Tributo a Juanga


Proyecto de ilustración por: Mr.Poper & Medusczka "El Mujercito Charro"


La calle sabe recordar: "que no te olvidé, que nunca podré", sonaba en alguna tienda cerca del trabajo. En la reja de una casa, una señora conmovida cantaba junto a su perro: "yo no sé si está pasando el tiempo o tú lo has detenido". En el bus, alguien tarareaba "dime cuando tú..." He pasado todo el día oyendo un playlist de Juan Gabriel, como muchos. Pero en mi caso, y sin darme cuenta, eso ha sido siempre así. Él es uno de los pilares de mi educación sentimental. En la infancia mi mamá cantaba "debo hacerlo todo con amor"; en la universidad más de una vez bebimos gritando "quizás esta noche sea mi noche"; en las fiestas familiares donde muchas veces iba un imitador, nos iniciábamos con el "te pareces tanto a mí". Y qué irónico, siempre nos puso de tú a tú. Este hombre que siempre hizo lo que le vino en gana, con su mariachi a cuesta, no tuvo porqué ventilar su vida personal para hacer de su música el gran valor que es para nosotros. Él siempre lo dijo "tan solo fui un soñador no más".


En estos casi dos años que llevo viviendo en Chapinero, nunca he dejado de escuchar sus canciones. A cada tres noches, cruzo frente a algún antro, oigo a algún vecino cantarlo, o he terminado alguna vez en un kareoke en el que se termina decretando: "Hoy esta noche saldré a algún bar..." Su voz me obligaba a visitar de nuevo esos despechos que uno esconde bajo llave. Me asaltaban, en medio de la cotidianidad, los recuerdos de aquellas historias que no fueron o algunas que dolieron. Juan Gabriel nunca dudó en decirme, en esas calles, en esas historias: "abrázame que el tiempo pasa y no se detiene". Pero a pesar de todo este recorrido de lunes extraño, hubo una canción, una muy particular, que me acompañó en el peor de mis despechos hace algunos años. La canté, me obligué a creer, en medio del alcohol, perdido en tascas de La Candelaria y Chacao, que me la dedicaban. Esa canción me ayudó a entender que no estaba solo, su letra me daba la comprensión que todo mal querido y alcoholizado necesitaba. Por darme eso a mí y a muchos conocidos o desconocidos, te estaré siempre agradecido. No siempre uno encuentra refugio en los lamentos. Tu música siempre lo hará.