Ahora todo es mejor
- Freddy Gonçalves Da Silva

- 25 dic 2025
- 2 Min. de lectura

AHORA TODO ES MEJOR
Neal Shusterman
Traduce: Laura Feijóo Sánchez
Nocturna Ediciones, 2025
Que un virus (en este caso, el Crown Royale) comience a propagarse por el mundo es una premisa tan amenazante como conocida. Pero si los síntomas de ese virus procuran darle felicidad al contagiado, ¿debería realmente llamarse virus? Más que una enfermedad, materializa la idea del milagro colectivo, pues quienes sobreviven lo hacen ajenos al estrés, la tristeza, el miedo y la inseguridad. Es la cúspide de la satisfacción humana. ¿De verdad quieres vivir sin esa parte incómoda que también nos vuelve humanos?
Este libro dialoga de forma muy directa con obras de ciencia ficción como Un mundo feliz o Delirium, así como con la serie Pluribus de Apple+. Universos alternativos donde la conquista absoluta de la felicidad y la plenitud da pie a una distopía plagada de preguntas incómodas sobre la humanidad, tanto a nivel del sistema social como de la propia individualidad.
En este caso, recurre a tres protagonistas adolescentes (estructura ficcional a la que nos tiene acostumbrados). Cada uno de esos personajes representa una postura ante el virus: para Ron es una evolución y quiere que se propague por el mundo entero; Morgan quiere erradicarlo, pues siente que el virus adormece a la sociedad; y Mariel se ubica en un lugar intermedio, desde el que puede ver lo claro y lo oscuro de un mundo donde el miedo a sentir deja de ser un inconveniente. Alrededor de estas tres voces se despliega un complejo sistema político, mediático y corporativo en el que quedan en evidencia los intereses cruzados y la paranoia social: un sistema de control al que le interesa mantener domesticado lo colectivo y negociar con sus propias inquietudes. Es una campaña constante por instalar una enfermedad que, en términos tradicionales, no parece serlo.
La novela funciona como thriller: sí, hay tensión, hay conspiración, hay esa sensación de que la verdad no está en un solo lugar; pero su golpe real está en las preguntas que deja al cerrar el libro (muy al estilo Shusterman). Aunque, como lector asiduo de la obra de este autor, uno no deja de percibir cierta fórmula en la construcción de la historia, también puede celebrar las formas en que convoca a los lectores jóvenes alrededor de preguntas tan vigentes y pertinentes hoy. Sigue siendo un autor de referencia. Porque, al final, entre tanta dicha, quien lee se detiene a pensar en las emociones que duelen: en la tristeza que deja sensación de pérdida, en la rabia que hace sentir injusticia, o en el miedo que lo mantiene alerta. Entonces, si las quitan, ¿qué pasa con su criterio?, ¿qué pasa con su empatía?, ¿qué pasa con su deseo de cambiar algo?
Atención: cualquier parecido con la realidad actual no es pura coincidencia.







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