Conversación con Enerolis
- Freddy Gonçalves Da Silva

- hace 5 horas
- 8 Min. de lectura

ENEROLIS DIXIT
Es que los jóvenes no hacemos planes dentro del barrio, y no los hacemos porque terminamos viviendo más fuera que dentro.
¿Qué tipo de planes hacen en la ciudad?
Mira, ayer con mis amigas fuimos al teatro porque los padres de una de ellas tienen una sala y nos invitó. Después estuvimos en Plaza Cataluña, fuimos a por un Bubble tea y una Cheesecake. Ese fue el plan.
Menos mal que no dijiste theatre.
(risas) Así se está contando al mundo.
¿Harán falta más salas de teatro accesibles o mejor promoción de las obras que se hacen?
¿Para L'Hospitalet? No creo. A un barrio se le define más bien por el grupo de personas que lo habita. El teatro te ayuda a socializar si compartes ese interés con los demás y eso quizás es lo que te lleva a unirte con más personas después de todo. Y el barrio es tan diverso como complicado. Lo puedes ver con lo religioso, si hacen algo en plan católico o que tenga que ver como con Dios, ¿qué pasa? Que cada grupo tiene su percepción de Dios ya sea Cristo o Buda o no creen. En ese sentido, lo que sí puede funcionar en L’Hospitalet sería una sala de debate vecinal.

¿Naciste aquí?
En España, sí. Primero vino mi abuela a trabajar y cuando tuvo su residencia, vino mi madre pero después volvió a República Dominicana para seguir estudiando bachillerato. Salió embarazada de mí a los 26 años y vino a España para tenerme. Para ese momento mi abuela ya tenía la nacionalidad, mi madre después de tenerme a mí la consiguió.
¿Y siempre vivieron en L’Hospitalet?
Sí, primero en Avenida Carrilet. A los seis años nos mudamos a los bloques de la Florida. Allí me tuve que cambiar de colegio porque el otro me quedaba muy lejos. Y estando allí, la verdad que lo pasé un poco mal al principio porque era nuevo ambiente de barrio, era nueva dinámica, nuevo colegio, nueva gente, o sea, nada que ver con lo anterior. De niña me pasaron mogollón de cosas hasta que en secundaria entre al Fontserè.
¿Te gustaba el instituto?
Es bastante buena la educación allí, los profes me caen súper bien también. Yo tengo muy buena relación con ellos, de hecho. Cuando los veo es como ¡Profes! ¡Profes, qué tal, profes! Literal.
¿Ahora a qué te dedicas?
Estoy en un ciclo de obra civil. Te explico, es como la gente que hace el calle, que planifica, que delinea la calle, líneas eléctricas... y es que a mí lo que me gusta es el dibujo técnico en sí. Me da igual qué formato de dibujo técnico sea. Pero claro, esta parte de ahora es muy matemática, muy técnica y poco creativa y yo busco algo más creativo, ligado al diseño.
EL BARRI
¿Cómo es tu relación con L’Hospitalet de Llobregat?
De pequeña sí que era como más cercana, porque no podía moverme de allí. Pero ahora, la mayoría del tiempo la paso fuera.

¿Cuál es el motivo?
La mayoría del tiempo estudio en Barcelona, Centro. Entonces no es que haya mucha relación. Si paso tiempo en el barrio es porque estoy en mi casa o con mis amigos o en la biblioteca.
¿Y no hay relación con los vecinos?
¡Por supuesto que sí! En mi calle, por ejemplo, hay una bodega, una farmacia, la carnicería, la frutería, y todos con todos ellos me llevo. Pues me conocen a mí, a mi madre, a mi abuela. Cuando voy a por algo y llevan tiempo sin ver a mi abuela, me preguntan por ella. O cuando va ella en persona, le recuerdan lo bueno que siga allí, que se le extraña.
¿Y son también de familia latina?
¡Qué va! La de la bodega sí, es boliviana. Los de la farmacia son españoles. Catalanes, de hecho. En la carnicería son chinos y los de la frutería marroquíes. En Hospitalet tienen como su propio mundo dentro, incluso los catalanes con los que te encuentras son gitanos. Entonces no hablan en catalán sino en castellano. Salvo San Josep que es más pija y más de catalanes, todos por acá son dominicanos, bolivianos, colombianos, ecuatorianos, hondureños, marroquíes o rumanos. Todo tipo de diversidad.
¿Tú te consideras española?
No me considero ni de un sitio ni de otro, porque si estoy aquí me dicen dominicana pero si voy allá me dicen españolita. Entonces, no sé a qué pertenezco realmente. Obvio que soy española porque aparte de haberme criado con raíces dominicanas en mi casa, también me he criado con la costumbre española: su comida, su educación, todo. Además, cuando voy a República Dominicana no me sé mover, no sé hablar, y cuando me escuchan hablar me dicen que solo tengo el color, porque hablo con acento español.
¿Y aquí cómo te tratan?
En mi experiencia, bien. Al menos aquí en el barrio puedes hablar con un español y no te va a mirar mal por nada, ni por el color de piel ni por como hables. Capaz hasta te hablen en catalán. Normalmente no lo hace porque piensan que no sabes hablarlo.

¿No has tenido situaciones de racismo?
Siempre caen, pero es que viviendo aquí, el tema del racismo es más complicado. Me explico, es verdad que existe un resentimiento de algunos grupos españoles hacia las personas migrantes, sobre todo por las que hacen malas acciones, que son los que siempre terminan saliendo en los medios y son la minoría de cada comunidad. Pero aquí hay una cosa rara de racismo interno entre nacionalidades. Por ejemplo entre los latinos y los marroquíes hay como cierto pique, siempre se van tirando pullitas… Que eso pasa también en República Dominicana, ves el racismo interno con los haitianos que están al lado, y es básicamente porque son más negros. Y es una gilipollez, porque dominicanos hay de mi color de piel, blancos o negros como mi sudadera. No hay punto medio porque somos afrodescendientes.
Insistes en hablar de la diversidad como realidad y conflicto, pero ¿cómo se vive en lo cotidiano aparte de la relación con los vecinos?
En los grupos de amigos. Mi gente de acá son dominicano, hondureño, peruano, tres colombianas, una marroquí, una china y yo que soy, en parte, dominicana. Después tengo el grupo de clase actual en donde comparto con una chilena, ecuatoriana, una chica de Santo Tomé y Príncipe. Hablo contigo que eres venezolano. Vivo dentro de un mapa.
Si yo te pidiera salir de ese mapa, y que me pasees por el barrio, ¿qué me mostrarías?
A los parques, al de Les Planes, aunque capaz hay gente metiéndose un poco de drobi drobi pero eso es más por la noche que se pone un poco turbio.
¿Sueles ir al parque en tu tiempo libre?
A veces. Depende. Últimamente estoy yendo más a la biblioteca. O quedo con algunas amigas para jugar vóley o básquet.

LA BIBLIOTECA
¿Qué haces cuando vas a la Biblioteca?
Yo cuando estoy con mis amigos, voy a estudiar. Cada una hace una cosa distinta, pero igualmente quedamos para estar juntas y darnos apoyo moral. Nos ayuda a enfocarnos.
¿No hacen nada más que estudiar?
A veces nos distraemos un poco, hablamos bajito, obviamente; pero hay algunos grupos que hablan más alto y se les nota. Y los terminas mirando un poco mal, ¿no?, porque si vas a la biblioteca y vas a ocupar un sitio es para algo, no es para estar molestando a los demás. Pero en general, la gente joven se suele comportar bien en la biblioteca cuando se enfoca a estudiar.
¿Recuerdas tu primera vez en una biblioteca?
Creo que fue en la Florida. Sí, daban unos cursos de inglés e iba con mi prima. Después de esos cursos íbamos a la zona infantil pillábamos libros e íbamos a casa y nos los poníamos a leer.
¿Te gustaba estar en ese lugar?
Me sentía como en casa. Hay gente que capaz le da vergüenza ir a la biblioteca o que alguien pase por allí y los vea, pero a mí me da exactamente igual. Es verdad que en vez de ir a la parte de los jóvenes, nosotros nos sentábamos en la infantil. Es que nunca había nadie, entonces nos sentábamos en la mesa, con esos libros que nos daban risa. Sea como fuera, nos poníamos a leer.

¿Cómo suelen ser esos lugares en los que lees?
Literalmente sentada en mi casa. O si no, en la sala de mi casa.
¿Las bibliotecas pueden ofrecer espacios para socializar a los jóvenes?
La única vez que recuerdo algo así, fue cuando en el Fontserè hicieron un festival de cortos en la sala de actos de la Bòbila. Entonces se hacía una gala, y participé, y recuerdo que era algo más social que estar sentado leyendo.
¿Qué hace falta para que la gente joven vaya no solo a estudiar?
A ver, a mí me parece bien que quieran abrir espacios para los jóvenes, para que compartan y que realmente se usen los espacios, porque quieras o no, es un espacio que está ahí, digamos que sin uso, o al menos en algunas zonas. Pero en las bibliotecas, hacer algo más que estudiar, es que no lo veo.
¿Por qué no?
No porque no puedan sino que nadie se entera. Es que tampoco saben contar las cosas. Está el Tecla Sala que no tenía ni idea de lo que hacen con el jazz. Entonces, si tienes esas actividades pero no la haces llegar a tu público, ¿cómo pretendes que vayan? Porque tú puedes pasar frente al edificio del Tecla Sala y dices, ah sí, ya está, di un paseo. Porque eso es lo que parece. Desde fuera lo que ves es literalmente una fábrica. Entonces pasas por allí y ya está. No tiene ningún cartel que diga lo que van a hacer y si lo tienen, es que no se ve. Deberían ponerlo en plan bien abajo, notorio, que se vea, porque hay un montón de árboles, una rampa, no sé qué.
¿Cómo podrían hacer para comunicar mejor la información de las actividades que ofrecen?
Te diría que Instagram aunque sea tramposo, pero que hagan un trabajo consecuente en redes, porque si a alguien le interesa, seguro lo difunde. Pero lo más importante es ir a los institutos, clase por clase, decir: mira, vamos a hacer esta actividad. También dejar un cartel en secretaría y que lo pongan en la entrada o a la salida, para que lo puedan ver más o menos, que sea llamativo.
¿Te parece difícil acceder a la Tecla Sala?
Es que la rampa que tiene es un poco rara. Es como pareciera que vas a otro lugar que no es la biblioteca. Como si tuvieras que caminar siete kilómetros para poder llegar, pero realmente está a diez metros. Es que tengo que ir a estudiar. Y encima me hace subir una cuesta. O sea, me lo estás poniendo difícil, ¿de verdad? Es triste porque es una cosa de percepción total.
¿Qué debe ser innegociable en una biblioteca?
Pues libros, fácil accesibilidad, ordenadores. Y la luz.
¿La luz?
No es por compararlas, pero voy en la Bòbila porque tiene mucha más luz natural que en el Tecla Sala. Es que me da la sensación de que su luz es amarillenta, como para estar de chill en mi casa, y en el Bòbila la luz es fría y me ayuda más a concentrarme. Claro, es que ese ventanal no te da el sol de frente, pero sí la sensación de que hay algo más fuera.
¿Cómo propondrías un lugar de encuentro?
No sé, pienso que si hacen clubes de lectura, tampoco se va a presentar mucha gente. Puede que sí vaya gente pero no mucha porque las lecturas de la ESO son muy obligatorias y quieras o no eso te hace tener una mala visión de leer en sí, y más si es en grupo. Si tú lees algo, lo haces individualmente, encontrar algo para un grupo de personas es muy complicado.
Bueno, es un tema de confianza también. No quieren confiar en la gente de las bibliotecas.
Habrá que mejorar la confianza.
Habrá que mejorarla, como la luz.

Barcelona, 2026
Entrevista a Enerolis, fanzine
Proyecto ¿Y ahora qué?
Un proyecto de:












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