Papi

Rita Indiana

Periférica, 2010


Leer esta novela fue conceder espacio a un eufórico, hormonal e inquietante periplo caribeño. Su protagonista, una niña dominicana que crece esperando al padre, enuncia su vida a partir de esta ausencia. Papi es un mafioso, ídolo social, mesías, que vive en New York. Rodeado de lujos, carros, novias, socios fraudulentos, fiestas y promesas que nunca cumple. Papi es la radiografía del macho latinoamericano exitoso, del pelotero que triunfa en las Grandes Ligas, del narcotraficante que construye imperios, del cantante de reggaetón, de la figura del caudillo. Es el estereotipo del hombre con poder, ese que cae en gracia, que la gente idolatra por sus formas sencillas, por haber llegado al éxito a costa de lo que sea. Eso sí, en nombre de su familia y orgulloso de sus raíces. Es el ejemplo de un progreso ajeno al sueño americano. Ante esta figura tan fuerte, la niña, que también lo idolatra por todo aquello y por ser un padre que siempre está "al doblar la esquina", construye un monólogo en el que introduce también a las otras figuras de su vida, su Mami, los primos, la abuela, las novias de Papi (de diferentes nacionalidades de Latinoamérica), y la construcción caótica de su país: República Dominicana.


Este segundo libro de la autora se publicó originalmente en 2005 por la editorial Vértigo, y cinco años después la editorial Periférica se atrevió a publicarla en España. El crítico Juan Duchesne Winter dice que la narración de esta novela es "al ritmo del perico ripeao" y efectivamente la lees/la oyes como al son de un merengue o de una konpa; pero el estado de ánimo de la protagonista puede arrastrar al lector de una marimba a perderse en medio de un punk/rock de la mano de Billy Idol. Lo hace, además, mezclando referencias de la cultura popular del Caribe, en un uso incorrecto del lenguaje donde da cabida a la invasión del espanglish. Busca replicar la voz de calle, lo sucio del lenguaje, en este ritmo frenético que se divide en doce capítulos, donde la música forma parte esencial de la educación sentimental de su protagonista. En este sentido, resalto el delirante capítulo en el que las figuras de poder encabezadas por el periodista Huchi Lora, muestran con censura y en televisión nacional los discos de Ozzy Osborne, Misfits y Megadeth; y las consecuencias que estas acusaciones "narco-satánicas" traerían para los jóvenes a quienes les gustaba el rock.


Pensando en ese capítulo, considero pertinente e interesante volver a esta novela, releerla diez -quince- años después de su publicación, tras la conquista de lo latino y lo popular en muchos otros espacios a partir, precisamente, de la música. Incluso, abrir la discusión en la forma en que la autora construye a este personaje masculino que arropa la propia conciencia de la protagonista en formación. La interpretación de esta novela puede haber mutado con el tiempo para sus lectores. Compartimos la primera página para que reconozcan el estilo:

Papi es transitar a través de un grotesco carnaval, exótico y transgresor. Sobre todo en la construcción de la identidad de esta niña/adolescente y su relación con el deseo. Constantemente nos revela la forma en que anhela a lo femenino, no solo desde la sexualidad -y su mirada cargada de sensualidad-, sino también como espacio del que quiere apropiarse más allá del padre. La protagonista cuando es niña, a ratos, puede llegar a ser irritable, hasta que sus dolorosas metáforas, casi neuróticas nos vuelven a reencontrar con esa necesidad de ser libre. Ella no quiere ser como Papi, aunque su voz, muchas veces inventada, resuene todo el tiempo como un sonido dentro, más allá de la música.


Es una novela demandante. Narrativamente compleja. No sólo por las referencias sino por la forma inquieta y simbólica que tiene de contarse. La recomendamos a jóvenes adultos que les guste lo mainstream y quieran enfrentarse a nuevos retos discursivos.


DATO CURIOSO: Rita Indiana, en 2010, formó la banda de electromerengue Los Misterios con quienes lanzó un único y exitoso álbum "El Juidero". En Spotify hicimos la lista: "Papi · Rita Indiana" en donde encontrarán este disco pero también una recopilación de las canciones a las que hace referencia la novela. Nos pareció pertinente proponerla como parte del entendimiento del ritmo interno de este libro. Aquí se las compartimos:

*En otros mares reseñaremos libros publicados y pensados para un público adulto pero donde las voces narrativas de sus protagonistas sean adolescentes. Sumergirnos en otras representaciones de los jóvenes en la literatura es también una forma de romper con el adjetivo "para jóvenes" dentro del campo de la libre recomendación.

Actualizado: abr 13


Christian Albarracín es un curioso nato. Recuerdo una tarde en Bogotá que transitamos casi toda la ciudad, explorando librerías y espacios dirigidos a la cultura. Lo extraño no es que él se detuviera en la estructura de estos lugares, sino que también recogiera mentalmente otros espacios escondidos entre sus calles: en esta esquina de Chapinero le vendría bien un grafiti, decía o aquí en Paloquemao podrían poner una escultura en forma de chigüiro. Decía frases sueltas sin más. Era como si a base de ideas estuviera haciendo una remodelación a la fachada de la ciudad. Solo que él no acumula puntos posibles para lo bello, él quiere hurgar en la belleza misma, hacerla entender antes de que florezca y ejecutarla. Más que un simple artista (aunque él diga lo contrario), es un constructor de sociedades.


Publicista de profesión, con una admirable cabeza para la organización de proyectos. Hace lo mismo un presupuesto impecable pensando en el beneficio de la comunidad, como bailar música para planchar con las abuelas con las que trabaja. Su energía es inagotable, herencia del teatro, donde formó esta vena asociada al arte inclusivo. El nombre de su oficio es un invento nuestro. Al momento de hacerle la entrevista, estábamos claros de que conversábamos con un artista plástico. Su discreta formalidad y humildad no dejan que lo digamos: no estudié para eso, afirma; por eso decidimos llamarlo interventor artístico.


Christian diseña y construye figuras delicadas con formas poligonales, que luego las expande al mundo en formas de esculturas para que las personas las intervengan. Prueba materiales, recicla, inventa, crea, improvisa. Progresa e invita a progresar. Él interviene con su arte no solo las calles de su ciudad, Bogotá, sino a las personas que la habitan, para que se reencuentren con el arte más allá de la vida cotidiana. Exploremos junto a él su dinámica transformadora:



0 · Exactamente cómo definirías tu oficio: ¿eres un artista plástico o eres una especie de “interventor artístico”?


Yo no soy artista plástico, no estudié la carrera. Estudié Publicidad y siempre me llamó la atención hacer esculturas o piezas que interactuaran con el público. Creo que también es culpa del teatro, todo aquello que aprendí sobre las tablas y quería hacerle llegar a la gente. Diría más bien que soy una persona que sigue explorando un estilo propio dentro del arte. Y lo hago interviniendo espacios públicos o privados, cada vez que se me abre una posibilidad.



1 · ¿Cómo se inició ese diálogo con el arte?

Precisamente haciendo teatro. Empecé a desarrollar escenografías y a participar en obras interactivas. Siempre me han fascinado esas obras en las que el público pueda intervenir, donde se pueda tocar al artista o subirse al escenario, que pueda sentirlo y palparlo. Por eso fue que desarrollé esculturas con las que se pueden dialogar. O sea, cuando elaboro piezas en espacios públicos quiero que el transeúnte participe, que los miembros de la comunidad puedan pintarla o intervenirla. Quiero que las vean de una forma diferente, más social; que se eleve y realce la escultura como un bien común.


En una exposición que hice en Teathron me dijeron: "es como si tus personajes estuvieran en un monólogo", y yo agregaría: quizás porque tienen una historia que quieren contar.



2 · ¿En qué momento supiste, o decidiste, que tu forma de diseñar o de hacer arte podría tener algún impacto dentro de la ciudad y la sociedad?


Hace seis años, durante la época del teatro, se me dio la posibilidad de realizar unas esculturas con material reciclado. La idea era llevar a cabo una exposición en el Park Way, acá en Bogotá. Tuve que hablar con la comunidad para que me abrieran las puertas, incluso insistí y participé en convocatorias para trabajar con el apoyo de las alcaldías. De hecho, he podido trabajar con la alcaldía de Chapinero dos veces, Engativá, Usaquén, Kennedy. A partir de ese trabajo, decidí incluir a mujeres, niños, miembros de la comunidad LGTBIQ, a los adultos mayores, para poder hacerlo más plural. Entonces se me dio una nueva oportunidad con el Instituto distrital de participación, precisamente apoyando este proyecto de recuperar espacios públicos a través de las esculturas, de piezas hechas con material reciclado. Quería hacer piezas que perduraran en el tiempo, que formen parte de la memoria de la comunidad. La respuesta dentro de la comunidad ha sido asombrosa, por eso insisto.



3 · ¿Cómo haces para que estas piezas hechas de materiales tan delicados subsistan en espacios públicos donde se interactúa con lo meteorológico y lo humano?


Es parte del experimento. Por ejemplo, hay unas esculturas decorativas de menor tamaño que he expuesto en discotecas, cafés, espacios culturales, y esas las realizo con papel kraft. Esas mismas piezas poligonales las llevo a tamaño gigante con otros materiales. El problema es que no quise que fuera fibra de vidrio o metal, por eso opté por opciones menos convencionales. Me atrevo a decir que soy el único en Colombia y uno de los pocos en el mundo en trabajar con Tetra Pak, que es una fusión de pitillos (pajillas) y plástico. Por ser un material tan complicado de procesar, se han hecho láminas resistentes al exterior. Por ejemplo, con esas láminas se hacen tejas de casas. Por eso las esculturas perduran en los espacios públicos. Sin embargo, lo ideal no es que haya una pieza terminada que se entregue, sino que la comunidad también la intervenga. Que se apropien de ella como con las escaleras y los muros, que los pinten y decoren a su gusto; de esa forma se trabaja con la conciencia social, son los habitantes de la comunidad quienes cuidan la escultura. Lo más difícil es conseguir los permisos de las alcaldías para colocar las piezas, incluso para mí que trabajo en una entidad pública, pero son situaciones que se van resolviendo poco a poco. Esto se trata de ensayo y el error, solo que requiere tiempo y apoyo.


de esa forma se trabaja con la conciencia social, son los habitantes de la comunidad quienes cuidan la escultura.


4 · ¿La intervención artística genera cambios en la forma que tienen de verse las comunidades dentro de la ciudad?


¡Claro! El arte acerca a toda la sociedad: niño, adulto, jóvenes, incluso este trabajo en equipo deja en evidencia los conflictos entre vecinos. Cuando menos te das cuenta, están haciendo un ajiaco comunal para que comamos todos juntos mientras los niños pintan. Es como si el autoestima de las comunidades se elevara. Lo notas cuando vueles a los lugares y las piezas se mantienen intactas. Son un espacio único en la ciudad, por eso la cuidan. Cosa que no ocurre cuando una entidad va y pinta su espacio, sin incluirlos. Eso no es arte, es política.



5 · ¿Por qué tu obsesión de construir formas animales?


Con los animales es que tengo un tema de fascinación hacia lo extraño, lo raro, lo surrealista, como con la ilustración. Además, la vida animal se me hace tan desconocida, pero a los vecinos les encantan. Es un asunto de reconocimiento, si eligen al oso de anteojos no es solo porque está en peligro de extinción, sino porque es un animal que identifica a Colombia. Lo acogen porque lo reconocen.


6 · ¿Consideras que este oficio es vital para mantener la identidad y la memoria de una comunidad o un país?


Cambia su identidad. Cuando me acerqué a territorios como Bolívar o Mártires, localidades que daban miedo por sus referencias a la inseguridad y la delincuencia, fue una experiencia de humildad. Nunca deja de ser interesante el diálogo con sus habitantes. Obvio sigue existiendo un código implícito, hay que tener cuidado, pero los artistas hemos podido tener acceso. Establecemos lazos con las comunidades, logrando que espacios oscuros, sucios, vinculados a la drogadicción; cambien su aspecto. Cambiar la oscuridad, que ellos logren contar su historia a partir del color y el arte. Ellos permiten que se vea diferente.


También es que se ha ido desarrollando un tipo de recorrido cultural y artístico en la ciudad. En este caso, la inauguración del transmicable (sistema de transporte estilo teleférico que permite una rápida movilización por la ciudad de Bogotá), ha favorecido el interés de las personas en lo que ocurre en Bolívar. Incluso personas de otros países van y la visitan. Se va menguando la sensación de peligro. Lo mismo ocurre en La Candelaria con la ruta de los grafitis, más allá de su importancia patrimonial. No es nada fácil entrar a una comunidad y tender esos puentes, pero es cuestión de darles voz, que sepan que puedan elegir. Ellos dan las ideas y, al ver como los ayudamos para que se ejecuten, permite que recibamos su apoyo.


Es verlos llegar a una toma de conciencia para cambiar el imaginario que tienen de su espacio, alejarlo de la delincuencia o la pobreza. Quizás hasta de generar su propia memoria.



7 · ¿Existen actualmente políticas públicas que favorezcan al desarrollo de este tipo de manifestaciones artísticas?


Si. Está el Instituto distrital de las artes (Idartes); la Secretaría de cultura, recreación y deporte; la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (FUGA). Han desarrollado convocatorias en la que los artistas que participen puedan ganar una beca para llevar a cabo el proyecto. Las mismas alcaldías se han dado cuenta que la intervención del espacio público, a partir del diálogo entre el artista y la comunidad, es más viable. Se logran mejores cosas.


Con el Instututo distrital de participación y acción comunal (IDPAC) también se han iniciado líneas de trabajo con mesas de grafitis, movimientos feministas, afrodescendientes, la comunidad LGTBIQ y más recientemente con los venezolanos, cuya migración ha sido un movimiento bastante fuerte en los últimos años. Queremos darle voz a esos artistas para incluirlos dentro de la sociedad, sabemos que esta participación permite estrechar lazos. Sin embargo, el dinero no alcanza, somos muchas personas vinculadas al arte queriendo colaborar; falta mucho dinero para el tema cultural y artístico. El arte gana fuerza pero igual es necesario que los gobernantes se den cuenta de la solución que esto genera. No solo como lo cambia, sino que fortalece la relación. Por eso queremos intervenir comunidades a la que la gente no quiera ir, a esas zonas que temen; más que apartarlas, queremos incluirlas.


Abrir esos espacios hace que la gente quiera conocer sobre su identidad, no sé, hasta de su gastronomía y las razones de por qué resisten en esas espacios de la ciudad o cómo llegaron hasta allí. Y el gran problema es que con los cambios de gobierno, se tiende a perder este compromiso y las cosas que se logran suelen quedar a medio camino.


Por eso queremos intervenir comunidades a la que la gente no quiera ir, a esas zonas que temen; más que apartarlas, queremos incluirlas.


8 · ¿Alguna anécdota que reafirme tu compromiso con esta labor?


Imagina esta escena: un domingo, señoras sacando sus ollas grandes, haciendo sancocho, todos los vecinos colaborando. Niños y jóvenes pintando, ayudándonos. La alegría de saber que a pesar de no ser artistas participan en la construcción de un mural; la satisfacción del niño diciendo yo hice esto, pinté aquello... no solo es bonito, es interesante, porque no importa lo cansado que estés, esa energía te transforma.



9 · ¿Temes que, ante el constante bombardeo de las imágenes sin filtros a causa de la publicidad y la tecnología, se pierda el impacto o el interés hacia este tipo de manifestaciones artísticas?, ¿existen formas de reivindicarlo?


Es que mi mirada de la tecnología es utilitaria.


Pongo de ejemplo Instagram, una red social de imágenes tras imágenes, pero no solo a nivel Bogotá, sino del mundo. Con ella logramos mostrar lo que ocurre en estas localidades a veces inalcanzables, pero además podemos acceder a información y arte de otros países.


Es más, muchas veces cuando la gente pasa por las calles intervenidas o ve las esculturas, quiere tomarse una foto allí. Esto genera una especie de memoria colectiva, una conexión que motiva a otras personas para asistir a verla. Con esa publicación puedes acercarte a esos espacios, reconocerlos, invitar a visitarlos. Es una publicidad de la ciudad, de cómo ha cambiado la imagen en el exterior, que seamos más que inseguridad o conflicto.


De hecho, creo que soy afortunado, nunca pensé en trabajar con el distrito con el apoyo de IDPAC, y fueron ellos los que me contactaron a través de Facebook, que habían visto una foto de mi trabajo en redes sociales y querían conocerme más.


No todo puede ser malo, como artista me visibiliza. A las comunidades también. Ya nos gustaría llegar a más ciudades, otros países, hacer de esto una red más amplia.



Iluminamos nuestros estantes submarinos para hacer recomendaciones dirigidas a jóvenes lectores. Reuniremos y compartiremos reseñas de libros, series, cine, arte, juegos o música.



ÁLBUM ILUSTRADO:

Unas personas

Jairo Buitrago

Manuel Monroy

Océano Travesía

México, 2019


A diario, las calles no sólo son transitadas por muchas personas diferentes sino también por sus anécdotas. Es decir, así como un barrio es habitado por su gente, cada persona alberga un momento en donde la vida les cambia definitivamente. Es como el tejido de una gran cobija, donde se cruza desde la alegría de un niño que estrena un regalo de la abuela a una chica que descubre un libro sobre Juana de Arco en la biblioteca. Parece sencillo, casi obvio, pero en cada uno de esos instantes se desvela la vida de estas personas y, por lo tanto, las de esa calle.


Este álbum, dirigido a niños, jóvenes y adultos, invita al lector a visitar detalladamente una gran estampa. Más que un álbum es un anecdotario. En cada doble página observamos un fragmento de la calle, con el personaje en alguna situación cotidiana, y al lado una anécdota o microcuento sobre ese momento tan cotidiano como trascendente en la vida de la persona.


Es un libro sencillo, sí, a ratos elemental, pero la elección de las palabras exactas para contar estas breves historias son tan poderosas como el trabajo plástico del ilustrador. Esa sincronía entre la misteriosa imagen de quién camina por las calles o se asoma por una ventana, se equilibra con cada palabra elegida para ensamblar el relato. Estas historias mínimas, en su mayoría, son emocionantes e interesantes, de esas que invitan al lector indagar en el ejercicio imaginario de la creación. Por ejemplo, ¿qué pasaría después con la chica que descubrió a Juana de Arco?, ¿cómo cambiaría su vida?, ¿cómo su relación con el barrio?. Existen una o dos historias que pudieran ser más potentes, una de estas es precisamente el guiño de la última página acerca de sus autores. Nos hace debatirnos como lectores si es un gesto de humildad al considerarse a los creadores como unas personas más; o más bien un exceso de vanidad. Sea cual sea la lectura, esto no entorpece la sólida propuesta del libro.



NOVELA:

Al sur de la Alameda: diario de una toma

Lola Larra

Vicente Reinamontes

Ekaré

Chile, 2014


Nicolás, arquero del equipo de fútbol del instituto, decide apoyar la toma de su colegio privado como forma de protesta. Se une a la causa de muchos otros liceos públicos en el 2006 en Chile. Lo hace, en principio, para estar más cerca de Paula, quien recién había llegado de Francia y apoya de forma comprometida lo que será recordado como la "revolución pingüina". Esta decisión de Nicolás sorprende a sus amigos del fútbol, a los miembros del Centro de alumnos que no se lo toman en serio por ser deportista y a sus padres, quienes en el pasado también estuvieron involucrados en revueltas estudiantiles. Esos días de encierro antes de la manifestación convocada en Santiago de Chile, sirven como espacio para que la vida de ellos se transforme, entre rencillas, acontecimientos propios de la adolescencia y personajes anónimos, como el de una espía con binoculares que los sigue paso a paso. Hay que estar alertas, en tiempo de batallas, cualquiera es un enemigo desde la trinchera.


Esta novela está narrada a dos voces. Ambas en primera persona. En primer lugar está la voz de Nicolás, quien escribe un diario durante la toma. Es el punto de vista de un protagonista que duda, que se enfrenta constantemente a la sospecha de sus compañeros para demostrar que no es un anodino y quien, muy a su manera, se va involucrando de a poco en las reivindicaciones sociales de la lucha. Esta narrador tan honesto, construido desde la duda y el aparente desapego, es fundamental para entender la importancia de la lucha sin pasiones reivindicativas. Esto permite una mirada equilibrada y un vínculo inmediato con el personaje. La segunda voz, misteriosa, más ajena al lector, se muestra a partir de secuencias ilustradas que se intercalan en el texto. Desde los ojos de quien los vigila y observa. Es una voz silenciosa, cauta, como si trajera de vuelta la conciencia de la memoria histórica de un país.


Recomendada para lectores de doce años en adelante. Es una obra escrita con sencillez y que arroja datos históricos que dan coherencia y vitalidad a la obra. No se trata de un libro de denuncia, sino los antecedentes cotidianos de un hecho trascendente para los jóvenes chilenos. Su obra no se reduce al acontecer histórico, sino que se pasea a través de los estereotipos, el prejuicio, las relaciones de poder, el amor y el sexo en la adolescencia. Sus personajes se construyen en base a una motivación en común y esto permite que el núcleo siempre mantenga amarrada las historias. Su final, más allá del epílogo, deja abierta la puerta para múltiples conversaciones acerca de nuestros derechos, deberes y compromisos con el bien social. Este libro ha sido merecedor de múltiples reconocimientos y traducido a varios idiomas; esto último es un gran logro, pues su origen parte de una tradición chilena tan local que incluye glosario y dicha honestidad le permitió esa trascendencia.



NOVELA GRÁFICA:

Un lugar equivocado

Brecht Evens

Traducción: María Rosich

sins entido

Madrid, 2011


Esperar a Robbie es como construir la figura de un Godot contemporáneo. Robbie, joven seductor, divertido, espontáneo, que produce un inusitado encantamiento en hombres y mujeres que lo rodean. Todos lo añoran, lo esperan, desean su presencia más que su cuerpo. Es una anécdota que se cuela en medio del aire que respiran y por eso lo añoran desesperadamente. O al menos así ocurre en la primera de las tres historias de esta novela gráfica.


Un tímido y comedido Gert, quien prepara una fiesta a la que acude todos los ex compañeros de un curso, esperan con anhelo la llegada del misterioso Robbie. Fiesta que devela miedos, cotidianidades y aburrimiento, pues todas las expectativas están puestas en esta llegada. La segunda historia, al contrario, es el encuentro con Robbie que se materializa en una disco frente a Naomi, en una noche salvaje y seductora. El mito es real. En la tercera parte, Gert y Robbie se encuentran, finalmente, amparados por la locura de la noche. Son la cara opuesta de una misma moneda. Jóvenes con formas distintas de concebir la vida


Esta novela gráfica para adultos es perfectamente una buena lectura para jóvenes a partir de dieciséis años. Es un libro que habla de la diversión, del vértigo de las personas nocturnas pero también de la soledad, del miedo a la vida de los jóvenes que comienzan a crecer; esos que aún se debaten entre el desarraigo de la adolescencia y las complejidades del mundo adulto. Este libro es un tratado sobre la libertad de ser, parecer y pertenecer. Siendo brillante ese último encuentro entre Robbie y Gert, como si ambos encontraran a su Godot, al existencialismo en la faz del otro, un Robbie viendo el sosiego y el miedo; un Gert obligado a cruzar sus límites. Todo en nombre de la amistad pero, a su vez, en una gran celebración, una fiesta de colores y sensaciones. Es salir a festejar con tus amigos y olvidarte de la vida. El libro fue ganador del Premio de la Audacia Angoulême 2011 y la ilustración es un encuentro con la experiencia estética tan peculiar de su creador. Colores vivos, líneas que se cruzan, ambientes en fuga, sus viñetas que se difumina la mayoría de las veces en los tránsitos de sus personajes, en los parlamentos escritos a colores, con la misma técnica. Es un diálogo constante con el lector y una obra de arte que demarca el estilo de este joven creador. Solo basta con leer y ver el resto de su trabajo, que iremos recomendando, para entender el valor contemporáneo de su estética.




Fósforos e metal sobre imitaçao de ser humano

Filipa Leal

Assírio & Alvim

Porto, 2019


Filipa Leal tiene la capacidad de seguir sorprendiendo a sus lectores no sólo con obras poéticas de estructuras complejas, sino con la vida del poema suelto. Ambas lecturas son tan poderosas como si fueran estructuras de metal de un edificio. Llevo años siguiendo su carrera y he sido afortunado de que sus libros siguen alcanzándome.


En este caso el libro se divide en tres: (I) piezas poéticas con subtítulos de formas y materiales en las que se componen, donde reflexiona sobre la construcción de su identidad como autora, mujer y persona (II) un proyecto político pensado en la potencialidad destructiva del amor (III) y una crónica, a manera de texto poético, sobre un acercamiento peculiar al arte y la construcción de si misma como voz narrativa o constructora de una obra, a partir de los materiales. Vuelve al inicio, mordiéndose la cola, ensamblándose.


Su obra sigue paseándose sobre las mismas inquietudes: la identidad, la voz poética, el amor, el paso del tiempo, la edad, la política, la cotidianidad y la actualidad, porque ella se inspira en el mundo moderno, toma al hecho de interactuar con las redes sociales o internet y las incluye como parte de su construcción poética; no le teme a la novedad, sino habita en ella y la hace verbo.


Sino conocen la obra de Filipa Leal, es hora de que se acerquen y la aborden. Hay algunos de sus libros traducidos al español, en editoriales independientes como Tragaluz (Colombia); pero también mucha de su obra poética en idioma original parte de pequeñas editoriales portuguesas como Assírio & Alvim. De no temerle al portugués, arriésgate, valdrá la pena. Comparto con ustedes uno de los poemas de este libro, propio para la ocasión:



"OS NOSSOS HERÓIS DA ADOLÊSCENCIA MUDAM TANTO

(Gelatina, 2017)


Os nossos heróis da adolêscencia mudam tanto.

Enchem-se de caracóis e de suplícios. Morre-lhes o gato,

prostituem-se, não chegam a ser advogados (ainda bem).


O pior é que alguns deixam de ler e de beber.

Aumentam o ego e a barriga, não sabem estar sozinhos.

Já nem sequer tentam parecer interessantes.

Vão ao supermercado comprar ovos e massa

e se passam na praia ao fim da tarde, não se descalçam,

para não encherem os pés, e os carros, de areia."


Traducción libre hecha por mí:


NUESTROS HÉROES DE LA ADOLESCENCIA CAMBIAN MUCHO (Gelatina, 2017)


Nuestros héroes de la adolescencia cambian mucho.

Están llenos de caracoles y tormentos. Se les muere el gato,

se prostituyen, no llegan a ser abogados (afortunadamente).


Lo peor es que algunos dejan de leer y beber.

Aumentan el ego y la barriga, no sabe estar solos.

Ya ni siquiera intentan parecer interesantes.

Van al supermercado a comprar huevos y pasta

y si pasan por la playa al final de la tarde, no se descalzan,

para no ensuciar los pies, y los carros, de arena.



SERIE:

Sex education

Creada por Laurie Nunn

Netflix, 2020


Masturbarse es un conflicto para Otis. Lo es en la primera temporada y aunque se matiza de manera distinta, también lo es en la segunda. Ese conflicto todavía sigue estando allí, como un dinosaurio al despertar. Porque para el protagonista no se trata de un acto cotidiano, como si lo es para cualquier otro adolescente. En su caso, necesita descubrir su independencia más allá de las grandes lecciones que su madre y terapeuta sexual, la Dra. Milburn, le pueda ofrecer. El sexo, para él, no es un tema tabú y ese conocimiento lo frena.


Sí, esta es una serie sobre el sexo. Dirigida al público joven, de trece o catorce años en adelante, quienes además la disfrutan muchísimo porque en el fondo, es una serie sobre ese complejo momento de la adolescencia, la lucha con las hormonas y la construcción de la identidad. A ratos es muy inglesa, elegante, pero reveladora y graciosa. No es una serie porno, no pretende escandalizar con el morbo; por el contrario, busca dar luces de confianza en los adolescentes que se sienten desorientados acerca del tema. ¿De qué forma? Pues Otis aprovecha todo el conocimiento adquirido en la convivencia con su madre, para ofrecer un consultorio sexual a sus compañeros. Lo hace junto a su amiga Maeve, para poder ganar un dinero extra. Desde esa trinchera, el espectador va conociendo las inquietudes de estos jóvenes del instituto. Esta no es una serie educativa con contraindicaciones; es más bien una puerta a entendernos desde la desnudez. La pregunta final siempre es: ¿quiénes somos y qué queremos?


Por ejemplo, Maeve es una chica aparentemente dura, pero realmente busca la justicia hacia las mujeres y su legítimo derecho a pertenecer a un espacio educativo a pesar de su familia. Lo vemos en su cotidianidad: vive en una caravana, trabaja para subsistir, pero es una gran lectora, escritora, feminista comprometida. Eric quiere mostrarse tal cual es, no sólo un gay, sino lucir su apariencia con ropas llamativas, coloridas, imponer un estilo pero en el fondo está enamorado, cree en el perdón y mantiene una relación natural de amistad con Otis porque, en el fondo y realmente, no existen diferencias entre ellos más de sus preferencias sexuales. Y así, cada personaje no sólo se enfrenta al sexo, sino a lo que ese acto sexual implica para sus vidas y la forma en que se relacionan con el otro.


En la segunda temporada resalta, por sobre todas las historias, el hecho de que al personaje de Aimee la acosaran en un autobús. El valiente desempeño de esta historia, que no había sido tratada hasta el momento de manera tan contundente al menos en una serie con tantos seguidores jóvenes, pone en evidencia el constante desamparo de las mujeres jóvenes ante la figura del hombre a esa edad. Lo siento, en 13 reason why se dan lecciones de vida masticadas, y aquí por el contrario lo hacen desde la solidaridad y realidad.


Es cierto que Sex education a veces cae en muchos lugares comunes en cuanto a la forma de relacionar sus historias de amor, sobre todo en los finales de temporada; o se pierde en algunos intríngulis innecesarios por la larga duración de sus episodios que pudieran durar menos. Sin embargo, se fortalece en la forma en que muestra las relaciones de amistad que construyen sus personajes a partir de sus incapacidades con el sexo, el deseo y los adultos.


La banda sonora es impresionante. Puedes encontrar canciones de Air, Ezra Furman, Sufjan Stevens, Billy Idol, INXS, Rod Stewart, The Smiths, The Cure, entre muchas otras bandas.



CANCIÓN:

Woman

Álbum: Luxa Prima

Karen 0 & Danger Mouse

BMG, 2019


Rubén Herrera, autor de nuestra columna musical La tribu sin nombre nos recomienda la canción Woman del álbum "Lux Prima" (2019). Este álbum nace de la colaboración de la cantante Karen O con Danger Mouse. La primera nació en Corea del Sur pero creció en Estados Unidos, es conocida por ser la líder de la banda Yeah Yeah Yeahs. Danger Mouse es un reconocido músico y productor neoyorquino, que ha trabajado con Gorillaz o Norah Jones. La letra de la canción promueve, de manera directa, el poder de lucha y empoderamiento de la mujer. Es un diálogo entre iguales, fortaleciéndose, animándose, con un ritmo que estimula. Es una canción ideal para Aimee, Maeve y todas las chicas de Sex education.



MEME: Wey ya


El rostro pertenece a la actriz Victoria Pedretti, quien interpreta a Love, el nuevo interés amoroso del obsesivo protagonista de You, una de las series exitosas de Netflix. Estrenó su segunda temporada a finales de diciembre del 2019. La imagen de sufrimiento de la actriz ha permitido crear este lamento colectivo con el "Wey ya". Wey o Güey, para los que no conozcan la palabra, es una expresión mexicana para referirse a cualquier persona.


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