Temas difíciles: La muerte en la literatura infantil

Actualizado: abr 29


Ilustración Carlos Vélez Aguilera


Nisia es una niña asustadiza. Dejará sus juegos a un lado, dispondrá a su manera el comedor de los padres y firmará con sus creyones cada una de las paredes del interior de la casa. Luego les pedirá que se hagan un tatuaje. ¡Es un capricho!, dirán los padres. Pero Nisia no quiere que la olviden. Y no lo dice en voz alta, porque a Nisia le gana el miedo por desaparecer. Así se va construyendo uno de los treinta y un relatos que conforman El libro que se muere de Ricardo Chávez Castañeda e ilustrado por Carlos Vélez Aguilera (Grupo Editorial Norma: 2011), uno de los actuales ganadores originales de Los mejores del Banco del libro. Este libro sobre la muerte dirigido a los niños, se presenta con una advertencia para los adultos: el narrador sabe que el miedo hace que el adulto no hable de estos temas en voz alta frente a los niños. Y es que nosotros los mayores, como diría el crítico canadiense Perry Nodelman, podemos ser censores. El afán por proteger la inocencia del niño hace que se ignoren ciertos temas tabúes dentro de la sociedad.


La muerte es un tema complejo, difícil de asimilar a cualquier edad. La respuesta a preguntas como ¿a dónde vamos después de morir? siempre está vinculada con la fe, la religión o incluso el escepticismo por lo que hay más allá. Pero la muerte sigue estando, independientemente de los libros, y es por esta realidad tan certera que los libros para niños terminan siendo menos peligrosos que el entorno. La antropóloga Michèle Petit en su libro El arte de la lectura en tiempos de crisis (Océano Travesía: 2009) adjudica un poder vital a la lectura en la resistencia ante las adversidades sociales: “una metáfora permite darle sentido a una tragedia evitando evocarla directamente, transformar vivencias dolorosas, elaborar la pérdida y restablecer algunos vínculos sociales”.


Como ejemplo de esto, echamos mano a la tragedia de Vargas de 1999, donde el Banco del libro llevó a cabo el proyecto Leer para vivir, abriendo espacios de lectura para “acompañar a leer, para tratar de lograr que disfrutaran de lo leído, que se produjese un distanciamiento, un reconocimiento y una elaboración de los problemas que desde una voz distinta, llegaban a través de la ficción.” La biblioterapia buscaba espacios para asimilar y superar la tragedia. Una de las experiencias más enriquecedoras, acercó a los padres víctimas del deslave a una lectura colectiva de la novela Un puente hacia Terabithia de Katherine Paterson incentivada por Carmen Diana Dearden, actual directora de Ediciones Ekaré. Esta novela, que había sido cuestionada durante esos años por la Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos, trata sobre un personaje niño que, tras perder a su gran amiga, se transforma, y lo que antes era una debilidad se convierte en una fortaleza. Por su forma de tratar la muerte, sirvió de puente entre lo real y lo imaginario para que los padres (e incluso niños) iniciaran un proceso de catarsis ante la similitud de las tragedias. Tanto, que la autora estadounidense los visitó en Vargas, en el sector Quenepe, para hablar de los orígenes del libro, basados en una historia similar, y con la que compartieron experiencias de vida y muerte.


Existen varios libros que tratan el tema de la muerte desde la reflexión, el desenfado, el humor, la nostalgia, el duelo e incluso la importancia de la memoria. También desde el humor negro, como Edward Gorey que en 1963 publicaba su alfabeto de muertes de niños bajo el título Los pequeños macabros (editado actualmente en español por Libros del zorro rojo y Valdemar), y que servirá de inspiración para la estética del cineasta Tim Burton. Estas distintas formas de contar sobre la muerte y las metáforas que en estos libros se construyen permiten acercar al niño, al joven y a los adultos a una experiencia literaria que nos invita a pensar sobre el término de la vida, y a manejar los miedos como los que tiene Nidia, el miedo de siempre a la única certeza.


Nana vieja Margaret Wild & Ron Brooks Ekaré: 2003

Un libro de colores y texturas nostálgicas, conducen por el camino de la despedida a Chanchita y Nana Vieja que le enseña, antes de partir, su positiva mirada sobre la naturaleza. Una historia que habla del legado de la vida desde el vínculo familiar y conmovedor de estos animales.





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El pato y la muerte Wolf Erlbruch Bárbara Fiore: 2007.

La muerte, con cara de calavera, se encuentra con un pato y convive con él durante sus últimos días de vida. Es una historia fresca donde el concepto de la muerte pasa desapercibido por la camaradería que allí se forma. Wolf Erlbruch trata el tema con mucha naturalidad a través de ilustraciones y textos que, a pesar de su simpleza, llevan consigo una gran complejidad lírica.



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Una señora con sombrero Jacqueline Goldberg & Cristina Keller Monte Ávila editores: 2003

Una mujer con sombrero viene a llevarse al abuelo de una niña. Un poema conmovedor sobre la despedida, ilustrado con el imaginario venezolano de un velorio de pueblo. Un libro potente de imágenes líricas que se contraponen por la fuerza de estas imágenes que inundan las dobles páginas en juegos de profundidad, donde el recuerdo y el entierro, se juntan en la evocación.



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Es así Paloma Valdivia FCE: 2010

Pensar en el gato de la tía, en el pescado de la sopa, en los que se quedan y los que se van. De una forma natural, Paloma Valdivia invita a reflexionar sobre los conceptos de la vida y la muerte como iguales, enmarcados en ilustraciones de colores vivos y personajes entrañables. Una juguetona aplicación digital del libro, invita a la lectura del libro con la misma vitalidad de sus colores, pero con sencillas intervenciones virtuales del lector.


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El corazón y la botella Oliver Jeffers FCE: 2010.

Ante la pérdida de un ser amado, una niña decide guardar su corazón dentro de una botella para protegerlo. Un libro que toca el tema del duelo y muestra cómo, a veces, por el dolor, preferimos encerrarnos en nosotros mismos, dejando así de descubrir lo que el mundo nos ofrece. Oliver Jeffers, desde las ilustraciones que tanto lo caracterizan, nos pasea por el viaje de esta niña que, al final, decide darle otra oportunidad al mundo.


*esta publicación originalmente formó parte de una colaboración semanal que PezLinterna hizo para la revista Prodavinci en los años 2013-2014.

**Escrito a cuatro manos entre Isa Saturno y Freddy Gonçalves Da Silva.