Valentina y el amor verdadero
- Freddy Gonçalves Da Silva

- 24 dic 2025
- 3 Min. de lectura

VALENTINA Y EL AMOR VERDADERO
Gene Luen Yang
Ilustra: LeUyen Pham
Traduce: Rubén Lardín
Astiberri, 2025
EL BRILLO “2025”
Durante la infancia, Valentina adoraba celebrar el Día de los Enamorados. No es casual que su nombre sea similar al del santo al que se le atribuye esa fecha. La celebración consistía en hacer tarjetas de felicitación para su padre o sus compañeros de clase: ella gestionaba, con excesiva alegría, esa necesidad de dar amor. Quizás ese sea el motivo por el que un rozagante Cupido (al que solo ve ella) asume la misión de acompañarla en esa demostración incesante de afecto.
Pero, a los catorce años, se encadena una serie de desalentadoras noticias sobre su pasado y su presente, lo que la conduce a una profunda desilusión: su madre no está muerta; la abandonó. Y su padre le mintió todos esos años para protegerla. A esto se suma una abuela profundamente religiosa, que termina por separarla de la ilusión con un presagio cósmico-generacional: “nuestra familia desafortunada para el amor”.
En consecuencia, Cupido se desintegra para transformarse en el tenebroso fantasma de San Valentín, el original y antiguo obispo de Roma, quien le reclama a Valentina su corazón a cambio de no sufrir como lo hicieron sus padres. La única forma de liberarse es encontrar, en un año, al amor verdadero. Y sí, esta novela gráfica puede parecer solo una historia de amor convencional, construida sobre una propuesta narrativa perfectamente adaptable a una telenovela. Engancha: hay giros dramáticos, secretos familiares, insólitas casualidades, encuentros amorosos que aumentan la tensión. Pero no es la única capa sobre la que se cuenta esta historia. No se trata solo del amor como fin último, sino de entender cómo determinados gestos construyen al amor como una forma de cuidado. La pregunta que atraviesa esta etapa juvenil de Valentina es: ¿en quién confío si la primera historia de amor, la familiar, se me acaba de romper?
Esta novela gráfica, ganadora de tres premios Eisner (mejor nueva novela gráfica, mejor publicación adolescente y mejor guion), explora varios de los criterios con los que la crítica cultural y escritora bell hooks desarrolla su tesis sobre el amor en el siglo XXI: “Fue la decepción y una sensación generalizada de infelicidad lo que me llevó a reflexionar a fondo sobre lo que significa el amor en nuestra cultura”. En parte, se acerca al miedo que las nuevas generaciones tienen al sufrimiento y a la “inversión emocional” a la hora de entregarse al amor, anulando toda posibilidad de felicidad. Pareciera que no son capaces de sostener una intimidad sin riesgos: los productos populares de consumo acerca del amor refuerzan esos mensajes, al igual que los ecosistemas familiares fracturados por una idea tradicional del amor, ajena a la libertad y al cuidado. Sin embargo, no es que la novela sea una tesis teórica sobre el amor contemporáneo; de hecho, el gran logro del guion es que no abandona su esencia adolescente mientras explora este sentimiento a nivel cultural, social y religioso.
Valentina, de origen vietnamita pero nacida en Estados Unidos, dialoga constantemente con la identidad cultural de su familia (y la suya propia), así como con la construcción de un entorno religioso ajeno a sus convicciones. Las preguntas que se desarrollan en este proceso de desilusión se vinculan con cómo una generación desencantada es capaz de encontrar excusas diversas para entregar su corazón al silencio, con tal de no sufrir. La apuesta final es sanar una herida que pertenece a su genealogía para poder redimensionar la idea del amor como posibilidad.
La intención no es didáctica. Al contrario, se mezclan el humor, la amistad, los secretos, las cartas, la vergüenza y la contradicción con un sistema simbólico rodeado de espíritus, promesas, bailes tradicionales, celebraciones y un calendario que le empieza a jugar en contra. No porque el amor sea la respuesta: esto no va de clásicas princesas Disney, sino de que darse permiso para el amor y para el sufrimiento también es una forma de reconfigurar la vida y el futuro. El dolor es parte del paisaje afectivo.
Valentina no se vuelve cínica; se vuelve más lúcida. Se entrena con contradicciones, con conversaciones difíciles, con perdones imperfectos y con esa decisión rara de seguir siendo tierna sin ser ingenua. En definitiva, es una novela gráfica sobre el amor (de esas en las que los lectores también se ruborizan y dan griticos), bastante entretenida de leer.








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