top of page

Una serie emitida en Canal+Francia y estrenada en el 2013. Su primera temporada contó con ocho episodios. Fue tal su éxito, que hicieron una adaptación en Estados Unidos, pero personalmente sigo prefiriendo la cadencia europea de la original y sus actores. Este año se ha estrenado la segunda temporada, con menos impacto que la anterior. Fue creada por Fabrice Gobert, y cuenta la historia de unas personas que, misteriosamente, regresan a casa años después de su muerte sin entender qué les ha pasado. Sí, son muertos y no son zombies. Además, son "personas" sin un encanto particular. Son tan cotidianos que te hiela la sangre de sólo pensar en la posibilidad de que, en cualquier momento, algún viejo afecto que murió pudiera llegar a tu puerta y trastornarte el día a día.


La trama ocurre en la ciudad francesa de Annecy, en los pirineos, rodeada de un gran lago y su represa que forman parte vital del misterio. Cada episodio trata de enfocarse en una de las historias de estos seres y su reintegración a la sociedad, entendiendo que pertenecen a un limbo en el mundo de los vivos. Sus tramas se unen a un ritmo lento que invita al suspenso, al terror psicológico y a una reflexión acerca de conflictos humanos muchos más complejos: hermanas gemelas que ahora tienen distintas edades; el gran amor de una mujer que regresa cuando ella está reorganizando de nuevo su vida; el despertar de la maternidad de una mujer que perdió la fe; un potencial psicópata reencontrándose con su padre; una mujer enfrentada a su agresor tras cerrar ese trauma.


Enfrentarse a un fantasma que vive, es una de las formas más agresivas de retomar el duelo y abrir las heridas sanadas por sus seres queridos y también por sus enemigos. Pero regresar a un mundo donde tus afectos te han superado, puede ser igual o más doloroso. Altamente recomendada.


Simon, el joven muerto el día de su boda que regresa por su novia y la quinceañera Camile que se enfrenta a su hermana gemela, son de los personajes más poderosos de la primera temporada.



 
 

Voy a aprovechar la locura de Star Wars, para lanzar mi primer placer culposo de la lista. No fue precisamente la mejor temporada, pero es que Glee tenía varias temporadas sin ser buena. A esta serie la salvaban sólo tres cosas: capítulos memorables –sobre todo aquellos que buscaban evocar desesperadamente sus inicios–, personajes entrañables y su capacidad tan honesta de burlarse de sus errores e incoherencias a través de la voz de sus personajes. Es difícil olvidar a Sue Silvester diciendo que no se explicaba cómo con un presupuesto tan malo en la escuela, esta gente pudo interpretar las canciones de Lady Gaga con una producción de casi diez mil dólares. Los espectadores agradecíamos que al menos, en la incoherencia, no nos vieran la cara de idiota.


Nadie le puede quitar a Glee el impacto de su estreno en el 2009, tanto en el tema musical como en la forma de narrar una serie adolescente. Además, pudo superar la muerte de su protagonista en la vida real. Ryan Murphy, su creador, se transformó en una nueva Shonda de la televisión estadounidense. Tras Glee, vinieron más desafueros efectistas como American Horror Story y Scream Queens. La gente lo ama, aunque no sea el más acertado contador de historias. Le hace falta mucho trabajo de estructura. Para los que no lo sepan, él fue quien creó Nip/Tuck y aquella serie llamada Popular, que evidentemente fue un germen de Glee.

A lo que vine, este año terminó Glee, y para los que nos sentíamos cercanos a sus personajes, agradecemos varias cosas:


1. Brittany Pierce. Simplemente ella. Era uno de los personajes más irracionales, incoherentes y divertidos de la serie. Era la que llamaba a los chicos nuevos con los nombres de los viejos (ya que eran evidentes cómo los reemplazaban por personajes nuevos con tipología física similar, aunque obviamente no funcionaran). O quería ir a la isla de “Lesbos” porque allí habían “lesbianas”. Brittany era la voz sarcástica, tierna y honesta que todos queríamos, la que junto a Sue y Santana se burlaba de las tonterías de la serie. Y además bailaba muy bien, cantaba y tenía una poderosa historia de amor con Santana. Era tan importante, que en las últimas temporadas le regalaban episodios enteros. A ella le debemos el MEJOR momento de esta temporada, cuando quiso dirigir su programa web: Fondue for two para el mercado latino con la intención de conquistar a la abuela de Santana. El episodio de Queso por dos fue de los delirios más acertados del final.


2. Ver a Rachel hundida en el fracaso, de vuelta a los orígenes. Algo muy cliché, pero que permitió darle un vuelco a esta niña insoportable y soberbia en su camino a la fama. Además nos regaló ese conmovedor episodio en que todos los personajes del inicio de la serie se reunieron para buscar a los New Directions del 2015.


3. Santana, Kurt y Mercedes. Cada uno, a su manera, lograron cerrar sus historias sin perder su personalidad. El doble matrimonio gay o la despedida de Mercedes Jones en el colegio -quizás lo mejor del episodio final-, fueron escenas entrañables para los que hemos seguido a estos personajes.


4. El penúltimo episodio titulado 2009 fue un homenaje a la serie que fue en sus inicios. Ver todo lo que ocurrió justo antes del primer episodio en las vidas de Tina, Artie, Mercedes, Kurt y Rachel no sólo fue divertido, sino que habló de las metas que ellos tenían y que, de alguna forma u otra, estaban cumpliendo -o no-. Además incluía a Finn, el protagonista ausente, de forma inteligente. Cerrar ese episodio con esa escena final del piloto donde los principales cantaban el Don’t stop believing que los hizo tan famosos, fue un pequeño gesto de coquetería para esas pocas personas que aún seguían atentos a la serie.


Del episodio final, prefiero no hablar. Sus futuros no me importaban, solo quería que en ese instante de historia adolescente pudieran resolver sus vidas y quedarse allí estáticos en el McKinley High School.


 
 


Esta miniserie de diez episodios fue creada por Patrick MacHale, el mismo genio de Hora de aventuras, y cuenta las andanzas de los medio hermanos Wirt y Greg perdidos en un inmenso y misterioso bosque. Ambos buscan la manera de llegar a casa y en su tránsito se encuentran a una serie de animales y seres fantásticos que parecen ayudarlos a encontrar el camino de vuelta y a evitar, bajo toda costa, a la bestia que allí habita.


Cartoon Network se arriesga con esta miniserie -inspirada en un corto animado del mismo creador- que tiene la particularidad de emocionarte en cada capítulo con las ocurrencias fantásticas de este viaje iniciático. Además de las múltiples referencias a los cuentos clásicos, Greg, el hermano menor, siempre tiene respuestas cándidas y arriesgadas que te bandean entre el humor y la dulzura. Verlos interactuar es un constante debate entre la infancia de Greg versus la entrada de la adolescencia de Wirt.


El viaje en el barco de las ranas es, quizás, uno de los capítulos más surrealistas que hay. Sin embargo, te invita a profundizar en personajes como la rana mascota de Greg, que siempre los acompaña. Porque eso sí tiene la serie, no es un dibujo animado solo para entretener: las emociones, conflictos y evoluciones de los personajes te permiten comprender el proceso de madurez de cada uno. Y al final, justo en el penúltimo capítulo, halagan al espectador (tanto al niño como al adulto), con esa explicación de cómo ellos llegan al jardín. Tranquilos, no hay spoilers, sino la certeza de que es una serie bien construida e inteligente, que dignifica al niño espectador con humor pero también con su toque de sensibilidad y creatividad.



 
 
postalpezlinternasinlogo_edited.png

Cultura, libros, infancia y adolescencia

  • Blanco Icono de Instagram
  • Blanco Icono de YouTube
  • Blanco Icono de Spotify
  • Blanca Facebook Icono
  • Tik Tok

ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

bottom of page