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Cadena: Starz Creadores:Justin Marks Temporada: 1

Mucha gente se desvive por Altered Carbon o Westworld (incluso el año pasado estuvo en mi lista, pero este año fue un menudo desastre). Así que, si quieren complejidad, entren al mundo de Howard Silk interpretado por el maravilloso J. K. Simmons. La premisa es, en principio, un día común en la vida de cualquiera ser humano promedio: problemas, una vida gris, el amor en vilo (en este caso una mujer en coma), y un trabajo burocrático. Muy kafkiano el tema. Hasta que descubres que, en esa agencia donde trabajas, hay una especie de portal a otra dimensión. El otro lado, pero no el de Stranger Things. Es un lado distinto en donde él, o su otro él, Howard Prime, es un espía bastante audaz e interesante. Es como enfrentarte a tu lado más cool en el espejo, pero en la vida real. Súmale a esto Berlín, espías, burocracia y ciencia ficción. Porque esos dos mundos alternativos se crearon tras la caída del muro. Es una historia de espías clásica, pero duplicados, y estos personajes dobles pueden llegar a confundirte como espectador de dónde estás o quién son, y te van llevando de la mano a un constante vértigo de acción muy emocionante. Esta serie, eso sí, la vi con mucha calma y tiempo de distancia entre sus capítulos, porque era difícil seguirle el ritmo sin fatigarme. Eso sí, al retomar un episodio toca repensar como espectador en dónde quedó la doble vida de los agentes. Lo más interesante de todo es que, aún y cuando estás sumergido en entender este vasto universo, no dejan de tocar el tema de la identidad y del quiénes somos.


 
 

Cadena: BBC One Creador: Rusell T Davies (basado en el libro Very English Scandal de John Preston) Temporada: 1

¿Saben que es verdaderamente subversivo? Ver a Hugh Grant viejo y besándose con un hombre. Es como transgredir todos las creencias de una generación. Y a pesar de lo escandalosa que es esa imagen, no es relevante para la potente historia que solo en tres episodios (de los largos pero sustentados) se despliega en esta miniserie de la BBC. Advierto, es inglesa. Es decir, de un humor crítico y sutil que parece no decaer en ninguna de las escenas. Si el espectador abraza sus chistes, no va a parar de reír hasta que la realidad le de una dosis de realidad, de las reflexivas, de las necesarias. Vamos a partir del principio de que está inspirada en hechos reales: Jeremy Thorpe (Hugh Grant haciendo de Hugh Grant pero como con mas desenfado) pertenece al Partido Liberal británico y, entre sus placeres, están los chicos jóvenes. Pero claro, a escondidas, que su cargo político no soportaría lidiar con acusaciones de homosexualidad. Eso lo sabe Norman Scott (persona que sigue viva en al actualidad) y está interpretado por Ben Whishaw: joven, taimado, afeminado y manipulador. Ambos dejan de ser amantes para entrar a una relación más compleja: una lucha de poder. Obvio, con las desigualdades propias del caso, un político poderoso y casado con una mujer en contra de un chico que salió de trabajar en un potrero, escandaloso y sin miedo a quedar en evidencia. Entonces, el pulso por ser declarado homosexual queda en segundo plano, en una inagotable lucha por la tarjeta de sanidad que, para Norman, es realmente lo único que importa. Pero Thorpe quien, en el fondo, lo respeta y hasta le guarda algún tipo de sentimiento a Norman, considera que la mejor decisión es asesinarlo. Grandes las escenas en la que Thorpe habla de cómo ve realmente a sus am3antes; así como la de Norman en el juicio poniendo en evidencia la forma en que las personas lo desconsideran por ser afeminado, y cómo la opinión pública se olvida de su condición de persona. Es una serie no sólo reivindicativa por serlo o porque está de moda hablar de las minorías; en la serie se humaniza a estas personas que son mostrados junto a sus circunstancias. Por eso es tan brutal el final y esas últimas líneas alrededor de Norman, en donde nos damos cuentas que la lucha realmente es contra el sistema y el poder.



 
 

Cadena: HBO Creadores: George Pelecanos · David Simon Temporada: 2

Debo confesar que esta fue una de las series que me enganchó este año y la vi de forma episódica, no de un tirón. A diferencia del año pasado que, aunque estuvo en mi lista mucho más abajo, me costó entrarle. En este caso creo que, teniendo el universo de personajes tan claros, su evolución es un recorrido de más fácil seguimiento. Además de colocar los focos donde siempre debieron ir: sobre los personajes femeninos. Candy, por ejemplo, interpretado magistralmente por Maggie Gyllenhaal se inicia en la producción del cine porno apostando por una mirada menos masculina, y más vinculada al sexo como sensación y no como acción. Este tránsito nos invita a verla negociar, pactar, ocultar, tanto a sus socios como a su hijo, con todas las consecuencias que esto pueda atraer. Ella quiere triunfar, y se inicia en la producción de la película sobre Caperucita Roja (en donde, como si no fuera poco, introduce a un actor negro para hacer de lobo). En contraposición está Darlene, interpretada por Dominique Fishback, quien a pesar de estar en el mundo del porno y la prostitución, busca la manera de enfrentarse a una vida más “normal” laboralmente y alcanzando su sueño de estudiar. Ella, a diferencia de Candy, no quiere vivir de ello. O una Abigail (Margarita Levieva) que busca la manera de acercar a las prostitutas a la salud pública, a pesar de sus proxenetas. Pero en el centro, como si mantuviera en vilo la balanza, está Lori (Emily Meade), quien se va haciendo exitosa como actriz porno a pesar de tener a un proxeneta que se cree su dueño. Este personaje es vital (el de Lori) para entender la gama que nos presenta la serie, porque es en ella en la que vemos los rasgos de un maltrato constante a su identidad como individuo y como mujer al ser una prostituta. Es ella quien, para finalizar, nos regala una de las mejores escenas de la temporada y de este año: es un estallido emocional tan hermoso, casi un desahogo incluso para los que hemos estado siguiendo su evolución. Vamos a sumarle a esto, una realidad siempre latente, que golpea al espectador, asfixiante pero a su vez, distraída, y plagada de la doble moral. En su contra, algunos cabos sueltos y desdibujar algunos de los personajes secundarios que, en la primera temporada, tuvieron bastante peso. El colocar el foco en las mujeres, aunque les quedó muy bien hecho, apostaba a una necesidad del mercado; o eso me hacía sospechar al ver cómo los demás personajes iban disminuyéndose ante el paso de ellas.


 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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