Keeper
- Freddy Gonçalves Da Silva

- hace 8 horas
- 3 Min. de lectura

KEEPER
Lee Petty & David Earl
Double Fine, 2025
Existen determinadas historias en las que no son necesarias las palabras. No solo se establece un lenguaje en la composición de las imágenes, en los ángulos en que se muestran determinados espacios, sino también en las formas de interactuar de sus personajes.
Keeper es precisamente ese tipo de historias, en la que un faro andante es el protagonista. Es un faro incapaz de articular palabras, como todos los faros, y que ha estado abandonada durante años (o siglos). De repente encuentra la compañía de una inquieta ave que es capaz de darle la vitalidad que necesita para despertar en esta nueva realidad. En este inicio de improbable amistad se da un gesto definitivo para que el faro, cuyo trabajo es orientar y dar señales con su luz, se vuelva también un cuerpo capaz de viajar caminando a través de ese territorio salvaje. Este viaje que inician juntos, faro y ave, se vuelve un recorrido de protección mutua en el que ambos se ayudan a avanzar. Quien juega no sabe hacia dónde, no hay una explicación posible, pero existe un ejercicio de confianza en el que nos proponemos acompañarlos a indagar los restos de este mundo.
Existe, eso sí, una presencia extraña, representada en enredaderas que parecen avanzar hambrientas y se expanden por esta isla. El faro descubre pronto que su luz es capaz de entumecerlas: afecta la flora, altera comportamientos, abre paso. Mientras el faro se va regenerando en su función de construcción/herramienta, el ave se cuela donde no cabe esta edificación, activa mecanismos antiguos y traduce objetos raros. Juntas, esas dos acciones, un faro paciente y un pájaro vivaz, arman una coreografía de supervivencia y cuidado.

Este juego no va de resolver puzzles, sino de aprender a mirar la belleza de lo extraño, de lo inesperado. Es jugar con la luz del faro para buscar señales, esperar que las cosas crezcan, se revelen o se muevan. Es más que un entorno bellamente diseñado, sino un organismo que reacciona y que activa el interés de la mirada de quien juega. Incluso su forma de contarse como una historia sin palabras empuja esa misma ética de entender sin que te lo expliquen, leer gestos, animaciones, ritmos. Me recordaba a la película animada Flow, solo que este juego me parece incluso, narrativamente, mucho más complejo, emotivo y bello.
Hay momentos en que la puesta en escena (la cámara, los encuadres, el modo en que el juego decide qué ves) puede sentirse como un teatro lleno de colores, espacios vivos, salvajes, extraños. Insisto, es un juego realmente hermoso visualmente. Y, en general, esa dirección visual, en la que las perspectivas son caprichosas y cinematográficas, funciona como una guía emocional, coloca a quien juega entre lo contemplativo, lo tierno y lo raro.

Es un juego que entiende el valor de la pausa, no te empuja a la épica sino a la odisea de este faro que es una metamorfosis constante, en donde el avance del tiempo no apremia, porque el mundo dejó de ceñirse a él. Es más bien un tema orgánico, natural: es cómo el faro se va "des-" y "re-" construyendo a medida que pasa la vida.
Al final, Keeper no parece interesado en convencer al que está detrás de la pantalla de que está en una misión heroica, sino en recordarle que así como el personaje, quien juega es apenas un sistema de apoyo, un cuerpo que alumbra y que necesita a otro para accionar lo que no puede accionar solo. Y esa es, quizás, su apuesta más discreta y política, la mecánica de lo recíproco y esa manera de entender que somos parte de un todo.
Como me ha gustado, disfrutado y conmovido este juego.








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