top of page



45 POUNDS

YHWH NAILGUN


Géneros: rock experimental, rock industrial

Accesibilidad: baja

Duración: 20 min, 59 s





Casi tan conciso como explosivo, el debut de YHWH Nailgun presenta un muro impenetrable de sonido.


Parece difícil innovar en el rock, sobre todo en 2025 y después de unas siete décadas de existencia del género. De cuando en cuando, parece que los ritmos se repiten, los acordes se simplifican y todo se vuelve más agradable. Es entonces cuando algunas bandas deciden romper con todo lo establecido; una de esas bandas es YHWH Nailgun, un cuarteto neoyorquino que en marzo irrumpió en el mundillo del rock con su estridente debut.


A lo largo de los escasos veinte minutos del disco, el ritmo frenético y el ruido incesante de 45 Pounds no cesa. Las guitarras distorsionadas, de esas que tienen tantos pedales y efectos que suenan como cualquier cosa menos como una guitarra, se mezclan con la batería, tan taladrante como impecable, y con los sintetizadores disonantes y caóticos.


En conjunto con la voz ahogada de Zack Borzone, este disco crea una pared de sonido tan ruidosa como impenetrable, que no se anda con rodeos y expone sus ideas una tras otra, con una velocidad frenética, sin casi permitir un respiro al oyente. Las canciones cogen el ritmo de la anterior con un ritmo imparable; al shock inicial de Penetrator le siguen del tirón las explosiones sonoras de Castrato Raw, y a estas les sigue la batería de Pain Fountain, que suena casi como una ametralladora, y así con todo el disco.


Sin embargo, a pesar de su corta duración, 45 Pounds está lleno hasta los bordes de detalles sutiles que se revelan tras varias escuchas, haciendo que sea muy reescuchable para todo aquel que esté dispuesto a mirar los recovecos de cada canción. Sickle Walk tiene unos cencerros del teclado Roland TR-808 camuflados con el resto de la batería; Tear Pusher nos provoca con un tercer crescendo de guitarras que nunca llega; Ultra Shade rompe su ritmo repetitivo en un par de ocasiones...


Con todo, este disco deja las intenciones claras, presenta sus ideas, las desarrolla hasta donde cree que es necesario, y adiós muy buenas. Pero, sobre todo, este disco deja con ganas de más; solo queda esperar a ver qué nos trae esta banda en un futuro.


 
 




GETTING KILLED

GEESE


Géneros: rock indie, art-rock

Accesibilidad: media-alta

Duración: 45 min, 35 s





Geese trae de vuelta un sonido familiar de rock indie, pero con su propia toma en el género.


Desde la publicación de Heavy Metal en diciembre del año pasado, se podría afirmar que Cameron Winter, el cantante y cabecilla de Geese, se ha catapultado al estrellato. Sin embargo, su triunfo se veía venir desde antes: con su disco Projector en 2021, se sabía que la banda apuntaba maneras, hecho que respaldaron con su magistral 3D Country dos años después. Y otros dos años después de la publicación de aquel disco, Geese ha vuelto a demostrar lo que ya se sabía: que están a la cabeza del rock indie.


El sonido de este disco está más cerca de Heavy Metal que de cualquiera de los proyectos anteriores de la banda: mucha de la explosividad de aquellos discos se ha disipado, siendo sustituida por una sensación de melancolía general, salvo excepciones (el estribillo de Trinidad consiste en los miembros de la banda gritando que hay una bomba en su coche). En vez de eso, cada canción decide tomar un camino más pausado, meditando sobre sí misma y puliéndose al máximo en el proceso.


Sin embargo, Getting Killed no abandona el pasado de la banda: de cuando en cuando se ven influencias de sus discos anteriores, principalmente en la instrumentalización de algunas canciones. A pesar de no tener dos canciones iguales, este disco mantiene una cohesión impresionante.


Pero donde realmente brilla este disco es en su aparente simplicidad. En una escena plagada de discos maximalistas y canciones que intentan llevar a sus intérpretes al máximo, Geese hace algo más complicado aún: consigue llegar al corazón de aquel que los escuche, con canciones relativamente simples, pero que invitan a volver a escuchar el disco, y con letras que se abren a la interpretación del oyente para un mayor impacto.


En cierto modo, recuerda a lo que el rock indie fue en sus inicios: cuatro chavales, unidos por las ganas de hacer música, de forma independiente a las grandes estrellas del rock y sin muchas pretensiones. Creo que es precisamente esto lo que ha hecho que este disco sea tan querido de forma casi universal: Getting Killed brilla en lo mundano y lo clásico, en la sinceridad de lo diario. Y tal vez eso sea lo que les ha llevado a la fama, y con razón.


 
 



TRANQUILIZER

ONEOHTRIX POINT NEVER


Géneros: electrónica progresiva, ambient, sound collage

Accesibilidad: media

Duración: 58 min, 39 s





Con la experiencia de múltiples proyectos a sus espaldas, Lopatin consigue innovar una vez más.


Ha pasado tiempo desde que Daniel Lopatin consiguió abrirse camino en el mainstream, pero nunca se ha podido decir que haya renunciado a su originalidad. Desde sus experimentos iniciales en la electrónica o su influencia como uno de los pioneros del género del vaporwave, siempre se ha vislumbrado su gusto por lo experimental en todos los proyectos en los que ha participado, incluso en sus bandas sonoras para películas (Uncut Gems, Marty Supreme) o en sus trabajos más pop con artistas del calibre de Charli XCX o The Weeknd. Es justo después de colaborar con este último cuando este disco ha aparecido casi por arte de magia.


Tranquilizer sigue la línea que se podía intuir en sus proyectos anteriores: hacer un sonido más accesible y cercano al pop, pero que mantenga ese toque extraño que le llevó a la fama.


En cierto modo, este disco se siente como el resultado de mezclar un poco de todo lo que Lopatin ha hecho hasta ahora, ya sea bajo el pseudónimo de Oneohtrix Point Never o bajo alguno de sus apodos más antiguos; los samples cortados de Replica, los sintetizadores de R Plus Seven, los loops de música noventera de Eccojams, los cortes vocales de Again… Todo ello se junta para hacer un disco familiar, pero nuevo.


Curiosamente, este disco iba a ser en un principio un proyecto completamente diferente, orbitando alrededor de un archivo de samples de los 90, pero cambió radicalmente cuando el archivo fue borrado sin previo aviso. En cierto modo, el disco refleja ese componente efímero de internet: a pesar de que sus canciones son sonoramente muy distintas, es difícil destacar un punto en concreto del disco, manteniéndose la calidad a lo largo de toda su duración.


Con Tranquilizer, OPN nos trae el que posiblemente sea su mejor disco hasta la fecha, empaquetado en quince dosis magistrales de electrónica, que actúan casi como un tranquilizante real



 
 
postalpezlinternasinlogo_edited.png

Cultura, libros, infancia y adolescencia

  • Blanco Icono de Instagram
  • Blanco Icono de YouTube
  • Blanco Icono de Spotify
  • Blanca Facebook Icono
  • Tik Tok

ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

bottom of page