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Los muchachos del Apocalipsis

Actualizado: 26 dic 2025


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LOS MUCHACHOS DEL APOCALIPSIS Jorge Galán

Alfaguara, 2025



Las temperaturas están bajando de forma estrepitosa en El Salvador. Este evento climático sin precedentes puede traer consecuencias nefastas para la comunidad, porque no están preparados para tanto frío. Se dice en internet que ya ha muerto gente a causa de esta crisis, pero lo que de verdad más les preocupa a los “muchachos": Sonia, Antonio, Nana, Tomás, Maca y Lucy, es sobrevivir cada día. Y es que no existe apocalipsis capaz de rebajar la violencia cotidiana de un sistema fallido. Estos jóvenes habitan barrios marginales, con sus dinámicas y con esa atmósfera tensa como un péndulo constante. Es más fácil (y más probable) morir dentro del barrio que por un meteorito inesperado. Los seis son conscientes de esa realidad.


Con personajes jóvenes profundamente bien construidos, la novela se estructura alrededor de un coro, con episodios en los que la persona que lee va explorando cada una de sus circunstancias. Personajes como Lucy que buscan migrar al Norte a pesar de cualquier riesgo; o Tomás, que se esconde en una cisterna vacía bajo el patio de su abuela para no ser encontrado por un delincuente. Un delincuente que violó a Sonia, quien cumple una condena en prisión por abortar. Porque sí: aquello que parece improbable forma parte de la lógica de un Estado en el que lo último que importan son los derechos de sus ciudadanos. La historia de Sonia, no en vano, está basada en la realidad objetiva de muchas chicas a las que obligan a ir a prisión antes que tener derecho a la libre decisión sobre su cuerpo y la maternidad.


Este coro no es un alegato a la amistad; al contrario, se construye desde relaciones bastante realistas, donde a veces la lealtad puede ser un salvavidas, pero la crueldad también es un lenguaje aprendido y compartido. A medida que se ensamblan todas las historias, quien lee encuentra ternura breve, escondida; la risa como contraseña; el miedo como clima y cierta inocencia en la forma en cómo se relacionan con lo íntimo. El libro trabaja con esa energía de pandilla afectiva: cuando el mundo es hostil, lo colectivo es refugio, aunque el refugio también tenga grietas. No es una historia lineal, sino una hecha de fragmentos violentos, capítulos breves, como si fueran también supervivientes de la memoria.


Por eso el apocalipsis no es lo más terrorífico: la falta de futuro es una sensación constante. El libro no necesita monstruos de fantasía; le basta con la experiencia de crecer dentro de un sistema que se cae a pedazos (o que, peor, ya aprendió a sostenerse cayéndose). La prosa coquetea entre el nervio, lo concreto y lo inesperadamente poético. Aparecen imágenes y escenas que parecen sencillas, pero se quedan resonando: una conversación mínima que muestra el tamaño real del abandono; un gesto entre amigos que, por un segundo, salva; una calle que no es solo calle, sino sentencia.


Otra capa que el libro explora es la masculinidad. Estos muchachos no están aprendiendo a ser hombres en un sentido épico, sino en un sentido brutal: aprender a no llorar, aprender a responder, aprender a endurecerse antes de tiempo. Y, sin embargo, el libro deja ver el costo de esa armadura con el cuerpo tenso, el afecto mal traducido, la rabia como idioma principal. La pregunta de fondo es terrible y simple: ¿qué tipo de sensibilidad queda disponible cuando te educan para resistir y no para sentir?


Este no es un libro cómodo ni esperanzador. No busca dejarte con moraleja ni con consuelo fácil. Es de los que duele. Lo que ofrece es una mirada directa, a ratos amarga, a ratos sorprendentemente tierna, sobre lo que significa crecer cuando el futuro parece un privilegio ajeno. Como persona que lee, terminas y te queda una sensación inquietante. Descubres que el apocalipsis, en realidad, no estuvo nunca en el final, sino que coexiste en su entorno.


"Sabrás lo que es cuando sea el tiempo propicio, porque nadie tendrá manera de no saberlo. Nadie puede mirar hacia otra parte en medio de la apocalipsis".

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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