El Expreso polar


En Nochebuena ocurre un fenómeno inexplicable. A la puerta de los hogares de los niños llega un tren. Sí, todos piensan que se trata de un sueño. Algunos se pellizcan para despertarse. Otros, si acaso, alcanzan a verlo. Este tren suele transportar solamente niños en pijama. Beben cacao caliente, comen turrones y esperan ansiosos, sin preguntar, para llegar a su destino: el Polo Norte. Cuando el frío se hace más intenso y las luces más titilantes, saben que están finalizando el viaje. Fuera, junto a cientos de enanos, se encuentra Santa Claus ─San Nicolás o Papá Noel─ dispuesto a entregar el primer regalo de navidad. El Expreso Polar, como se llama a aquel viejo tren, estaciona a los niños en la sorpresa de este primer obsequio.


Chris Van Allsburg, autor e ilustrador de El Expreso Polar, es un artista estadounidense de renombrada trayectoria. Es un libro publicado en español por Ekaré en 1988 y tiene, además, múltiples reediciones. Esta maravillosa historia construye una fantasía alrededor de la noche de navidad. Sus imágenes, poderosamente narrativas, muestran el viaje del tren hacia el Norte desde distintos ángulos. Narrado desde la mirada del niño ─cualquier niño o niña en genérico─ que, ese año, recibirá el primer regalo de manos de Santa Claus. Sin embargo, los planos generales, la proporción del detalle en sus imágenes, generan una calidez que contrarresta al invierno del Polo. Y, para sorpresa del lector, Santa parece mucho más delgado que el referente inconsciente de nuestro colectivo. Este detalle tampoco parece casual. Basta con ir a los orígenes de Santa Claus y toparnos con Nicola Di Bari, cuyo nombre varía según su lugar de nacimiento o por el lugar donde están enterrados sus restos.


Nicola, obispo del siglo XV, tiene en su haber un cúmulo de anécdotas que lo relacionan a lo piadoso y milagroso. Su cercanía a los niños y a las mujeres sin dote, a quienes ayudaba de forma desinteresada con regalos o monedas de oro que los liberarán de su realidad, es uno de sus tributos. Su capacidad de oración, ornamentadas con un milagroso poder de salvación, hicieron de su veneración un camino hacia el patronaje en Rusia, Grecia y Turquía. Hacerse un mito dentro de la cultura occidental como figura de la navidad ocurrió tras un desarrollo natural de su imagen y la inclusión de su figura en diversas culturas o publicación de libros. Así como tampoco es de negar que la campaña publicitaria que Coca Cola hiciera a principios del siglo XX, terminó de perfilar algunos de los detalles con los que se representa a Santa en la actualidad: el color rojo de sus vestimentas, y el carácter bonachón del anciano.



San Nicolás, sin embargo, se pelea en combate con otras tradiciones como los Reyes Magos o el Niño Jesús, haciendo de la Navidad un espacio de tradiciones y misticismo. Una de sus posibilidades se presenta en el libro La historia de Akupai de Phillippe Lechermeier y Élodie Nohue, publicado por Edelvives, en el que se hace una apología a la navidad y a la figura de Santa, con la visita de Akupai junto a otros viajeros que viven en el ártico, para recolectar grazna y poder adquirir un tinte rojo. En agradecimiento, Akupai entrega regalos a los niños del pueblo en los que hace la recolecta, y el narrador asume, al final, el legado de este hombre.


En El Expreso Polar, por el contrario, la figura de Santa sigue siendo mítica, inmortal, como el hombre que recibe los deseos y cartas de los niños en diciembre para responderle con regalos. Este clásico de la literatura infantil fue llevado al cine en el 2004 por Robert Zemeckis, director, entre otras, de Volver al futuro y Forrest Gump. A pesar de que la reinterpretación del trabajo plástico de las ilustraciones y la estética del libro pierde mucha fuerza en la gran pantalla, el valor de la adaptación radica en establecer como núcleo al personaje del narrador, un niño que pudiera ser cualquier niño, como el héroe de la aventura un poco más truculenta que la premisa sencilla del libro. Van Allsburg había logrado en su álbum, además, una intimidad mucho más concreta y universal, enmarcando al niño en un mundo fantástico y al deseo de creer en algo más que los regalos. Es por esta razón que el primer obsequio entregado en el Polo Norte es un cascabel. Este objeto sencillo significa, para todos, algo imperecedero, musical, eterno como la figura de Santa Claus. Pero tan pequeño que se pierde en el camino de regreso. El final del libro invita al lector a creer, con mucha gracia, en todas las alternativas que estas fiestas traen. Aunque lo realmente valioso, es el último gesto de Santa Claus, con aquel regalo bajo el árbol, que representa la esperanza de seguir creyendo en la magia de El Expreso Polar y de la Navidad.

*esta publicación originalmente formó parte de una colaboración semanal que PezLinterna hizo para la revista Prodavinci en el año 2014.

**Escrito a cuatro manos entre Isa Saturno y Freddy Gonçalves Da Silva.