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Skiff

24 nov 2025
3 min de lectura

Actualizado: 22 oct


Malou tiene quince años, practica remo y vive en un pequeño pueblo donde las posibilidades de construir una identidad propia parecen bastante limitadas. Su madre está ausente y las relaciones con sus compañeros del club deportivo están marcadas por las burlas y la incomodidad. La persona en la que más confía es Max, su hermano mayor, a quien admira y del que hereda buena parte de su ropa. Pero esta relación empieza a transformarse cuando conoce a Nouria, la nueva novia de Max, por quien desarrolla una atracción que termina poniendo en conflicto sus deseos, sus afectos familiares y la manera en que comprende su propio cuerpo.


Skiff, dirigida por Cecilia Verheyden, se aproxima al descubrimiento de la identidad sexual y de género durante la adolescencia desde una experiencia especialmente compleja, la de enamorarse de una persona que forma parte del círculo afectivo más cercano. Para Malou, Nouria representa la posibilidad de iniciar una relación sentimental, pero también una amenaza para el vínculo con su hermano. No se trata únicamente de un amor que debe permanecer oculto, sino de una transformación que puede alterar las pocas certezas sobre las que ha construido su vida.



La directora utiliza el remo como uno de los elementos fundamentales de su propuesta. La competencia deportiva, las burlas y las relaciones entre compañeros evidencian las dificultades de quienes no responden a determinados modelos de feminidad.


Ese conflicto también aparece en su relación con Max. Malou utiliza su ropa, admira su estilo y quiere comprarse una motocicleta como la suya. Son gestos que pueden interpretarse como expresiones de admiración, pero que también forman parte de una búsqueda personal todavía indefinida. La película plantea así una cuestión interesante sobre la adolescencia y es que no siempre cuentan con las palabras necesarias para explicar lo que sienten y, sin embargo, eso no impide que sus decisiones estén condicionadas por esos sentimientos.


La aparición de Nouria introduce otra dimensión. El deseo no llega como una revelación capaz de resolver las dudas de Malou, sino que provoca nuevas contradicciones. Enamorarse de la novia de su hermano supone enfrentarse al miedo de perder su confianza y a la posibilidad de lastimar a una persona querida. En ese sentido, resulta importante que el conflicto no quede reducido al descubrimiento de una orientación sexual. También tiene que ver con la lealtad, las responsabilidades afectivas y la dificultad de actuar cuando nuestros deseos entran en contradicción con los vínculos que queremos conservar.




El riesgo de una propuesta de estas características está en convertir todas las experiencias de la protagonista en señales destinadas a explicar su identidad. La ropa, el deporte, la relación con el hermano o la incomodidad frente a sus compañeros pueden adquirir demasiada importancia si se interpretan únicamente como manifestaciones de una búsqueda de género. Porque Malou también es una adolescente que quiere ser reconocida, que se equivoca y que necesita encontrar espacios donde no tenga que justificarse permanentemente. Por eso es tan relevante la hermosa escena en la piscina artificial en el jardín, en el que a manera de remolino, los hermanos dan vueltas, generando una de las secuencias más hermosas visualmente de la película pero a su vez, la más relevante para entender a unos hermanos que se quieren independientemente de los géneros y sus tensiones. Es el juego que lo mantiene unidos.


En ese sentido, la aproximación visual de Verheyden, especialmente a través del agua y las secuencias deportivas, ofrece una oportunidad para comprender sus emociones más allá de las conversaciones. El cuerpo se convierte en un territorio de exploración, pero también en un lugar donde se manifiestan las presiones sociales que acompañan su crecimiento.


Skiff propone una historia de descubrimiento adolescente donde el amor no funciona como una solución a los problemas de identidad. Malou debe aprender a relacionarse con sus propios deseos sin que eso signifique renunciar a todos sus afectos anteriores. Lo más interesante de esta propuesta es reconocer que crecer no consiste necesariamente en descubrir quiénes son, como si existiera una identidad definitiva esperando a ser revelada, sino en encontrar las condiciones para experimentar con sus posibilidades sin que el miedo a decepcionar a los demás termine decidiendo por ellas, ellos y elles.



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