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LA LUZ DE LAS PROFUNDIDADES

Frances Hardinge

Traduce: Noemí Risco

Ilustra portada: Aitch

Bambú, 2020


Hank y Jelt son dos amigos que buscan subsistir en una ciudad cargada de misterios fantásticos, de dioses submarinos aparentemente desaparecidos en el pasado por su propia ira. Sin embargo, la historia gira alrededor de Hank, de espíritu noble, quien acaba envuelto en una serie de acciones peligrosas que implica negociar con las reliquias de esos dioses. Obligado a trabajar como sirviente dentro del Santuario, lugar en el que habitan los conocedores de estos mitos, irá descubriendo las oscuras fuerzas que esconden las profundidades del océano. Con el ritmo narrativo pausado al que nos tiene acostumbrado su autora Frances Hardinge, se va urdiendo un universo repleto no solo de complejidades teológicas, sino una aventura rodeada de tensión, con situaciones y paisajes repletos de originalidad. El submarinismo como práctica y los misterios del mar están descritos con tanta naturalidad que el lector logra emocionarse fácilmente con cada una de las situaciones que se narran en el libro. De hecho, creemos que el vínculo del lector con la historia ocurre con más facilidad en este libro que en algunos de los anteriores publicados por la misma autora, igual de originales, igual de recomendados. Su final sorpresivo lleva al lector a cuestionar las mismas cosas que su protagonista: la fe, la memoria y la libertad.

"Los dioses respiran miedo. Eso no es una metáfora inventada por los poetas. Necesitan el miedo igual que nosotros el aire. Cuanto más grandes son, más les hace falta. Sin él, se debilitan y caen en letargo. Si tienen bastante, pueden llegar a ser colosales. Las aguas del Abisal son espesas por nuestro temor. Allí un dios puede crecer, crecer y crecer, en el silencio de las profundidades, mucho más allá de nuestro alcance"


 
 

LA LECTORA Y LOS LIBROS


El escritor inglés Philip Pullman publica en 2017 su libro Deamon Voices, donde recopila diversos ensayos literarios y entrevistas. Uno de los temas recurrentes de este libro es su labor como cuenta cuentos. Pullman siempre niega su identidad de autor e insiste en que es solamente un contador de historias. Para ello, suele profundizar en su proceso creativo, distinguiendo al escritor metódico con una secuencia narrativa y una lista de elementos verificados a aquel que, como él, ve al hacedor de historias como un oficio diferente: se dedica a leer cosas que le interesan, acumula información aproximada que en algún momento será reutilizada en algún cuento y que aporte más información a ese universo que construye. En su caso, además, una narrativa en la que involucra teología, física cuántica y metafísica. No en vano su trilogía más exitosa profundiza en esos temas.


Conformada por los libros Luces del Norte (llamada en siguientes ediciones La brújula dorada), La daga y El catalejo lacado, su saga es considerada una de las grandes obras fantásticas del siglo XX. Con el primer libro publicado en 1995 no solo fue merecedor de importantes reconocimientos de literatura infantil y juvenil, sino que en una encuesta llevada a cabo por la BBC en el 2007, es considerada una de las tres obras literarias favoritas de los ingleses.


La Materia Oscura, nombre que recibe la saga, es muy curiosa como ejercicio lector. Es decir, basta que un joven lea los libros y no sólo entenderá sino que dará por sentado todos los conceptos que se exponen en esa historia. Sin embargo, el adulto, se queda perplejo tratando de entender y racionalizar ciertos conceptos que se manejan en el universo de Lyra, su protagonista. Estas ideas están estrechamente ligadas al multiverso o la religión.

De hecho, desde mi experiencia personal, es una de las sensaciones que aún recuerdo al leer los libros por primera vez: entre fascinación y confusión porque sentía que me faltaban ciertas ideas para entenderlo, pero esa duda jamás me invitó a cuestionarlo o abandonarlo. Todo lo contrario, el conflicto moral me parecía nuevo, más viniendo de una familia atea, pero a la vez me fascinaba porque no era una historia al servicio de un panfleto religioso.



Pienso particularmente en uno de los parlamentos que marcó mi adolescencia. Pertenece al personaje de Lord Asriel, un revolucionario investigador y familiar de la protagonista. Él habita en un mundo donde cada persona tiene un daimonion, es decir, el alma humana que habita fuera de los cuerpos con forma animal. Al final del primer libro, Luces del Norte, consigue abrir un puente entre dos mundos distintos. Es una brecha entre el mundo humano en donde habita Will, otro de sus personajes principales; y el de Lyra, el de las personas con daimonion pero controladas por una teocracia desde el Magisterium, en donde la magia forma parte de la estructura social. Lord Asriel, entre sus motivaciones, enunció:


“En algún punto está el origen de todo el Polvo, toda la muerte, el pecado, la desgracia, la destrucción del mundo. El ser humano no es capaz de ver nada sin sentir la necesidad de destruirlo, Lyra. Esto es el pecado original. Y yo voy a destruirlo. Voy a matar la muerte.”

Y quizás para aquel entonces, me pareció una frase anodina, típica de un personaje orgulloso y ambicioso. Pero durante mis estudio universitarios en Literatura, volvía a resonar ese fragmento a medida que leía clásicos como El paraíso perdido o Matrimonio del Cielo y del Infierno. Las líneas de Lord Asriel se llenaban de ecos miltonianos y blakeianos. Sus obras proponían en esta dicotomía religiosa, cielo e infierno, dos visiones del mundo, dos estados de ánimos que se oponen o cuestionan la represión moral de la Iglesia. Después los ensayos de Deamon Voices me confirmaban estas referencias. La saga siguió haciéndose más compleja e inagotable para mí, ya no era solo una historia fantástica sino la elaboración de una duda ética, filosófica y moral de personas en diferentes mundos. Muy de la mano de las tragedias griegas.


LA LECTORA Y LA SERIE


Armada con este contexto me senté, dudosa, frente a la serie producida por la BBC que salió en noviembre del 2019. Esta era, es y será, espero, una de mis sagas favoritas. No solo me ha fascinado sino que ha viajado conmigo desde que leí por primera vez la descripción extraña que hacía de una cabeza decapitada con un hueco de trepanación. Era, para mí, un absoluto descubrimiento constante y la serie debía mantener ese espíritu. Porque el mismo autor ya lo había logrado cuando mantuvo el mundo de la Materia Oscura con la publicación de Belle Sauvage en 2017, una historia que precede a Luces del Norte, y en donde se nos revela que la figura de Lyra era importante, incluso antes de su nacimiento. Y nombro a este libro, porque la serie de la BBC lo toma en cuenta para introducir mas detalles a la narración. Es decir, se nota que el guión está hecho por un verdadero lector de la saga.


Otto Bathurst, director de la serie también se apoyó en los libros para diseñar y respetar las tramas, consultando a Pullman en ciertos puntos relevantes. Es, por lo tanto, una serie muy respetuosa con su historia, con una estética y construcción de personajes a la medida del tono inglés: acentos, voces rugosas, llenas de slang y acentos de Oxford, un mundo cyberpunk pero más de color cobre que de color dorado, animales que se ven menos como animaciones de Hollywood con pelaje reluciente. Aunque pudieron haber aprovechado mucho más esa versión de Oxford que representaron al principio, estoy más que satisfecha. Tiene mucho verismo, si se puede decir eso de una serie de fantasía; aunque como Pullman diría en una entrevista en TimeMagazine de 2017 que él es un autor realista y no le gusta leer fantasía. Time


Ahora bien, también es cierto que la única adaptación con la que podía comparar esta serie, era aquella desafortunada película del 2007 protagonizada por Daniel Craig y Nicole Kidman.

Entiendo que uno de los inconvenientes de la serie, precisamente sea que se dirige a los lectores, a aquellos conocedores del universo de Pullman a partir de sus libros. Eso no hace que la serie no sea apta para todo público, al contrario, sabe cómo ir desplegando todas sus potencialidades. Solo que a veces parece ser demasiado lenta o, de repente, se apresura en algunos giros de la historia. Toca entender que hay conceptos como los daimoniones o el Polvo que necesitan más tiempo en el formato audiovisual para ser comprendidos porque en el libro el pacto narrativo ocurre de manera mucho más inmediata.


La ventaja del formato serie es que hay tiempo de instalar los elementos que llevarán al segundo tomo, sobretodo con la incorporación del personaje de Will, que sólo aparece a partir del segundo libro, La Daga. O el protagonismo que se le da a Lord Boreal, gran villano en la serie, que es realmente un personaje más secundario en los libros. Esto permite relativizar a los personajes y profundizar en los espacios grises de su moral. Lo mismo ocurre con la interpretación de Lyra, encarnada por Dafne Keen, quien se debate en su rol de niña rebelde pero a la vez madura, cargando con el destino de su mundo sin darse cuenta.


Una de las pocas imperfecciones que encuentro es en la actuación de Ruth Wilson, reconocida actriz por su papel en The Affair por el que se ganó el premio Globo de oro a mejor actriz. Ella hace el papel de Marisa Coulter y, aunque logra darle una identidad, no profundiza sino que la demuestra como una mujer fuera de sus cabales en todo momento. No aprovecha la fuerza que se resalta en los libros, en donde no solo es una representante del Magisterio sino que tiene esa relación tan compleja de protección y confrontación con Lyra. Eso me lleva a un punto a favor de la película, el de tener a Sam Elliot interpretando a aquel Lee Scoresby tejano. En la serie, el actor Lin Manuel Miranda tiene una actuación más plana.


Eso sí, en general los personajes son muchísimo mas diversos que la versión de 2007, tan blanca, caucasiana, rubia y clásica.


LA LECTORA


Uno de los temas esenciales de los libros y la serie es la explicación del Polvo, una materia indescifrable que parece ser atraída por los niños. Según el Magisterio que controla muchas de las decisiones del mundo de Lyra, son restos del pecado original. Esa materia oscura es la que todos exploran y de la cual el lector va develando grandes temas para reflexionar. En el libro Deamon Voices, Pullman explica más a profundidad su idea del polvo. Para él es...


"...el bien. Esto no significa que hay que aceptar el mal en vez del bien; significa entender que como la perdida de la inocencia es inevitable, deberíamos aceptar el mal y abrazar la próxima etapa de nuestro desarrollo en vez de cerrar los ojos. Saber sobre el bien y el mal no es lo mismo que aceptar el mal, pero puede parecerlo frente a una iglesia a la que le gusta pensar que tiene todas las respuestas.”

Es decir, es una sustancia que se encuentra en todos los seres. Es el secreto detrás de los daimoniones de los hombres. Por eso el daimonion es esencialmente polvo, y cuando la persona es adulta, el daimonion toma una forma estable, como si la moral y los principios se estabilizaran, se solidificaran. Es algo puro y transcendental, que escapa a la racionalización moral. Es una manera material de representar los valores o las motivaciones que nos atraviesan.


En Luces del Norte se oponen los que ven el Polvo como algo con lo que hay que acabar. Está el Magisterium y Madame Coulter con sus oblaciones; Lord Asriel con sus ganas de luchar contra los Ángeles y remontar hasta Dios. O están aquellos que lo ven como algo positivo, o neutro: Lyra se da cuenta de eso al utilizar el aletiómetro, aquel objeto casi sagrado que responde cualquier pregunta; o el personaje de Mary Malone, una científica que lo llama materia oscura y le permite constatar que es una materia que piensa, que responde y que es transcendental, por lo tanto que no le atañen estas cuestiones morales.


Es muy difícil trasladar este concepto desde lo literario, con sus matices, a lo audiovisual. Pero hasta ahora han encontrado un tono, un código, una forma de decir. Habrá que ver cómo tratan los dos otros libros en las próximas temporadas, que son muchísimo más filosóficos y metafísicos, sobretodo la parte de la guerra de los Ángeles. Toca esperar a ver si logran representar ese conflicto moral y celeste sin caer en una imagen kitsch e incomprensible. A pesar de las reservas, puede más mi ansia de niña y adulta lectora por reencontrarse de nuevo con esta historia.





 
 

Esta semana, la NASA anunció que están investigando la existencia real de un universo paralelo. En ese universo, según explicaciones mucho más detalladas, las cosas funcionarían al revés a la Tierra, es decir, lo negativo es positivo o el tiempo va hacia atrás. Haciendo el ejercicio de esa otra nueva normalidad, una especie de sinapsis me llevó hasta el libro Mvsevm. Publicado en España por la editorial Fulgencio Pimentel el año pasado y que fuera ganador del Premio BolognaRagazzi 2020, importante reconocimiento de la literatura infantil (actualmente también se ha editado en Portugal por la editorial Orfeu Negro, en Italia por Orecchio acerbo y próximamente en otros países como Corea del Sur y China).


Para los que no han visto este libro, es importante resaltar que es una fusión peculiar entre dos artistas plásticos españoles de mucha relevancia. Primero, Javier Sáez Castán, premio nacional de ilustración en España, quien hizo los bocetos y el guión de esta historia. Luego, Manuel Marsol, premiado como ilustrador anteriormente en la Feria de Bolonia, quien se encargó de ilustrarlos. Juntos construyen esta narración gráfica con un trabajo plástico original tanto por el uso de la paleta de colores como las texturas de sus páginas.


Desde que el lector tiene el libro en las manos, sabe por su portada que le contará las anécdotas de un hombre que viaja a través de una carretera. Solo que al abrirlo, el camión que conduce se avería. Justo en un costado de la carretera, el hombre protagonista encuentra una misteriosa casa sobre una colina. Es un Mvsevm. A través de la ventana logra observar algunos cuadros que son exhibidos en esa solitaria galería. Resalta uno en cuyo rótulo se lee "Cathy with parrot" y en el que, efectivamente, hay a una mujer con un loro en su jaula.

Sabemos, porque la ficción en los libros, películas y series lo enuncia siempre, que iniciar esta exploración es un sinónimo de peligro. Sin embargo, nuestro buen protagonista aprovecha que el museo está abierto -está escrito en la puerta- y decide entrar para pedir ayuda.


Ocurre como en la película Psicosis (1959) de Alfred Hitchcock. Solo que en vez de encontrar animales disecados en la misteriosa casa de Norman Bates, el lector y el protagonista, verán varios cuadros expuestos. Está el de la mujer con su loro, ojos, bosques, objetos, un colorido tigre de ojos azules como los del personaje y, finalmente, encuentra un cuadro que se titula "Self portrait", que traduce "auto retrato". En ese cuadro vemos la tercera página del libro. Es decir, observaremos al camión fuera de la casa, como si esa pintura fuera una ventana.


Ahora bien, detengámonos de nuevo. No solo el personaje parece estar en una realidad alternativa, el lector también estará confundido. Si cierra el libro y empieza de nuevo, va a descubrir un detalle importante. La portada es el marco de un cuadro, y el objeto libro es realmente un lienzo por delante y por detrás. Si se enfoca en lo que se representa dentro del marco, verá a un hombre de espaldas, conduciendo, y a través del cristal del camión encontrará la casa, algo de humo que sale del motor averiado y los ojos del conductor a través del retrovisor. El personaje protagónico rompe la cuarta pared y observa al lector a los ojos. Lo invita a entrar dentro de esa obra pictórica. Además, el marco de este cuadro tiene un rótulo en el que se lee: Mvsevm. ¿Es libro? ¿es arte?


Según palabras del mismo Javier Saez Castán, una de las inspiraciones para la creación del libro proviene del cine de los años cuarenta, en el que resalta la película La dama del cuadro (1944) dirigida por Fritz Lang. En esta historia, un profesor de psicología se enamora de una mujer atractiva, seductora y peligrosa. Misteriosamente, muy parecida a la mujer del cuadro. Basta comparar el siguiente fotograma con la ilustración anterior, para ver que efectivamente en este cine existe parte de la inspiración de este intrigante libro.

A pesar de esas referencias cinematográficas, Mvsevm también es una pequeña pieza de arte narrativo. No tiene edades de prescripción, pues su deleite puede beber de la premisa fantástica o de la cantidad de referentes que amplían las posibles lecturas. En ambos casos, no deja de ser una lectura compleja y divertida para cualquiera de sus lectores.


La ilustración no lo es todo en este ejercicio visual. Por un lado, el uso de textos es apenas incidental y dialoga en sutil código de humor con la imagen, mutando según cambia la representación de la obra. Por el otro, la tensa y peligrosa historia carga de vínculos propios y externos, llevando al lector a perderse en un suspenso que como diría el pintor Edward Hopper: "Si pudieras resumirlo en palabras, no habría ninguna razón para pintar."


Cito a Hopper no en vano, sino porque la carga de la historia se relaciona precisamente con su arte, lleno de silencios, soledades, acciones suspendidas. Además que el personaje del libro es una réplica del autorretrato que el pintor estadounidense se hizo entre 1925 y 1930.





Esta no es la única casualidad, existe un detalle que pasa casi desapercibido desde la portada. En los códigos de seguridad de la maleta que tiene el conductor como copiloto, podemos leer dos números: 1882 - 1967.

Edward Hopper nació en 1882 y murió en 1967. Es decir que este protagonista lleva su vida en esta maleta. Con esta primera pista el lector entiende que entra en un mapa del tesoro lleno de posibilidades. Pero Hopper como personaje no. Él, que fue célebre por recrear el realismo estadounidense, está apunto de adentrarse en un universo paralelo distinto al suyo. Se perderá en el museo, la cabeza y el arte del pintor del pensamiento abstracto René Magritte quien ¿casualmente? muere en el mismo año: 1967


Magritte dijo alguna vez "todo lo que vemos esconde otra cosa, siempre queremos ver lo que está escondido detrás de lo que vemos". Mvsevm, como artefacto gráfico, juega con esas posibilidades. Hopper, el personaje, se enfrenta al encanto absurdo del surrealismo (aunque a Magritte no le gustaba que lo condicionaran con esa corriente). Su destino es aprender a ver con otros ojos el arte, así como también huir de los peligros que le induce la mirada del artista. Como en la alegoría de la caverna de Platón, el hombre imagina cosas a partir de las sombras, los reflejos y las representaciones. Esas fantasías también pueden ser certezas.


Narrativamente, algunas pocas ilustraciones contienen una carga cinematográfica en cuanto a planos, referentes y secuencias; pero casi todas están relacionadas estrechamente a una reflexión sobre la percepción del arte. Esto no es un condicionante para la lectura. Sin esos referentes, el lector incauto logra otro retador ejercicio: perderse animosamente en ese laberinto que propone cada cuadro, cada pasillo, para salir de esa jaula.


Para ciertos lectores, este libro puede ser una jaula, una obra cerrada, un cuadro que observar; pero también es una aventura arriesgada, poderosa y explosiva. Se puede leer tantas veces con finales tan alternativos, que a veces me convenzo de que deberíamos enviarlo como prueba a la NASA. Incluso, a riesgo de pecar de cursi, creo que esta historia es apenas el preludio de una historia de encuentros que es hoy es referente. Hopper quizás no solo retrataba soledades, sino que nos regalaba silencios para imaginar... como Magritte.



ALGUNAS DE LAS REFERENCIAS EN EL LIBRO


Los ojos


En 1928 Magritte culminó una de sus obras más representativas: El espejo falso.


El espectador ve en el ojo la idea de libertad, el cielo abierto e infinito. Sin embargo, ese ojo también es un objeto que le devuelve la mirada al que lo ve (como Hopper desde el retrovisor del auto en la portada del libro). Según el psicoanálisis, esto refleja la confusión de identidad, el observador no sabe si está dentro, fuera, observando o siendo observado.


No es casual que ese mismo cuadro aparezca apenas el personaje entra a la casa. Ese mismo ojo seguirá observándolo, siguiéndolo, como un gran hermano.


Otro detalle importante, tanto el pomo de la puerta como el ojo mágico (la mirilla), crean un par de ojos que además se parecen a los suyos y a los del tigre.




El ave (el loro)


En 1936, Magritte termina su cuadro La clarividencia. En él reflexiona nuevamente sobre la representación en el arte. A partir de la observación del huevo, el artista no imita sino que pinta una paloma. ¿Es aquello una certeza ontológica o el arte es capaz de refutar al objeto en su forma?, ¿el arte es lo que vemos, creemos o imaginamos?


En palabras del mismo Magritte: "Estamos familiarizados con el pájaro en la jaula. Nuestro interés se despierta si lo sustituimos por un pescado o un zapato. Pero, si esas imágenes son curiosas, también son desagraciadamente accidentales y aleatorias.” En este caso, no solo se trata de que el loro sea el ave saliendo de la jaula, del cuadro que lo representa, sino también que el personaje protagónico, ese Hopper que está dentro de la galería, es una especie de pescado o zapato dentro de una jaula que no le corresponde: la obra de Magritte.


Existe una foto histórica que muestra al artista pintándose así mismo, el artista dentro de la obra, como una muñeca rusa. El ave en libertad del cuadro (o su futura representación en el cuadro del cuadro), es el detonante de las acciones en el la aventura dentro de Mvsevm.





La ventana rota


Cuando Magritte pintó La clefs des champs / La llave del campo en 1936 quiso insistir en su ejercicio de las asociaciones absurdas. Los cristales reflejan exactamente el mismo paisaje que se ve desde la ventana rota, como si el cristal estuviera pintado o fuera un espejo del exterior. Más que un espejo, un repetidor del afuera. De esta manera, vuelve a su dilema de la representación de la realidad en el arte.


Antes de hacer este cuadro, Magritte le escribió a Bretón "Lo esencial era eliminar la diferencia entre lo que se ve desde afuera y lo que se ve desde dentro". Si lo pensamos bien, es un poco lo que ocurre con este personaje protagónico, que trata de ver hacia afuera desde un adentro desconocido. Sin darse cuenta que podía ser exactamente igual.


Eso sí, la referencia es apenas en la ventana rota como si fuera un cuadro. En el caso de la ilustración no hay vidrios que reflejen el exterior. Se dice que la influencia de Magritte en esta etapa, más que del surrealismo, era de Lewis Carroll y Alicia en el país de las maravillas: "Lo sería si lo fuera. Pero si no es no es. Pero si lo fuera podría serlo."







Le plafond (los objetos)


Con Las palabras y las imágenes en 1929, Magritte puso en contraste objetos pintados con palabras que no los definen. Les confería un significado distinto. Magritte sigue dialogando con sus preocupaciones propias de artista en cuanto a la representación.


En este caso la vela que se repite tanto en el cuadro como en la ilustración, tiene un nombre: Le plafond que significa El techo. Eso quiere decir que, ¿un objeto es por lo que representa o por cómo se le nombra?. Ese tipo de asociación muestra la función que cumple los objetos dentro del arte. Por ejemplo este libro Mvsevm, ¿es libro porque lo nombramos así o es un cuadro por cómo se representa?


Como dice Magritte: "Hay objetos que pueden prescindir de su nombre" o "Un objeto entra en contacto con su representación, un objeto entra en contacto con su nombre. A veces un objeto y su nombre se encuentran." Eso pasa, a nivel inconsciente, con algún otro objeto que sin nombre recobra su forma útil en el libro. Les toca a ustedes investigarlo.



Nighthawks / Noctámbulos (1942)


Al final del libro, el protagonista debe tomar decisiones prácticamente de supervivencia. Es probable que también se exponga de manera simbólica a la huida de este tipo de arte que propone Magritte. Es decir, Hopper decide llamar las cosas por su nombre, aunque sobre el camión rojo terminen estando restos de esa aventura simbólica que vivió. En este caso, ¿los museos siguen significando algo en la actualidad?, ¿son los museos también una jaula?


En cuanto a mi lectura, quiero proponer un mundo alternativo a sus personajes, una lectura personal del libro. Quizás no sean referencias reales (probablemente las anteriores tampoco lo sean), pero este juego de espejos, identidades y encierros me obligan a reflexionar sobre este encuentro. Cuando empieza el libro, ocurren una serie de planos que nos muestran a un personaje protagónico siempre de espalda, así como le gustaba a Magritte pintar a los hombres en muchas de sus obras. Sin embargo, bastó una primera mirada detrás de la ventana para que se diera el encuentro entre Cathy, la chica del cuadro y este Hopper viajero.


Al huir, el arte de Magritte queda atrás, siempre detrás, y adelante solo queda un encuentro con una obra magnífica de Hopper. Esta, cuyos personajes comparamos más abajo. Esta obra que nace después de Pearl Harbor y habla del desasosiego de los jóvenes en la ciudad.

Más allá de que ambos personajes se me parezcan, quiero creer que en el libro se genera una posibilidad de encuentro entre los dos. Este cuadro sigue siendo un encierro. La barra no tiene salida, el bar no tiene puertas, y están ellos allí, nuevamente, encerrados en una obra de arte, así como en el museo o como lo están en este cuadro/libro. Esta es su otro universo paralelo, en donde tiempo y la vida transcurrirá según el espectador/lector que les dé vida.











Epílogo: La casa


Finalmente, la más arbitraria de las comparaciones está en la casa.


Como de universos alternativos y diversas lecturas se trata, podemos dejar opciones para que cada cual decida por una casa de su preferencia. No descartemos que a lo mejor Manuel Marsol no se inspiró sino en su propia idea arquitectónica.


Primero, el museo en la cima de la colina recuerda vagamente al cuadro de Edward Hopper: Casa junto a la vía del tren pintado en 1925. En ella, el solitario pintor muestra el absurdo rural de Estados Unidos, con mansiones prácticamente desoladas y abandonadas por los avances industriales. Por eso la vía del tren pasa justo al lado. Es una imagen triste, desoladora.


Está, en segundo lugar, la obra La habitación de la señora sundheim que hizo Magritte en 1962, misteriosa con la casa dentro de la habitación.


Luego está la mansión de la película Psicosis en 1959 (en esta realidad en la que vivimos, Hitchcock se inspiró en la obra de Hopper para hacer esa mítica casa del cine).


De penúltimo está Le maision de Magritte, pintada en 1947, que nos muestra una casa con una vida distinta dentro. Se delata como si contuviera un escenario.


Por último, puede ser el Edward Hopper House Museum & Study Center, una casa histórica que queda en New York y donde pasó sus últimos años el artista.










LA HABITACIÓN SECRETA

Si llegaste a cruzar todas las casas, es porque eres un lector de personalidad curiosa. Has visto en la puerta el anuncio "Come in, we're new open" y entraste como si fueras el protagonista. Buscas más referencias dentro de este post. Esta última interpretación se la debemos a sus autores.


Javier Sáez Castán comentó en algunas entrevistas y presentaciones que William Blake fue una determinante fuente de inspiración para pensar parte de la obra/libro. El poema The Tyger que pertenece a la colección de poemas ilustrados Songs of innocence and of experiencie (1789) es fundamental para comprender la carga poética y simbólica que implica los momentos finales del libro. Además que el tigre de Marsol parece familiar directa del que ilustró Blake, solo que un poco más encendido.


¿Qué significa el tigre en Mvsevm? Tampoco nuestra intención es destripar el libro, debes buscarlo y encontrar la alternancia entre el poema, la imagen y la historia. Pensemos, eso sí, que para Blake (un visionario de su época) el artista es un espíritu en libertad con la capacidad de alumbrar los enigmas que albergan en su interior, de esa forma es capaz de reinterpretar la realidad a partir de una obra simbólica que el espectador o lector debe interpretar. Si leíste el libro, entenderás que nos hemos dado un poderoso viaje.


El tigre


¡Tigre! ¡Tigre! Ardiente resplandor

en las selvas de la noche;

¿qué inmortal mano o qué ojo

pudo enmarcar tu temida simetría?


¿En qué lejanos abismos o en qué cielos

ardía el fuego de tus ojos?

¿A qué alas osaba aspirar,

qué mano osó coger el fuego?


¿Y qué hombros, y qué arte

pudieron retorcer los nervios de tu corazón?

Y cuando tu corazón comenzó a latir,

¿qué temible mano?, ¿y qué temidos pies?


¿Cuál fue el martillo?, ¿cuál la cadena?

¿En qué fragua cayó tu cerebro?

¿Cuál fue el yunque? ¿Qué temible abrazo

osó sujetar sus terrores mortales?


Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas,

y regaron el cielo con sus lágrimas,

¿acaso sonrió al ver su obra?

¿Acaso quien creó el Cordero te creó a ti?


¡Tigre! ¡Tigre! Ardiente resplandor

en las selvas de la noche;

¿qué inmortal mano o qué ojo

pudo enmarcar tu temida simetría?*


*William Blake.Canciones de inocencia y de experiencia, traducción de José Luis Caramés y Santiago González Corugedo. Madrid: Cátedra, 1987.


¿Insistes?


Si todos estas referencias no te dicen nada, o quieres explorar la lectura de manera libre de los prejuicios del arte. Hazlo. Esta obra no va a defraudarte. Incluso puedes acompañar la lectura con la exploración musical que hizo el artista Manuel Marsol y compartió en esta lista de Spotify. Dialogarás con ese proceso de inspiración y creación personal del ilustrador.



 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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