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Westworld


No es un western. O sí, pero no es sólo de vaqueros. Es mucho más que personas en el Oeste. A veces es tanto que uno, al principio, no entiende qué está pasando. Hasta que sale Robert Ford, interpretado por un sereno Anthony Hopkins, y va dejando pistas de la vida de Dolores, uno de los personajes principales de la serie. Ahora bien, ¿es la vida de Dolores realmente?, ¿o es lo que el inconsciente de esta "mujer" le hace creer que es una vida; que se repite, una y otra vez, bajo las reglas de un juego? Jonathan Nolan y Lisa Joy sorprenden con esta primera temporada de la serie de ciencia ficción para HBO, producida por J.J. Abrams. La historia está narrada por dos anfitrionas que han sido construidas para atender un parque temático, pero ellas no saben esto. Sin embargo, el hecho de ser unas creaciones del hombre no les anula la posibilidad de tener una conciencia sobre lo que son y lo que quieren para ellos.


El leiv motiv de esta serie radica justamente en ese despertar de la conciencia artificial. Pero esto, elevado a la idea perversa de un parque temático en donde el ser humano puede saciar sus más terribles fantasías sexuales y violentas con estas anfitrionas. Dolores y Maeve son apenas unos juguetes sobre los que se ciernen todas las atrocidades, pero ellas, al ir entendiendo a dónde pertenecen y cómo llegaron a ese lugar, descubren que la independencia es la única forma de poder ser dueñas de sus vidas y decisiones. Dolores, muy bien interpretada por Evan Rachel Wood junto al Hombre de Negro (un siempre bien actuado Ed Harris) tratan de encontrar la entrada al laberinto. Mientras que Maeve, en una de las mejores interpretaciones del año hecha por la actriz Thandie Newton, inicia una revolución contra sus dioses. En el fondo, esos dioses, no son más que desdeñables humanos que escriben y crean el destino de cada uno de ellos. Así como Dolores va descubriendo, de forma ingenua, qué es; Maeve, por su lado, nunca se considera dominada por el hombre. Ella jamás creerá que sus decisiones dependen de algo supremo y en esa necesidad por derrumbar muros, se le da la fuerza vital para arrasar con todo y desaparecer. Hasta que las emociones, que van más allá de la razón y el control, puedan dominarla de vuelta. Lo increíble de la serie, más allá de la producción y dirección, es como cada episodio va dando pistas acerca de las teorías que fundan su historia. No es confusa por jugar a serlo, ni tiene la intención de complicarte la existencia uniendo piezas de rompecabezas que no encajan. Todo tiene un sentido, una razón, y cada cosa que vas almacenando como espectador, tiene una respuesta satisfactoria para el final.


¿Quedan preguntas? Obviamente, hay una segunda temporada programada para el 2018, pero también sueltas el aire al saber que no eres tú quien está perdido en el laberinto. Porque además, como si no fuera suficiente, te dejan una última escena de temporada tan soberbia, contundente y liberadora, que no te queda más que engancharte pacientemente hasta su nuevo estreno en dos años.


Mejor episodio 1x10 "The Bicameral Mind", porque luchar por la libertad siempre tiene un costo muy alto.


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