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How to Get Away with Murder


Shonda Rhimes tiene un impresionante poder para hacer adictivas sus series. No en vano, en la actualidad, tiene tres de sus creaciones en el prime time. Solo que es en las primeras temporadas, donde hace derroche de ingenio para luego ir complicando las tramas como grandes telenovelas con recursos en las que cualquier cosa puede pasar. En el caso de esta serie que ya va por su segunda temporada, tiene tres aspectos a destacar:


1. Annalise Keating, el personaje principal interpretado magistralmente por Viola Davis. La amas y la odias, la comprendes, la sufres y padeces, es una abogada contradictoria que lucha por el poder y el triunfo. Sin embargo, sus momentos más brillantes, están en la intimidad, cuando se quita la ropa, la peluca, todos los recursos, y se muestre tal cuál es. Un personaje demasiado humano que inicia una malsana competencia entre sus alumnos, y termina aplicando sus lecciones de derecho en la vida para salir airosa y proteger -aunque deba destruirlos en el camino por un ratico- a sus seres queridos.


2. La narración en la serie: siempre abrupta, que va del presente al pasado, mostrándote con hechos como nada es lo que parece. Si debe revelar algo importante para seguir, lo hace. Esto logra que todo ocurra vertiginosamente, de forma ambigua, con la angustia de que algo peor siempre puede pasar. Lo más interesante es que, hasta ahora, no improvisa. Todo lo que revela se basa en esas pistas que te dejó en el camino. Y los finales de episodios son como tomarse una sola cerveza un martes en la noche, siempre te dejan con ganas de más.


3. El casting sexual: a Shonda le encanta el sexo, lo manifiesta siempre en todas sus series y forma parte vital de sus conflictos. En este caso, tampoco escatima recursos para ponerlos a todos a follar en nombre de sus deseos y errores. Esto genera que, en la tensión arrolladora de la narración, se le sume un toque sexy que permite el desahogo. Esto no quiere decir que ofrezca paz al espectador, porque hasta el sexo tiene sus consecuencias.


En la segunda temporada estrenada este año, muchos pensábamos que no tendría sentido seguir con la serie. Pero manteniendo la estructura, Shonda construyó una retorcida trama con los mismos efectos, logrando cautivar al público y enmarañar mucho más la historia y a sus personajes con los recursos que nos había presentado en la primera. Logra inquietarte porque no debes querer ni confiar en ningún personaje, pues todos son malos por naturaleza y sus bajos instintos lo traicionarán tarde o temprano. Y si los quieres, toca preguntarte cuáles son los límites de tolerancia que tienes con el otro.


Destaco al personaje de Connor, por ser un estudiante que empezó a jugar con el poder que le generaba el sexo y terminó siendo el único, aparte de Annalise, con una culpa y conciencia real de la situación. Y a Bonnie, a la que no soporto, pero es la única que no le teme a Annalise y eso da un buen contrapeso.



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