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American crime story: the assassination of Gianni Versace


Cadena: FX Creador: Scott Alexander · Larry Karaszewski Temporada: 2

Hablé mucho de esta serie en su momento. Porque tenía todas las papeletas para ser un desastre. Sólo imaginemos a Ricky Martin llorando sobre el cuerpo de Versace: muy pop pero un panorama de culebrón. Pues resulta que no fue así, por el contrario, quizás es la serie menos dispersa de la productora de Ryan Murphy este año (de la mano con “Pose” que, informo, no entró en la lista por poco y que aunque me gustara mucho por sus personajes y su carácter subversivo, también era de un rosa pastel tremendo). Pero volvamos a Versace. Si bien “nuestro” (como nos gusta decirle los venezolanos a los compatriotas famosos) Edgar Ramírez logró una buena interpretación del diseñador y Penélope Cruz, alcanzó una sobresaliente Donatella Versace; todos sabemos que el mérito lo tiene de forma completa Darren Criss en su interpretación del asesino Andrew Cunanan. Fue tan contundente que la gente ya lo llama por su nombre y no como aquel chico de Glee. Él es la serie. Andrew y sus cambios de humor. El asesino y sus contradicciones. El chico necesitado de atención, de reconocimiento, de lujos. El homosexual perdido en su propia telaraña del éxito en una época y en un entorno tan complejo: Florida. A través de una mirada absolutamente crítica hacia el “sueño americano”, el espectador ve el reflejo de una sociedad rota. Pero el logro es que no lo construye desde la empatía: los espectadores odian a Cunanan y no porque amen a Versace, al contrario, es porque Cunanan es detestable como ser humano. Y es aquí, donde la serie tiene otro filón increíble, pensar si el público lo odia por asesino, por mentiroso o por homosexual. Es un reto a la tolerancia. En un año donde se han hecho muchos personajes, series o episodios reivindicativos con las mujeres o la diversidad sexual (pues lo de la comunidad negra, lleva tiempo haciéndose); los creadores de la serie logran meter realmente el dedo en la llaga sin contemplaciones. Ellos no quieren ser siempre reivindicativos, ni reducen a Andrew a ser gay (aunque su circunstancia evidentemente sea vital para entenderlo), quieren ahondar en la profundidad de un personaje complejo desde su humanidad, sin etiquetas. A ver si el espectador también está en el nivel de poder entenderlo. Andrew Cunanan es uno de los personajes del año (hay otros personajes del año, que no necesariamente están en las series de esta lista). Queda aún más evidente en la representación de Marilyn Miglin, personaje que interpreta la gran Judith Light. Porque habla de la misma necesidad por salir adelante en este medio hostil, pero de cara a la mujer, y siendo una esposa amorosa. Doblegada también a un tiempo y a una circunstancia. Esta serie me gustó mucho, aún y cuando creo que la duración eterna de los capítulos en un ritmo tan soporífero la perjudicaron (sí, de nuevo los tiempos y el relleno). Hubo al menos dos episodios insufribles en su ritmo, por eso las actuaciones eran tan vitales para sostenerla. Creo que podían restarle un par de horas a la serie (incluso un poco más), y todo iría igual a buen puerto. La secuencia inicial de la serie en el primer episodio es también una de las maravillas del año. Si quieren saber más de lo que pienso, comparto un artículo que hice para Culturetas.


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