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Te quiero, yo tampoco


Entender las relaciones de pareja de los homosexuales siempre ha sido un tema complicado para la norma. Se les tilda de promiscuos, inconstantes y una serie de adjetivos que, en el mejor de los casos, sólo se prestan a confusión y poco entendimiento. Miguel Bosch, basado en el principio de que la relaciones de pareja gay pueden ser tan complejas como la de los heterosexuales, crea una especie de reality para YouTube en el que narra su decisión de mudarse con Fran, su pareja. Como no quiere equivocarse tras cinco años de relación, decide crear una webserie en la que va visitando a distintos tipos de pareja del mundo homosexual: los ex que son amigos, los que viven a distancia, la lesbiana con el gay, los promiscuos, los solitarios, los que no han salido del closet, los que se dedican a su familia. Pero además, usa como grandes voces de opinión no solo a los invitados sino a su pareja, a su madre y a su mejor amiga. Todos opinan distinto, y en eso radica la fuerza de la serie, que no adoctrina, sino que busca puntos de encuentro en esta discusión.


Una webserie muy bien pensada, en la que se visitan temas como el amor, la valentía, el compromiso, el sexo y la fidelidad. Con capítulos bastante conmovedores en los que se exploran las relaciones de familia, la soledad o el salir del armario. Hay tres episodios que son realmente complejos por su honestidad tan letal: el primero es el de Sergio y Juan que viven juntos a pesar de haber sido pareja, y el espectador comprende cómo aún se mantiene el amor de uno de ellos para mantener la estabilidad y su necesidad de no querer perder la vida ideal que ha llevado. Luego está el capítulo de Roger, un jovencito que va a su pueblo a contarle a los padres que es gay. En este episodio se habla de la familia, del miedo, pero también del derecho a poder pertenecer siendo distinto. En ese episodio, además, la mamá de Miguel no teme en decir todas las sensaciones que, por terribles que sean, tuvo a la hora de saber que su hijo era gay. Y el que quizás más golpea, es el de Antonio, un hombre de 50 años que decide cancelar el amor de su vida para dedicarse a su madre. En este capítulo, la sensación de soledad es tan devastadora, que puede arrancarte algunas lágrimas. Ojo, pero esto no se trata de un programa amarillista que indaga en las miserias de otro. Más bien es un abanico de posibilidades que te invitan a reflexionar sobre la vida en pareja siendo homosexual o no.


Vale la pena resaltar el acertado grupo de personas que eligió, tal vez por comodidad y presupuesto, pero que presentan unas personalidades muy atractivas: la mamá es un personaje encantador que toma limoncello mientras va diciendo todo lo que piensa sin temor a ser censurada. En ella se mezclan el amor de madre más sincero, pero también su cultura heteronormativa tratando de adaptarse a la vida de su hijo. Por eso, ella dice siempre las cosas como son y uno la ama por su claridad. Luego está Fran, la pareja, que es divertido como el personaje del gruñón que se ha creado para ser el contrapeso de Miguel en todas las reflexiones que hacen. Y la mejor amiga de Miguel, divertida y audaz, que representa la hermandad. Es tratar de mostrar el lado humano de los hombres homosexuales, sin las clasificaciones clichés de la televisión.


Esta webserie española algo desconocida realmente me sorprendió. Caí en ella por casualidad, y su formato distinto ha permitido una prolongación del deseo inicial de la mudanza, dando pie a otros puntos a abordar en las relaciones. Es decir, van 16 episodios en los que no solo hablan de las parejas sino de los temas en pareja. Espero que Miguel la termine a tiempo, y no se le arruine la buena intención en una innecesaria prolongación.



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