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ANTONIA VA AL RÍO

Dipacho

Cataplum libros


El punto de partida de esta historia es el caluroso abrazo entre una niña y su mascota, una peculiar perra naranja. Están en la orilla de un río. A ellas se les unen tres niños más, contentos con sus respectivas mascotas, pero también aparecen sus madres y padres con cara de fatiga, cargando sus pocas cosas envueltas en cajas, bolsas y morrales. Esperan juntos, como una pequeña comunidad, el momento para iniciar un viaje. Pero no son unas vacaciones, al contrario, es un viaje más trascendente. Ellos están saliendo de su tierra en busca de otro destino mejor. Y no es una libre interpretación del lector, es un libro dedicado a los desplazados.

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¿Es un libro para hablar de...? No. Al contrario, es un libro honesto en su naturalidad. Las ilustraciones, con esa identidad plástica y tropical que tiene Dipacho en su discurso de la imagen, ofrece un universo alternativo ajeno a la cruda realidad que este tránsito realmente representa para muchas personas. Es un libro que busca más bien enunciar la pérdida en la infancia, visitar el universo del niño en esa macro realidad y entender lo que ocurre dentro de su inocencia, esa que se mantiene a pesar de la construcción de un mundo complejo.

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Este no es un libro fácil. Menos mal que no lo es. Ni tampoco un libro para leer una sola vez; es un libro para verlo y visitarlo muchas veces, y fijarnos en ese espacio gris sobre el que alguna vez reflexionó el crítico Edward Said cuando hablaba de la migraciones, comprender esa relación entre "nosotros": el que se va y "los de afuera": hacia dónde se va. El lector accede a la "no pertenencia" que implica el recorrido de ese viaje, ese punto ciego en el que ocurre toda aventura sin héroe.

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¿Es un libro para niños? ¡Lo es! Es un libro solo de imágenes que apela a ellos, que les habla a ellos, que se dirige a sus propias angustias en ese estado del "no saber" del adulto. De hecho, la única palabra que existe en el libro surge para enunciar lo importante, es el deseo y la angustia del niño.​ Es un libro fundamental en la actualidad por lo que contiene, por lo que conecta y un libro valiente para hablar de la frontera también desde la esperanza, porque a pesar de todo, la esperanza es como un loro verde que vuela libre a través del aire.



 
 


THORNHILL, ORFANATO PARA CHICAS

Pam Smy

Traduce Rebeca González Izquierdo

Blackie Books, 2019


Mary vive en el orfanato Thornhill, o más bien en una tenebrosa casa que parece encantada y próximamente cerrará sus puertas. Corre el año de 1982, según registran las hojas de su diario, en donde narra los desafortunados últimos días que ella vivió en esa casa. Duras experiencias cotidianas que despiertan el verdadero horror en ella. Mary se debatía, en aquel entonces, entre la venganza y la vida. Solo que el lector no tendrá el poder absoluto en esa historia, porque será Ella quien, en el 2017, nos reconstruya lo ocurrido. No en un diario, no de forma escrita: la historia de Ella son solo secuencia de imágenes, ella será nuestra guía.

La primera novela ¿gráfica? de Pam Smy bebe de las fuentes de la inspiración del autor Brian Selznick quien, en el 2008, se llevaba la Medalla Caldecot por una obra de formato similar. Texto e imagen se fusionan en un diálogo ininterrumpido. Las páginas del diario de Mary se intercalan con largas secuencias ilustradas de Ella. Un libro de 554 páginas que se leen de manera trepidante y voraz, en un fino suspenso bien logrado a partir de la relación de ambos discursos y las voces de sus personajes.

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A pesar de que las ilustraciones en blanco y negro, herencia del cómic tradicional, no sean particularmente novedosas, cumplen una función contemplativa y de diálogo que alimenta la construcción de la historia con un final inesperado capaz de helarle la sangre a un lector incauto. Un buen ejercicio de terror poco convencional para jóvenes lectores.




 
 

Actualizado: 13 ago 2024




PITCHIPOÏ

Jacqueline Göldberg & Juan David Quintero

Tragaluz


Pitchipoï es una palabra secreta. No necesariamente un secreto que se esconde, sino uno que se revela, pero cada vez que lo hace aparece de distinta manera. Es una palabra que se metamorfosea. Es un lugar a donde ir, un territorio por explorar, una palabra para un poema, un recuerdo de la infancia o un refugio para la memoria. A partir de la palabra se sostiene la relación entre una niña con su padre, desde el sutil recuerdo de sus viajes por carretera. "¿Dónde vamos?", pregunta ella. Y siempre recibe la misma respuesta: "¡Vamos a Pitchipoï!".


Un sublime y enternecedor texto poético ilustrado, que revela la genealogía de esta palabra a través de la historia del padre y el impacto del holocausto en la memoria familiar. Es un libro que vincula al poder de la palabra y de los imaginarios como respuesta al horror y el trauma en situaciones de conflicto. Ubica a la metáfora como una posibilidad de fortaleza y esperanza.


Su delicado formato artesanal y la sencilla propuesta de ilustración de Juan David Quintero Arenas fusionan el recorrido por la carretera, así como recoge elementos minimalistas que potencian estos recuerdos. La sencillez de la propuesta: un viaje vacacional con la familia, es un importante atributo para disfrutar de este logrado poema de la autora venezolana Jacqueline Goldberg. Solo a partir de los sonidos y metáforas que le atribuye la narradora, el lector descifrará el origen de una palabra que se propone a partir del juego poético.


Esta palabra se transforma finalmente en una máscara que disfraza a la guerra: "con el tiempo, dejó de significar horror y despedida. En cualquier orilla, un país en ninguna parte". Pitchipoï termina siendo, como lo fue al inicio, una vía de escape, un lugar feliz al que asistir, y una palabra que nace del horror para subvertirlo desde lo imaginario.





 
 
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