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ENEROLIS DIXIT

Es que los jóvenes no hacemos planes dentro del barrio, y no los hacemos porque terminamos viviendo más fuera que dentro.


¿Qué tipo de planes hacen en la ciudad?

Mira, ayer con mis amigas fuimos al teatro porque los padres de una de ellas tienen una sala y nos invitó. Después estuvimos en Plaza Cataluña, fuimos a por un Bubble tea y una Cheesecake. Ese fue el plan.

 

Menos mal que no dijiste theatre. 

(risas) Así se está contando al mundo.

 

¿Harán falta más salas de teatro accesibles o mejor promoción de las obras que se hacen?

¿Para L'Hospitalet? No creo. A un barrio se le define más bien por el grupo de personas que lo habita. El teatro te ayuda a socializar si compartes ese interés con los demás y eso quizás es lo que te lleva a unirte con más personas después de todo. Y el barrio es tan diverso como complicado. Lo puedes ver con lo religioso, si hacen algo en plan católico o que tenga que ver como con Dios, ¿qué pasa? Que cada grupo tiene su percepción de Dios ya sea Cristo o Buda o no creen. En ese sentido, lo que sí puede funcionar en L’Hospitalet sería una sala de debate vecinal.

 

¿Naciste aquí? 

Sí. Primero vino mi abuela a trabajar y cuando tuvo su residencia, vino mi madre pero después volvió a República Dominicana para seguir estudiando bachillerato. Salió embarazada de mí a los 26 años y vino a España para tenerme. Para ese momento mi abuela ya tenía la nacionalidad, en cambio mi madre la consiguió después de tenerme a mí.

 

¿Y siempre vivieron en L’Hospitalet?

Sí, primero en Avenida Carrilet. A los seis años nos mudamos a los bloques de la Florida. Allí me tuve que cambiar de colegio porque el otro me quedaba muy lejos. Y estando allí, la verdad que lo pasé un poco mal al principio porque era nuevo ambiente de barrio, era nueva dinámica, nuevo colegio, nueva gente, o sea, nada que ver con lo anterior. De niña me pasaron mogollón de cosas hasta que en secundaria entre al Fontserè.

 

¿Te gustaba el instituto? 

Es bastante buena la educación allí, los profes me caen súper bien también. Yo tengo muy buena relación con ellos. Cuando los veo es como ¡Profes! ¡Profes, qué tal, profes! Literal.


¿Ahora a qué te dedicas? 

Estoy en un ciclo de obra civil. Te explico, es como la gente que hace el calle, que planifica, que delinea la calle, líneas eléctricas... y es que a mí lo que me gusta es el dibujo técnico en sí. Me da igual qué formato de dibujo técnico sea. Pero claro, esta parte de ahora es muy matemática, muy técnica y poco creativa y yo busco algo más creativo, ligado al diseño.  



EL BARRI

¿Cómo es tu relación con L’Hospitalet de Llobregat?

De pequeña sí que era como más cercana, porque no podía moverme de allí. Pero ahora, la mayoría del tiempo la paso fuera.



¿Cuál es el motivo? 

La mayoría del tiempo estudio en Barcelona, Centro. Entonces no es que haya mucha relación. Si paso tiempo en el barrio es porque estoy en mi casa o con mis amigos o en la biblioteca.

 

¿Y no hay relación con los vecinos? 

¡Por supuesto que sí! En mi calle, por ejemplo, hay una bodega, una farmacia, la carnicería, la frutería, y todos con todos ellos me llevo. Pues me conocen a mí, a mi madre, a mi abuela. Cuando voy a por algo y llevan tiempo sin ver a mi abuela, me preguntan por ella. O cuando va ella en persona, le recuerdan lo bueno que siga allí, que se le extraña.


¿Y son también de familia latina?

¡Qué va! La de la bodega sí, es boliviana. Los de la farmacia son españoles. Catalanes, de hecho. En la carnicería son chinos y los de la frutería marroquíes. En L'Hospitalet tienen como su propio mundo dentro, incluso los catalanes con los que te encuentras son gitanos. Entonces no hablan en catalán sino en castellano. Salvo San Josep que es más pija y más de catalanes, todos por acá son dominicanos, bolivianos, colombianos, ecuatorianos, hondureños, marroquíes o rumanos. Todo tipo de diversidad.

 

¿Tú te consideras española?

No me considero ni de un sitio ni de otro, porque si estoy aquí me dicen dominicana pero si voy allá me dicen españolita. Entonces, no sé a qué pertenezco realmente. Obvio que soy española porque aparte de haberme criado con raíces dominicanas en mi casa, también me he criado con la costumbre española: su comida, su educación, todo. Además, cuando voy a República Dominicana no me sé mover, no sé hablar, y cuando me escuchan hablar me dicen que solo tengo el color, porque hablo con acento español.

 

¿Y aquí cómo te tratan?

En mi experiencia, bien. Al menos aquí en el barrio puedes hablar con un español y no te va a mirar mal por nada, ni por el color de piel ni por como hables. Capaz hasta te hablen en catalán. Normalmente no lo hace porque piensan que no sabes hablarlo.


¿No has tenido situaciones de racismo?

Siempre caen, pero es que viviendo aquí, el tema del racismo es más complicado. Me explico, es verdad que existe un resentimiento de algunos grupos españoles hacia las personas migrantes, sobre todo por las que hacen malas acciones, que son los que siempre terminan saliendo en los medios y son la minoría de cada comunidad. Pero aquí hay una cosa rara de racismo interno entre nacionalidades. Por ejemplo entre los latinos y los marroquíes hay como cierto pique, siempre se van tirando pullitas… Que eso pasa también en República Dominicana, ves el racismo interno con los haitianos que están al lado, y es básicamente porque son más negros. Y es una gilipollez, porque dominicanos hay de mi color de piel, blancos o negros. No hay punto medio porque somos afrodescendientes.


Insistes en hablar de la diversidad como realidad y conflicto, pero ¿cómo se vive en lo cotidiano aparte de la relación con los vecinos?

En los grupos de amigos. Mi gente de acá son dominicano, hondureño, peruano, tres colombianas, una marroquí, una china y yo que soy, en parte, dominicana. Después tengo el grupo de clase actual en donde comparto con una chilena, ecuatoriana, una chica de Santo Tomé y Príncipe. Hablo contigo que eres venezolano. Vivo dentro de un mapa.  

 

Si yo te pidiera salir de ese mapa, y que me pasees por el barrio, ¿qué me mostrarías? 

A los parques, al de Les Planes, aunque capaz hay gente metiéndose un poco de drobi drobi pero eso es más por la noche que se pone un poco turbio.


¿Sueles ir al parque en tu tiempo libre?

A veces. Depende. Últimamente estoy yendo más a la biblioteca. O quedo con algunas amigas para jugar vóley o básquet.



LA BIBLIOTECA


¿Qué haces cuando vas a la Biblioteca? 

Yo cuando estoy con mis amigos, voy a estudiar. Cada una hace una cosa distinta, pero igualmente quedamos para estar juntas y darnos apoyo moral. Nos ayuda a enfocarnos.


¿No hacen nada más que estudiar?

A veces nos distraemos un poco, hablamos bajito, obviamente; pero hay algunos grupos que hablan más alto y se les nota. Y los terminas mirando un poco mal, ¿no?, porque si vas a la biblioteca y vas a ocupar un sitio es para algo, no es para estar molestando a los demás. Pero en general, la gente joven se suele comportar bien en la biblioteca cuando se enfoca a estudiar.

 

¿Recuerdas tu primera vez en una biblioteca? 

Creo que fue en la Florida. Sí, daban unos cursos de inglés e iba con mi prima. Después de esos cursos íbamos a la zona infantil pillábamos libros e íbamos a casa y nos los poníamos a leer.


¿Te gustaba estar en ese lugar? 

Me sentía como en casa. Hay gente que capaz le da vergüenza ir a la biblioteca o que alguien pase por allí y los vea, pero a mí me da exactamente igual. Es verdad que en vez de ir a la parte de los jóvenes, nosotros nos sentábamos en la infantil. Es que nunca había nadie, entonces nos sentábamos en la mesa, con esos libros que nos daban risa. Sea como fuera, nos poníamos a leer.

 

¿Cómo suelen ser esos lugares en los que lees?

Literalmente sentada en mi casa. O si no, en la sala de mi casa.


¿Las bibliotecas pueden ofrecer espacios para socializar a los jóvenes?

La única vez que recuerdo algo así, fue cuando en el Fontserè hicieron un festival de cortos en la sala de actos de la Bòbila. Entonces se hacía una gala, y participé, y recuerdo que era algo más social que estar sentado leyendo.

 

¿Qué hace falta para que la gente joven vaya no solo a estudiar?

A mí me parece bien que quieran abrir espacios para los jóvenes, para que compartan, que usen los espacios públicos. Pero en las bibliotecas, hacer algo más que estudiar, es que no lo veo.


¿Por qué no?

No porque no puedan sino porque nadie se entera. No saben contar las cosas. Está el Tecla Sala que no tenía ni idea de lo que hacen con el jazz. Entonces, si propones varias actividades pero no las haces llegar a tu público, ¿cómo pretendes que vayan? Porque tú puedes pasar frente al edificio del Tecla Sala y dices, ah sí, ya está, di un paseo. Porque eso es lo que parece. Desde fuera lo que ves es literalmente una fábrica. Entonces pasas por allí y no tiene ningún cartel que diga lo que van a hacer y si lo tienen, es que no se ve. Deberían ponerlo bien abajo, notorio, que se vea, porque hay un montón de árboles y, de paso, una rampa.



¿Cómo podrían hacer para comunicar mejor la información de las actividades que ofrecen?

Te diría que Instagram aunque sea tramposo, pero que hagan un trabajo consecuente en redes, porque si a alguien le interesa, seguro lo difunde. Pero lo más importante es ir a los institutos, clase por clase, decir: mira, vamos a hacer esta actividad. También dejar un cartel en secretaría y que lo pongan en la entrada o a la salida, para que lo puedan ver más o menos, que sea llamativo.

 

¿Te parece difícil acceder a la Tecla Sala?

Es que la rampa que tiene es un poco rara. Es como pareciera que vas a otro lugar que no es la biblioteca. Como si tuvieras que caminar siete kilómetros para poder llegar, pero realmente está a diez metros. Es que tengo que ir a estudiar. Y encima me hace subir una cuesta. O sea, me lo estás poniendo difícil, ¿de verdad? Es triste porque es una cosa de percepción total.

 

¿Qué debe ser innegociable en una biblioteca?

Pues libros, fácil accesibilidad, ordenadores. Y la luz.

 

¿La luz?

No es por compararlas, pero voy en la Bòbila porque tiene mucha más luz natural que en el Tecla Sala. Es que me da la sensación de que su luz es amarillenta, como para estar de chill en mi casa, y en el Bòbila la luz es fría y me ayuda más a concentrarme. Claro, es que ese ventanal no te da el sol de frente, pero sí la sensación de que hay algo más fuera.


 

¿Cómo propondrías un lugar de encuentro?  

No sé, pienso que si hacen clubes de lectura, tampoco se va a presentar mucha gente. Puede que sí vaya gente pero no mucha porque las lecturas de la ESO son muy obligatorias y quieras o no eso te hace tener una mala visión de leer en sí, y más si es en grupo. Si tú lees algo, lo haces individualmente, encontrar algo para un grupo de personas es muy complicado.

 

Bueno, es un tema de confianza también. No quieren confiar en la gente de las bibliotecas.


Habrá que mejorar la confianza.

Habrá que mejorarla, como la luz.














Barcelona, 2026

Entrevista a Enerolis, fanzine

Proyecto ¿Y ahora qué?

Un proyecto de:





 
 


ROGUER DIXIT

¿Cultura y tiempo libre? No sé qué es eso: yo trabajo. En mi tiempo libre duermo y, a veces, puedes encontrarme tocando el piano.  



Es difícil el piano, ¿aprendiste de pequeño?

No, aprendí en instituto, en el Fontserè, en la ESO. O sea, cuando llegué al colegio a mí me dijeron: tienes que elegir un instrumento y yo elegí el piano y fue como: ¡Ah! ¡El piano! Ahora no sé, me da como nostalgia, pero en su momento le cogí mucho cariño y pues avanzando en los cursos como que me fue gustando mucho más la música. En ese momento, quería ser músico y fue allí que descubrí a Beyoncé.

 

¡Qué específico! ¿Qué pasa con Beyoncé?

Que la amo. Beyoncé nunca decepciona, no importa lo que digan. Para mí significa inspiración, seguir un camino, nunca parar de hacer lo que quieres.



EL BARRI

¿Con qué palabra definirías a Hospitalet de Llobregat? 

Por un lado diría diversidad, por el otro, no sé, influencia.



¿A qué te refieres con influencias? 

Por ejemplo Morad, que es una figura muy famosa de aquí de Hospitalet, más específicamente de La Florida que fue donde nació. Pienso que quizás no ha debido tener el impacto que tiene en los menores.

 

¿Crees que su influencia como artista afecta a la imagen del barrio? 

Quizás. Ya de por sí a la zona se le da esa cierta fama de ser peligrosa y el hecho de que un cantante, que de repente se vuelve muy famoso, tenga unas líricas que lo refuerzan, puede confundir muy fácil a un niño pequeño a los chavales. Ellos lo proyectan de una manera que quizás Morad no quiere, o no sabemos si quiere, pero exagera la fama de peligro.


Pero se trata de su experiencia, él también vivió en Hospitalet, ¿qué crees que percibe diferente?

Pues en sus canciones normalmente, al menos las que yo he escuchado habla de cómo él ha crecido, de lo duro que ha sido su vida y al Morad ser una persona del barrio, pues da como a entender que la vida dura ha sido en el barrio, el barrio da esa vida dura. Luego también hay temas así como dicen tiraderas que yo que sé, con otros grupos, pues que dan como ese tono como de bandas al barrio.

 

¿Y tú no lo sientes peligroso?

Realmente es una peligrosidad que cualquier barrio puede tener. Ningún barrio es totalmente seguro.


O sea, lo que te molesta es la imagen que tiene...

Sí, porque son como los otros barrios de cualquier districte, o de otras ciudades, tiene sus cosas. Pero hay veces que alguien de fuera me dice: ¿cómo puedes vivir ahí si ese es un barrio muy peligroso? Y no lo es tanto, yo llevo viviendo ahí toda la vida.

 

¿Cuál crees que es un problema por resolver?

No sé. Por ejemplo, hay algo muy curioso que es el racismo de gente migrante a otro grupo migrante. O sea, pienso que deberían apoyarse y no se apoyan.

 

¿Tú eres migrante?

No.


¿Eres español?

Tampoco.


Pero naciste en España, ¿cierto?

Sí, en el barrio.


¿Te sientes español?

No.


¿Te identificas como colombiano?

Sí.



Entonces, ¿la identidad cultural de tu madre es más fuerte que la del barrio?

No creo que más fuerte sino más constante. Yo en vez de elegir la cultura de aquí de España, tomé la de mi madre como una elección propia. A ver, que me siento colombiano, pero también me encanta decir un vete a cagar, tío.


¿Y sientes que formas parte del barrio?

Más o menos. O sea, tengo muchos amigos aquí y pues es gente con la que he crecido, pero como que a la vez siento que no me pega el estilo del barrio. O sea, eso de la fama de malandro, del ser de calle. Pero, como ya te dije, es que tampoco le pongo esa identidad al barrio.

 

¿Qué le falta a Hospitalet?

Le falta decoración. No sé, esculturas. Por ejemplo si tú vienes ahora a la Florida realmente solo hay como unas dos o tres pinturas que son de personas famosas del barrio. No sé quiénes son pero parecen importantes. Y están como en una sola plaza. A mí me gustaría salir de casa y ver otra gran pintura.



O sea, ¿en plan arte urbano?

Pero bien hecho.


¿Y qué falta a nivel cultural?

Aquí tenemos muchas celebraciones de la cultura española, y siendo un barrio tan diverso, me gustaría que hubiera algún evento que realmente represente y celebre también la cultura de otros países.

 

¿Crees que la biblioteca podría servir para esto?

Por ejemplo. Aunque no sé, tú me dices biblioteca y yo sólo pienso en estudiar, estudiar, estudiar.


O sea, ¿que la Biblioteca es un lugar reconocido por la gente que vive en Hospitalet? 

Creo que la Biblioteca Central Tecla Sala es la que más conocida en Hospitalet, aunque si estás en La Florida, probablemente vayas a la biblioteca de allá. Al menos es de la única de la que se habla en los colegios. De hecho, lo integras como a un sitio en el que vas a ir a hacer algo de colegio. Y pues, lo último que piensa un niño o un joven al salir de clases es en hacer más cosas del colegio.




LA BIBLIOTECA

¿Recuerdas la primera vez que fuiste a la biblioteca Central Tecla Sala?

 

Sí, claro, en primaria. Me acuerdo porque no me dejaban salir a ningún lado. Ya sabes, madre latina, muy estricta. Pero un día fue como ah, no, es que tengo que hacer un trabajito. Me dejaron ir y fue aaahhh (suspiro de alivio). Al final porque es un lugar protegido, y es de los pocos sitios a los que dejan ir.



¿Era fácil llegarle?

Está un poco escondida.

 

¿Qué hace la gente joven en la biblioteca?

Depende de qué tan joven me hables.

 

Más específico: ¿un adolescente, entre diez y quince años? ¿y jóvenes de más de dieciseis?

Es que hay muchos tipos de adolescentes, pero si pienso en la mayoría, diría que ir con amigos, a pasar un rato. En el caso de los jóvenes, ya te dije: estudiar.


¿Y si un amigo te dice para verse en la biblioteca?

Yo le preguntaría: ¿Por qué la biblioteca?

 

Acabas de decirlo, para ciertas edades es un espacio para pasar el rato.

De tantos sitios que hay, ¿por qué ese lugar? No es un plan que me incomodaría, pero a cierta edad vas a estudiar, a buscar un libro, y tal. Y es que si yo quedo con un amigo pues supongo que es para hablar, para compartir juntos y realmente la biblioteca no es un sitio en el que puedas tener una conversación así como abierta.  


¿Qué se puede hacer en la biblioteca?

No, pues, puedes leer, estudiar, incluso jugar, escuchar música. Hay vinilos y discos. No sé. Ah bueno, también sé que hacen exposiciones y conciertos de música.

 

¿Cómo te enteras de estos eventos?

En el instituto, me enteraba gracias Gerard, nuestro profesor del Fontserè.

 

¿Y fuera del instituto?

Por mi cuenta, yo diría que la Tecla Sala tiene una cuenta de Instagram.


¿Y la sigues?

No.

 

Entonces, ¿cómo te enteras?

Por curioso. Si no me importaran las exposiciones o los eventos, no tengo tanta facilidad para enterarme.

 

¿Qué haría falta?

Más carteles pero repartidos específicamente en institutos o colegios. Le pediría al profesorado de los colegios que le informen al alumnado. Se necesita la complicidad de los profesores, porque al final son las personas con las que los jóvenes más interactúan.


¿Cómo serían esos carteles? 

Vistosos. Coloridos. Y que no fueran solo en catalán. Ese es otro problema. No sé si todavía seguirá así, pero Florida y Torrasa están catalogados entre los barrios más poblado por migrantes de toda Europa. Ambos en Hospitalet. Al final son gente de América, de Asia, África y no toda esa gente habla catalán.

 

¿Crees que así llegaría mejor la información fuera de los institutos y la biblioteca?

No sé, eh. Los jóvenes es que vamos muy a nuestro rollo. Tal vez deberían también ofrecer actividades interactivas, porque las exposiciones que hay ahora son de mirar y que te expliquen. A mí me gustaría más como, no sé, poder formar parte de la obra. O que ofrezcan mini cursos de oficios. Por ejemplo de música, a mí, al menos, me gustaría mucho.


 

¿Qué más le cambiarías a la biblioteca? 

Yo creo que la biblioteca tal y como está ya es un sitio perfecto para su funcionamiento. Aunque, bueno, sí le cambiaría una cosa: a sus trabajadoras.

 

¿Cómo así?

No es que me caigan mal, todo lo contrario. Son muy atentas y amables, pero es incómodo que todos los trabajadores y trabajadoras sean como gente mayor de cincuenta o que se vean de esa edad. Nunca he visto una trabajadora que sea de veinte años, por ejemplo. Entonces, para una persona joven, eso a veces resulta incómodo.


¿Eso es un poco de edadismo?

No me lo tomes a mal. No es solo por la edad.

 

¿Es por la representación? 

Exacto. Me explico. Es como el ejemplo de Morad, muchos quieren ser como él: joven, exitoso; pero si llegas de niño a la biblioteca y no ves a nadie joven recomendándote o ayudándote, el bibliotecario entra a otra categoría rara. Es más, yo jamás pensaría en que quiero ser bibliotecario. Y si me apuras, nunca he escuchado a alguien que diga: yo de mayor quiero ser bibliotecaria. Creo que eso repercute, tanto de que no hayan profesionales jóvenes queriendo ser bibliotecarias ni jóvenes yendo a las bibliotecas.


No estoy totalmente de acuerdo con eso, pero es interesante de analizar. ¿No crees que también la idea de ser bibliotecaria esté asociada con algo aburrido

Realmente no, porque ser bibliotecario implica tener bastante conocimiento sobre libros, cultura, música, sobre muchas cosas que me parecen entretenidas.

 

En cuánto al espacio, ¿qué le falta?

Yo creo que es importante que una biblioteca tenga un espacio para cada cosa. Por ejemplo, Tecla Sala tiene su espacio para los infantes, otro espacio para los más jóvenes, otro espacio para los adultos. Si quieres trabajar solo puedes reservar un espacio para ti solo. Luego tiene un espacio de reuniones.


¿Si tuvieras que aportarle algo al espacio joven?

Debería haber libros de todo tipo: adultos, infantiles, aburridos, para inexpertos; nada específico, que sea como un punto medio de todas las salas. Mezclado. Y creo que es muy importante siempre la música, la tecnología y los ordenadores.

 

¿Te gustaría que hubiera un hilo musical?

Sería guay. ¿Elegido por quién?

 

Por la comunidad bibliotecaria. Eso te incluiría.

Seguro acaba mal. Mejor mantener todo actualizado para poder estudiar bien y mejor.


¿Algo más?

En el barrio a mí me haría mucha ilusión esto de, no sé si lo has visto alguna vez, los bibliobús, a mí me parecen muy interesantes, como un bus ahí, como una paradita con libros, llegándole a todo el mundo en todos los barrios. Esa sería otra solución.





Para terminar, ¿por qué no me muestras tú el barrio?

Cuando quieras.

 

¿A dónde me llevarías?

A las placitas. Yo te mostraría las placitas donde juegan los niños, están las familias, hablan los jóvenes. Donde hay vida.

 

¿Y empezamos de nuevo la entrevista?

Si hace sol.











Barcelona, 2025

Entrevista a Roguer, fanzine

Proyecto ¿Y ahora qué?

Un proyecto de:





 
 

Actualizado: 12 sept 2025

Buenos días.

 

Nos esperan tantas cosas este lunes y martes, que quiero ir al grano. Cuando decidí proponer este proyecto a la Subvención de la promoción de lectura y las letras españolas del Ministerio de cultura, tuve dudas acerca de la motivación final de las jornadas. Es decir, últimamente cuando se habla de jóvenes que leen, muchas veces se vincula directamente con la sobreproducción de libros de índole comercial. Y antes de que me acusen de purista, mi problema no es que se lean libros para el entretenimiento, sino que todos los espacios en los que se vinculen a los jóvenes que sí leen, abracen únicamente esas narrativas. El joven que lee, es casi un slogan publicitario. Una imagen que pasa por encima de la humanidad de ese mismo joven. Cortando el derecho a otras narrativas que no sean romántica, fantasía, manga, y dejando en la frontera muchos otros libros, otros géneros. ¿Entonces?, ¿el problema es la idea que tenemos de les jóvenes que leen?, ¿de la idea que tenemos del mercado que debe leer ese joven?, ¿o de nuestra incapacidad de entender al joven como a un ser humano que piensa, dice, crea, debate y construye?. Y mejor no hablar del no lector. Una figura que nace entre las sombras de los barómetros, como una pesadilla que susurra: entiéndelo, acceso y compra no es lo mismo, ¿escuchas?, ya nadie lee. Pero esa afirmación: Ya nadie lee, ¿es cierta?, ¿o es que acaso el concepto de la lectura debe entrar en una revisión fuera de lo convencional?. El caso es que, puse Ya nadie lee, con la certeza de que me dirían que no. Y pues fue que sí. Y agradezco la confianza a quienes revisaron este proyecto dentro del Ministerio y dijeron, pues sí, vamos a darle apoyo a esta cosa. Pero para los que no saben, esta subvención no cubre el cien por ciento del evento, y aquí entran los aportes de Cultura y Juventud Gijón, quienes han confiado y apoyado nuestra agenda, que ha sido tan variante en los primeros meses. Así como doy las gracias a la red municipal de bibliotecas, la Caja rural de Asturias y Piratas de Alejandría, con sus pequeños aportes. Y por último, agradecer a TresBrujas, Banco del libro, Libros para niños y Proyecto Mandarache por todo el apoyo. Sin ninguno de estos agentes, este evento no sería posible.

 

Aunque, el verdadero motor de todo esto son las, los y les jóvenes. Esas personas que, probablemente en su mayoría, sigan sin saber qué hacen aquí sentados. Y es que advierto, no hubo grandes comités iniciales de preparación, ni tampoco la idea de un comité sesudo de pezlinterna. No. Mi intención era reunir a jóvenes lectores y no lectores, de difentes comunidades autónomas, de diversos clubes de lectura, incluso alguna que acabo de conocer. Quiero que nos escuchemos fuera de la etiqueta. De ese joven y de ese adulto. Obviamente gestionar esto, no fue fácil. Todas las mesas que van a ocurrir entre hoy y mañana, han sido preparadas con una, dos o incluso más reuniones previas. Un constante feedback de entender hacia dónde dirigir la mirada. ¿Y saben qué es difícil? Decirle a un joven o a un adulto, que tienen absoluta libertad para decir y hacer lo que quieran.

 

A pesar de esa dificultad, hay mesas creadas a partir de la sugerencia de distintos jóvenes, invitados que yo no conocía y me revelaron estas mismas personas. Si Maya, Alma y Rotar, que no se conocen, me proponían un mismo nombre, es porque allí toca prestar atención. Así que aquí estamos, en un profundo y complejo ejercicio de libertad. Y es que como mediador, pienso constantemente sobre  ¿qué queremos realmente de los jóvenes?, ¿por qué nos cuesta tanto entender su relación con la ficción?, ¿por qué insistimos en hablar de esas personas como los otros? Además, ¿por qué seguimos romantizando la precarización del que trabaja con la cultura y la mediación? Es difícil proponer ejercicios de creación conjunta con jóvenes, a los que nos les puedes garantizar ni su tiempo ni sus posibilidades. Hoy deberían estar aquí Adry o Pelayo o Noel o Sara,  pero tienen que ganarse la vida como ayudante de cocina o camarero/camarera, en trabajos muy exigentes, que frustran sus intenciones de crear estos espacios. Como ellos, puedo citar muchos ejemplos de jóvenes que han estado yendo y viniendo y pensando alrededor de las jornadas, pero que necesitan que se les garantice una estabilidad mínima porque de libros no se sostiene el cuerpo, y el alma sin cuerpo es sólo un fantasma. No quiero una sociedad de fantasmas. Quiero una sociedad donde seamos capaces de vernos unos a los otros, escucharnos, ayudarnos a darle forma a aquello que somos incapaces de nombrar. Y eso no se hace desde la figura del poder, sino desde las ganas de escucharnos, de aprendernos y echarnos una mano. O las dos.

 

Por eso agradezco el enorme esfuerzo de estos jóvenes que estarán rotando alrededor de las jornadas, porque muchos de ellos tienen responsabilidades que atender o exámenes de la EBAU que presentar. Gracias Maya, Alejandro, Mercedes, Iván, Sara, Violeta, Enerolis, David, Daniela, Mario, Chema, Eyad, Silvia, Dani, Rotar, Hugo, Paloma, Alan, Luis, Nuria, Gabriela, Manuel, Aly, Sergio, Elena, Alma y Guery. Pero también agradezco a Jaime, Lorena, Ramón, Valerie, Ruben y Annabel que forman parte de PezLinterna, que han crecido estos quince años. Porque sí, estamos cumpliendo quince años, y vamos a aprovechar para que todo esto sea una celebración. Gracias Beatriz, Marcos, Aitor, Isabel Benito, Celia, Laura, Marcelo, Lara y Bea por su ayuda. A las bibliotecarias que nos han brindado un espacio para estar y ser. Y los nombro a todes, jóvenes, adultos, en un mismo hilo, porque a las personas hay que nombrarlas, escucharlas, reconocerlas. Por último, gracias también a todas las personas asistentes que se han tomado el tiempo y la disposición de venir a escucharnos. Fueron 102 inscritos de distintas ciudades, y eso me conmueve especialmente. Y como aquí, los mediadores somos nosotres, quisiera que nos tomáramos un tiempo para verles. Hemos preparado un vídeo especial compuesta por la mirada de alrededor de 80 jóvenes de Colombia, Nicaragua y España que han formado parte del proyecto de múltiples maneras, personas a las que conozco y reconozco. Junto al talento documental de Maya G. Mori, quien tras varios audios, reuniones y locuras, fuimos encontrando espacio y cabida a todos los vídeos que nos enviaron. Así que, disculpen que los interrumpa con este pequeño gesto de cursilería amorosa, pero quiero leer una carta acompañado por estas imágenes. No me miren a mí, vean el vídeo, esta composición que hizo Maya: su mirada sobre las muchas / otras miradas; y poco a poco mi voz se unificará a la música. Insisto, no me vean, sólo dejen sus ojos sobre el vídeo.


Hola, gente querida.


Les saludo desde el otro lado.


Desde una frontera en la que se empeñan en colocarnos. En ese ustedes y ese nosotros tan complicado, porque el nosotros parece poco inclusivo. No es que ustedes sean un abrazo andante a decir la verdad, pero al menos sé que cuando aceptan un gesto de confianza, se adaptan a los espacios seguros. No siempre hemos vivido en un castillo. No hacen falta pasaportes. No existe esa obscenidad como lo cataloga Paloma Chen. Por eso siempre quiero tener junto a ustedes, un espacio seguro para estar, hablar, cuestionar al mundo, bailar en una fiesta imaginada dentro de un podcast, cantar la bichota aunque me juzquen, que me llamen Freddy Margarito, Baymax, perro de Estambul o ser ageneracional. Que se aprendan mi número de documento con la intención de chantajearme y descubrir que soy de fraude fácil.


Bailar just dance en medio de la biblioteca y sacar los pasos prohibidos para que los lectores de prensa que parecen hechos de roca y cemento pegados al suelo, reclamen por ese sacro santo derecho al silencio. Verlos crecer, que me regalen gallinas, subirnos a las mesa, construir un tanque rosa, hacerme pasar por muerto o extinguir juntos a un planeta para construirlo desde cero. Leer: “Los ojos de mi madre eran brotes a la espera”,  y burlarnos de Murakami por ser un mal vendedor de teletienda, sufrir con la poesía de Blandiana o el vendado de los pies; ser beligerante como la abuela de Marjane hablando de la dignidad, aunque me hagan un golpe de estado a punta de fantasía. Importante, no olvidar nunca el cuerpo ni perdernos en catedrales. Aunque sí en teatros misteriosos de mercados. Ubicarnos en la carretera bajo un rayo de sol, o en medio de un juego en el que no se puede parar de andar, que es casi mejor que cierta lotería. Que me adviertan no fredo no, cuando busco la manera de subirme a un árbol porque nada tiene sentido.


Pero no puedo, no puedo subirme a ese ni a ningún otro árbol a menos que sea para ver al mundo sobre las ramas, porque el mundo tiene sentido gracias a cada relato que me ofrecen ustedes con sus miradas. ¿De eso va un poco la humanidad, no? De ser un cursi-cuchi asumido. Un zorro chuleta vegetariano que busca hacer nuevos amigos entre los otros animales. De observar cada registro, cada persona, y juntes, encontrarnos dentro o fuera del libro, pero construyendo un gran relato. Digo libro, pero también puedo decir el arrullo de mi madre, el perreo con Nuevayor de Bad Bunny, el impacto de Bojack Horseman, los caballos de Zelda con cada uno de sus nombres, los debates del festival de cine de Gijón, o el tejido artesanal de las mujeres guatemaltecas. Y quiero que sepan que sigo aquí, en esta frontera, no por distante sino por respetuoso. Que saben que la mediación es un torneo de iguales con el único premio de encontrarnos en la palabra, como dice Andruetto. Y ya, con el lenguaje en medio de este terreno neutro al que llamo Khamekaye, invocar a Las Malas y decir: “Todo puede ser tan hermoso, todo puede ser tan fértil, tan imprevisible, cuesta creer que sea obra de algún dios. El lenguaje es mío. Es mi derecho, me corresponde una parte de él. Vino a mí, yo no lo busqué, por lo tanto, es mío. Me lo heredó mi madre, lo despilfarró mi padre. Voy a destruirlo, a enfermarlo, a confundirlo, a incomodarlo, voy a desplazarlo y a hacerlo renacer tantas veces como sean necesarias, un renacimiento por cada cosa bien hecha en este mundo.”


Sí, sean subversivos, libres, inquietos, destrocen el lenguaje, piérdanse en él, reháganlo, es su derecho. Pero no dejen a nadie fuera, porque cuando nadie nos ve, somos casi iguales. ¿No les parece? Hagamos cada cosa bien hecha en este mundo y así, juntas, renaceremos.


Un abrazo, Freddy G.-




  • El primer vídeo es un ejercicio documental de Maya G. Mori con música de Marc Ayala Dalmau. Para la realización de este vídeo usó la mirada de jóvenes de Nicaragua, Colombia y España: Adry, Irene, Noel, Hamilton, Keith, Laura, Valeria, Juan Felipe, Eva Juliana, Jean Piher, Mariana, Álvaro, Amelia, Candela, Elsa, Luna, Malcolm, Sara, Soukayna, Borja, Irene, Isa, Jessi, Lara, Lucía, Sara, Sara A., Ariel, Gabriela, Nico, Tomás, Leire, Mark, Alfonso, Cecilia, Cris, Darío, Elena, Itsasne, Lucía (Muba), María, Raquel, Sara, Sara J., Vicky, Heiner, Anthony, Carol, Danislao, Efrenia, Luis Alfonso, Claudia, Naiara, Mary Cruz, Roberto, Paloma, Adahara, Marina, Halima, Juan Diego, Edwin, Zharick, Sandry, Génesis, Valentina, Sidrad, Humberto, Adriangel, Mariana, Taliana, Jose, Deiver, Berenys, Luis Mateo, Darío.


  • El segundo vídeo es un ejercicio documental de la noche del primer día de la jornada, con imáges de Eyad Mahmoud y editado por Freddy Gonçalves. La música es de Jaime Yáñez. Participan en el vídeo: Alejandro, Iván, Mercedes, Sara, David, Chema, Silvia, Eva, Alan, Elena, Mario, Enerolis, Lucía, Dani, Manuel, Luis, Jaime, Eyad, Marcelo y Freddy.


 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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