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Hace unos meses me invitaron a coordinar la Tarda Jove del Festival Món Llibre. Gracias por la confianza. Es verdad que organizar un espacio así conlleva muchas ideas alocadas, (im-) posibilidades y trabajo. Es una carrera de "noes" y transformaciones constantes. Después de semanas de talleres, carreteras, y muchos jóvenes, al final logramos instalarnos este viernes 29 de mayo en el mirador del CCCB y hacer nuestro ese espacio por una tarde. Fantasía.


A los interesados, escribí una entrada en el blog donde hablo un poco de donde surgió la idea de reunir a estos jóvenes autores de la colección que coordina Júlia Martí en Blackie Books. Fui muy afortunado de contar con la disponibilidad y buena energía de Enerolis Bautista, Nosheen Talat, Roguer Ángel y Sara Ramírez; así como con Alba G. Mora y su propuesta del taller de fanzine que logra llevarlos a otro nivel creativo. Surguieron no sólo interesantes fanzines acerca de la percepción de las habitaciones, desde lugares muy íntimos, personales y originales; sino que algunas de esas revelaciones se transformaron en preguntas sobre los espacios que habitamos y cómo incluso a veces romantizamos determinadas formas de estar en el mundo. A Alba la admiro mucho, por esa capacidad tan afable de llevarlos a la provocación de preguntas, pero también de subvertir los formatos de diseño. Además que quería llevarme todos sus fanzines.


Pegatina para pegar donde les apetezca, con citas de los 42 jóvenes autores, musicalizado por animales tristes
Pegatina para pegar donde les apetezca, con citas de los 42 jóvenes autores, musicalizado por animales tristes

Este evento no se pudo llevar a cabo sin la ayuda de profesores, institutos, bibliotecas, librerías, comunidades que me abrieron sus espacios y nos (a mí y a los jóvenes) dieron la posibilidad de reunirnos para contarles e invitarlos directamente. Muchos de los que asistieron, vinieron por estos encuentros que llevamos realizando durante meses antes del evento. El mundo es también lo que pasa fuera de las pantallas y de los carteles en paredes.


Gracias al Espai Llavors, Institut Eduard Fontserè, Biblioteca Francesc Candel, Biblioteca Gabriel García Márquez, Biblioteca Tecla Sala, Biblioteca del Sud de Sabadell, Biblioteca Pilarín Bayès, Mònica Boix, Gerard de Josep, Noelia Domínguez, Jordi Bosch, María Amblàs, Iris González, Marta Riera, Alba G. Mora, Júlia Martí, Ariana Basciani; y por supuesto a Laila Falcón, Piú Martínez y Anna Juan Cantavella por todas las acciones colaborativas.



No fue una convocatoria masiva, tampoco me interesaba. Sin embargo, fue muchas mas gente de la esperada a la mesa redonda. Lo mejor: el taller que sí era solo para jóvenes se llenó por completo. Al fin y al cabo, quería que interpelara a quien realmente se interesa por esos espacios creativos. De hecho, al día siguiente, caminando por Sants, llegué a ver una de las pegatinas de los gatitos que regalamos durante la mesa redonda, así que algo se movilizó en cuanto a intervenir nosotros los espacios.


Aquí les dejo mi registro personal de la Tarda Jove.




 
 


La casualidad, lo fortuito y el encuentro forman parte de las dinámicas lectoras. No solo en el modo en que un libro se acerca a nuestra forma de ser o de pensar, ni en el impacto de aquella lectura capaz de transformar una investigación. La casualidad también puede llegar a ser humana. En mi caso, fui arrastrando una serie de encuentros casuales y, me arriesgaría a decir que casi imposibles, con determinados personajes vinculados a ese pequeño mundo que orbita alrededor del mercado de la edición.

 

Ese pequeño mundo se compone de varios elementos: el proyecto de una gran editorial por publicar relatos jóvenes del alumnado de diversos institutos del Raval y La Florida; las libreras de un espacio comunitario lleno de vitalidad; profesores de institutos dispuestos a incentivar la escritura como una posibilidad para los jóvenes; unos fanzines capaces de poner en contacto a editores, mediadoras y lectores; y los propios jóvenes que, por placer, ocio o verdadero interés escritural, se unieron a esta causística.

 

¿Se dan cuenta? Se trata de uno de los hilos del tejido de una comunidad lectora en la que se conectan Blackie Books, la Librería Llavors, el Institut Eduard Fontserè, la Biblioteca Tecla Sala, Alba G. Mora y un grupo de jóvenes que se aventuraron a la escritura, dispuestos a formar parte de diversos proyectos culturales alrededor de esa publicación. Cada una de las personas con las que he ido coincidiendo en talleres, eventos y visitas fue reconduciendo mi descubrimiento de esos proyectos. Debo decir que el inicio de todo radica en un fanzine que ya habíamos reseñado en la web: La Florida / Chamberí zine.

 

Su lectura, profundamente humana y reconocible, la de una persona que habita aquella trascendencia de lo cotidiano, de lo que no siempre somos plenamente conscientes, me sorprendió, divirtió y conmovió a partes iguales. Como escribió Clarice Lispector: “No quiero tener la terrible limitación de que vive solo de lo que puede tener un sentido. Yo no: lo que quiero es una verdad inventada”. A eso se le suma la buena calidad de la propuesta fanzinera publicada por Paloma ediciones, más cercana a un libro híbrido.

 

Ese fanzine, que me enseñaron las libreras junto a otros tantos, ayudaba a entender el valor de las dinámicas que se apoyan entre sí. Y es que un fanzine que no se puede rastrear es, de alguna manera, un producto abrazado al olvido. Entonces, ese ejercicio cultural y de identidad vecinal, en el que muchas personas se retratan, encuentra una nueva posibilidad en la lectura de otros curiosos que exploran, se dejan recomendar y llegan a él por caminos inesperados.

 

A través de ese fanzine y de la investigación de sus autores, Alba G. Mora y Sergio Cascante, llegué a Històries de la Florida, un libro editado por ella. La edición está conformada por un trabajo arduo de exploración personal con las personas jóvenes que se animaban a escribir. En ese proceso se desarrollaron muchos pequeños fanzines donde cada participante exploraba su lugar en el mundo, ese mundo que habitaban todos como vecinos de La Florida. También contó con la colaboración del Espai Llavors y Gerard de Josep, docente del Instituto Fontserè.

 

Y aquí quiero ser cuidadoso. Más allá del riesgo, siempre presente, de convertir las historias de jóvenes migrantes en un simple valor editorial, creo que existe una identidad viva en el proyecto. Una identidad en la que las voces parten de una exploración honesta, personal, fuera de cualquier etiqueta cerrada. Sea cual sea. Eso no quiere decir que los libros no hablen de la vida en sus calles, o de su propia realidad como personas migrantes o hijas de migrantes. Es precisamente esa diversidad la que alimenta las posibilidades de exploración literaria de los libros.


Texto de 42 autores de los libros. Música "dedicatoria 12", álbum para morirnos de otra muerte de animales tristes


En Històries del Raval, el primero de estos proyectos, hay una estrategia editorial clara al presentar el libro como una reunión de las “noves veus adolescents de Barcelona”. Se recogen 21 relatos, en castellano o catalán, en los que se recorren muchas de las experiencias personales de habitar una zona multidiversa, muchas veces peligrosa, pero también llena de posibilidades. Allí aparecen una amenazante carta capaz de cambiar el rumbo de la vida de un joven; el extraño agradecimiento por el recibimiento de una comunidad migrante; un desahucio visto desde los Mossos y los afectados; la vida cotidiana de una paloma como forma de paliar el aburrimiento; dos amigas con un vínculo secreto; las virtudes de un grafiti con talento.

 

En todos estos relatos coincide una reflexión sobre ser joven, las ganas de huir, de cambiar, de apagarlo todo, de vivir al máximo, pero sobre todo la soledad y la importancia del otro en la reformulación de nuestra propia conciencia. Este libro lo editan Miqui Otero y Juan Pablo Villalobos entre 2019 y 2021, con la colaboración de la librería La Central y el Institut Miquel Tarradell, representado por el profesor Francesc Royuela.

 

Los editores repiten esta experiencia en 2023-2024 con Històries del Raval: la libertad que nos daba la sandía, donde recogen 11 relatos con la colaboración de la misma librería e instituto, esta vez con la profesora Clara Castellfort. En esta edición se amplían los géneros de exploración: aparecen pesadillas violentas en bucle, la reaparición de la vampira del Raval, la búsqueda de un joven a su hermano desaparecido al migrar o una mirada vivencial y agria sobre la lucha en Palestina. El punto en común, nuevamente, son las dudas juveniles, atravesadas por relatos que hablan de la cotidianidad de su generación y de la urbanidad.

 

Ahora bien, este recorrido me lleva realmente a ese primer libro que conocí, primero a través de sus autoras y autores en un encuentro que tuvimos junto a Noelia Domínguez, librera de Llavors en Casa América. Con Històries de la Florida: Latidos de un gueto, leí diez de los relatos que desarrollaron sus autores: historias de ceguera colectiva, de amores imposibles y otros posibles, de traumas familiares y personales. Existe una verdadera variedad de posibilidades y atrevimientos, que sigue siendo más un ejercicio de observación sobre cómo se cuentan los jóvenes que un objeto cerrado para el análisis literario.

 

No estoy desmereciendo el trabajo editorial ni de escritura. Comprendo, además, que existe un desbalance entre todas las voces de los tres libros. Pero es difícil analizar el texto solo desde su forma cuando lo que importa, en este caso, es también la intención. Y a mí la intencionalidad de cada una de esas personas que increpan me interesa, me convoca; mucho más que el ímpetu de buscar a las "nuevas voces jóvenes literarias". En este caso empatizo mucho más con esa honestidad de ser y que, en el camino, se les publique; porque así es el azar. Quizás, como diría Chenoa: "soy humana, muy humana".


En ese sentido, contacté con Enerolis Bautista para participar en las jornadas de Ya nadie lee, y posteriormente con Roguer Ángel para una entrevista en la Biblioteca Tecla Sala. De esa forma fui tejiendo encuentros con muchos de esos jóvenes a quienes leí con interés y, muchas veces, con admiración. Me sorprende, como el joven que alguna vez fui, reconocer mi propia falta de libertad para escribir historias de amor tan sinceras como la de Roguer con su relato "En realidad, la felicidad sí es eterna". Así como también me interpela el adulto que ahora soy, cuando lee todas las preguntas que propone Nosheen Talat con su relato "11 suïcidis" ante un suicidio inesperado, en el que las personas también pueden ser un daño colateral (relato publicado en el primer Històries del Raval).

 

Y eso, generacionalmente, no solo me interesa, sino que me gusta entenderlo como una de las muchas particularidades de las que hablan otros con absoluta honestidad: abuelos violentos, padres ausentes, violencia social, preguntas sobre la muerte. Existe una mirada desde el centro de lo que son, y esa mirada nos permite ver en 360 grados otras realidades que no nos pertenecen, pero que nos afectan por formar parte de este mismo tejido social alrededor de la cultura.

 

Quizás, a estas alturas, el hilo entre todos estos puntos se ha vuelto más enredado, pero también más visible. Sé, por ejemplo, que se tiene preparado un segundo libro de Històries de la Florida, que saldrá en 2027. También terminé topándome con Cosita, la novela que publicó Alba G. Mora, de la que luego haré una reseña por lo entrañable de su propuesta, esa mujer que colecciona objetos de segunda mano y se ve enfrentada a un Mago que busca quitarle cada uno de esos bienes preciados.

 

Cada una de las descripciones de los objetos extraños que aparecen en el relato aviva el afán de un coleccionismo personal, inusitado, tan extraño como este recorrido que les acabo de hacer por la colección de jóvenes de Blackie Books. Y, por lo tanto, también por las razones que me llevaron a pensar que tenía sentido una convocatoria como la Tarda Jove del Festival Món Llibre.


 

La intención es que sean sus jóvenes protagonistas quienes hablen de esta experiencia con los libros, más allá de la editorial, de los profesores, de los institutos y de las libreras. Que ellas y ellos encuentren un espacio de conquista sobre el cual articular su propia mirada del proyecto.

 

Después habrá un taller de fanzines con Alba G. Mora, pensado para ofrecer herramientas con las que pensar los espacios personales como posibles lugares de creación. Previamente a este taller, fui a varios institutos, bibliotecas y librerías para interactuar con jóvenes, reflexionar sobre cómo se les representa en los espacios educativos y culturales, e invitarlos a participar en una propuesta donde Alba trabajará desde un territorio aún más íntimo, propio y personal.

 


Quien quiera participar en la mesa ¿Cómo se cuenta una ciudad? está totalmente bienvenido. Será el viernes 29 de mayo, a las 17 h. Participan Enerolis Bautista, Roguer Ángel, Nosheen Talat y Sara Ramírez, esta última autora del próximo libro a publicar.


Después, a las 18:15 h, se celebrará el taller Un fanzine familiar, dirigido exclusivamente a jóvenes. Ambas actividades tendrán lugar en el Mirador del CCCB y las inscripciones pueden realizarse a través del enlace de la Tarda Jove.


Aquí podrás encontrar la crónica sobre la Tarda Jove.

 
 


ENEROLIS DIXIT

Es que los jóvenes no hacemos planes dentro del barrio, y no los hacemos porque terminamos viviendo más fuera que dentro.


¿Qué tipo de planes hacen en la ciudad?

Mira, ayer con mis amigas fuimos al teatro porque los padres de una de ellas tienen una sala y nos invitó. Después estuvimos en Plaza Cataluña, fuimos a por un Bubble tea y una Cheesecake. Ese fue el plan.

 

Menos mal que no dijiste theatre. 

(risas) Así se está contando al mundo.

 

¿Harán falta más salas de teatro accesibles o mejor promoción de las obras que se hacen?

¿Para L'Hospitalet? No creo. A un barrio se le define más bien por el grupo de personas que lo habita. El teatro te ayuda a socializar si compartes ese interés con los demás y eso quizás es lo que te lleva a unirte con más personas después de todo. Y el barrio es tan diverso como complicado. Lo puedes ver con lo religioso, si hacen algo en plan católico o que tenga que ver como con Dios, ¿qué pasa? Que cada grupo tiene su percepción de Dios ya sea Cristo o Buda o no creen. En ese sentido, lo que sí puede funcionar en L’Hospitalet sería una sala de debate vecinal.

 

¿Naciste aquí? 

Sí. Primero vino mi abuela a trabajar y cuando tuvo su residencia, vino mi madre pero después volvió a República Dominicana para seguir estudiando bachillerato. Salió embarazada de mí a los 26 años y vino a España para tenerme. Para ese momento mi abuela ya tenía la nacionalidad, en cambio mi madre la consiguió después de tenerme a mí.

 

¿Y siempre vivieron en L’Hospitalet?

Sí, primero en Avenida Carrilet. A los seis años nos mudamos a los bloques de la Florida. Allí me tuve que cambiar de colegio porque el otro me quedaba muy lejos. Y estando allí, la verdad que lo pasé un poco mal al principio porque era nuevo ambiente de barrio, era nueva dinámica, nuevo colegio, nueva gente, o sea, nada que ver con lo anterior. De niña me pasaron mogollón de cosas hasta que en secundaria entre al Fontserè.

 

¿Te gustaba el instituto? 

Es bastante buena la educación allí, los profes me caen súper bien también. Yo tengo muy buena relación con ellos. Cuando los veo es como ¡Profes! ¡Profes, qué tal, profes! Literal.


¿Ahora a qué te dedicas? 

Estoy en un ciclo de obra civil. Te explico, es como la gente que hace el calle, que planifica, que delinea la calle, líneas eléctricas... y es que a mí lo que me gusta es el dibujo técnico en sí. Me da igual qué formato de dibujo técnico sea. Pero claro, esta parte de ahora es muy matemática, muy técnica y poco creativa y yo busco algo más creativo, ligado al diseño.  



EL BARRI

¿Cómo es tu relación con L’Hospitalet de Llobregat?

De pequeña sí que era como más cercana, porque no podía moverme de allí. Pero ahora, la mayoría del tiempo la paso fuera.



¿Cuál es el motivo? 

La mayoría del tiempo estudio en Barcelona, Centro. Entonces no es que haya mucha relación. Si paso tiempo en el barrio es porque estoy en mi casa o con mis amigos o en la biblioteca.

 

¿Y no hay relación con los vecinos? 

¡Por supuesto que sí! En mi calle, por ejemplo, hay una bodega, una farmacia, la carnicería, la frutería, y todos con todos ellos me llevo. Pues me conocen a mí, a mi madre, a mi abuela. Cuando voy a por algo y llevan tiempo sin ver a mi abuela, me preguntan por ella. O cuando va ella en persona, le recuerdan lo bueno que siga allí, que se le extraña.


¿Y son también de familia latina?

¡Qué va! La de la bodega sí, es boliviana. Los de la farmacia son españoles. Catalanes, de hecho. En la carnicería son chinos y los de la frutería marroquíes. En L'Hospitalet tienen como su propio mundo dentro, incluso los catalanes con los que te encuentras son gitanos. Entonces no hablan en catalán sino en castellano. Salvo San Josep que es más pija y más de catalanes, todos por acá son dominicanos, bolivianos, colombianos, ecuatorianos, hondureños, marroquíes o rumanos. Todo tipo de diversidad.

 

¿Tú te consideras española?

No me considero ni de un sitio ni de otro, porque si estoy aquí me dicen dominicana pero si voy allá me dicen españolita. Entonces, no sé a qué pertenezco realmente. Obvio que soy española porque aparte de haberme criado con raíces dominicanas en mi casa, también me he criado con la costumbre española: su comida, su educación, todo. Además, cuando voy a República Dominicana no me sé mover, no sé hablar, y cuando me escuchan hablar me dicen que solo tengo el color, porque hablo con acento español.

 

¿Y aquí cómo te tratan?

En mi experiencia, bien. Al menos aquí en el barrio puedes hablar con un español y no te va a mirar mal por nada, ni por el color de piel ni por como hables. Capaz hasta te hablen en catalán. Normalmente no lo hace porque piensan que no sabes hablarlo.


¿No has tenido situaciones de racismo?

Siempre caen, pero es que viviendo aquí, el tema del racismo es más complicado. Me explico, es verdad que existe un resentimiento de algunos grupos españoles hacia las personas migrantes, sobre todo por las que hacen malas acciones, que son los que siempre terminan saliendo en los medios y son la minoría de cada comunidad. Pero aquí hay una cosa rara de racismo interno entre nacionalidades. Por ejemplo entre los latinos y los marroquíes hay como cierto pique, siempre se van tirando pullitas… Que eso pasa también en República Dominicana, ves el racismo interno con los haitianos que están al lado, y es básicamente porque son más negros. Y es una gilipollez, porque dominicanos hay de mi color de piel, blancos o negros. No hay punto medio porque somos afrodescendientes.


Insistes en hablar de la diversidad como realidad y conflicto, pero ¿cómo se vive en lo cotidiano aparte de la relación con los vecinos?

En los grupos de amigos. Mi gente de acá son dominicano, hondureño, peruano, tres colombianas, una marroquí, una china y yo que soy, en parte, dominicana. Después tengo el grupo de clase actual en donde comparto con una chilena, ecuatoriana, una chica de Santo Tomé y Príncipe. Hablo contigo que eres venezolano. Vivo dentro de un mapa.  

 

Si yo te pidiera salir de ese mapa, y que me pasees por el barrio, ¿qué me mostrarías? 

A los parques, al de Les Planes, aunque capaz hay gente metiéndose un poco de drobi drobi pero eso es más por la noche que se pone un poco turbio.


¿Sueles ir al parque en tu tiempo libre?

A veces. Depende. Últimamente estoy yendo más a la biblioteca. O quedo con algunas amigas para jugar vóley o básquet.



LA BIBLIOTECA


¿Qué haces cuando vas a la Biblioteca? 

Yo cuando estoy con mis amigos, voy a estudiar. Cada una hace una cosa distinta, pero igualmente quedamos para estar juntas y darnos apoyo moral. Nos ayuda a enfocarnos.


¿No hacen nada más que estudiar?

A veces nos distraemos un poco, hablamos bajito, obviamente; pero hay algunos grupos que hablan más alto y se les nota. Y los terminas mirando un poco mal, ¿no?, porque si vas a la biblioteca y vas a ocupar un sitio es para algo, no es para estar molestando a los demás. Pero en general, la gente joven se suele comportar bien en la biblioteca cuando se enfoca a estudiar.

 

¿Recuerdas tu primera vez en una biblioteca? 

Creo que fue en la Florida. Sí, daban unos cursos de inglés e iba con mi prima. Después de esos cursos íbamos a la zona infantil pillábamos libros e íbamos a casa y nos los poníamos a leer.


¿Te gustaba estar en ese lugar? 

Me sentía como en casa. Hay gente que capaz le da vergüenza ir a la biblioteca o que alguien pase por allí y los vea, pero a mí me da exactamente igual. Es verdad que en vez de ir a la parte de los jóvenes, nosotros nos sentábamos en la infantil. Es que nunca había nadie, entonces nos sentábamos en la mesa, con esos libros que nos daban risa. Sea como fuera, nos poníamos a leer.

 

¿Cómo suelen ser esos lugares en los que lees?

Literalmente sentada en mi casa. O si no, en la sala de mi casa.


¿Las bibliotecas pueden ofrecer espacios para socializar a los jóvenes?

La única vez que recuerdo algo así, fue cuando en el Fontserè hicieron un festival de cortos en la sala de actos de la Bòbila. Entonces se hacía una gala, y participé, y recuerdo que era algo más social que estar sentado leyendo.

 

¿Qué hace falta para que la gente joven vaya no solo a estudiar?

A mí me parece bien que quieran abrir espacios para los jóvenes, para que compartan, que usen los espacios públicos. Pero en las bibliotecas, hacer algo más que estudiar, es que no lo veo.


¿Por qué no?

No porque no puedan sino porque nadie se entera. No saben contar las cosas. Está el Tecla Sala que no tenía ni idea de lo que hacen con el jazz. Entonces, si propones varias actividades pero no las haces llegar a tu público, ¿cómo pretendes que vayan? Porque tú puedes pasar frente al edificio del Tecla Sala y dices, ah sí, ya está, di un paseo. Porque eso es lo que parece. Desde fuera lo que ves es literalmente una fábrica. Entonces pasas por allí y no tiene ningún cartel que diga lo que van a hacer y si lo tienen, es que no se ve. Deberían ponerlo bien abajo, notorio, que se vea, porque hay un montón de árboles y, de paso, una rampa.



¿Cómo podrían hacer para comunicar mejor la información de las actividades que ofrecen?

Te diría que Instagram aunque sea tramposo, pero que hagan un trabajo consecuente en redes, porque si a alguien le interesa, seguro lo difunde. Pero lo más importante es ir a los institutos, clase por clase, decir: mira, vamos a hacer esta actividad. También dejar un cartel en secretaría y que lo pongan en la entrada o a la salida, para que lo puedan ver más o menos, que sea llamativo.

 

¿Te parece difícil acceder a la Tecla Sala?

Es que la rampa que tiene es un poco rara. Es como pareciera que vas a otro lugar que no es la biblioteca. Como si tuvieras que caminar siete kilómetros para poder llegar, pero realmente está a diez metros. Es que tengo que ir a estudiar. Y encima me hace subir una cuesta. O sea, me lo estás poniendo difícil, ¿de verdad? Es triste porque es una cosa de percepción total.

 

¿Qué debe ser innegociable en una biblioteca?

Pues libros, fácil accesibilidad, ordenadores. Y la luz.

 

¿La luz?

No es por compararlas, pero voy en la Bòbila porque tiene mucha más luz natural que en el Tecla Sala. Es que me da la sensación de que su luz es amarillenta, como para estar de chill en mi casa, y en el Bòbila la luz es fría y me ayuda más a concentrarme. Claro, es que ese ventanal no te da el sol de frente, pero sí la sensación de que hay algo más fuera.


 

¿Cómo propondrías un lugar de encuentro?  

No sé, pienso que si hacen clubes de lectura, tampoco se va a presentar mucha gente. Puede que sí vaya gente pero no mucha porque las lecturas de la ESO son muy obligatorias y quieras o no eso te hace tener una mala visión de leer en sí, y más si es en grupo. Si tú lees algo, lo haces individualmente, encontrar algo para un grupo de personas es muy complicado.

 

Bueno, es un tema de confianza también. No quieren confiar en la gente de las bibliotecas.


Habrá que mejorar la confianza.

Habrá que mejorarla, como la luz.














Barcelona, 2026

Entrevista a Enerolis, fanzine

Proyecto ¿Y ahora qué?

Un proyecto de:





 
 
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