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Actualizado: 18 ago 2021


Advertencia: el artículo contiene spoilers del libro

Números y letras. Voces acalladas. Delitos invisibles. ¿Realidades que superan la ficción?

Según UNICEF, 5500 niños y niñas son explotados sexualmente por día en América latina y el Caribe. Esto se multiplica en Asia y la Polinesia. Los mayores consumidores de “turismo sexual infantil” son adultos del llamado primer mundo. En España y en otros países de la Unión Europea, EEUU y Canadá, estiman que un 23-25% de las niñas y un 10-15% de los niños sufren abusos sexuales antes de los 17 años. No hay condición social para este crimen. Ricos, pobres, clases medias son víctimas o victimarios de esta perversión centrada en saciar fantasías y actos sexuales con niños y adolescentes. Y lo peor es que las tres cuartas partes de los abusadores denunciados son familiares directos de las víctimas.

Un tremendo tema para la literatura infantil y juvenil, que durante décadas consideró cualquier acercamiento a temáticas en torno a la sexualidad como un tabú. Ya en los años ochenta del siglo veinte, Marc Soriano alertaba acerca de estas ausencias de contenidos y los dobles discursos y ambigüedades que se generaban alrededor del tema. Es decir, lo que Graciela Montes llamó “el corral de la infancia”, donde la realidad cotidiana en general, y sobre todo los problemas sociales quedaban fuera de los temas a tratar en esta literatura. Dice Soriano, en su ya imprescindible ensayo La literatura para niños y jóvenes. Guía de exploración de sus grandes temas, que “las obras que se ocupan de estos problemas” -los sociales- “se consideran –casi peyorativamente- comprometidas”, por el contrario “las que los ignoran son artísticas.” Si la ficción –que opera como un motor entre lo posible y lo soñado, entre lo real y lo impensado- no habla también de estos temas “difíciles”, en realidad lo que sucede es que los niños acceden a estos conocimientos por otras vías, pero desde medios mucho menos comprometidos con el arte. La desinformación actúa no solo a través de la vulgaridad en la televisión sino también obturan la posibilidad de formar, a través del arte y la literatura, lectores como cuestionadores potentes, con capacidad de establecer relaciones y desarrollar juicio crítico frente a diferentes situaciones de la vida, aun cuando éstas sean perversas. Cuando de “eso no se habla”, el silencio no solo desinforma sino que funciona como cómplice. Ya decía Paulo Freire “Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión”.

La literatura infantil y juvenil dice ahora “presente”, está entre nosotros para comprometerse con la fantasía y también con la realidad cotidiana construida con aciertos y contaminada de adulteraciones. Silencios asesinos. ¡Silenciosos asesinos!

Como dice la contratapa del libro Palabras envenenadas: “A veces, la verdad permanece oculta en la oscuridad y solo se ilumina al abrir una ventana”.

Palabras envenenadas

Una niña, Bárbara Molina, es abusada por su propio padre. Su madre –Nuria Solis- parece mirar para otro lado. Una amiga -Eva Carrasco- quien no olvida afectos ni rencores. Un subinspector a punto del retiro –Salvador Lozano- policía que no se resigna a cerrar el caso de la chica desaparecida años atrás. Estos son los personajes que a lo largo de 28 capítulos -casi testimoniales- van narrando en tiempo presente, cual parlamentos para un guión cinematográfico, la potente historia de la desaparición misteriosa de una quinceañera, cautiva y dada por muerta durante cuatro años. Una adolescente que fue sometida a maltratos y abusos sexuales por ese “sujeto-padre” que jura amarla.

Tramada en tres partes, la novela para jóvenes Palabras envenenadas de Maite Carranza, compone cuadros contundentes que se articulan en la retina del lector para componer el rompecabezas de la ausencia forzada de Bárbara. Cada personaje entra y sale de la historia contando el misterio y sus propias obsesiones en torno al hecho. Ningún parlamento -en formato de capítulo de esta novela- es habilitado para el delincuente, Pepe Molina. Él no narra. Actúa. Su presencia apesta a golpes, abuso, encierro.

Es inevitable referenciar esta historia ficcional con la sucedida en Austria en 2006. La propia Maite Carranza afirma que la escritura de esta novela fue motivada por el resonante y estremecedor caso de la niña vienesa, Natascha Kampusch, quien permaneció cautiva en un sótano a pocos kilómetros de su hogar, durante ocho años (entre sus diez y dieciocho años), secuestrada y abusada por un desconocido que la raptó en la calle mientras se dirigía a la escuela. Ese cobarde criminal terminó suicidándose cuando por fin la joven logró escapar.

Las similitudes entre el caso real de Natascha y el ficcional de Bárbara se entrecruzan pero, a veces, también se distancian. Ambas niñas fueron encerradas en sitios oscuros, tenebrosos. Su único contacto con el mundo era a través del propio abusador, quien justificaba con regalos, libros y vestidos su amor enfermo, su obsesión por las niñas; a la vez que golpeaba y amenazaba minando la dignidad, el temperamento y la autodeterminación de las pequeñas.

Pero la novela va más allá. El criminal es el propio padre, no un desconocido. Bárbara es sometida a maltratos y abusos por quien le dio y le robó la vida, urdiendo siniestras mentiras y actuando una doble vida para ocultar y sostener su vandálico proceder.

Ese andamiaje de doble vida que monta el represor para sostener su crimen en el anonimato y el olvido, implanta en la narrativa un sesgo de novela policial. Sus mentiras, las sospechas de la amiga y de la madre, el olfato y la persistencia del detective van aportando datos precisos para que el lector, aun prefigurando el desarrollo del delito, se involucre en la búsqueda que permita finalmente salvar a Bárbara.

Y es que Bárbara revela, en cada monólogo interior, que cualquiera joven lector pudo o puede ser Bárbara. Que el delito invisible y silencioso del abuso infantil está tan cerca de cada uno de nosotros que es preciso apurarse, estar alerta y alertar.

En propias palabras de la autora, se revela el móvil de su escritura: “Mi voluntad era dejar claro que el abuso sexual es la forma más completa de posesión de un niño o una niña y que el abusador, además, destruye la autoestima y la personalidad de la víctima”.

Los nombres de los personajes son llamativamente simbólicos en la obra. Bárbara, la bravía y resistente jovencita, extranjera dentro de su propia vida durante los cuatro años de cautiverio. Nuria, esa madre atormentada, amurallada, paralizada, viviendo (cual el significado de su nombre) “entre montañas” de culpas, dudas e inacciones pero que repentinamente, casi como un milagro, puede leer el entramado de la situación y actúa. Eva, la que da vida, la que no pierde esperanzas, la que reacciona a pesar de todo para hallar a su amiga. Salvador, el policía que no se da por vencido, cual sabueso sigue todas las pistas, no se rinde, llega a tiempo para rescatarla en un final tan trágico como heroico.

En cambio el criminal, el padre, tiene nombre de un cualquiera: Pepe, o mejor dicho no tiene nombre de pila sino un apodo, un sobrenombre. Indicando que quizás la persona menos pensada puede ser quien ataca día a día a un niño, pasando ante los demás como un tipo del montón.

Por esta novela, escrita originalmente en catalán, la autora recibió el premio Edebé de literatura juvenil en el 2009, y Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2011 que otorga el Ministerio de Cultura de España. Sin duda, reconocimientos este libro representa un valioso aporte para la literatura infantil y juvenil iberoamericana.

Otras lecturas sobre el tema

Por aquello de que una lectura lleva a otras lecturas, y para quienes deseen explorar en textos literarios referidos a esta temática, se citan en este artículo tres obras que no pretenden ser emblemáticas ni excluyentes de algunas otras: la novela juvenil El abrazo de la brasilera Lygia Bojunga, comentada anteriormente en Pezlinterna. También, para niños en edad escolar primaria, el libro de cuentos ilustrado por el canadiense Stéphane Poulin, ¡No me toques!, con texto del francés Thierry Lenain, donde una niña es acosada por una anciana, pariente suya de clase alta. Y para niños pequeños, la novela álbum escrita en once burbujas: El que nada no se ahoga, donde un pececito que nada al revés es acechado por la Vieja Bigotuda del Agua.


Las voces que hoy la literatura infantil y juvenil hace visibles acerca del abuso sexual infantil ya no susurran, se hacen oír en voz alta, cual Palabras envenenadas que una vez destiladas y dichas, inoculan vacunas de nuevos modos de expresar, desde el arte, palabras desintoxicadas de prejuicios.

Fuentes y obras consultadas

Bernadet, Vicki. Fundación http://www.fbernadet.org/manifiesto/

Bialet, Graciela (2012). El que nada no se ahoga, Colección Bicho Bolita. Argentina: Editorial Comunicarte

Bojunga Nunes, Lygia (2008). El abrazo. España: SM.

Freire, Paulo (1999) Pedagogía del oprimido. Buenos Aires. Siglo XXI, 10 ma. ed.

Lenain, Thierry y Poulin, Stéphane (2007). ¡No me toques!. Venezuela: Editorial CEC.

Montes, Graciela (1990). El corral de la infancia. Colección Espacios para la lectura. México: Fondo de cultura económica.

Soriano, Marc (1995). La literatura para niños y jóvenes. Guía de exploración de sus grandes temas. Buenos aires: Colihue.

***Imágenes usadas en este artículo: 1, 2. Detalle de portada del libro Palabras envenenadas, fotografía tomada de Jupiter Images Corp. por y editada por Edebé. 3, 4. Dos fotografías de la campaña de la UNICEF, Si no peleas contra el abuso infantil, ¿Quién lo hará?, desarrollada por Y&R Johannesburgo, en Sudáfrica


 
 

“Me muero por alguien así como H”, dice una de las fanáticas en la cola del cine. “Lo amo”, remata otra con un grito. A primera impresión, no se distingue si hablan del personaje de la película Tengo ganas de ti, o se refieren directamente a Mario Casas, el actor que lo interpreta. El hombre ideal es el lugar común con más lucro en la historia del cine y la literatura para adolescentes. Sin embargo, H, como prefiere Hugo que lo llamen en la película, no es de la tradición de Edward Cullen. Este es más bien un héroe en decadencia, el hombre al que toda mujer desea salvar. Hugo, quien realmente es una reinvención española de Step, el personaje de los libros A tres metros sobre el cielo y Tengo ganas de ti, es un personaje con problemas severos de violencia, un joven de posición acomodada que le gusta las carreras de motos y colarse en las fiestas, con la intención de provocar a su entorno social. H es un personaje repetido, un rebelde sin causa, el James Dean del siglo XXI. No hay sorpresas. Al menos no para aquellos que tienen los miles de referentes canallas en la historia del cine. Nada está inventado. Pero si entras al cine con este grupo de adolescentes, novatas en el área de enamorarse del utópico chico malo y que, además, descubren en este personaje la posibilidad de una historia de amor donde la entrega es absoluta, se hace irremediable que conectes con la utopía rebelde de ese joven que (no) fuimos.

Step primero en libros, H luego en películas

Federico Moccia, autor de los libros en los que se inspiraron las películas, sabía del éxito de escribir sobre una historia de amor rebelde en sus libros. Por esta razón, en 1992, se financió la edición de A tres metros sobre el cielo, título previo a Tengo ganas de ti, donde se inicia la historia de amor de Step (H) y Babi. Su libro no había sido aceptado por ninguna editorial hasta que el repentino éxito de su autoedición, lo condujo a que en el 2004 la editorial italiana Feltrinelli los editara. El boom llegó a más jóvenes italianos, sobre todo al público femenino, quien encontró un espacio donde identificarse con una historia de amor loca e irracional. Estos jóvenes, imitando patrones, se encargaron de reproducir en distintas calles italianas el graffiti “tú y yo a 3MSC” que Step le hace a Babi. De la misma manera, en el segundo libro, varios italianos se hicieron de la tradición de cerrar candados en El Ponte Milvio, el puente más viejo de Roma, para tirar las llaves y consagrar su amor. Así como hizo Step (H).

Las adaptaciones al cine en Italia, fueron igual de exitosas, acompañadas además con la banda sonora de Tiziano Ferro, que en ese entonces representaba también un valor agregado en la cultura pop juvenil. Tengo ganas de ti, como era de esperarse, fue un estallido comercial logrando que su versión cinematográfica en italiano fuera la tercera película más vista en Canadá en el 2007.

Para la fecha, editorial Planeta decide publicar en español los libros en su colección para adultos, logrando para el 2010 su reimpresión número 17. Eso demostraba que el amor a Step (H) poco tenían que ver con la fantasía que inspiraban los actores Riccardo Scarmacio o Mario Casas en las películas. Aunque también es cierto que la adaptación en España de ambos libros al cine, realizadas por el director Fernando González Molina, consiguió un mayor acceso al mercado iberoamericano.

H, Babi, Ginebra, Katina y el destino

H pierde el sentido de pertenencia al descubrir la doble vida de su madre, y siente además su abandono siendo la persona que más lo apoyaba. El rechazo a la familia lo conduce a un reto constante con los límites. Hasta que conoce a Babi por casualidad en un atasco de autos. Él la llamará “fea”, ella lo llamará “bruto”. Los patrones quedan marcados en la antesala. Luego el destino novelesco, los hace tropezar en una fiesta de jóvenes acomodados a la que H llega junto a sus amigos, generando distintos tipos de destrozos.

Babi es un personaje absoluto, herencia de una madre que cumple a cabalidad los establecimientos sociales. Babi conoce el futuro de su vida preconcebida: ser excelente estudiante, buena hija, encontrarse a un marido que la represente, ser una ama de casa excepcional. Babi no sabe cómo permitirse errores en su vida “perfecta”, por eso trata de ser una consejera para su hermana -un inquieto hervidero de hormonas-; pero también se rodea de su impetuosa amiga Katina, quien le enseña a ser más flexible con H. Es por esto que, en la relación fría y matemática que Babi mantiene con la vida, y tras recibir el primer gesto de afecto de H, sus valores cambian radicalmente a otro gran absoluto: el amor.

Babi es una adolescente que se entrega, enfrenta a sus padres, no conoce sus propias barreras hasta que la incertidumbre de estar con alguien de quien desconfía, le gana la batalla. Babi, en el fondo, no puede ser imprevisible. Su concepto de mujer no está programado para eso. Katina, al contrario, evoluciona de manera distinta, y su historia de amor se pasea por otros espacios más felices con “Pollo”, el mejor amigo de H, a quien conoce mientras le roba la cartera. En este acto de rebeldía, Katina descubre que sus límites son más maleables. Convirtiéndose, probablemente, en el personaje que evoluciona con más coherencia en la historia de ambos libros (películas), dentro de esta gama de valores absolutos donde es difícil encontrar un término medio.

Roma o Barcelona, el escenario es una excusa para estos amantes que heredan ciertos aspectos del sino trágico de Romeo y Julieta. El peor dolor no está solo en la muerte, por el contrario se encuentra en la renuncia como el significado de la adultez. Babi acepta crecer según sus preceptos y se rompe por dentro. H decide irse a Londres para superar el duelo, quebrándose en su viaje a la adultez. Pero el adulto, al contrario, es sometido a un karma moral sobre sus actos en cuanto a la juventud. Solo el padre de Babi logra salir airoso de la debacle que significa irrespetar el amor adolescente. Todo aquel que interviene en el destino de H o Babi en A 3 metros sobre el cielo, recibirá su castigo en Tengo ganas de ti, como si de una tragedia griega se tratara. La madre de H se enferma, la madre de Babi ve su matrimonio hundirse junto al futuro de su hija menor. Y es que en las películas todo es intenso: el amor, el deseo, la rabia y el dolor. Nada ocurre por casualidad. Si Babi y Hugo se conocieron en la infancia en A 3 metros sobre el cielo, están predestinados a reencontrarse; en Tengo ganas de ti, Hugo conocerá a Gin, quien lleva un registro fotográfico de su vida antes de su estadía en Londres. El destino no se toma a la ligera, signa los lazos que juntan a todos los personajes, y conecta con el inconsciente de un lector o espectador que se aferra a la idea del amor eterno.

El regreso de Hugo es la línea argumental de la segunda película, donde además conoce a Ginebra, quien representa solidez, estabilidad. Ella personifica todos los valores contrarios a Babi, significando un reto para H, quien desconoce las armas que debe usar para conquistarla. Es ella quien lo seduce, lo enamora. Gin se cubre tras una fachada de absoluta independencia para esconder un amor que la llevó a seguirlo a través de su historia, e incluso llegándole a exigir una fidelidad a lo que ella representa. El destino, nuevamente como un karma, ataca a la adultez de Babi y Hugo, quienes al encontrarse finalmente, acaban activando el motor de la desgracia en el resto de los personajes. Llegan de nuevo las renuncias.

Ambos libros y sus películas apelan al sentimiento, no tiene escondrijos ni mensajes secretos. En la obviedad de sus razones está el éxito desproporcionado. Es una historia de amor para mujeres donde, curiosamente, el protagonista es un hombre. Y no hay un mayor placer culposo para una mujer que ver lo que se esconde tras la fachada de un hombre duro, rebelde. Verlo enamorarse, sufrir y, finalmente, perdonarse los errores. Estas razones son suficientes para sentarse en el cine, sin culpas, olvidándote de que eres parte de una obvia maquinaria comercial, pero reencontrándote con el predecible sentimiento adolescente. Con la mejor de las suertes, te descubrirás gritando: “H, tú y yo a tres metros sobre el cielo”.

***Imágenes usadas en este artículo: 1. Póster promocional de la película Tengo ganas de ti, versión española, dirigida por Fernando González Molina. 2. Detalle de portada del libro A tres metros sobre el cielo, editado por Planeta. 3. Fotograma de la película a A tres metros sobre el cielo. 4. Fotograma de la película Tengo ganas de ti. 5. Trailer de la película A tres metros sobre el cielo.


 
 

Actualizado: 18 ago 2021


Liniers llevaba tres años con Bonjour cuando Maitena lo presentó en el diario La Nación. Diez años después, Macanudo, las tiras allí publicadas (y luego compiladas y recompiladas en nueve libros), forman parte del ritual diario de personas dentro y fuera de Argentina.

Lo que aparece en Macanudo da esa sensación de imponente fragilidad que brinda la mezcla de acuarela con tinta. En sus tiras hay personajes entrañables y se percibe siempre un humor de altura, recogido por una mente inteligente: las referencias son tan abundantes como variadas. He encontrado, sin embargo, algo más valioso que todo eso; algo que se hace consciente después de una, dos, tres lecturas de esas viñetas a las que siempre volví sin saber por qué, como si de un norte coloreado se tratara. Lo verdaderamente macanudo de Macanudo es que funde personajes, referencias y temas en un reflejo descarnado pero tranquilizador de nosotros mismos. Tomando en cuenta estos elementos (personajes y líneas temáticas), me encargaré de hacer una lectura atenta, aunque breve y sin intenciones de análisis riguroso de lo que ha sido la producción más famosa (que no la única) de Ricardo Siri, Liniers.

Personajes: Lo tridimensional en plano

Al mundo macanudo entran y salen personajes con total libertad. Liniers le da el papel a todo el que se presente a la audición (así el papel sea de personaje rechazado para la tira). Están los conocidos, a los que nos alegra ver de nuevo, como a un amigo después de un tiempo. Otros permanecen allí solo por la duración de una historieta (a veces menos). Lo cierto es que son muchos y variados. Aunque, quizás (solo quizás), puedan clasificarse.


Animales


En Macanudo hay pingüinos, focas, ballenas, vicuñas, ovejas, perros (con sus pulgas), elefantes, moscas, abejas, vacas, cerdos, orugas, mariposas, pájaros, ranas, gallinas, jirafas… Una fauna tan variada que ni el Arca de Noé habría podido albergarla. Algunos de estos animales hablan, piensan, se cuestionan, cambian de apariencia, dictan cátedra de cine. Otros simplemente están allí. Se mueven, o no. Es especialmente interesante la fascinación de Liniers por los “bichos”. Por las abejas, los mosquitos, los escarabajos. Pareciera querer acercarnos a esos seres pequeños, a lo que normalmente no vemos hasta que está debajo del matamoscas.

Anónimos

Existen muchos personajes sin nombre. Se pasean por las historietas, solos, con amigos o con pareja. Está el señor muy alto que tenía muchos amigos, pero no salía nunca en las fotos, o el que afirma que nadie nunca ha soñado con un tractor. Está el que piensa que a él nunca le va a tocar encontrar a alguien (pero le toca) y el que finge tener una guitarra en los hombros porque le encanta esa canción. Algunos repiten, otros no, pero algo dejan en nuestra memoria. Si los viéramos por allí, trataríamos de recordar de dónde los conocemos.

Apellidados

Reyes, Álvarez, Mancini, Gutiérrez, Lezama… La guía telefónica se vuelca sobre Macanudo. Es la gente que anda por ahí, sintiéndose mal o bien; leyendo un libro, viendo a alguien que complica la noche, viviendo así o asá. Son nuestros apellidos, aunque no lo sean. Somos nosotros los que andamos por ahí.

Poderosamente raros o raramente poderosos

Los héroes de Macanudo son un hombre con músculos llenos de lágrimas, uno que levita y que también habla francés, un mimo que no es muy bueno y que al final tiene que hablar para explicarse y tantos otros con ‘poderes’ especiales por lo extraños.

Celebridades

Liniers no duda en usar la cara de Brad Pitt sobre un hombre, o en que el Misterioso Hombre de Negro se convierta en el actor Ricardo Darín. Y cuando no son ellos, utiliza a famosos imaginados… y a sus egos.

Personajes célebres

Que no es lo mismo que celebridades. En Macanudo se homenajea, con chistes, a diversos personajes conocidos, vengan de las artes, la mitología o la cultura popular. Está un Picasso casi omnipresente. Está Frida, está Pandora, está Clark Kent de pequeño.

Personajes recurrentes

Los de la casa, los sospechosos habituales, son tan variopintos como los demás. En esta clasificación entra desde Enriqueta, (que le hace guiños a Mafalda) hasta Z-25, el robot sensible, pasando por el Capitán Déjà Vu (Capitán Déjà Vu, Capitán Déjà Vu). Sea que nos gusten más o menos, que pensemos que encierran sabiduría o que son realmente trogloditas como Alfio, van instalándose en nuestro imaginario y en nuestros afectos.

Personificaciones

Liniers nos enseña cómo se ve una duda, una pesadilla, una inspiración o una melancolía (que no hay una sino varias). Una vez que tienen forma, aspecto definido, una vez que puede conversarse con ellas, no parecen tan aterradoras.

Conejo Liniers

A partir de un momento en la evolución de Macanudo, comenzamos a ver a un conejo que vive Las verdaderas aventuras de Liniers. Se trata de aventuras mínimamente épicas (como la lucha para no gritar un gol cuando se tiene a un bebé durmiente en los brazos). Nos muestra una ventana a su vida y un abreboca a lo que serían otras publicaciones, como Conejo de viaje o Cosas que te pasan si estás vivo.

Estos personajes actúan, interactúan, reflexionan. Están tejidos con temas y situaciones variadas que les dan, dentro de las limitaciones del papel, una cierta tridimensionalidad, como si las capas de pintura los engordaran un poco.

Temas: Cosas que te pasan (o que desearías que pasaran) si estás vivo

El universo macanudo, incluso en su riqueza, se organiza alrededor de unos centros discursivos. Sin ánimos de entrar en análisis sobre los temas profundos que subyacen, apuntaré, sin embargo, algunas de estas líneas temáticas que recorren las historietas.

Vida cotidiana y urbana

Los personajes de Macanudo viven casi todos en un entorno urbano (exceptuando, quizás a los pingüinos y a los amigos imaginarios). Muchas de las historietas giran en torno a las ‘pequeñas delicias (y tragedias)’ de la vida de todos los días. La canción que no puedes sacar de la cabeza, la desconexión que se siente con el ritmo frenético de la ciudad cuando se está comenzando la semana, el sueño con bocinas que solamente suenen en el carro de adelante. Aunque no es una en específico, el latido de la urbe se respira en Macanudo.

Cuestiones filosóficas

Animales, personas, duendes y monstruos, todos se plantean cuestiones filosóficas en un momento u otro. Se preguntan acerca del origen, la trascendencia, la realidad. Enriqueta nos recuerda, en una de las historietas, a Calderón de la Barca a través de su brevísima (y motivada por una mala calificación en matemática) disertación sobre la imposibilidad de distinguir entre sueño y vida.

Amores, desamores y afines

Los personajes de las tiras están constantemente empezando relaciones, rompiendo relaciones, viviendo relaciones. Están los recurrentes Lorenzo y Teresita, que parecen estar bien la mayoría del tiempo, aunque no siempre. Las historietas nos hacen desear situaciones así, o recordar que, efectivamente, hay momentos en los que estamos volando con una pareja y nos dejan caer sin anestesia.

Amistades, encuentros, desencuentros

Vivimos con ternura la relación entre Enriqueta, Fellini y Madariaga; nos conmovemos con el hombre que no le da un peso, pero sí un abrazo, a otro que estaba mendigando; nos entristecemos cuando el bicho que vivía en la ventana de un hombre (y que comía galletitas y que no hablaba) desaparece misteriosamente. En Macanudo las conexiones a veces se hacen… y a veces no.

Comentario y crítica acerca de la cultura contemporánea y pop

Unos hombres vestidos de traje, abrigo y con lentes de sol (un poco a lo Matrix) tratan de llevar para ‘su lado’ a uno que no cree en utilizar ropa de marca ni en comprar cosas que no necesita; cada tres años en Hollywood a alguien se le ocurre la misma película (para el beneplácito de sus colegas y superiores); el tipo de la publicidad de detergente se vuelve loco y quiere lavar a unas ovejas. Liniers está atento al mundo que lo rodea, y no vacila en utilizar la sátira para exponer lo que para él está decididamente mal.

Infancia

Martincito con su amigo imaginario Olga, pero sobre todo Enriqueta, nos dibujan otra vez lo que es (o lo que creemos que es) ser niño. Martincito porque lo vive y Enriqueta porque está viviendo su infancia de manera (casi) totalmente consciente: en una tira huele lápices de colores y en otra se angustia sobre qué libro leer, todo a partir del propósito de formar recuerdos valiosos de su niñez.

Magia, misterio e imaginación:Están los duendes, está un Fellini hablador, está el Misterioso Hombre de Negro, está Olga. Todos ellos, y tantos otros personajes, pueblan a Macanudo de algo que se entiende pero que no se puede explicar a partir de la lógica.Estas líneas discursivas, disímiles, confluyen en las historietas para dar unas respuestas, una imagen, un reflejo.

El espejo bondadoso

Con Macanudo, Liniers realiza un delicado y poderoso trabajo de construcción. Toma a sus personajes, los pone a moverse en torno a estas líneas discursivas, los mezcla con las más diversas y sutiles referencias (desde Fred Astair hasta Buda, desde el expresionismo abstracto hasta los Tamagotchi) y consolida un cuerpo de historietas que nos muestra lo que somos, sin tapujos, pero con bondad. Nos revela nuestras dudas, nuestros miedos, nuestros momentos perversos. Nos dice: está bien ser así; es normal que después de tantos años aparezcan algunas dudas; todos tenemos algo de malvados; algo de egoístas; algo de trogloditas. Acudimos a Liniers para exorcizar a nuestros propios fantasmas, para reírnos de lo idiotas que podemos llegar a ser, para calmar un poco a lo que a veces nos tortura. En Macanudo nos vemos y nos reconciliamos con nosotros mismos.


***Imágenes usadas en este artículo: 1. Detalle de pingüino ilustrado por Liniers. 2. Detalle de portada de Macanudo 9, próximo a salir a la venta. 3, 4, 5, 6. Historietas de Macanudo. Los derechos de las imágenes pertenecen a Liniers y de La editorial Común.


 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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