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Actualizado: 24 dic 2025


HISTORIA DEL ARTE

Paul Cox

Traduce: Julia Osuna Aguilar

EL BRILLO "2025"


Este libro se llama Historia del arte, pero debes saber que no se trata de una cronología al uso. No pretende ordenar el canon con reglas de museo. Al contrario, esta historia se narra como un cuento, al que se le agrega una pizca de humor y hallazgos visuales. Paul Cox arma una “historia” en clave de narrativa gráfica, donde lo importante no es la acumulación de datos, sino el modo en que las imágenes piensan: el estilo como estado de ánimo, la forma como solución a un problema, el cuadro como escena, el uso de las líneas o de las cuadrículas como punto de apoyo.


Su protagonista, Luco Pax, tiene un conflicto dramático vital: el síndrome del lienzo en blanco. A esto se suma, posteriormente, un conflicto amoroso mucho más complejo, pues ama a la hija del rey, que está encerrada en la torre que da justo frente a su ventana. En ese acorralamiento artístico y personal, el libro se permite el disparate lúcido de darle un pincel mágico que lo conduce a un desplazamiento por referencias, épocas y maneras de mirar y, por lo tanto, a la radical originalidad de este relato. A través del humor absurdo, de la ironía acerca de la representación del poder, y haciendo uso de referencias clásicas como el “mítico” traje del rey, la estructura del relato va dando tumbos en una aventura abierta en interpretaciones.


El verdadero acierto de Cox es que no explica el arte: lo hace pasar por el cuerpo del lector con ritmo de aventura. Te deja con una sensación rara de familiaridad, como si ciertas obras o movimientos fueran, en el fondo, formas distintas de resolver el mismo conflicto: ¿qué hago con el mundo?, ¿cómo lo pongo en una superficie?, ¿cómo le doy forma al amor?



 
 


Siempre que llega a mis manos un nuevo poemario, recuerdo uno de los mejores consejos que daba Hanni Ossott para aquellas personas que quería leer poesía: debes querer leerla. “Querer como querencia. Sin mala fe ni desesperación. Averiguando qué diablos quiso decir el poeta”. Apuntaba que una persona puede pasar muchos años rumiando un verso que no comprende, pero de la cual se alegra, porque en el fondo hay un algo que cree entender. “Y así uno manda la razón y la conciencia a paseo. Cada quien sostiene a un poeta”.

 

¿Qué pasa cuando eres la persona que escribe?, ¿qué sostiene a una poeta?, ¿escribe desde esa querencia o desde una necesidad?, ¿una urgencia?, ¿una farsa? Son preguntas que me hago cuando leo los versos de “Mentirijillas”, el primer poemario de Sara Madrid Jordán publicado por la editorial La Pipa de Kif. O, mejor dicho, de este pacto privado que se establecen entre tres amigas: Silvi, Lilia y Mar, y cuya voz poética nos conduce a un idioma propio, a un código secreto con el que toca pactar, para que el lector pueda formar parte de esta relación.

 

“compartimos una única cosa

la pasión por los micromundos”

 

Se encuentran, se observan, se (contra-) dicen, se maquillan, conversan, editan, negocian y crean juntas su propio microcosmos y un documento SECUNDAMOS LA CONMOCIÓN, que arrojan sus conclusiones de diversos estudios en donde juegan con las normas para nombrar (-se). Lo hacen de forma juguetona, seductora, insidiosa porque aspiran entenderse dentro y fuera del texto. Miento, que tampoco se toman tan en serio, y esa es la gran virtud del poemario, este divertido recorrido experimental autoconsciente a través de las pasiones, la complicidad y de tantas otras “cosas que no se pueden sostener”, como “el agua, las ondas o la menguada presencia de un cuerpo de hombre”.

 

Y por jugar complementaría, en versos del poeta Vicente Aleixandre, que este poemario es: “ese piso feliz por el que viborillas perspicaces hacen su nido en la axila del musgo”.

 

Disfruté mucho perdiéndome, intencionadamente, en algunos de los versos de esta “casita sicalíptica”, en pensar qué diablos quiso hacer la poeta con este movimiento en la estructura del poemario, o con esa intención provocadora tan contenida (o camuflada) por las palabras. Ese poder escandaloso y provocador que tiene el saber decir las cosas para que los lectores pasemos años, en el desconcierto, rumiando esos versos con alegría.

 
 

Clarice Lispector escribió: “No quiero tener la terrible limitación de que vive solo de lo que puede tener un sentido. Yo no: lo que quiero es una verdad inventada”. Pienso en esa cita al leer el fanzine La Florida/Chamberí publicado por Paloma ediciones. Dos relatos sobre la memoria, dos habitantes de cada barrio que destejen sus propias historias, pactando con un tiempo en el que ya no habitan.


En las primeras páginas hay una estampa de una Virgen y un breve relato sobre la abuela de una niña que no era la típica mujer que cocina y zurce, sino de las que lamenta con la virgen tener que cuidar a su hija y a su nieta. Seguí explorando, y descubrí a esta chica, de joven, perdida una navidad en el juego online Habbo Hotel o explorando las primeras sensaciones platónicas hacia al cantante Soto Asa. Al revisar más hojas, encontré las primeras impresiones de un chico al leer a Stephen King, de jugar a la consola Donkey Kong con los amigos o inventarse el mejor plato de cocina: el gazpacho de la madre con croquetas de jamón de la abuela dentro, la mezcla del calor y el frío, en un abrazo caótico e indigesto del afecto. Son anécdotas recogidas de dos autores que nacen y crecen en España, Alba G. Mora en el barrio de la Florida en L’Hospitalet de Llobregat y Jorge de Cascante en Chamberí.


Dividido en dos partes, cada una compuesta por 25 textos en 58 páginas. Dos portadas, dos fanzines, que coinciden en una única publicación. A esto se le suman fotos en clave de archivo histórico de sus historias.


Ambos crean una semblanza personal, un entender su vida a través de los cambios del cuerpo, la sociedad, la economía, las estructuras familiares y el tiempo; anécdotas que marcaron su juventud, y condicionaron algunas de sus formas de ver el mundo en la vida adulta. Aunque también, en las fotos personales, se interceptan las formas del hogar, la distribución de los espacios, su relación e interacción con los barrios. Enfrentamos esta “verdad inventada” con intención de reír, conmovernos o conciliar con experiencias propias. Cierras el fanzine, queriendo explorar tu relación con el alrededor.


Como dice Alba en una de sus crónicas: “Contengo la respiración, me ato bien fuerte el cinturón de la bata de estar por casa mientras una gaviota me mira desde la antena del edificio de enfrente. Podría escribir un haiku”.


Gracias a Librería Llavors por descubrírmelo.



 
 
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