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LA VACA, EL MÉDICO Y EL HIJO DEL JARDINERO

Cristina Sardà

EL BRILLO "2025"


El título es directo: una vaca llamada Blossom, el reconocido médico Edward Jenner y James, el hijo del jardinero, son los cimientos fundamentales para un relato que cambiará el rumbo en la historia de la salud y la ciencia. La identidad de esta historia, por lo tanto, es la de un libro informativo. Busca explorar el origen de la vacuna contra la viruela. Sin embargo, por la manera en que estructura la narración y por la estética de la propuesta, el libro se va configurando como un interesante ejercicio híbrido entre lo ficcional y lo divulgativo.


De hecho, la propuesta visual aleja, a quienes leen, de vincular los avances médicos con laboratorios blancos y esterilizados. Por el contrario, el uso del color en el papel, la elección de la tipografía y el diseño y dirección de arte de la misma autora permiten explorar la medicina desde un lugar mucho más humano. El libro no se queda en el mito del “genio solitario” ni en la cronología escolar. Hace algo más interesante: reconstruye conexiones. Te va llevando por una cadena de hechos y decisiones que no avanzan en línea recta, sino a saltos, a tanteos, con esa lógica humana de ir probando, equivocándose y mirando el mundo con obsesión y curiosidad.


En este libro resalta el tono con el que el texto busca crear espacios didácticos: no pretende enseñar ni confrontar. No hay solemnidad, sino un ritmo distendido, placentero en la acción de investigar, y en entender cómo los diversos procesos históricos y los personajes que lo habitaron permiten el avance de la ciencia. No solo a partir de la viruela, sino en un camino expandido sobre el desarrollo de la vacuna como protección para el ser humano.


Resaltan figuras como Lady Mary Wortley Montagu, Jemima Blackburn y Beatrix Potter, mujeres cuyos aportes a la investigación fueron fundamentales: ya sea por insistir en la importancia de la observación científica, y en cómo el arte, en consecuencia, podría registrar y generar conocimiento; o por decisiones de índole social (en el caso de Lady Mary) que permitieron construir un territorio cultural para futuras investigaciones sobre los procesos de infección.


Un libro en el que la cadena de decisiones humanas genera observación, desarrollo y pistas para investigaciones de carácter social. La autora sabe cómo construir esta narrativa en un relato absorbente e interesante.






 
 

ABC SEOANE

Piu Martínez, Cibrán Rico, Suso Vázquez

Ilustra: Luis Seoane

Fabulatorio / Fundación Luis Seoane, 2025

EL BRILLO “2025”


Los abecedarios son formatos absolutamente maleables, siempre dispuestos al juego. En un principio sirven de ayuda para configurar el mundo a través del lenguaje: enseñar letras con las que nombramos determinadas palabras. Sin embargo, un abecedario también depende del lugar de enunciación desde el que se construye su identidad. No se trata solo de nombrar, decir o repetir, sino de observar y leer desde otro sitio. Es su estética la que, deliberadamente, reconfigura una forma determinada de narrar el mundo. En este caso, el abecedario busca asociar palabras en gallego con el arte figurativo de Luis Seoane.


Nacido en Argentina y fallecido en España, este curioso artista pasó su vida (creación, implicación política e investigaciones) alternando entre Buenos Aires y Galicia. Su labor, siempre vinculante, lo llevó a ser reconocido en Galicia como un artista más de esa tierra.


Más que un libro tributo a su labor, es una forma atractiva de recorrer su propuesta artística.

Las letras y las palabras van generando un ritmo, página a página. Y, si bien es un libro pensado para las primeras infancias gallegas, también invita a retar a esa "primera mirada" de la imagen. Funciona para personas, lectoras o no, de cualquier otro lugar, cuya relación con el arte se limita a la convencionalidad: este abecedario sirve como detonante simbólico de las formas en que se puede reconfigurar una idea. Lo hace a través de una técnica en la que la composición, los colores y el diseño son relevantes. Pero además, para aquellos que son más puristas, cada lámina con una obra de Seoane incluye, en la parte de atrás, su referencia. Es un libro autoconsciente de su intención formativa.


De este libro no nos interesa tanto el factor pedagógico —que lo tiene—, pero no queremos detenernos ahí; lo que buscamos es entender su propuesta transgresora. Toma la intención educativa del abecedario para crear un libro de artista accesible para todas las personas, tanto en su valor simbólico como en su materialidad. Hay un compromiso, por parte de la edición, por acercar el arte fuera de las galerías. Se vale del objeto libro para construir una experiencia cercana a lo cotidiano: el uso del espiral, las cartulinas gruesas, los colores estridentes, la tipografía en mayúsculas. Está pensado para el uso diario y constante de los pequeños, pero también para un encuentro insubordinado con la cultura. No importa por dónde lo abras: te confrontarás con una pieza de arte fuera de la formalidad museística. Le quita solemnidad a la idea del arte, volviéndolo un lenguaje próximo, habitable y cercano para quienes se interesen.



 
 

DIARIO DE VIAJE DE LA DRA. BRENDA TWILER

Y LA LEYENDA DEL LIROLAY

Walter Binder

Ilustra: Irene Singer

Diego Pun, 2025

EL BRILLO "2025"



Antes de reseñar este libro, es importante entender que hace falta una actitud diferente por parte de la persona lectora que vaya a encararlo. No es un libro de historias o soluciones, ni tampoco un libro informativo, sino un diario de viaje imaginario que se rescata, con todas las dudas que acarrea una investigación en curso. Y es que, al explorar un diario de viaje ajeno, se tiene que activar la curiosidad lectora. No sirve de nada entrar, hurgar y abandonar, sin soltar las expectativas de ese algo que se puede revelar. Porque, en un diario de este tipo, el lector encuentra pequeños hallazgos en viejas cartas, notas a mano, dibujos, fotografías o restos de aquellos elementos que se investigan: en este caso, hojas o flores.


El diario perteneció a la doctora Brenda Twiler, una apasionada botánica argentina que viaja tras la flor del lirolay en el valle de Catamarca, durante el año 1927. Esta flor, según la leyenda, es capaz de curar la ceguera. Sin embargo, no hay pruebas reales de que exista. La Dra. Twiler se obsesiona con un imposible, por lo que esta investigación se equilibra entre la rigurosidad de la ciencia y las imprecisiones de un relato social. Este cuaderno de campo se construye desde la profunda esperanza que la doctora deposita en esa palabra iniciática con la que imaginó al lirolay. Es el centro de todo en este libro.


Por eso es importante la materialidad en este ejercicio de lectura. Por un lado, el diario mantiene constante un registro de notas, observaciones, avances y contradicciones; y, por el otro, la leyenda del lirolay está en el centro, como un pequeño cuaderno anexado a este diario, como diciendo que no hay un conocimiento puro sin una historia haciendo fuerza por la espalda. En ese sentido, ¿qué persigue la doctora cuando persigue algo así? ¿La cura, la gloria, la prueba, la fe? En varias versiones del mito, el lirolay promete devolver la vista. Y entonces el libro te pone a leer sobre la vista cuando lo que realmente está en juego es la mirada: no “ver” como función biológica, sino ver como forma de estar en el mundo.


No en vano el libro, como artefacto, registra elementos almacenados a partir de profundidades, fotocopias, cartas escritas a máquina, notas a mano, y una sensación de papel envejecido. Esa estética propia del archivo está creada por una persona que duda.


Elegir a un personaje ficcional femenino para que inicie esta expedición sola no es casual: se erige ante la necesidad de redefinir la mirada de la ciencia alrededor de lo femenino y de todas aquellas expediciones que no se registraron, no se contaron o que no pudieron ocurrir por ser mujeres. ¿Cómo se guarda un descubrimiento que no se puede demostrar?



 
 
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