Juan Farias o Ana María Matute, Teixidor contaba desde la mirada, aparentemente inocente, del niño. Buscaba historias apartadas de la defensa de un ideal político, y se internaba en la gestación de las semillas a la sombra de una guerra. Su vocación de maestro lo llevó a colaborar en radio, televisión, teatro, periódicos, revistas, cine. Desde luego, fue reconocido como una importante figura dentro de la literatura infantil y juvenil en España.


Conocido, entre otras, por las aventuras de Miga, una tierna hormiga que decide romper con su ciclo natural e ir a recorrer el mundo. La amiga más amiga de la hormiga Miga, libro inicial de la serie, lo hizo merecer el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en 1997. Antes había publicado El pájaro de fuego (1972), considerada como una de las mejores novelas del género, e incluida en la lista de las cien mejores obras en español del siglo XX por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. En esta larga lista también se pueden nombrar las premiadas novelas juveniles Las ratas enfermas (1967) o Corazón de roble (1996), dejando por fuera mucha de su amplia producción. Mucho antes del éxito de la película en el 2011, Teixidor ya estaba consagrado en el inconsciente de los lectores españoles. El uso de la palabra modesta y directa dentro de su voz narrativa recrea un mundo referencial en detalles de la cotidianidad rural, un espacio donde recoger la memoria. El éxito de Pan negro, en cualquiera de sus dos formatos, radica en los códigos propios de una niñez sincera, o como expresó el mismo autor en una entrevista para El País: “Pese a todo, [los niños] lograban ser felices, en parte porque vivíamos en un mundo real y en otro oculto: la guerra no existía, era un misterio del que nunca nos hablaban” (Teixidor 2004: para. 4).

Andreu es el protagonista de Pan negro, eje en la película gracias a la dura e impecable interpretación del joven actor Francesc Colomer. Andreu es un niño que, sin proponérselo, cuenta su experiencia de la postguerra, restándole toda la fuerza dramática de los acontecimientos crueles de la Historia, pero no desde la edición, sino desde la práctica de una memoria infantil que vive a través de los juegos, relatos y descubrimientos, compartiendo una irreal época dorada. El personaje de Andreu forma parte entonces de dos ficciones yuxtapuestas: la suya creada naturalmente a partir de la memoria de la infancia, y la otra ficción que lo cuenta como parte del relato, siendo un artificio de la literatura y del cine:

Aprendemos a leer nuestras vidas como si fuera un libro, una novela con su inicio, su desarrollo, sus dificultades, sus éxitos y fracasos y su final. Cuando el espejo refleja otras realidades, todo ese universo a menudo está en contradicción con el mundo que nos ha tocado vivir: la vida impuesta por la realidad es como la cara fea y rutinaria de la vida imaginada, soñada, deseada, que hallamos en la literatura (Teixidor 2011: para. 33).

A raíz del triunfo de la película, otras críticas condenaban el agotamiento de la Guerra Civil como tema en el cine español. Las apariencias engañaban. Así como la exitosa novela Soldados de Salamina de Javier Cercas en el 2001 (también adaptada al cine) debatía el rol del ser humano y del héroe más allá de las banderas durante la Guerra Civil española, Pan negro cuenta sobre la niñez y la identidad como verdad y búsqueda después de la guerra. Andreu es hijo de padre republicano, vigilado, perseguido y detenido. Su madre, para sobrevivir, se dedica a trabajar en las fábricas de Cataluña, dejando a su hijo en la zona rural junto a su abuela y primos. Andreu cuestiona la inocencia de sus padres, se enfrenta al mundo de las apariencias de su familia, sus vecinos y de la sociedad que se construye: la propia y la ajena. Sus experiencias de la vida cotidiana en el campo, los juegos, o la “nada” de la rutina, se irán revelando en un viaje iniciático terrible colmado de pequeños pero impactantes sucesos que le trastornan la niñez. La violencia y las pasiones son cuestionadas por un niño que se apropia de la historia de su pueblo, para identificarse en ella. Andreu, sus primos y amigos forman parte de una generación que se encuentra flotando en un abismo “casto”, un purgatorio carente de palabras. Ellos viven en la aparente libertad que, en teoría, ofrece el final de la guerra:

Los mayores hablaban delante de los niños con total libertad, decían lo que tenían que decir y callaban lo que tenían que callar, pero la frontera entre la libertad total y el secreto absoluto quedaba un terreno yermo, desierto, en el que de vez en cuando caían señales, quejas, gritos, frases, comentarios… que cruzaban de un lado a otro, de la orilla de la libertad a la del secreto, antes de desaparecer fundidos en la oscuridad o disueltos en la luminosidad de uno de los polos, y gracias a esos momentos, a esas palabras que nos remitían a nuestro mundo de ignorancia y dependencia, podíamos intuir la enormidad, la pesadez y la complicación fascinante del mundo de los adultos, del cual nosotros estábamos excluidos, apartados, preservados de algún modo (Teixidor 2004: 33).

La historia de Andreu se convierte en un tributo al final de la niñez. Lo enfrenta a la realidad, a la violencia, a la carencia y al microcosmos que lo rodea. La poesía de su discurso está en la descripción del campo, en los sonidos que se revelan a través de las palabras ocultas. Bajo esa misma dinámica, el autor había creado pequeños esbozos de niños e identidad, por ejemplo con Marcabrú, el pequeño juglar de la novela histórica para jóvenes Marcabrú y la hoguera de hielo (1985). Este niño descubre su historia personal a partir de las palabras de los trovadores, rasgando el silencio adulto que esconde su origen, y reconociéndose finalmente en la tierra en la que nació, cantando los triunfos del rey Jaime I. O en las aventuras de un grupo de huérfanos afanados por buscar un espacio propio en la novela juvenil Renco y los amigos (1988).


Estas exploraciones de la infancia son un ímpetu necesario: “Las personas que no tienen ilusiones están condenadas a morirse de frío (…). De frío espiritual, claro” (Teixidor 1989: 178).

Obviamente, son muchas las diferencias que separan al libro Pan negro de la película. Por un lado, el libro se infiltra en la construcción de un sólido entorno rural, y la película más bien se enfoca en los desencuentros de Andreu con la realidad. Él, a partir de cada una de sus decepciones, se enfrenta con sus lados más oscuros, y decide poner en una balanza el pan negro, alimento del proletario que simboliza la derrota, y del otro coloca la opulencia del vencedor. La elección es propia, natural, engendrada del egoísmo de quien defiende un ideal a costa de lo que sea. Este niño es la visión de la pérdida real en una guerra social.


La historia de este protagonista, tanto en la novela como en el cine, concluye, cada formato con sus guiños, en descubrir el monstruo que se gesta en el equilibrio de ambos ideales. Andreu, en el libro, se nombra, se identifica, pero en cambio, el personaje del cine enseña su resolución en un gesto, una mirada que fortalece la imagen recreada a partir del libro. Ambos lenguajes, a su manera, repotencian el discurso. En palabras del mismo autor: “Existe el peligro de quedarnos con una sola de las funciones del lenguaje que nos proporciona la lectura: el de la comunicación. Las palabras sirven para comunicarnos, pero el lenguaje también es –puede ser– una creación artística” (Teixidor 2011: para. 27).

Pan negro no fue concebida para jóvenes, aunque hable de la infancia y el final de la misma, o que se construya alrededor de las visiones y decisiones de los niños a partir de un mundo que no logran imaginarse. Emili Teixidor enseñaba en cada palabra, el espacio justo para que nos bañáramos en sus memorias, incluso en las imaginadas, y canalizáramos a través de estas memorias el espejo que nos hace meditar sobre las cosas que fuimos o dejamos de ser. Incluso, cuestionando al adulto, empeñado en lograr que el joven lea, sin detenerse a conocerlo, a verlo: “Pero leamos nosotros en primer lugar y nuestro placer se comunicará a los que nos rodean, porque si sólo nos preocupamos de los que no leen, el peligro es que acabemos como ellos” (Teixidor 2011: para. 40).

Su muerte el pasado martes 19 de junio a los 78 años, provocó un limbo en aquellos que tuvimos algún contacto con su amabilidad, colaboración o las incansables ganas de seguir fomentando su trabajo a favor de la lectura. Pero los maestros encierran ese extraño don que invoca también el autor Manuel Rivas en su relato de la infancia durante la Guerra Civil, La lengua de las mariposas. Es el espacio de las palabras colocadas en esa neblina al final de la niñez, cuando la realidad deja de ser un espacio seguro. Al fin y al cabo, los buenos maestros son parte fundamental de la memoria de todos nosotros: “Sin padres, a la Lloramicos y a mí solo nos quedaban las palabras para encontrar el camino de retorno. Todos los secretos eran solo palabras, así como todas las iluminaciones. Piedrecitas blancas. Cantos rodados. Guijas. Palabras” (Teixidor 2004: 159).

Obras citadas

Teixidor, Emili (2004). Pan negro. Barcelona: Seix Barral.

Teixidor, Emili (2002). Marcabrú y la hoguera de hielo. Madrid: SM.

Teixidor, Emili. (2011) “Invitado del mes: Emili Teixidor”. Gretel: la literatura infantil a la UAB. Disponible en: http://literatura.gretel.cat/es/content/emili-teixidor

Mora, Miguel. (2004) “Emili Teixidor publica en castellano su novela ‘Pan negro’”. El país Digital. Disponible en: http://elpais.com/diario/2004/09/24/cultura/1095976801_850215.html

Izquierdo, Oriol. (2004) “Un torrente verbal. Elogio de Pa negre de Emili Teixidor”. Lletra. Disponible en: http://www.lletra.com/es/obra/pa-negre-2003

***Imágenes usadas en este artículo: 1. Portada del libro Pa negre de Emili Teixidor (2004) editado por Seix Barral. Propiedad de la foto: Hulton Archive / Getty Images. 2,3,4. Fotogramas de la película Pa negre dirigida por Agustí Villaronga en 2010. 5. Trailer de la película Pa negre.


 
 

“En el Corán, lo primero que Dios le dijo a Muhamad fue: Lee”
Alia Muhammad Baker, citada por Jeanette Winter en La Bibliotecaria de Basra.

Estábamos en la sección infantil de la biblioteca pública de Waterloo (Canadá), la ciudad en la que vivimos, cuando me recomendaron que leyera La bibliotecaria de Basra: una historia real desde Irak (2004) escrita e ilustrada por Jeanette Winter y editado en español por la editorial Juventud. VM, mi hija de 3 años, y yo pasamos las mañanas de los jueves leyendo cuentos allí. Es uno de nuestros paseos favoritos, así que rápidamente pude posar mis manos en el libro. Tenía una idea general de lo que trataba: el acceso a la lectura en el Medio Oriente. Incluso el subtítulo me daba pistas: “Una historia real desde Irak”. Esa simple palabra: “real”, me hizo temer que historias demasiado duras para VM aparecieran en esas páginas. Imaginaba palabras más crudas como guerra, muerte, exclusión saliendo sin control del libro. Y es que, después de ser mamá, no importa cuantos libros o noticias haya leído, cuantas historias escuché en el pasado, una parte de mi simplemente prefiere olvidar todo eso tan real. Como si afirmara con la más profunda ingenuidad: “Ahora VM está en el planeta, y deseo con toda mi alma que su mundo no contenga historias de tanto dolor”.

Fue con esa candidez con la que abrí el libro. Y también con la ilusoria certeza maternal de tener el control de la lectura: finalmente se trataba de un libro infantil y estábamos a salvo. Así nos enfrentamos a la conmovedora historia de Alia, la bibliotecaria de Basra, quien protegía los tesoros de la biblioteca en plena guerra. Una biblioteca que fue quemada y cuya colección, en su mayoría, fue salvada por los esfuerzos furtivos de Alia y otros civiles que protegieron los libros en sus casas y negocios.

Winter usa solo las palabras precisas y nos guía de la incertidumbre a la debacle. Desde allí abre las ventanas para dar paso a la luz y reemplazar el miedo por la esperanza de la paz representados en Alia y todos los héroes y heroínas cotidianas. Sus ilustraciones, que remiten al arte popular, aparentemente sencillas, planas y sin profundidad buscan más bien resaltar el valor plástico de estos lienzos. El uso de figuras superpuestas apelan a lo humano junto a una composición de colores vivos y brillantes, reforzando de esta forma la esperanza en una historia sobre la incertidumbre y la guerra.

A medida que VM y yo avanzamos en nuestra lectura encontramos imágenes de fuegos y tanques, de personas huyendo. Hay armas y expresiones de desesperanza marcadas en los rostros y los paisajes incendiados. VM nunca ha visto grandes fuegos. El color naranja de las ilustraciones le llamaba la atención y nos condujo al encuentro con aquello tan “real” que tanto temía:

¿Por qué hay tanto fuego?– pregunta VM.

Son incendios, VM. Son incendios que ocurrieron en la guerra– logro responder entre todas mis dudas.

¿Qué es la guerra?– pregunta VM, como era de esperarse.

Es cuando las personas y los países se atacan, y hacen incendios, hay mucho fuego y la gente tiene que huir– me atropello a responder.

Pero ¿por qué hay guerras?– dice VM. Ya para ese momento me veía con los ojos muy abiertos y asustados.

Porque los adultos pueden ser muy tontos– es lo mejor que llego a responder y la verdad es que todavía no se me ocurre una mejor respuesta.

Confieso que después de esa conversación corrí entre las páginas del libro y salté hasta las últimas, en las que Alia sueña con el retorno de la paz.

No estaba preparada para acompañar a VM en esta lectura, no todavía. Por su edad, a lo mejor ella tampoco estaba lista. Ambas nos quedamos conversando sobre la guerra y la fortuna que teníamos de nunca haber vivido una. Hablamos del diálogo, de las formas en que podemos mantener la atrocidad al margen. Así VM y yo le ganamos al miedo.

Una sensación quedó en el aire, sin embargo. Algo ya no lo vivimos igual. Nuestras idas a la biblioteca toman ahora otro tono, que a veces se parece a la insurgencia, una demostración de nuestra presencia en este planeta y nuestra curiosidad por escuchar sobre la vida y las experiencias de otras personas, otros pueblos. Con ese espíritu de solidaridad, y esa alegría de vivir que transmite Winter me atreví a comprar otro título de la misma autora: La escuela secreta de Nasreen: Una historia real de Afganistan (2009).

Estas experiencias lectoras con Winter me hacen visitar una cita del crítico canadiense Perry Nodelman en su ensayo Todos somos censores, donde afirma que: “si le damos a los niños conocimiento del mundo, podremos discutirlo con ellos, y comunicarles nuestras propias actitudes. En cambio, si preferimos mantenerlos ignorantes de todo lo que rechazamos (teóricamente porque lo estamos protegiendo de eso), perderemos la oportunidad de sostener este tipo de discusiones”. En mi caso, el encuentro con el libro fue inesperado, me permitió discernir con VM sobre la guerra, así como sugiere Nodelman. Pero para el segundo título de Winter, La escuela secreta de Nasreen, ignoraré la teoría. Se lo reservo a VM para cuando sea mayor, o quizás para cuando yo tenga más herramientas para acompañarla en su reflexión.

La escuela secreta de Nasreen cuenta la historia de una niña cuyo padre es desaparecido por el régimen Talibán entre el final de la década de 1990 y el principio de la década de 2000. Su madre desaparece un día en que decide ir a buscarlo y Nasreen queda sola con su abuela, una mujer que sufre por la desaparición de su hijo y su nuera, y que lamenta profundamente que su nieta no pueda acceder a la escuela tal y como ella lo había hecho en su propia infancia. Nasreen se sumerge en la tristeza a partir de la desaparición de su madre y su padre, y la incertidumbre de no saber si los volverá a ver. Así pasa sus días en silencio y no puede asistir a la escuela pues el régimen Talibán prohibió que las niñas estuvieran escolarizadas, así como prohibió a las mujeres trabajar fuera de sus hogares o si quiera salir de ellos a menos que contaran con un chaperón. Preocupada por el mutismo de Nasreen, su abuela encuentra una escuela clandestina, a la cual asisten niñas y reciben clases de historia, arte, lengua y matemáticas. Con el tiempo, la pequeña recuperó la sonrisa y el don de la palabra: “Nasreen no se siente más sola. El conocimiento que guarda dentro siempre estará con ella, como un buen amigo”.

Winter relata esta historia real, por la que fue galardonada con el premio Jane Addams en 2010, con mucho respeto, narrando desde la voz de la abuela de Nasreen. Sus ilustraciones sencillas y claras nos hacen llegar un poco de luz en la penumbra en la cual las heroínas se van emancipando de la tristeza y el ostracismo. Una vez más la autora nos habla de victorias cotidianas y luchas permanentes, sin euforias pero con mucha esperanza.

Todos los días hay niñas que como Nasreen hacen de su acceso a la educación una victoria cotidiana. Hace unos años los medios de todas partes nos presentaron a Malala Yousafzai. Malala es una adolescente de Pakistán, que vive en la región del valle de Swat donde los talibanes tienen un poder importante sobre la población y el territorio. Malala defendió su causa bajo seudónimo en un blog en el 2009, comenzando ha ser una activista por el derecho de las niñas a la educación desde muy temprana edad, y ha enfrentado públicamente el régimen Talibán desde que tiene 11 años, cuando dio un discurso a los medios de comunicación pakistaníes que tituló “¿Cómo se atreven los talibanes a arrancarme mi derecho básico a la educación?”.

Hija de un educador, esta adolescente se convierte en una figura pública nacional e internacional a favor de la educación de las niñas en Pakistán y en contra del control Talibán. Malala también se convirtió en objeto de amenazas de muerte desde hace más de dos años. Estas amenazas se materializaron en un atentado realizado en octubre de 2012 el cual se adjudicaron las fuerzas talibanas. Malala y dos de sus compañeras resultaron gravemente heridas.

Malala se recuperó luego de pasar por cuidados intensivos, dos operaciones y su transferencia a un hospital en Inglaterra. Ya retornó a la escuela, esta vez en Birmingham, Inglaterra y escribe sus memorias. Su valentía la ha hecho el centro de movilizaciones globales a favor de la educación de las niñas y celebrará su cumpleaños número 16 dando un discurso en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

¿Por qué esperar un acto tan visible de violencia para que hayan posturas definitivas al respecto? Me pregunto también si otros actos de crueldad tienen que ocurrir para que estas posturas se materialicen en acciones efectivas y respetuosas. Esperemos que no. Por citar un ejemplo de acciones constructivas a partir de un acto de violencia, IBBY Pakistán ante este hecho, invitó a niños de todo el mundo a enviar postales para Malala, invitación que en Venezuela recibió el Banco del libro y que, a su vez, otorgó a La rana encantada quien junto a la Ludoteca, realizaron actividades en el marco de postales para la paz. Reunieron a un grupo de niños que reflexionaron sobre la situación de Malala y los derechos de los niños, niñas y adolescentes. De esta experiencia colectiva bajo la sombra de un tema tan complejo, surgieron reflexiones como las de Jesús, que con 11 años asume que “la escuela es un pájaro porque aprender hace volar tu mente y tu imaginación”. Este encuentro dejó en evidencia diversas ideas sobre la paz, la violencia y la educación de las niñas por parte de los niños. Multiplicar estos espacios de discusión y creación, invitan a niñas y niños a pensar sobre temas que nosotros, como padres, corremos el riesgo de censurar pero a la vez nos educan a nosotros para conocer nuevas herramientas y alternativas para abordar estos temas.

Entretanto, ¡larga vida a las Malalas y Nasreens! no sólo a aquellas en el Sur de Asia y en el Medio Oriente, sino también a las niñas, niños y jóvenes del resto del mundo que se abren paso a las escuelas y bibliotecas entre conflictos armados, la pobreza y el fundamentalismo.

Por mi lado, VM y yo continuaremos abriéndonos mundos (o quizás abriéndonos al mundo) un libro a la vez.

***Imágenes usadas en este artículo: 1, 2. Ilustraciones del libro La escuela secreta de Nasreen: Una historia real de Afganistan, escrito e ilustrado por Jeanette Winter, editado en español por la editorial Juventud. 3. Ilustración del libro La bibliotecaria de Basra: una historia real desde Irak escrito e ilustrado por Jeanette Winter, editado en español por la editorial Juventud. 4. Video de Malala Yousafzai al ser reconocida por el Premio Nacional de la Paz 2011 otorgado por Pakistán.


 
 
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