Diario de Viaje de la Dra. Brenda Twiler y La Leyenda del Lirolay
- Freddy Gonçalves Da Silva

- 24 dic 2025
- 2 Min. de lectura

DIARIO DE VIAJE DE LA DRA. BRENDA TWILER
Y LA LEYENDA DEL LIROLAY
Walter Binder
Ilustra: Irene Singer
Diego Pun, 2025
EL BRILLO "2025"
Antes de reseñar este libro, es importante entender que hace falta una actitud diferente por parte de la persona lectora que vaya a encararlo. No es un libro de historias o soluciones, ni tampoco un libro informativo, sino un diario de viaje imaginario que se rescata, con todas las dudas que acarrea una investigación en curso. Y es que, al explorar un diario de viaje ajeno, se tiene que activar la curiosidad lectora. No sirve de nada entrar, hurgar y abandonar, sin soltar las expectativas de ese algo que se puede revelar. Porque, en un diario de este tipo, el lector encuentra pequeños hallazgos en viejas cartas, notas a mano, dibujos, fotografías o restos de aquellos elementos que se investigan: en este caso, hojas o flores.
El diario perteneció a la doctora Brenda Twiler, una apasionada botánica argentina que viaja tras la flor del lirolay en el valle de Catamarca, durante el año 1927. Esta flor, según la leyenda, es capaz de curar la ceguera. Sin embargo, no hay pruebas reales de que exista. La Dra. Twiler se obsesiona con un imposible, por lo que esta investigación se equilibra entre la rigurosidad de la ciencia y las imprecisiones de un relato social. Este cuaderno de campo se construye desde la profunda esperanza que la doctora deposita en esa palabra iniciática con la que imaginó al lirolay. Es el centro de todo en este libro.
Por eso es importante la materialidad en este ejercicio de lectura. Por un lado, el diario mantiene constante un registro de notas, observaciones, avances y contradicciones; y, por el otro, la leyenda del lirolay está en el centro, como un pequeño cuaderno anexado a este diario, como diciendo que no hay un conocimiento puro sin una historia haciendo fuerza por la espalda. En ese sentido, ¿qué persigue la doctora cuando persigue algo así? ¿La cura, la gloria, la prueba, la fe? En varias versiones del mito, el lirolay promete devolver la vista. Y entonces el libro te pone a leer sobre la vista cuando lo que realmente está en juego es la mirada: no “ver” como función biológica, sino ver como forma de estar en el mundo.
No en vano el libro, como artefacto, registra elementos almacenados a partir de profundidades, fotocopias, cartas escritas a máquina, notas a mano, y una sensación de papel envejecido. Esa estética propia del archivo está creada por una persona que duda.
Elegir a un personaje ficcional femenino para que inicie esta expedición sola no es casual: se erige ante la necesidad de redefinir la mirada de la ciencia alrededor de lo femenino y de todas aquellas expediciones que no se registraron, no se contaron o que no pudieron ocurrir por ser mujeres. ¿Cómo se guarda un descubrimiento que no se puede demostrar?








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