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Actualizado: 3 sept 2021


La música es un cable a tierra para todo el mundo con diferentes tipo de energía, en mi caso particular -y capaz el tuyo si estás leyendo esto- debe estar superando los 220 voltios, amperios, watts o cualquier otra medida energética de tu preferencia. Se trata de una necesidad humana la de refugiarse en las canciones, en la banda sonora de los lugares, o formar parte de "tribus" musicales en algún momento de la vida. Depende de cada uno esa necesidad de buscarla, encontrarla e incluso asimilarla.

En mi caso, esa necesidad detonó en el intercambio con otras personas. Supongo que así de fácil se forman las tribus, pero en mi caso no me había tenido esa sensación de regocijo, entendimiento y empatía con respecto a mis gustos e intereses particulares. Tal vez por peculiar, pero nunca había encontrado a nadie con quién conversar sobre las canciones que me gustaba descubrir.

¡Hasta que ocurrió! Era parte de una tribu social donde la música siempre sería el centro de nuestra cotidianidad. No sabíamos bien a dónde pertenecíamos, qué nombre teníamos o qué etiqueta usar entre nosotros. O si eso nos hacía falta. Lo único claro es que la “buena música” es nuestro tótem sagrado y la alabamos. De hecho, la desinformación es un pecado capital donde en ocasiones se convertía en tarea difícil obtener el perdón de los otros miembros de la horda.

*Por suerte yo era un buen devoto*

En esos primeros años de intensidad, donde compartía y recibía música de la tribu como si fuese parte de un trueque colonial, conocí a los Hot Chip -suspiro-. Banda británica que se inició en el año 2000 como proyecto musical de Alexis Taylor, vocalista, y Joee Goddard con los sintetizadores. Ambos trataban de amalgamar visiones e ideas del electropop de esa época, que luego plasmaron en su álbum Comming on Strong en el 2004 donde ofrecieron un sonido electrónico diferente e innovador. Para ese momento, sus colaboradores Owen Clarke, Al Doyle y Felix Martin se unieron también al grupo con sonidos como guitarra, bajo y percusión. Sus canciones y ese sonido distinto, nos hacían querer investigar más de estos ingleses: ¿De dónde salieron?, ¿quiénes los inspiraron?, ¿cuál es su top diez en myspace? Etc, etc.

Esas dudas no sólo surgieron nuestra tribu, Hot Chip se había instalado en los oídos e intereses de muchos otros, como es el caso de James Murphy, líder de la reconocida Banda LCD Soundsystem. Murphy los contrató para su sello discográfico independiente DFA records, introduciéndolos de esta manera en el mercado estadounidense. La banda retribuyó todo ese foco de atención y nos dio el álbum The Warning en el 2006: un trabajo súper maduro, completo, divertido y atemporal, con una onda alegre que nos hacía bailar frente al espejo del ascensor, en el metro, carro, autobús o simplemente caminando en cualquier acera que convirtiéramos en nuestra pista de baile imaginaria. Sus canciones "Over and over" y "Boy from school" -esta última la escuché, de manera random, en un episodio de los Simpsons- son joyas que se convirtieron en referencia de la escena electrónica independiente a nivel mundial.

Luego de haberse hecho su merecido espacio en la escena indie, siguieron creando temas para que sus seguidores, entre los cuales me incluyo, meneáramos las caderas sin temor al mañana. "Ready for the floor" del disco Made in the dark (2008), o "Who do you do", de su álbum In our heads (2012) son algunos de los temas que podías escuchar un par de minutos y ya te podían cambiar un día gris y plano a otro repleto de figuras geométricas con colores vivos.

En el 2015, ante el lanzamiento del disco Why make sense?, Alexis Taylor consigue los permisos de los herederos del historietista Charles Schulz, creador de una de sus tiras de prensa favoritas Peanuts, conocido también como Snoopy en América latina. Taylor, quien coleccionaba los sweaters de los años sesenta con el personaje impreso, ahora podría ofrecer una edición limitada de ropa donde mezclaba a este personaje con las letras de Hot Chip pero, también, con una las frases reconocidas de Snoopy que es casi un credo para toda tribu:

*¡Vivir es bailar... bailar es vivir!*

En una era y con un mercado donde parece obligatoria la reinvención, este 2019 Hot Chip nos llega con nuevo álbum Bath Full Of Ecstasy. De este disco, se desprenden grandes canciones como “Spell”, la cual emana cierto sex appeal en cada tonada, y donde la voz de Alexis Taylor se convierte como en la de un hechicero que atrae y lleva a cualquiera a formar parte de su propia tribu, haciéndote mover los hombros, cabeza o cuello en honor a ese ritual musical.

Sin embargo, el sencillo promocional del álbum se titula "Hungry child". Este es un temazo particular, de esos que se debaten entre el house y el disco con el uso de pianos y sintetizadores, con melodías propias de cánticos de iglesias. Su vídeo, dirigido por el iraní-americano Saman Kesh, reconocido por su trayectoria y la realización de narrativas musicales para bandas como Placebo, Basement Jaxx, o artistas y dj's más comerciales como Ed Sheeran, Kygo o Calvin Harris.

El peculiar vídeo cuenta una historia de amor, toxicidad y dependencia. A manera de cortometraje, una pareja con una vida llena de violencia silente y conformidad, oye una música que los aturde. Necesitan descubrir su origen, pero no son los únicos que sienten este ritmo. Solo que, para detenerla, deben romper el círculo vicioso que los uno. La fuerza de esta historia y el poder de la imagen es un telón de fondo para plasmar el sello único de la banda en cada uno de sus beats.

Con certeza tengo mis ojos puestos en otros discos del 2019, pero el álbum Bath Full Of Ecstasy de Hot Chip merece atención y mención honorífica. Diecinueve años de trayectoria no se construyen de la noche a la mañana, y mucho menos creando un sonido que sea tan personal, con la capacidad de relacionarse con cualquiera, contigo, conmigo, más allá de las tribus.

*Eso es obra de genios.*


 
 

Actualizado: 2 sept 2021


Una recopilación de momentos de las temporadas estrenadas en el 2018, en donde los personajes de las series interactúan con las canciones de sus bandas sonoras; enriqueciendo la escena con otras formas de expresión. Así abro paso a la esperada época del año, en la que anunciaré mi lista de series favoritas del año.


 
 

Proyecto de ilustración por: Mr.Poper & Medusczka "El Mujercito Charro"


La calle sabe recordar: "que no te olvidé, que nunca podré", sonaba en alguna tienda cerca del trabajo. En la reja de una casa, una señora conmovida cantaba junto a su perro: "yo no sé si está pasando el tiempo o tú lo has detenido". En el bus, alguien tarareaba "dime cuando tú..." He pasado todo el día oyendo un playlist de Juan Gabriel, como muchos. Pero en mi caso, y sin darme cuenta, eso ha sido siempre así. Él es uno de los pilares de mi educación sentimental. En la infancia mi mamá cantaba "debo hacerlo todo con amor"; en la universidad más de una vez bebimos gritando "quizás esta noche sea mi noche"; en las fiestas familiares donde muchas veces iba un imitador, nos iniciábamos con el "te pareces tanto a mí". Y qué irónico, siempre nos puso de tú a tú. Este hombre que siempre hizo lo que le vino en gana, con su mariachi a cuesta, no tuvo porqué ventilar su vida personal para hacer de su música el gran valor que es para nosotros. Él siempre lo dijo "tan solo fui un soñador no más".


En estos casi dos años que llevo viviendo en Chapinero, nunca he dejado de escuchar sus canciones. A cada tres noches, cruzo frente a algún antro, oigo a algún vecino cantarlo, o he terminado alguna vez en un kareoke en el que se termina decretando: "Hoy esta noche saldré a algún bar..." Su voz me obligaba a visitar de nuevo esos despechos que uno esconde bajo llave. Me asaltaban, en medio de la cotidianidad, los recuerdos de aquellas historias que no fueron o algunas que dolieron. Juan Gabriel nunca dudó en decirme, en esas calles, en esas historias: "abrázame que el tiempo pasa y no se detiene". Pero a pesar de todo este recorrido de lunes extraño, hubo una canción, una muy particular, que me acompañó en el peor de mis despechos hace algunos años. La canté, me obligué a creer, en medio del alcohol, perdido en tascas de La Candelaria y Chacao, que me la dedicaban. Esa canción me ayudó a entender que no estaba solo, su letra me daba la comprensión que todo mal querido y alcoholizado necesitaba. Por darme eso a mí y a muchos conocidos o desconocidos, te estaré siempre agradecido. No siempre uno encuentra refugio en los lamentos. Tu música siempre lo hará.


 
 
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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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