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LA PREDICCIÓN IMPOSIBLE DE RENATO TEJERO

Cristian Triana Doza

Ilustra: Manuela Correa Upegui



Transcurre el año 1973 y Renato Tejero, protagonista de la novela, va a cumplir trece años en medio de una vida familiar bastante complicada. Su padre, alcohólico y jugador, destaca por su agresividad y por la tiranía con la que los somete en casa. Su madre, mucho más sumisa y resignada, apenas puede actuar ante ese clima. Y su hermano mayor opera de la única forma que conoce: a través del maltrato. Bajo esta constante, la novela plantea una pregunta: ¿es cierto que el contexto moldea a la persona? Y es que Renato, bajo el lema "lo que se hereda, no se hurta", estalla en clase contra un compañero y es expulsado. Eso lo llevará a vender limones en las calles de Bogotá. Él no quiere ser como su padre; tiene el estribillo de una canción de Héctor Lavoe, un hit de la época, resonando constantemente: “pronto llegará el día de mi suerte”. Y mientras la suerte llega, se transforma en un personaje anónimo para la sociedad.


Solo que existe un impulso vital, un deseo, que lo conduce a explorar otros caminos alternativos. Le encanta el ajedrez, lo juega bastante bien y, junto a una especie de emisario mágico, empieza a reconfigurar una nueva manera de interactuar con el mundo. Para eso, toca remitirse a algunos años antes, cuando Aaron Eisen, un judío que escapa de la Segunda Guerra Mundial hacia Colombia, conoce a Ítalo Cuartas, un joven al que le enseña el arte de presagiar el futuro a partir de las jugadas de ajedrez.


Esa especie de línea sucesora le llega a Renato, quien, incrédulo, no solo conoce a Ítalo, sino que lo considera un gran maestro. En ese sentido, el planteamiento pone a dialogar dos mundos que casi siempre se narran por separado: la crudeza realista (trabajo infantil, calle, familia rota) y una suerte de misticismo táctico (leer el futuro a través de las jugadas). Esa mezcla no suena a escapismo, sino a una pregunta insistente: si la vida de Renato está llena de fuerzas que lo empujan (la pobreza, la violencia, el azar), ¿dónde queda su margen de movimiento? ¿Qué pieza es cuando el tablero parece ajeno? Y, más todavía: ¿qué significa “ganar” cuando lo que busca no es vencer a otro, sino encontrar una vida vivible?


El tono con el que está narrada la novela consigue incomodar por la violencia contenida de sus expresiones y la sencilla irascibilidad de Renato, que drena como válvula de escape cuando se expande el mundo del ajedrez y de los personajes que lo rodean. Novela de corte social, funciona como un reclamo a las infancias y adolescencias que deben encontrar rendijas para poder sobrevivir. Aunque tiene algunos momentos divertidos, no deja de sostener la tensión alrededor del padre, así como la esperanza de que algún día la ausencia y el perdón puedan ayudar a Renato a superar esa etapa oscura de su adolescencia.


Es el único libro que hemos puesto de 2024 dentro de la lista, no solo porque nos gustó y nos parece un texto coherente para una edad en tránsito: sin florituras, incomodando en una realidad socioeconómica compleja; sino por la misión editorial y el compromiso que tiene Tragaluz con sus lectores infantiles y juveniles.


Durante 2025, Pilar Gutiérrez, directora de este reconocido sello independiente, anunció el cese de las actividades de la editorial y del espacio cultural. Su intención es replantearse las funciones de cara a las exigencias de los nuevos tiempos. Nuestro respeto y admiración más profundos para una editorial a la que hemos acompañado en su crecimiento y de la que valoramos el esfuerzo, las publicaciones novedosas, las traducciones al portugués, a Filipa Leal en español y el arrojo de creer en mundos distintos dentro de la literatura infantil y juvenil. No esperamos que esto sea un adiós, sino la puerta a un próximo reencuentro.

 
 



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VALENTINA Y EL AMOR VERDADERO

Gene Luen Yang

Ilustra: LeUyen Pham

Traduce: Rubén Lardín

Astiberri, 2025

EL BRILLO “2025”


Durante la infancia, Valentina adoraba celebrar el Día de los Enamorados. No es casual que su nombre sea similar al del santo al que se le atribuye esa fecha. La celebración consistía en hacer tarjetas de felicitación para su padre o sus compañeros de clase: ella gestionaba, con excesiva alegría, esa necesidad de dar amor. Quizás ese sea el motivo por el que un rozagante Cupido (al que solo ve ella) asume la misión de acompañarla en esa demostración incesante de afecto.


Pero, a los catorce años, se encadena una serie de desalentadoras noticias sobre su pasado y su presente, lo que la conduce a una profunda desilusión: su madre no está muerta; la abandonó. Y su padre le mintió todos esos años para protegerla. A esto se suma una abuela profundamente religiosa, que termina por separarla de la ilusión con un presagio cósmico-generacional: “nuestra familia desafortunada para el amor”.


En consecuencia, Cupido se desintegra para transformarse en el tenebroso fantasma de San Valentín, el original y antiguo obispo de Roma, quien le reclama a Valentina su corazón a cambio de no sufrir como lo hicieron sus padres. La única forma de liberarse es encontrar, en un año, al amor verdadero. Y sí, esta novela gráfica puede parecer solo una historia de amor convencional, construida sobre una propuesta narrativa perfectamente adaptable a una telenovela. Engancha: hay giros dramáticos, secretos familiares, insólitas casualidades, encuentros amorosos que aumentan la tensión. Pero no es la única capa sobre la que se cuenta esta historia. No se trata solo del amor como fin último, sino de entender cómo determinados gestos construyen al amor como una forma de cuidado. La pregunta que atraviesa esta etapa juvenil de Valentina es: ¿en quién confío si la primera historia de amor, la familiar, se me acaba de romper?


Esta novela gráfica, ganadora de tres premios Eisner (mejor nueva novela gráfica, mejor publicación adolescente y mejor guion), explora varios de los criterios con los que la crítica cultural y escritora bell hooks desarrolla su tesis sobre el amor en el siglo XXI: “Fue la decepción y una sensación generalizada de infelicidad lo que me llevó a reflexionar a fondo sobre lo que significa el amor en nuestra cultura”. En parte, se acerca al miedo que las nuevas generaciones tienen al sufrimiento y a la “inversión emocional” a la hora de entregarse al amor, anulando toda posibilidad de felicidad. Pareciera que no son capaces de sostener una intimidad sin riesgos: los productos populares de consumo acerca del amor refuerzan esos mensajes, al igual que los ecosistemas familiares fracturados por una idea tradicional del amor, ajena a la libertad y al cuidado. Sin embargo, no es que la novela sea una tesis teórica sobre el amor contemporáneo; de hecho, el gran logro del guion es que no abandona su esencia adolescente mientras explora este sentimiento a nivel cultural, social y religioso.


Valentina, de origen vietnamita pero nacida en Estados Unidos, dialoga constantemente con la identidad cultural de su familia (y la suya propia), así como con la construcción de un entorno religioso ajeno a sus convicciones. Las preguntas que se desarrollan en este proceso de desilusión se vinculan con cómo una generación desencantada es capaz de encontrar excusas diversas para entregar su corazón al silencio, con tal de no sufrir. La apuesta final es sanar una herida que pertenece a su genealogía para poder redimensionar la idea del amor como posibilidad.


La intención no es didáctica. Al contrario, se mezclan el humor, la amistad, los secretos, las cartas, la vergüenza y la contradicción con un sistema simbólico rodeado de espíritus, promesas, bailes tradicionales, celebraciones y un calendario que le empieza a jugar en contra. No porque el amor sea la respuesta: esto no va de clásicas princesas Disney, sino de que darse permiso para el amor y para el sufrimiento también es una forma de reconfigurar la vida y el futuro. El dolor es parte del paisaje afectivo.


Valentina no se vuelve cínica; se vuelve más lúcida. Se entrena con contradicciones, con conversaciones difíciles, con perdones imperfectos y con esa decisión rara de seguir siendo tierna sin ser ingenua. En definitiva, es una novela gráfica sobre el amor (de esas en las que los lectores también se ruborizan y dan griticos), bastante entretenida de leer.


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LA VACA, EL MÉDICO Y EL HIJO DEL JARDINERO

Cristina Sardà

EL BRILLO "2025"


El título es directo: una vaca llamada Blossom, el reconocido médico Edward Jenner y James, el hijo del jardinero, son los cimientos fundamentales para un relato que cambiará el rumbo en la historia de la salud y la ciencia. La identidad de esta historia, por lo tanto, es la de un libro informativo. Busca explorar el origen de la vacuna contra la viruela. Sin embargo, por la manera en que estructura la narración y por la estética de la propuesta, el libro se va configurando como un interesante ejercicio híbrido entre lo ficcional y lo divulgativo.


De hecho, la propuesta visual aleja, a quienes leen, de vincular los avances médicos con laboratorios blancos y esterilizados. Por el contrario, el uso del color en el papel, la elección de la tipografía y el diseño y dirección de arte de la misma autora permiten explorar la medicina desde un lugar mucho más humano. El libro no se queda en el mito del “genio solitario” ni en la cronología escolar. Hace algo más interesante: reconstruye conexiones. Te va llevando por una cadena de hechos y decisiones que no avanzan en línea recta, sino a saltos, a tanteos, con esa lógica humana de ir probando, equivocándose y mirando el mundo con obsesión y curiosidad.


En este libro resalta el tono con el que el texto busca crear espacios didácticos: no pretende enseñar ni confrontar. No hay solemnidad, sino un ritmo distendido, placentero en la acción de investigar, y en entender cómo los diversos procesos históricos y los personajes que lo habitaron permiten el avance de la ciencia. No solo a partir de la viruela, sino en un camino expandido sobre el desarrollo de la vacuna como protección para el ser humano.


Resaltan figuras como Lady Mary Wortley Montagu, Jemima Blackburn y Beatrix Potter, mujeres cuyos aportes a la investigación fueron fundamentales: ya sea por insistir en la importancia de la observación científica, y en cómo el arte, en consecuencia, podría registrar y generar conocimiento; o por decisiones de índole social (en el caso de Lady Mary) que permitieron construir un territorio cultural para futuras investigaciones sobre los procesos de infección.


Un libro en el que la cadena de decisiones humanas genera observación, desarrollo y pistas para investigaciones de carácter social. La autora sabe cómo construir esta narrativa en un relato absorbente e interesante.


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Cultura, libros, infancia y adolescencia

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ilustración de las jornadas @Miguel Pang

ilustración a la izquierda @Juan Camilo Mayorga

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