Actualizado: 19 de ene de 2020


Resulta sorprendente que en este siglo digital, en el que los jóvenes hiperconectados pasan gran parte de su tiempo de ocio leyendo o viendo contenidos en pantallas, no haya una oferta sustancial de contenidos literarios que se aprovechen de este medio… Todavía. El nicho de mercado es claro, al menos en el área de consumo: los jóvenes están acostumbrados a usar pantallas constantemente (no hay más que observar la facilidad con la que andan por la calle mientras manejan su teléfono) y a escoger su contenido (en la medida de lo posible). Las pantallas abren puertas a nuevas formas que pueden acercar a los no lectores, que demás son numerosos en esas edades, a contenidos literarios.

Aunque es el mercado del libro infantil el que se ha disparado con mayor fuerza en los entornos digitales, ciertos usos básicos de las pantallas en relación con la literatura pueden empezar a considerarse establecidos. Algunas editoriales ya han comenzado el proceso de digitalización de sus fondos. Numerosas novelas juveniles como Campos de fresas de Jordi Sierra i Fabra pueden adquirirse tanto en formato impreso como en digital.

Los lectores jóvenes se relacionan hoy en día con sus iguales a través de redes sociales, lugares donde potencialmente pueden ir a buscar información sobre los libros que se leen en su círculo e incluso recomendar libros. Las editoriales lo saben y algunas ya lo rentabilizan a través de concursos o citas virtuales con autores. Un ejemplo de ello es el Reto Pandemonium que promociona la saga Delirium en el que, como anuncia su página web, hay «72 participantes. 18 equipos. Un único objetivo: leer Pandemonium antes que nadie». Las páginas web de colección o los booktrailers, donde se presenta a los personajes y algunos aspectos básicos de la trama antes de leer el libro, como sistema para tratar de enganchar al lector, es otra fórmula de promoción que se nutre de la red: Los juegos del hambre o la saga Divergente son algunos ejemplos del uso de pantallas para promoción. En todos estos casos se observa cómo estas han entrado claramente en el mundo del libro, aunque sin modificar la obra.

Sin embargo, también existen ejemplos, puntuales por el momento, en los que el entorno digital altera el libro juvenil tal y como lo conocíamos hasta ahora. Algunos autores y editoriales han comprendido las especificidades de la lectura en pantalla, las posibilidades que esta abre, y se han dejado llevar por las características del nuevo entorno. Las obras se acoplan a las particularidades de los medios digitales, a sus posibilidades y limitaciones, de diferentes maneras. En este artículo comentaré cuatro ejemplos de libros que introducen las pantallas de manera más o menos profunda en la historia, y a través de diferentes recursos, haciendo que la transición a la pantalla influya directamente en la forma de contar.

Soportes digitales y el papel de la imagen

Formas artísticas como el cómic o el cine, las nuevas facilidades técnicas y una cultura con preponderancia de lo visual han contribuido a la introducción de la imagen en formas que solían constar únicamente de palabra escrita, como la novela. El silencio se mueve, de Fernando Marías, combina una forma de novela en papel construida de manera tradicional con un cómic, además de imágenes esporádicas, un blog y dos páginas web, todo ello íntimamente ligado a la historia y con carácter absolutamente ficcional.La novela aparece, por un lado, enriquecida con los añadidos digitales y, por otro, modificada con respecto a su forma habitual a través de la introducción del lenguaje visual. En una conferencia pronunciada el pasado año por al autor, este reflexiona sobre la obra y el proceso creativo consiguiente al encargo:

«Lo primero que vi fue que la novela tenía que preservar su, llamémoslo así, protagonismo frente a los añadidos tecnológicos, que, sin embargo, debían tener un contenido solvente, sólido, algo que sumase a la novela y no fuese un mero adorno dictado por circunstancias transitorias que antes o después se volverían obsoletas».

El resultado funciona en la historia; las imágenes son expresivas, transmiten información y contribuyen a la tensión narrativa. También es cierto que la salida al ordenador para consultar el blog y las páginas web de la historia obliga a abandonar momentáneamente el soporte en papel o a aplazar su consulta una vez finalizado el capítulo o la página o el libro, lo cual resulta en una ruptura de la continuidad de la lectura.

Finalmente serán los propios lectores quienes decidirán si realizar o no el esfuerzo para aprovechar la oportunidad digital de este libro. Sírvanos sencillamente el análisis para reflexionar acerca del papel del editor en el nuevo contexto: por ejemplo, sobre los modos de dar facilidades al lector para entrar plenamente en la historia, sin dificultades instrumentales añadidas.

Juego con las fronteras entre realidad y ficción

En la ponencia mencionada anteriormente, el autor declaraba la intención de jugar con el lector a la ficción/realidad a través del personaje de Pertierra, lo cual, comentaba, provocó alguna que otra confusión por parte de coleccionistas y editores.Un efecto muy similar produce la lectura de la novela juvenil Pomelo y limón, de Begoña Oro. Este libro se encuentra publicado en papel y en forma de aplicación y juega también con el equívoco entre realidad y ficción. En el caso de la aplicación, la lectura íntegra en soporte digital con conexión a Internet favorece la continuidad de la lectura, al no forzar el cambio físico de soporte por parte del lector. Una de esas facilidades que comentábamos más arriba.

La historia, de corte costumbrista y actual, en la que aparecen institutos, ordenadores y personalidades célebres acosadas por los medios de comunicación, facilita esta confusión, esta línea borrosa entre la realidad y la historia de ficción.

También en esta novela se mezclan imágenes, videoclips y un blog: Pinillismos, el blog de la protagonista, que nos ofrece algunos datos que muestran las reacciones de los jóvenes lectores ante el juego de confusiones. En él, se acumulan comentarios de lectores despistados como el que sigue:

«Es genial ya me encanto el libro y ahora canto mas tu blog, y pensar que esta historia tan bonita es real. por cierto ¿q madres famosas son? siempre m lo pregunte».

Además de sacar una sonrisa al lector, la anécdota pretende provocar la reflexión ante la pregunta de si realmente estarán preparados los jóvenes para leer con criterio las obras con las que se encuentran y se encontrarán. Si aquellos que les acercan la lectura estarán teniendo en cuenta dificultades como esta, tan natural como exigente, y a la vez inherente a la cultura digital que nos rodea. O si tal vez a los lectores les faltan recursos -recursos que seguramente las propias obras pueden favorecer a desarrollar- para interpretar correctamente estas obras como ficción.El juego es fabuloso, la obra propicia la duda y ofrece la respuesta -si se sabe encontrar-, el tema favorece la discusión en grupo; solo queda que los mediadores informados moderen el debate para que los lectores jóvenes que no lo hayan logrado ya puedan comprender.

Música y movimiento

La aparición de las pantallas en el terreno de la literatura juvenil también está ayudando a explorar en modos de contar diferentes a la palabra escrita y la ilustración estática. En la línea de los álbumes ilustrados en papel dirigidos a un público juvenil, e influidas por la comunión de la palabra con otras formas más visuales de comunicación propias de nuestra cultura, algunas obras se nutren de otros lenguajes más dinámicos, como el la animación y el sonido, para desarrollar sus historias.

Las casas perdidas es una obra digital ilustrada publicada el año pasado. A través de un lenguaje poético y cuidado, se presenta una serie de casas fantásticas y algunos pedazos de historias que se relacionan o suceden en ellas. Las ilustraciones tradicionales se mezclan con algunos efectos de animación, que a veces afectan al texto, y con músicas que se integran en la historia. La maqueta, que podría corresponder a un diseño tradicional de un libro en papel, se rompe en algunos momentos mediante la introducción de estructuras de «página» más libres; en ocasiones tan libres que no se pueden llamar «páginas».

Tal vez gracias a las pantallas, el libro ilustrado, de reducida lectura en estas edades, pueda encontrar un hueco donde desarrollarse, y quizá sea capaz de despertar la curiosidad lectora y observadora de los lectores adolescentes a través de los nuevos elementos introducidos.

Innovaciones estructurales

Para finalizar, comentaremos una obra extranjera: Chopsticks de la editorial Penguin, que en cuanto a innovación formal se lleva la palma. Una historia publicada tanto en papel como en pantalla sobre jóvenes y para jóvenes, y contada a través de fotografías, objetos, vídeos, canciones… sin apenas texto. La escasa presencia de la palabra, junto a los saltos temporales y las referencias internas poco explicadas abren mucho las opciones de interpretación de los detalles de la historia y pueden llegar a desorientar al lector.

Sin embargo, el manejo es magistral en algunos elementos de esta historia, que apunta hacia un futuro libro digital que aprovecha las capacidades tecnológicas de manera artística y creativa. La ambientación, la caracterización de los personajes principales, la carga emocional, el peso del elemento musical en una historia que comparte título con un vals para piano, la actualidad de los escenarios y de los objetos seleccionados, la simbología que conecta con el mundo juvenil… hacen de esta una obra única, a pesar de la dificultad de los vacíos del texto.

La estructura es la de un libro dividido en páginas, pero también es una historia narrada en fragmentos: sesiones de chat entre los protagonistas, notas y dibujos que se intercambian los personajes y que son las formas de diálogo de esta obra. Es una historia narrada mediante enlaces: hay continuas salidas del texto a vídeos musicales de diferentes épocas; y es una historia narrada a través de pistas: el libro está poblado de fotografías de objetos que se relacionan con la historia y que ofrecen oportunidades de interpretación al lector.

Si, antes de irnos, tratamos de dar respuesta a la pregunta de si la literatura juvenil digital es ya una realidad, hemos de contestar que puede ser que la literatura juvenil digital sea todavía un reducto mínimo de la producción general pero también podemos concluir que las obras existentes y la implicación de sus creadores y productores revelan una enorme responsabilidad creadora.

En las obras comentadas, entre otras, se observa una intención de realizar una innovación productiva aprovechando el cruce entre literatura juvenil y pantallas, lo cual apunta a unas posibilidades artísticas y literarias de lo más esperanzadoras, a la producción de obras que nos aproximen como sociedad a lo que todos deseamos: que quieran leer.

Obras citadas

ANTHONY, J. y CORRAL, R. (2011). Chopsticks. Nueva York: Penguin Group.

MARÍAS, F. (2010). El silencio se mueve. Madrid: Ediciones SM.

MARÍAS, F. (2011). “La literatura en la era digital”. Encuentros en Verines. Disponible en: http://www.mcu.es/archivoswebmcu/verines/pdf/v11_fernando_marias.pdf

ORO, B. (2011). Pomelo y limón (versión aplicación). Madrid: Ediciones SM.

SERRAT, X.; OBON, A. (il.) y ALEGRET, D. (mús.) (2011). Las casas perdidas. Barcelona: La Tortuga Casiopea

SIERRA I FABRA, J. (1997; versión aplicación, 2010). Campos de fresas. Madrid: Ediciones SM.

***Imágenes usadas en este artículo: 1. Ilustración del menú interactivo del libro Las casas perdidas (2011), editorial La Tortuga Casiopea. 2. Detalle de la portada El silencio se mueve (2010) de Fernando Marías, Ediciones SM. 3. Ilustración de Las casas perdidas. 4. Imagen de Chopsticks (2011) de editorial Penguin.


Actualizado: 13 de abr de 2020


Paco Roca era una foto viviente de la portada de su último libro Memorias de un hombre en pijama. Estaba sentado, con las piernas cruzadas, con un libro en la mano y viendo hacia un lado como esperando al próximo lector de la fila. Para ser honestos, solo le faltaba el pijama, y se le notaban las ganas de tenerlo puesto. Tampoco leía el libro que tenía entre las manos; solo servía algunos autógrafos con ese tono afable de aquel a quien el éxito parece no haberlo visitado. Era el tercero de una fila relativamente larga, donde se encontraban hombres entre sesenta y setenta años, junto a jóvenes entusiastas, todos fanáticos de las historias de este ganador del Premio Nacional del Cómic en el 2008. Aunque todos los que esperaban aplaudían su talento, ninguno imaginó que pocos meses después la versión cinematográfica de su aclamado libro Arrugas se llevaría el máximo galardón del cine español, el Goya, por mejor película animada y mejor guión adaptado. Menos pensarían que lo reconocerían pocos días después con el Premio del Japan Media Arts Festival y a las semanas con el primer lugar en el Festival de Cine de Animación de Stuttgart. Así que después de esta entrevista que me cedió aquel día, el éxito lo sigue visitando de sorpresa. Pero supongo que, aunque feliz, solo querrá quitarse la pajarita y vestir de nuevo algún pijama de rayas.

Así como El invierno del dibujante empieza con aquel guiño autobiográfico del niño que insiste a la madre para que le compre la historieta, ¿tienes noción de cómo fue tu acercamiento al cómic?

Sí, en El invierno del dibujante quería comenzar por mí mismo como lector, el niño, el kiosco, los tebeos y finalmente con los dibujantes que los hacían, que son quienes aparecen en escena en esas primeras páginas. En la mayoría de los recuerdos más felices de mi infancia están presentes los tebeos. Mis favoritos eran, por supuesto, los de la Editorial Bruguera y también Tintín y Astérix.

En una conferencia sobre el cómic, Marcello Serra hizo la salvedad de que el cómic es un medio, un sistema narrativo, y no un género. ¿Cómo defines tú el cómic?

Para mí es un medio, tan válido como cualquier otro. Es capaz de hablar de cualquier tema con su propia voz. Tiene herramientas propias y un lenguaje propio que lo hacen capaz de ello. El cómic, además, tiene una libertad creativa que pocos medios tienen. En los últimos años me parece que es de los medios que más innovan.Uno de esos nuevos caminos de exploración es la novela gráfica. Un formato que permite la total libertad creativa del autor. Algo así como el fin de las ataduras convencionales que tuvieron las vanguardias artísticas del siglo XIX.

Muchos expertos procuran en la actualidad debatir sobre la edad del lector a la que va dirigida la novela gráfica. Santiago García en su libro La novela gráfica sostiene que el cómic está “dominado por su función como producto de masas, y que se ha visto obligado a madurar grotescamente sin perder su apariencia juvenil” (p. 269). Junto a él, muchos expertos buscan en este acceso intelectual del cómic a la academia, la necesidad de separarlo del mercado juvenil o infantil. ¿Por qué esa necesidad de deslindarse de los orígenes?

Durante las últimas décadas, dentro del medio, ha habido autores que han querido contar historias diferentes, para un público más adulto. Esto lleva a buscar nuevas herramientas narrativas, un nuevo formato y también a buscar un nuevo nombre. Queramos o no, la palabra define al medio y todas las que tenemos hacen referencia al humor o a una lectura peyorativa. Más que posicionar al medio en el ambiente académico o intelectual, es más la necesidad de empezar un camino de cero, sin el lastre del lenguaje heredado, del prejuicio de ciertos lectores y con más ambición por parte del autor.

¿Qué te inspiró a escribir Arrugas? ¿Pensaste que con ella te llevarías el Premio Nacional del Cómic ese año?

El punto de partida de Arrugas fue hablar de la vejez. Mis padres son mayores y quería intentar comprender qué sienten. A esto se añadió el hecho de que el padre de un gran amigo tenía Alzheimer. Pude ver cómo esta terrible enfermedad lo deterioraba y también cómo afectaba el entorno familiar.

En ningún momento pensé que pudiera ser un éxito. Las historias sobre la vejez no interesan; pocos libros, películas o cómics tratan de ello. Es como si fuese una etapa de la vida humana de la que no queremos saber nada.

¿Tú sientes que Arrugas fue concebida como una novela gráfica solo para adultos? ¿No crees que un joven quizás pueda descubrir cosas en ella?

Cuando hago un cómic, en primer lugar lo dirijo a mí, hago lo que a me gustaría leer. Pero en el caso de Arrugas si que es cierto que llega a un público muy amplio. Durante este tiempo he hecho muchos “bolos” con Arrugas y alguno de ellos ha sido en colegios. Es un público también sensibilizado con el tema porque muchos tienen abuelos en residencias o que padecen Alzheimer.

A pesar de que siempre los comparan, el cine y de la novela gráfica son formatos distintos. ¿Cómo fue la experiencia de adaptar Arrugas al cine?

Tienen en común que usan la herramienta del dibujo para narrar una historia, pero son dos medios diferentes. El cómic original ha sido muy útil como un pre-story board y para marcar la estética de la película. La adaptación que ha hecho Ignacio Ferreras, el director de la película, es muy fiel al cómic, pero ha tenido que cambiar escenas y el orden de alguna de estas para que funcionase mejor como película. Yo estoy muy contento con ella; ha mantenido el espíritu de la historia original, pero ha añadido matices y ha convertido Arrugas en algo más grande.

¿Cuál fue la respuesta en el festival de San Sebastián? ¿Cómo los trató el público de butaca?

Aún es pronto para saber cómo funcionará. La animación para adultos, al igual que el cómic, está luchando por encontrar también su camino y su público. Pero el arranque en San Sebastián fue bueno, tanto de críticas como de comentarios de los espectadores.

Siendo ganador del Premio Nacional del Cómic, quieras o no, te transformas en una institución dentro del campo. ¿A quiénes consideras los grandes maestros del medio? ¿De quién has aprendido o sigues aprendiendo?

Uf. Hay muchos, y cada uno de ellos por diferentes motivos. Hergé por el sentido del ritmo y por la seriedad y el respeto con los que afrontaba cada nuevo álbum. Richard Corben y Robert Crum por lo narrativo y por comenzar a agitar el medio. Frank Miller y Alan Moore por llevar el “lado oscuro” a los superhéroes. Otomo, Taniguchi y el manga en general me han ayudado a comprender que las historias se pueden contar con otro ritmo. Seth, Sacco, Ware… Y todos los autores españoles como Carlos Giménez, Miguelanxo, Guarnido, Max, Pacheco, Miguel Ángel Martín, Jaime Martín, Rubín, Zapico, Pepo, Aja… y me dejo muchos.

En Las calles de arena juegas con la casualidad y los imposibles en el amor, pero también con el recuerdo y las manías de las personas. ¿Tienes alguna particularidad extraña parecida a los personajes de tu novela?

Las calles de arena me sirvió como cajón de sastre en el que tenía cabida todo lo que me preocupaba, todas mis neuras… Hay un poco de mí en todos los personajes. Me aferro a las cosas y a los recuerdos como el conde Diógenes, soy inseguro como Ignacio a la hora de hacer su maleta… Pero, quizá, el personaje que más tiene de mí es Blanca, la cartera. Me veo así muchas veces, ajeno al mundo e inmerso en crear historias para los demás.

¿Cómo sientes la evolución del cómic en España comparado al mercado editorial en otras latitudes?

La gran diferencia es la industria editorial que se basa lógicamente en la cantidad de lectores. En Francia hay álbumes que venden mucho, que incluso sobrepasan el medio millón o el millón de ejemplares. Eso hace que las editoriales sean fuertes, que apuesten por nuevos autores y que les paguen unos buenos adelantos. Dicho esto, la calidad de los autores españoles está a la altura de los mejores del mundo. Por eso mucho de ellos trabajan para los mercados extranjeros, precisamente porque los editores pueden pagarles mejor.

Poco a poco las cosas van cambiando, cada vez tenemos más lectores, cada vez el cómic está más presente en la prensa, la televisión y, muy importante, en las librerías generalistas.

¿Qué opinión te merece el hecho de que algunos de tus fanáticos hayan leído tus obras descargadas ilegalmente por internet? ¿Has visto los videos que algunos fanáticos hacen con tus viñetas en YouTube? ¿Qué opinas?

La verdad es que no he visto ninguna de esas ediciones piratas. Sé que existen, claro. Hace un par de años di una charla en México y la mayoría de los que habían leído Arrugas se lo habían descargado ilegalmente de internet. En aquel momento Arrugas no se vendía allí y comprarlo de importación era carísimo. No es que lo apruebe, pero lo entiendo. Para todo este tipo de cosas creo que va a ser una buena solución el formato digital y la compra por internet a un precio realmente económico. Este es un mercado que aun está arrancando y el éxito puede estar en ajustar los precios al máximo.

¿Crees que se pueda leer Astérix, Sin City o incluso El invierno del dibujante en formatos digitales de la misma manera que en la edición física? ¿No sería una ironía leer sobre la época Bruguera, la importancia de una editorial y del ejemplar del libro en físico, para que luego lo descarguen en formato digital?

La lectura digital es una experiencia diferente, pierdes el tacto del papel, la encuadernación, la lectura de la doble página o el olor de la tinta. Pero ganas en otras como por ejemplo en la fidelidad del color. En cierta forma es parecido a la diferencia que hay entre los que les gusta ver una película en el cine y a los que prefieren verla cómodamente en la televisión de sus casas. Solo espero que ambos soportes convivan, pues cada uno tiene sus ventajas y van a públicos diferentes.

Tu último libro publicado, Memorias de un hombre en pijama, recoge las viñetas humorísticas de tinte autobiográfico publicadas en el periódico valenciano Las Provincias. ¿Por qué esa necesidad de muchos autores de novelas gráficas en retratar su vida ante el mundo?

Como decía antes, el cómic puede tratar cualquier tema. Hasta ahora parecía que lo normal era contar historias grandilocuentes: la destrucción de Neo Tokyo, la salvación del mundo de una invasión alienígena… ¿Por qué no hablar también de las cosas pequeñas, las que nos pasan a todos día a día y las que nos hacen ser como somos? El cómic tiene una frescura y una libertad narrativa perfecta para contar este tipo de historias en las que la necesaria voz del narrador te obliga a dibujarte y convertirte en un personaje.


Conversaciones minúsculas

¿Un libro?

Meridiano de sangre, de Cormac McCarthy. Lo leí hace poco y me gustó mucho.

¿Tebeo, historieta, cómic o novela gráfica?

La Compañía. Segunda entrega de Parker de Darwin Cooke.

¿Una película?

Código fuente. De Duncan Jones

¿Un héroe del cómic?

Haddock.

¿Un Goya o un Óscar?

Cualquiera de los dos mientras se pueda recoger en pijama. Uno elegante, por supuesto.

De no ser Paco Roca, ¿qué otro oficio tendrías?

Me dedico a esto por estar totalmente negado a hacer otra cosa.

¿Alguna promesa?

A Dios pongo por testigo que no volveré a comprarme un Astérix.

¿Algo que olvidar?

Tengo muy mala memoria. Ya me gustaría olvidar menos.

¿Una actriz para interpretar en el cine a Blanca de Las calles de arena?

Aunque finalmente no se parece en nada, en los primeros bocetos me inspire en Christina Ricci.

¿Una palabra?

Barlovento.

¿Algún libro que marcara tu adolescencia?

Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

¿En qué animal te gustaría metamorfosearte?

En tortuga. Parece el animal menos estresado del mundo.



***Imágenes cortesía de Paco Roca.


Actualizado: 13 de abr de 2020


La autora cordobesa aún no lo podía creer. Estos días se mantiene sumergida, como ella misma afirma, en una catarata de llamadas, mensajes, entrevistas radiales. Son solo algunos de los compromisos adquiridos a raíz de su reciente triunfo, junto al ilustrador checo Peter Sís, en los premios Hans Christian Andersen. María Teresa Andruetto atiende a todos con la disciplina del escritor, oficio que lleva ejerciendo toda la vida. Fue merecedora del Premio Iberoamericano a la Trayectoria en Literatura Infantil en el 2009, y tiene publicados, entre otros, libros como El anillo encantado (1993), Stefano (1997), La mujer vampiro (2001), El país de Juan (2005), El árbol de las lilas (2006), y también poemarios y novelas para adultos como Lengua madre (2010) que fue finalista en el premio Rómulo Gallegos. En el fallo del jurado del Andersen se reconoce la creación de una obra original a partir de una estética propia, poética, que reflexiona sobre temas como la migración, la injusticia, la identidad, la pobreza, la violencia y el amor. De esta forma, se convierte en la primera latinoamericana de habla castellana reconocida por el que catalogan el “pequeño” Premio Nobel de la literatura infantil y juvenil. María Teresa Andruetto, promotora innata de la literatura en niños y jóvenes, atendió amablemente a nuestro llamado y nos respondió algunas preguntas:

En todas sus entrevistas, habla de su capacidad de mentir en la infancia. ¿Mentir es un oficio? ¿Cuándo es mentira y cuándo ficción? ¿Miente en la ficción?

La ficción es una “mentira” que tiene efecto estético, una mentira que nos permite descubrir una verdad más verdadera que “la verdad”, y su intención y sus búsquedas son también estéticas. Diría que mentira y ficción son algo así como primas, pero la segunda es la forma artística de la primera y no tiene intenciones de estafar sino de producir un cierto engaño que regocije y nos ayude a pensar y a sentir con mayor intensidad.

Una vez comentó que el regreso a un lugar es posible sólo a través de la palabra. ¿Cómo regresaría usted a su adolescencia?

He regresado a ella y a otras zonas de mi pasado a través de la palabra. Solo tenemos el presente, o sea apenas un momento fugaz, pero a través de esa cantera -una cantera de imágenes y de palabras- que es la memoria, conservamos el pasado, atesoramos momentos y revisamos con dureza otros intentando ser coherentes con lo ya vivido o distintos tal vez, mejores. En cuanto a mi adolescencia, fue un momento muy rico, muy intenso de aprendizajes y experiencias, y seguramente ahí se definieron muchas cosas, muchas líneas de vida que ya no abandoné, pero no sé si fue el mejor momento de mi vida; tal vez no, porque yo era muy insegura, por entonces, muy acomplejada. Conservo más recuerdos dichosos de épocas de mayor madurez.

¿Qué tan vital considera la construcción de la memoria para las sociedades en la actualidad?

Sin memoria no hay pasado, tampoco hay posibilidades de revisar lo ya hecho para corregir el rumbo o reafirmarlo. La memoria individual y social, una memoria que puede ser verbalizada, es lo que nos distingue de otros seres vivos no humanos.

Muchas de sus historias, buscan entender el concepto de identidad, ¿cuál sería la identidad de su escritura?

Tal vez la identidad de mi escritura sea una búsqueda constante, no sólo de temas (que corre por diversos caminos), sino una búsqueda del lenguaje. Me refiero a un lenguaje que siendo el castellano “de todos” o “de muchos” sea también mío propio, la búsqueda de una lengua privada, un acento propio, en este mar inmenso de la lengua social.

El árbol de las lilas es un cuento que leen niños, jóvenes y adultos por igual. ¿Qué simboliza este árbol que une tan amplias lecturas? ¿La espera es un asunto femenino o masculino?

Bueno, el árbol a secas no sé, pero ese árbol sin duda es un árbol de amor. La espera ha sido tradicionalmente un tópico femenino en la literatura universal. Es la princesa la que espera. Pero aquí salió de ese modo: hay un hombre que espera (¿por qué no?) y una mujer que busca. Tal vez eso haya sucedido en el relato, porque yo soy más una persona que busca que una persona que espera.

¿Esperaba ganarse el premio Andersen? Cuéntenos cómo fue el momento en que recibió la noticia.

No lo esperaba y sí. Porque al tener la espléndida noticia de que había quedado entre los finalistas, algo de ansiedad y de imaginación al respecto apareció. Pero corrí siempre la idea, tal vez por autoprotección. También porque me parecía demasiado para mí. Recibí la noticia en mi casa, en el momento en que estaba devolviendo copas y platos que había alquilado porque el sábado anterior habíamos celebrado en casa el casamiento de una de mis hijas.

¿Cómo se siente ser la primera latinoamericana de habla castellana que recibe el premio?

El premio mismo y esa circunstancia me llena de orgullo, también de responsabilidad. Quisiera estar a la altura de las expectativas de todos, porque sé bien que tantas y tantas personas vienen trabajando, como yo misma, en la enorme tarea de editar, difundir, promover, escribir, ilustrar libros para niños y para jóvenes en Latinoamérica.

¿Por qué es tan difícil como latinoamericanos hacer llegar nuestras realidades en la literatura para niños y jóvenes a otras latitudes?

El mundo, los países, las lenguas tienen sus lugares en las relaciones de poder. El de Latinoamérica es un lugar periférico. A la vez es un lugar de tremenda vitalidad. Pienso que nuestra riqueza es ser plenamente conscientes de eso, de nuestras carencias, de nuestro lugar en los márgenes, de nuestra potencialidad, de nuestra creatividad, y desde ahí mismo, desde el corazón de lo que somos, escribir, ilustrar, editar, difundir, enseñar…

¿Considera usted que la literatura juvenil es realmente un género independiente?

No, nada de eso. Nada es totalmente independiente en este mundo. Todos estamos insertos en una red de relaciones y tensiones políticas, culturales, económicas, sociales, geográficas… Eso es el mundo, la cultura. No hay forma de salirnos de eso y entonces es desde adentro de toda esa red, esa madeja de relaciones que debemos posicionarnos, escribir (enseñar, ilustrar, editar, construir lectores, dirigir instituciones o lo que fuere), como quería Marguerite Yourcenar “con los ojos muy abiertos”.

¿Cómo concibe que aún se hable de géneros en una actualidad que presenta tanto juego de discursos?

Me parece que la literatura infantil es más una zona de libros (que tienen puentes hacia ciertos lectores en formación) que un género, porque le caben todos los géneros. Aunque muchas veces y en muchas obras estemos rompiendo las pautas, ellos están ahí, construidos por generaciones a lo largo de los siglos y sirven de referente para abandonarlos, seguirlos o destruir sus bordes que es, por supuesto, también una forma de rendirles homenaje.

¿Cómo fue su trabajo en los talleres de creación literaria con jóvenes en riesgo social? ¿Cómo estimularlos a escribir? ¿Alguna anécdota?

Se parecía mucho al trabajo con otros grupos, con otros jóvenes. Lo más fuerte de ese trabajo fue para mí haberme obligado a mirarme en mis prejuicios, en pensar que tal vez, como habían vivido algunas cosas, se interesarían por “ciertos” libros. Descubrir que yo estaba poniéndolos en casilleros me produjo vergüenza y una nueva conciencia.

¿Cuáles son los proyectos a futuro?

Estoy/estaba escribiendo una novela; ya veré cuando la retomo.

Conversaciones minúsculas


¿Un libro de su adolescencia?

Bestiario, de Cortázar. Ficciones, de Borges. La bastarda, de Violete Leduc…


¿Leer o escribir?

Las dos cosas van juntas para mí.


¿Un animal en el que metamorfosearse?

Un gato o un caballo.


¿Un recuerdo?

Yo misma metida en el canasto de cartas de un cartero que me devolvió a mi casa cuando era muy, muy niña.


¿Autores que fueron influencia?

Pavese.


¿Algo argentino?

El mate.


¿Algo italiano?

Verdi.


¿Peter Sis?

Un honor, un placer, un honor.


¿Una canción?

Muñeca brava.


¿Una mentira?

Había una vez…


***Imágenes usadas para esta entrevista: 1. Fotografía de Juana Luján en la página web de la autora. 2. Detalle de la portada de la novela Stefano (2009), editado por Babel, e ilustrado por Álvaro Sánchez. 3. Detalle de la portada de Solgo, editado por Edelvives (2011). Ilustración de Cynthia Orensztajn.


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