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Jeff Lemire decide reimaginar la localidad donde nació: Essex County en Canadá. Para eso busca la manera de explorar distintas vidas de esta zona agrícola. Pone el foco en lo rural para darle identidad a las relaciones de estos personajes. Son habitantes de un condado en donde la sensación de soledad y alejamiento se contrarresta con la idea de comunidad. Por un lado, un niño huérfano que tiene altas posibilidades de ser un superhéroe (o un historietista), a pesar del exceso de realidad de su tío. Unos hermanos inseparables que, al crecer, se apartan hundidos en una profunda amargura. Y, por último, una enfermera que trata de sanar más heridas que las de sus pacientes.


Esta novela gráfica, en blanco y negro, es la recopilación íntegra de tres tomos distintos que escribió Lemire. Cada tomo se enfoca en una de esas historias. Sin embargo no sólo los reúne, sino que les da una integridad a través de la construcción de una propia memoria. La historia de los hermanos se construye a partir de artículos de prensa, fotos antiguas; pero la comunidad se hila a través de árboles genealógicos más complejos y reveladores. Es una novela plagada de misterios por resolver. Con muchísimas pistas cotidianas traducidas al detalle por Santiago García.


Al leerlo recordaba mucho a Olga Tokarczuk en "Los errantes" hablando de la forma en cómo ella borraba los mapas de los lugares donde no era feliz, construyendo nuevas formas de tránsito, habitando en medio de fantasmas que no sabían que los eran. Lemire construye un ejercicio de identidad colectiva, a partir de pequeñas voces de la ruralidad.


En 2011 fue considerada por Canadá Reads como una de sus cinco novelas esenciales de la década.


Descubrir la obra de Jeff Lemire se lo debo a Raquel cuando ella trabajaba en la biblioteca de Pumarín (gracias). La obra de Lemire no deja de sorprenderme. Sus libros tienen una línea estética clara y una búsqueda nostálgica e innovadora de historias. Me gustaría tanto tener el tiempo para investigarlo más a fondo y escribir una entrada más larga. La pongo en la lista de los pendientes.









 
 

Actualizado: 18 ene 2025

Existen pequeños libros que muchas veces pasan desapercibidos. Ya sea por lo mínimo de su tiraje, su caracter independiente (o funcional) o porque son temas de nicho con poco alcance. En este caso "Poderes extraños" tiene la aparente forma de un catálogo audiovisual. Repleto de imágenes, consciente de su propuesta de recogimiento. Sin embargo, dos ensayos profundos, que exploran al detalle la carrera del creador audiovisual Juanma Carrillo, ayudan a darle sentido a esta propuesta. Estos artículos mezclan arte, investigación, música indie y cultura audiovisual.F.Javier Panera Cuevas y Carlos De Benito se enfocan principalmente en los videos musicales como posibilidad narrativa. El segundo deja en evidencia un diálogo entre la música de La Bien querida y la poética audiovisual que se propuso en tres de sus vídeos: "Poderes extraños", "Ojalá estuvieras muerto" y "Muerto de amor" dirigidos hace diez años por Juanma.


Cuevas cita a John Berger para enmarcar las intenciones autorales del director en su obra: "Todas las historias son discontinuas y están basadas en un acuerdo tácito sobre aquello que se dice y aquello que no se dice, es el espectador el que puede conectar -o no- con ese acuerdo tácito".


Juanma era un experto de aquello que no se dice como parte del misterio poético de su registro audiovisual. Javier Ubieta, un tercer autor, escribe: "...que hay que olvidar para poder seguir. Juanma decide, en cambio, echar la vista atrás [...] generando virtuosismo".


Pertenezco al grupo de admiradores de la obra del director y de su lectura literaria como posibilidad en el vídeo musical. Sus últimos trabajos de investigación con inteligencia artificial hablan de su sensibilidad y forma de construir espacios de afecto en las narrativas del arte y el tiempo.


Este libro-arte-audiovisual-musical-fanzinero da materialidad a un artista que, como ser humano (y me pongo personal), me tendió la mano en un mal tiempo. Éramos conocidos de la ficción madrileña. Una buena historia amiguera. Sus gestos tuvieron el poder transformador de darle un contenido simbólico a lo cotidiano. Siempre discretos e inmensamente bellos. Seguiré admirándolo a pesar de la tiranía del tiempo.



 
 


No la busco. No hace falta. La poesía de Gina Saraceni siempre me alcanza. Y lo agradezco, como siempre agradecí todo lo que sus clases en el máster de la USB me enseñaron y transformaron."Adriatic" es un ejercicio de la memoria de quien rota por los mapas, del lenguaje de la migración a dos bandas. Por un lado, sus padres que viajan de Italia a Venezuela en los años '50, pero luego también de ella viviendo en Colombia. De hecho, este poemario se publicó originalmente por la Universidad Javeriana y luego Rowena Hill lo tradujo para la editorial Alliteratïon en Miami.


Esta edición recoge un itinerario de viaje emocional a través de la llegada de sus padres. Entre sus páginas, los versos se confunden con los registros fotográficos del viaje, de la reconstrucción de una identidad. Leerla me llevó a los propios mapas e imágenes de mi pasado familiar, de mi madre y padre. Me resonaban, aunque resueno más con otros de sus poemarios.


También encontré paralelismos con sus poemas de otros libros como "Casa de pisar duro"; o entre el imaginario de La Guaira y Bogotá. Hay un contraste de la luminosidad/el opacamiento, del ruido de los pájaros/el de la ciudad, las brumas; las palabras ausentes que cambian sentidos.


Al final, pone siempre el eje en el mar. Unifica el Caribe con el Adriático a través de la posibilidad poética. Es el lugar de encuentro para el recuerdo, la creación. Su ausencia transforma este lenguaje, lo silencia.


Gina dijo en entrevista a Hernán Vera para El Nuevo Herald: "En este sentido la naturaleza es lo impredecible, lo que se manifiesta para tocarnos emocionalmente. El mar, las cañas, los perros de la playa, los troncos de madera en la orilla, la cabra, las plantas silvestres, las palmeras, los pinos de las Islas Trémiti, el monte seco son presencias que interpelan al poema, lo sobrecogen y piden ser escritas. Además, como aparece en el poema "Geografía", mi abuela materna que era alemana, siempre me repetía: "Guarda la natura" ("Mira la naturaleza") y esa frase fue y sigue siendo un mandato, una herencia que me induce a escribir. Mirar "lo que tarda en revelarse" es mirar lo incumplido de lo viviente".

 
 
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