Historia de amor verdadero entre una rana y un cucarrón
- Freddy Gonçalves Da Silva

- 25 dic 2025
- 2 Min. de lectura

HISTORIA DE AMOR VERDADERO ENTRE UNA RANA Y UN CUCARRÓN
Francisco Montaña
Ilustra: Manu Montoya
Cataplum, 2025
Una rana y un cucarrón se enamoran. Esa es exactamente la premisa de este relato. Y, en parte, lo hacen por culpa de un carrito de helados. Lo sé: podría parecer absurdo todo lo que se cuenta al inicio de esta reseña, pero les puedo asegurar que existen relaciones humanas mucho más cuestionables que las de estos dos personajes. Y esa es la gran virtud de este libro: no genera resistencias en quien lee, porque la historia se cuenta con tal seriedad emocional que no hay cabida para más hipótesis entre especies que la del enamoramiento como motor de las acciones de ambos. Esta es una historia de amor verdadero, con todas las consecuencias que eso conlleva, tanto para sus personajes como para la persona que se embarca en su lectura.
Celebramos la reedición de este libro con nuevas ilustraciones (y menos páginas), cuya tierna atmósfera se mantiene intacta. Aquí no se explora el amor desde el dramatismo, sino desde la forma en que una pareja se posiciona ante las búsquedas y necesidades del otro. Por supuesto que el libro habla de burbujitas de babas, de comer moscas y viajar sobre tortugas, pero también profundiza en el acto de acompañar, cuidar, cargar, separarse, extrañar. Y, lo sentimos por la anticipación, en esta historia no todo son alegrías. A veces eres solo un cucarrón, en medio de un estercolero, preguntándote: "¿para qué la mañana si no estaba ella para volar juntos antes de que saliera el sol?"
Este relato se sostiene sobre el conflicto de la diferencia: el de ser dos sujetos tan distintos atravesados por una emoción que, en teoría, debería poder con todos los obstáculos. Pero ¿hasta dónde llega el amor cuando el hogar de uno no coincide con el hogar del otro?
La aventura se mueve entre lo cómico y lo existencial con una ligereza que engaña: quien lee se ríe y, de repente, se encuentra pensando en reflexiones que cobran sentido en la adultez. Y no es que un joven lector en tránsito no sea capaz de entender este recorrido exploratorio a través del amor; es que la verdad del relato genera ecos en cualquier persona que lo lea, independientemente de su edad. Es una lectura autónoma que interpela desde lo emocional, gracias a la naturalidad simbólica con la que está escrita.
La ilustración de Manu Montoya es clave para sostener ese tono. El libro se siente luminoso, raro, un poco disparatado, pero nunca cruel. Los personajes tienen esa humanidad caricaturesca que permite que el conflicto sea digerible. En el fondo, esta es una historia de amor que no romantiza el sacrificio, pero tampoco se burla de él, lo mira de frente, con ternura. Terminas con una sensación extraña, como quien abarca algo aparentemente simple, pero que esconde un ritmo de preguntas y sensaciones que, como lector, no te esperas.
Se mantiene intacta, como una de las joyas de la literatura infantojuvenil colombiana.








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