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Cadena: Hulu Creador: Bruce Miller (basada en la novela de Margaret Atwood) Temporada: 2

Este año bajó tres peldaños en mi lista con respecto al año pasado. El motivo es sencillo: el regodeo estético, muchas veces, distrajo a la historia. Y cuidado, que a mí una de las cosas que más me gusta de la serie, es precisamente cómo cuentan las atrocidades con ese toque estético. Siento que mostrarle al mundo, cada vez más superficial, cómo el horror puede pasar camuflado es un logro. Pero esta vez hubo cosas insólitas, como aquel funeral de las criadas, con el traje y ritual especial; o el embellecimiento desproporcionado del atentado en Gilead que, además, sólo sirvió de cortina de humo para la historia. Tanto desborde en el estilo, le hace perder un poco el valor a la forma. Por lo que, grandes logros argumentales como la gran transformación de Serena de cara al final, se hacen de forma apresurada y poco creíble. Los pongo en situación: Serena, una de las grandes revelaciones de esta temporada, es la gran villana de la historia muy bien interpretada por Yvonne Strahovski. Su poca solidaridad con el entorno femenino la hace detestable, incluso una de las escenas más trascendentes de esta temporada (la violación a June junto a su marido) termina por incluirte, como espectador, en el bando de los que la odiamos. Ojo, que además es un odio al que te quieren llevar los creadores, para dejar los bandos bien claros ante los cambios que están por venir. Quieren que el espectador termine de posicionarse (al menos yo sí sentí un poco esta manipulación). Esta lucha por la maternidad que tiene Serena la enceguece, pero a pesar de sus propias atrocidades, se enfrenta a momentos como los de Eden y comprende (de manera muy milagrosa y repentina) que tener una hija en medio de ese sistema, sin protegerla, es una locura. Entonces la toma de conciencia que ocurre de forma coherente con sus necesidades y desde su estatus de poder, la llevan a hacer un gesto tan heroico, alentador y potente como acelerado y puesto a capricho. Entonces, un personaje tan complejo y rico en matices termina desdibujado y uno pierde el interés o la apropiación en la historia de saber cuál sería su coherente reacción ante el momento final de la serie. Luego tenemos a la gran protagonista: June / Offred, interpretada por Elisabeth Moss, quien se encarga de regalarnos siempre mucha fuerza, vitalidad, y una gama de cambios emocionales incómodos y dolorosos para el espectador. Es una de las grandes actuaciones del año (que no tanto el personaje), aunque es cierto que, también como parte del papel, a veces se le va la mano con la intensidad. Destaco muchísimo el capítulo 11 “Holly”, el del parto en la casa, que es un episodio dedicado exclusivamente a ella, y que no deja de tocarte la fibra y conmoverte ante el miedo y la imposibilidad de huir de ese mundo distópico que, aunque parece tener vías de escape en esta temporada, también se ha hecho cada vez más cruel. Ese mundo (que es un constructo posible, aunque parezca increíble o asuste) nos enseña durante la temporada, la pluralidad de sus miserias. Por un lado, en el personaje de Emily, que nos revela a las “no mujeres” que cavan tierras tóxicas en las colonias, sin importar que enfermen. Lo que introduce otro factor a discutir: si siendo mujer eres minoría, al ser mujer y homosexual eres apenas nada. Pero también muestran a Eden, interpretada por la hipnótica Sydney Sweeny, que demuestra el lado inocente, plegada a la fe, convencida de su destino y que, también de manera algo repentina (tras una conversación con June) decide huir en nombre del amor para evitar que las leyes la impidan ser feliz o libre. Esta resignación, que la obliga a aferrarse a su devoción en los últimos momentos, ofrece uno de los momentos más conmovedores y mejor logrados de la temporada: el sacrificio público en la piscina. E introduce una gran pregunta al espectador: ¿Qué nos salva como individuos cuando todo está perdido? Del final, hay muchos detractores, pero hagan el siguiente ejercicio lógico fuera de la historia: les dieron otra temporada, ¿qué más se puede hacer?... Otra decisión caprichosa. Sin duda, es una de las grandes series del año, estéticamente impecables (a veces demasiado), con una forma y un contenido propio, muy potente y necesaria en su crítica y reflexión.



 
 

Cadena original: Amazon

Creador: basado en el libro Mozart in the Jungle: Sex, Drugs, and Classical Music de Blair Tindall · Crean: Roman Coppola · Jason Schwartzman · Alex Timbers · Paul Weitz

Temporadas: 4

El año pasado lamenté que no estuviera en mi lista. Este año lamento su cancelación. Quizás por eso, ante el empate, decidí ponerla. Es una de las pocas comedias inteligentes, diferentes y astutas que ofrecía la pequeña pantalla. Uno de los grandes logros, en medio de esta marejada del año con el tema #MeToo (muy pocos hechos con acierto) fue usar al personaje protagónico Hailey (Lola Kirke) como una mirada atenta de cómo es el mundo de la mujer en la música clásica; regalándonos además no sólo una exploración de distintas compositoras del pasado que se le iban apareciendo en formas de espíritus (como lo hacían en las anteriores los hombres con el protagonista); sino que nos regala esa secuencia increíble en donde Hailey está dirigiendo la orquesta en vivo, para un concurso, y su alma fastidiada de estar siempre relegada como mujer, se desdobla enfadada, sabiéndose vista a través de los ojos de su amado y admirado Rodrigo (Gael García Bernal), el gran compositor del mundo de la música. Este quien, además, está en una profunda crisis con la música clásica, con las imposturas para ganar dinero, con lo que debe ofrecer a las nuevas generaciones, con la tecnología, con los espacios por explorar dentro del arte. Él necesita reinventarse, ella necesita reencontrase. Y en ese desencuentro, se desdibuja la historia de amor: ¿hasta dónde llega tu libertad creativa cuando amas a un ídolo? Sumemos esto a Japón y sus tradiciones como telón de fondo. En contra de la temporada señalo que algunas historias secundarias fueron circunstanciales, siendo ellos también personajes importantes en la serie; así como sentí un tanto irreal, los encuentros con los creadores del robot compositor en Japón. Aunque el final de la temporada fue abierto, podemos quedarnos con este desenlace como parte de la vida cotidiana de las personas. Sin embargo, cuestiono la decisión de Amazon que, se rumorea, la canceló para poder financiar la innecesaria serie de El señor de los anillos que tienen en producción. Junto a esta, también canceló varios de sus productos más originales como One Mississippi, I love Dick. Esta abrupta despedida, es de las que se lamentan.


 
 

Cadena: BBC América Creador: Phoebe Waller-Bridge (basado en las novelas de Codename Villanelle de Luke Jennings) Temporada: 1

¿Cuántos pensamos que Sandra Oh jamás podría hacer otra cosa que no fuera Cristina Yang? Todos. No nos engañemos, amamos el talento de la actriz en ese personaje de “Grey’s Anatomy” y fue por ese estigma que tardó en convencer a los espectadores con un nuevo personaje. Hasta que finalmente lo hizo en esta serie con Eve Polastri. Es decir, que ahora tenemos a una Cristina Yang, sólo que oficial del MI5, investigadora, y con la misma falta de sentido común. Vaya que esta mujer tiene encanto (porque no me parece que se merezca tantas nominaciones a premios) y que logra atraparnos en la intriga de esta serie. Pero ella no lo logra sola, es apenas la mitad del interés, porque sin duda la otra mitad está puesto en la fantástica (y gran olvidada de todas las galas de premios) Jodie Comer con su demencial interpretación de Villanelle. ¿No has visto la serie? Pues una premisa aparentemente fácil: Villanelle es una psicópata, asesina a sueldo. Eve Polastri inicia una investigación donde pretende atraparla, pero la psicópata también la descubre y ambas, obsesionadas entre sí, juegan a atraparse o al menos a encontrarse durante toda la serie. O sea, que es una serie policial, de delitos y asesinos y persecuciones, pero agregándole la insana obsesión de ambas mujeres por descubrir el misterio que significa la otra. Lo mejor es que no deja de ser una historia muy femenina (no sé si feminista) sin necesidad de hacer evidente el discurso. Es por eso que, la buena química de ellas, se trasluce cuando se encuentran en la historia. Es un deleite constante para el espectador, sentarse y convocar estos encuentros. Por eso seguimos con interés cada crimen, cada pista, cada posibilidad. Porque la serie replica en el espectador esa enfermiza necesidad porque ambas se vean, desaten esta curiosidad por el personaje de la otra. Súmenle a esto un afilado, sutil pero contundente sentido del humor desde lo cotidiano y una gama variopinta de personajes secundarios que enriquecen muchísimo la trama (que en el tercer episodio el público se encariñe con Bill, dice mucho). Esta serie la vi dos veces este año. La segunda fue por obligación (largo e innecesario de explicar) y no dejé de disfrutarla, de sorprenderme, de celebrarla. No sé si logren sostener este clímax en una segunda temporada; pero al menos en la primera vale la pena dejarse llevar por esta línea de investigación. Veánla, disfrútenla, sorpréndanse, pásenla bien.

Y gocen la música, que tiene una banda sonora el carajo. Y que los Emmy consideren a la encantadora y peligrosa Jodie Comer en su papel, y no hagan como con Tatiana Maslany en "Orphan Black" que tardaron cuatro temporadas en tomarla en cuenta.

 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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