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ALMENDRA

Won-Pyung Sohn

Traduce: Sunme Yoon


Yunjae vive protegido por su abuela y su madre. Con dieciséis años es incapaz de sentir ningún tipo de emoción o empatía por su entorno. No es su culpa, sino que las amígdalas de su cerebro, principal núcleo de control de las emociones, son del tamaño de una almendra. En ese sentido, la vida se le hace mucho más elemental y plana. Aprende, gracias a su familia, cuáles emociones debe fingir para tener una convivencia más natural con el resto de las personas. Una tragedia inesperada, de esas que son capaces de vulnerar las emociones de cualquier ser humano, lo obliga a vivir solo y entenderse en un entorno poco comprensivo con su incapacidad. El instituto, el trabajo en la librería de la madre, la relación con tres nuevos personajes bastante peculiares que llegaran a su vida para retar su capacidad de ser empático con el otro. Una novela de lectura voraz, cuya forma simple, descarnada y obvia de narrarse corresponde con la propia incapacidad de su protagonista de imaginar una vida distinta. Esa necesidad narrativa de enunciar las emociones de manera tan llana deja en evidencia lo fría y solitaria que puede ser la ausencia de lo poético en nuestra relación con el mundo. Esta autora coreana sorprende con esta breve historia acerca de la importancia de dejarse tender una mano, de la hostilidad de la racionalidad plena, y de comprender a las personas también desde sus espacios grises.

"Presentí que lo volvería a ver muy pronto. Por supuesto, soy consciente de que el verbo presentir no va bien conmigo, puesto que no puedo decir que lo haya sentido literalmente. Pero, si se piensa, los presentimientos no nacen de la nada. Los hechos que experimentamos en la vida diaria se van acumulando en el cerebro y son clasificados en condiciones y resultados (...) En otras palabras, los presentimientos son datos que se derivan de causas muy concretas, del mismo modo que sabemos que, si metemos una fruta en la licuadora, obtendremos su zumo".

 
 

LA NACIONALIEN

Sandro Bassi


Este libro sin palabras transcurre en un momento aparentemente intrascendente en las vidas cotidianas de un grupo de seres. Decimos seres más que personas, pues el aspecto de los personajes es de alienígenas. Evidentemente, al ser una estampa de la realidad, la mayoría está comprometido con su teléfono. No ven alrededor, no se ven entre ellos. Esta virtualidad que los mantiene alejados del entorno se ve interrumpida por una interferencia. Ante ese caos virtual, las ideas comienzan a estar en riesgo de confrontación en vivo y directo. Un libro visualmente poderoso y sugerente, un trabajo de la ilustración cargado de simbolismo y posibilidades. Son pequeñas obras de arte que sirven de reclamo a las nuevas relaciones de los seres humanos con lo digital y que, irónicamente, se confronta con un año donde los lectores se acogieron a este mundo de virtualidad. Es un libro al que, de manera indirecta, le ocurre también una interferencia en su lectura. Antes de la pandemia, en donde el cuestionamiento tenía un asidero, y después, donde la virtualidad fue una manera de resistencia. Los lectores, según desde dónde se posicionen, pueden oponer sus ideas a la propuesta y generar debates interesantes sobre el cuestionamiento social al que invita el libro; pero están todos de acuerdo con que la originalidad de las secuencias, el diálogo simbólico entre las formas de sus personajes y la estética casi naturalista desde lo extraño proponen un interesante libro acerca de lo analógico, el futuro, la virtualidad y las relaciones sociales.


 
 

HE VISTO UN PÁJARO CARPINTERO

Michal Skibinski

Ilustra: Ala Bankroft

Traducen: Ewa Kataryzna Mołoniewicz y Abel Murcia


Para mejorar su caligrafía, Michal, un niño polaco de ocho años, debía llevar un registro del transcurso de su verano. Este evento ordinario se llevó a cabo durante el año 1939, poco antes de que Alemania invadiera Polonia, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial en Europa. Este registro, aparentemente intrascendente, es una mirada poderosa de la simpleza con la que el mundo cambia de un momento a otro. Este cuaderno, el cual se registra de forma íntegra dentro del álbum, está acompañado de ilustraciones llenas de luz, color, que arropan la mirada del lector. En estas imágenes plásticas tan poderosas, las frases simples del niño cobran una fuerza inusitada. Es el lector quien, estableciendo el pacto, observa al mundo como ese niño de ocho años. De manera sencilla, evidenciando ese entorno boscoso que le da vida e inmensidad, pero que a su vez, a medida que transcurre el verano, se va haciendo opaco y peligroso. Este libro es un salto de fe, una exaltación de la creatividad y complicidad emocional para los lectores de todas las edades. Es impresionante cómo este libro sirve de antesala ideal para En algún lugar aún brilla el sol, siendo esta propuesta de rescate de la memoria judía mucho más arriesgada y original.

"Ha empezado la guerra".

 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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